Yo, elijo como vivir la vida.

shareVIVIR LA VIDA
Muchas veces he oído quejas sobre la mala suerte, la desgracia sobrevenida, la injusticia, etc. Es la vida. Una asignatura que no todos conseguimos superar con aprobado. La vida no es dejar pasar el tiempo, cumplir años, tener dinero, no trabajar y soñar, o envidiar esas otras vidas que creemos “de película”. La vida es otra cosa.
Para poder valorar nuestra existencia, se necesitan años de experiencia, de sufrimientos, de desengaños, de amores platónicos, de renuncias, de identificación con determinados valores…y aún así, resulta difícil.
Con el tiempo, bastante tiempo, empiezas a ver cosas que antes ni tan siquiera llamaban tu atención y empiezas a valorarlas. A cierta edad te importa lo que piensen de ti, te preocupa el reconocimiento, no profesional, que también, sino la imagen que trasmites a los demás. En el fondo es un pensamiento muy egoísta. Necesitas que te quieran, te aprecien y, de la misma forma, que sientan que “tu vida” es parte de la suya.
Así, hay ciertas personas que son capaces de transmitir una serie de sentimientos, de actitudes, de seguridad en sí mismas, de admiración, que no pasan desapercibidas. Cuando has pasado el ecuador de tu existencia, esa preocupación te embarga. Te preocupa dejar huella, que algo de ti quede impreso en el tiempo que te ha tocado vivir.  Un recuerdo positivo, que tenga valor, que haya servido para algo, calando en otros seres que como tú, algún día ya no estarán. Es la evolución, la construcción de la humanidad, los cimientos que cada uno, con su granito de arena, construimos.
Es un misterio pero también un sueño. Y, cuando descubres de que va esto de vivir, te das cuenta de que eres tú el que dibujas cada página de tu vida. Que puede ser cualquier cosa, incluso muy diferente a como la percibes. Porque en el fondo, si no eres consciente, tus actos serán reflejo de lo que los demás quieran.
Te pondrán un baby en el colegio, del color que tú no has elegido, te educarán según las normas establecidas, comerás alimentos que, según dicen, están riquísimos, trabajarás, tendrás amigos, iras de vacaciones, te encantarán con palabras como estas, te casarás, te divorciarás y, en fin, serás un ser creado a imagen y semejanza de una sociedad estandarizada. ¡Te dirán que vives en la civilización!… Como si alguien lo hubiera decidido. Y si, realmente casi no decidimos nada. No aprendemos nada de nosotros mismos, somos lo que nos han dicho que debemos ser. Correctos, educados, buenos, generosos,…y si no, ¡lo que Dios quiera!. En realidad, excepto cuando dejamos a un lado todos esos convencionalismos, es una vida muy aburrida. Ocho o diez horas trabajando, pensando en competir con otros, atareados en labores estúpidas, convenciendo a otros de que lo inútil es útil, otras ocho en el mundo de los sueños, unas cuantas más metidos en el bullicio del tráfico…¿Esto es la vida? ¿Dejar pasar días, meses, años? ¿Repitiendo como una hormiga el mismo camino desde el hormiguero hasta encontrar el alimento y vuelta a empezar?
Entonces, me surge una pregunta: ¿De verdad hay alguna diferencia entre todos los seres que pueblan la tierra?. Es posible que si, pero también que no. Cada uno ocupa su lugar. Nosotros, tan solo somos un animal más. Con una gran diferencia: podemos cambiar el mundo. Siempre pensamos que para eso hace falta una conciencia universal, pero no necesariamente. “Hay muchos mundos, pero están en éste. Hay otras vidas, pero están en ti…”. Esta frase del poeta Paul Éluard, describe mejor que nada, un pensamiento surrealista que me fascina: el poder ser quien quieras y como quieras, en tu mundo, el que elijas.
Así, un día, cuando tuve consciencia de todo ello, decidí que viviría en dos  mundos diferentes: el de todos y el que a mí me gusta.

Mario Sender

Amor de la morería.

AMOR DE LA MORERÍA (El caballero Nalvillos y Axa Galiana).

Brillaba aún el rocío sobre los muros de la muralla y Nalvillos con el nerviosismo de quién se dirige hacia lo desconocido, preparaba los enseres y ropajes de su señor, el Conde Don Ramón, al que servía de “Page de Cámara”.

“Galicia quedará lejos…”, pensó. Así estaba, faenando, cuando vio por primera vez a Axa, quedando prendido de sus ojos.

Muerto su padre, Cahabit Almenon, Axa quedó, ella y su hacienda al cuidado de la Infanta Doña Urraca, en la ciudad de Ávila, por la amistad con el Rey Don Alfonso Sexto.
Y fue así como Nalvillos y Axa, camino de Galicia, empezaron a rondarse:

Un atardecer en una tienda del perímetro del campamento, dos figuras se recortaban contra la luz de las antorchas. Nalvillos, enamorado, ofrecía su corazón a la bella mora, Axa Galiana, quien aún no exenta de sentimientos hacia el joven, le procuró muchos impedimentos. Su profesión de la fe en Ala y su no olvido del que fuera su pretendiente, allá en Toledo, hacían que su corazón, aún seguiera latiendo al ritmo de los dedos del moro Jezmín.
Pero, ya se sabe, la distancia es el olvido …y las jornadas interminables o quizá el embrujo de esas tierras de meigas o la persistencia del caballero cristiano, terminaron por vencer la voluntad de la bella Axa, quien para evitar los inconvenientes del matrimonio con Nalvillos, abrazó la religión de Cristo.

De vuelta a la ciudad, con el consentimiento de La Infanta, fueron fijadas las galas para la boda. Antes, por supuesto, Axa fue bautizada por el Abad de San Martín, tomando como nombre cristiano Urraca, en deferencia a su protectora. Al mismo tiempo el Conde Don Ramón armaba Caballero a Nalvillos Blázquez (llegaría a ser Alcalde de la ciudad).
Los festejos duraron varios días. Toros, justas y grandes pompas se sucedieron sin parar, corriendo de boca en boca por todo el reino. Y, así, llegó a oídos de Jezmín, la traición de su amada. Aquella que le juró amor eterno en Toledo, no sólo le destrozó el corazón, si no que había abjurado de su fe.

“Juro por Alá, que recuperaré a Axa y acabaré con ese infiel traicionero”.

Jezmín esperó paciente los informes de sus fieles en Ávila, aquellos que partieron con su amada desde Toledo y que nunca perdonaron su conversión. Hasta que una noche, mientras la ciudad dormía, un grupo de moriscos organizó una incursión que terminó con el secuestro de Doña Urraca “la mora”.

El Caballero Blázquez, estando batallando fuera de la ciudad, se enteró días después de la afrenta de aquel “Jezmín el moro”, antiguo amante de su querida esposa, jurando por Cristo luchar sin desempeñó contra los infieles hasta recuperar lo que tanto le había costado conseguir.
No sabía el pobre Nalvillos que Axa disfrutaba de su encuentro con Jezmín, de su nueva vida, de su nuevo matrimonio y otras “grandes” virtudes del sarraceno. Ni podía imaginar que la “cristiana” Urraca, jamás había dejado de sentir la pasión irrefrenable de aquel amor de juventud.
El deseo de venganza de Nalvillos siguió creciendo y con unos cuantos fieles guerreros, planeo recuperar a su esposa en la misma ciudad de Medina de Talavera.

Era día de mercado. El hombre, cubierto con un sombrero de ala ancha y las típicas ropas de pechero, recorrió las callejuelas ofreciendo sus hierbas curativas, mientras preguntaba dónde quedaba el Alcázar del nuevo gobernador Jezmín. Al final de la tarde llegó ante el portalón e hizo golpear las aldabas. No tardó en abrir una sirvienta que quiso echarle sin más, pero ante la insistencia y alabanza de las virtudes de su elixir, terminó por acceder a llamar a su señora. Era bella, muy bella; aún más de lo que recordaba. Estaba delante de él. Allí, en el suntuoso palacio, ante una humeante té y la fragancia del aceite de olor, Axa le preguntó:

“¿Que le trae por aquí buen hombre?, mi doncella dice que ofrece un extraordinario elixir de juventud…”

El hombre se descubrió y miró los negros ojos que tantas noches reflejaron los suyos. Le suplicó, le rogó, le prometió perdón, a cambio de que regresara con él. Axa, sorprendida, se quedó sin respuesta, mientras las volutas de vapor parecían acariciar su rostro.

“Sal de aquí, rápido, Jezmín está a punto de llegar de…”

No pudo terminar la frase. El apuesto noble entraba en la estancia, vestido aún con su ropa de caza. Mandó apresar de inmediato a Nalvillos, quien en un ataque de honor conminó a Jezmín a proceder de igual modo que él habría hecho.
Jezmín, sin dudarlo, le condenó a morir en la hoguera en las primeras horas de la mañana.

En los alrededores de la ciudad, ateridos de frío e impacientes, el medio centenar de soldados esperaba la señal convenida con su capitán.
Jezmín, luchando entre sus sentimientos de odio y nobleza, con Nalvillos en la pira, tuvo un gesto con el condenado, que no volvería a repetir si viviera:

“¿Un último deseo infiel?”
“Quiero hacer sonar por última vez mi trompa” -respondió.

Los soldados apostados cerca del lugar, al escuchar el sonido de la cuerna, actuaron con diligencia para liberar a su capitán, dando muerte a muchos sarracenos y haciendo presos a Jazmín y su esposa Axa.

“Es tanto el amor que te he tenido como el dolor infligido. Y sólo el fuego compensará la balanza de mi corazón. Si tanto le has querido, tu vida con él partirá en el humo que aspira tu Dios. Alá sea con vosotros”.

Al atardecer, sobre Medina de Talavera, el cielo se cubrió de nubes, mientras la media luna se escondía entre dos amores. Las ascuas de los cuerpos de Jezmín y Axa, se dieron el último beso.

(Una historia novelada sobre la leyenda del “rey Nalvillos”, azote de la morería).
M. Sender

Lovers in Paris

Cuantos años soñando. Le había hablado cientos de veces de aquella ciudad para pasear y recorrer las riberas del Sena cogidos de la mano, con la brisa en el rostro. Soñó con esa torre iluminada, entre sus brazos, mirando desde Los Campos de Marte, mientras sentía sus labios cálidos acariciando su cuello. No sabe cuándo, pero está segura que algún día llegará. Y cierra la ojos e imagina las calles impresionistas de Montmartre a los pies del Sacre Coeur. Incluso siente los pasos de su amante observándola. Sonríe recordando lo que siempre le decía: “andas de una manera especial”.

Ya casi puede verle, allí, bajo el ala del “pájaro de hierro”, la ciudad se dibuja esperando. Se impacienta por encender su móvil, cuando el caucho chirría sobre la pista. Nerviosa conecta su teléfono y mira los mensajes:

-“Hemos tardado mucho, pero sigo esperando. París siempre espera mi amor…a los amantes”

Esta vez también se le escapó una lágrima, igual que aquel día en la cama. Una lágrima de felicidad.

-“Ahora, el “cabify” te espera. Hotel Lamarck.”

Celia conectó sus cascos y, con las manos entre sus piernas, puso su tema preferido:

Cerró los ojos y repasó sus recuerdos entre los brazos de su amante. El que siempre la quiere llevar a París.

M. Sender

LECHE EN POLVO

Dibujo de J.L. Herrero

Dibujo de J.L. Herreros

LECHE EN POLVO
Hoy pensaba que soy de pueblo. Muy de pueblo, a pesar de vivir en una gran ciudad. Creo que los que somos “de pueblo” tenemos algo especial. No es necesario haber vivido muchos años allí, es suficiente haber nacido y vivido un poquito de nuestra infancia. -Que suerte tú que tienes pueblo-, me dicen a veces. Y si, es cierto. La infancia en un pueblo es incomparable.

El invierno en La Moraña es duro. El pueblo se cubre de nieve y el viento dibuja una cruz en las cuatro calles.

-No vayas hoy al colegio -dice su madre-. Pero el pequeño insiste y abrigado hasta los ojos, camina con sus botas hundiéndose en la nieve. El colegio está a la otra punta del pueblo. Su cuerpo aún esta caliente después de haber pasado por el balde de agua calentado en la lumbre. Me pongo en su lugar, a un metro escaso de altura. Todo es diferente. Gigantescos álamos bordean el regato, que tarda cinco pasos en cruzar, mientras observa el ya inexistente potro de herrar. Algún día imitará a “los mayores” colgándose de sus barras. Pero aún queda tiempo. No hay gente en la calle, aunque al pasar por las ventanas, de puntillas, puede ver el resplandor de la lumbre ya encendida. Mira el Torreón por encima de la visera de su gorra de orejeras. Inmenso y firme. Como una muralla de entrada a las cuatro calles.

-¡Que frío!, razón tenía mi mamá -piensa-.

Cruza con la cabeza gacha resguardándose del viento, delante del viejo cine, donde a veces toca su abuelo, cuando recogen las sillas para el baile. A pesar del temporal, siempre, cuando pasa por aquí, respira hondo el olor a pan recién hecho proveniente de la cercana tahona.

-Tengo que venir a poner punta al peón a la fragua -recuerda según camina-.

Y, allí en la plaza, el Santo. Impasible, abrazado a su cruz, enrejado, como encarcelado en un pueblo que le debe tanto. Como si tuvieran miedo a que pudiera escapar de su letargo.
Casablanca, el bar de los bocadillos de mejillones, de las señoras amables, de la foto de Rocío Dúrcal. Que dice mi abuelo, que no hay mujer más guapa en el mundo. Del aguardiente y los golpes de dominó. Tantos años después y aún se pregunta, -entonces ni tan siquiera se le pasaba por su mente-, si es por la inmortal película o simplemente por su color.

-Ya queda poco -se dice al cruzar la plaza-.

La ermita del Santo, con su Vía Crucis, donde dan el chocolate de las comuniones. Se acerca al colegio. Es un chico tímido, con pocos amigos, amigos. Quizá él no sea tan niño. Ensimismado en sus lecturas y con una habilidad innata para el dibujo, no es precisamente el chico travieso e inquieto que debería ser para su edad. Hoy toca Evangelio. Parábola de las bodas de Caná. Le gusta dibujar en la pizarra. Sus tizas de colores ilustran el tema. Es sábado y luego irá con su amigo Deme a la casa de su abuela a cambiarse los tebeos del Capitán Trueno.

El patio, a la hora del recreo, aún tiene charcos helados. Es una hora feliz. La fila de niños espera impaciente para llenar su vaso de plástico, de leche en polvo americana.

Si, seguramente no fueran buenos tiempos, pero, ¿quien que no sea de pueblo, ha pisado garbanzos verdes, subido a un trillo, echar de comer a los cerdos, comprar un cuartillo de leche, comido espigas tiernas, entrar en un palomar, ver Bonanza desde la ventana, besar el anillo al cura, tomar leche en polvo o coger renacuajos en la laguna?
Si, soy de pueblo y sé lo que es una fanega.
La gran ciudad es un cine de ilusiones y esperanzas, un escaparate inmenso de proyectos de vida…que se ha llevado a muchos niños como yo, de pueblos como el mío. Algún día, seguro que dentro de muchos, muchos años, volverán. Es un deseo.
Mientras tanto, en cada pueblito, algunos héroes luchan contra molinos de viento.

Mario Sender

El otro lado.

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EL OTRO LADO
Todos esperaban impacientes. Sin verse, sin sentirse, sin moverse, sin ser nada. Negrura. No son tinieblas. Es falta de luz. Oscuridad total. Ni tan siquiera recuerdos. Sólo el tiempo inexorable que les había llevado hasta allí. A este lado, también pasaba el tiempo. Siempre hacia adelante, medido con precisión atómica. Mientras tanto, todos pensando en lo mismo: vivir. Sin darse cuenta que cada minuto cuenta, que lo pasado no volverá a existir, y, atrapados en la vorágine de la rutina diaria, contemplan sin compasión las desgracias que vomitan los telediarios, las redes sociales, la prensa. ¡Infelices!… Que no saben lo que vale un solo día, 24 horas de vida que para muchos seres serán los últimos, antes de que la luz se apague tras sus ojos, su corazón deje de amar y su piel solo sienta el frío acero aséptico de la morgue. Todo para tener un solo día de gloria al año.
Y llegó la hora, todos los inexistentes ojos recorriendo aquellos lugares de la tierra que les vio nacer. Sus nombres en la lápida de los miles de cementerios, algunos con letras de oro, otros escritos en una simple cruz de madera, muchos perdidos en alguna fosa junto a la cuneta y muchísimos deambulando sin saber ni tan siquiera como se llaman, que hacen o porqué siguen en este mundo.
Es la noche de los difuntos, uno de noviembre. Se dice que algunos los han visto, que vuelven a saldar cuentas pendientes, pero, la realidad es muy distinta. Los fantasmas no existen excepto en nuestra mente. Las cuentas pendientes son cosa de los vivos. El remordimiento; ese es el fantasma que habita en muchos de nosotros. Quizá sea posible expiarlo… cuando lo veamos desde “el otro lado”.
Mario Sender

Te regalo…

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Cincuenta años. Cuando salió le había dicho que quizá no volviera. Cincuenta años era mucho tiempo, aunque para él no existiría el tiempo.
“Ya te echo de menos”, le dijo en la primera órbita, peleando contra la ingravidez, al igual que hacía contra sus piernas inquietas, en esas camas secretas. Un día le había dicho que si pudiera le traería la luna para encerrarla en sus ojos. Ahora estaría muy cerca. Cada minuto, la rotación de su cápsula le permitía ver el disco plateado a través de la ventana. Parpadeó y la imagen quedó grabada en su ojo biónico. No le fue complicado realizar la composición. Luego la proyectó sobre la interface de comunicación y la envió directamente a casa, con prioridad en las noticias del día. La microcápsula abandonó la nave impulsada por la explosión controlada del propulsor de iones. Reducido al tamaño de un átomo, tenía por delante cincuenta años terrestres hasta el último universo conocido: Galileo; bautizado así en honor del gran astrónomo. Galileo estaba a la distancia de Planck y nadie podía imaginar que efectos tendría la gravedad cuántica sobre las partículas.
Celia se miró al espejo, acercó sus ojos a la pantalla de inserción y de forma instantánea las lentes dieron luz a sus ojos. No tardaba más de una décima de segundo en recuperar la visión. Se acercó un poco más…tenía una sensación extraña. Enfocó la mirada y se le aceleró el corazón. Allí, justo en el centro de su pupila color lluvia, estaba la luna.
Él tenía el secreto, el universo estaba en sus ojos.
M. Sender y la chica de los ojos verde lluvia.

LA CUEVA ARDIENTE (En la mente del asesino)

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LA CUEVA ARDIENTE.
El bar estaba abarrotado. Era viernes noche. Juan acudía allí cada semana, solo, esperando encontrar alguien conocido. Al día siguiente vería a sus hijas. Le tocaba. Estaba deseando volver a abrazarlas. Era el único vínculo que le quedaba con su ex. Aún a sabiendas de que élla, siempre les hablaba de él con desprecio, procuraba hacerles el día lo más feliz posible.
Sentado en el taburete, apoyado en la barra, consumía su tercer wiski. Fue como un relámpago. Algo indescriptible e imposible de comprender. El bar desapareció ante sus ojos y la oscuridad apagó los colores. Las paredes rugosas desprendían un extraño resplandor, semejante a la luz de las hogueras. Pero no había fuego. En un rincón, unos pequeños paquetes con forma humana se movían. Estaban sobre una rampa, una especie de cinta transportadora, cuyo fin era un pozo del que no se veía el fondo. No tardó mucho en sentirlo. El calor empezó a hacerse evidente. Su ropa estaba caliente, parecía recién planchada. La camisa se adhería a su piel y la suela de sus zapatos se fundía en el suelo de esa especie de cueva. Los paquetes seguían cayendo uno a uno al fondo del pozo.
Cuándo sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y la temperatura se volvió insoportable, alzó la vista y los vio. Ahora iluminaban el techo. Chillaban y colgaban boca abajo. Los cuerpos incandescentes alcanzaban el rojo blanco a medida que los paquetes caían al fondo del foso. Todos los colgajos tenían la cara de su ex. Horrorizado, corrió como pudo al principio de la cinta, intentando parar aquella pesadilla. Eran pequeños seres sin rostro, como si les hubieran borrado la cara. Fue insoportable.
– ¡Salvanos papá! -susurraban con un hilo de voz-.
Según caía, pensaba en el dolor. El fondo del pozo se iluminó y observó a los peatones los coches detenidos en el semáforo y, por último, el dibujo de los adoquines. Después nada. Dejó de existir.

“Ayer, un hombre ha incendiado el domicilio de su ex pareja. Los bomberos han rescatado el cuerpo de la madre y sus dos hijas. Las tres víctimas estaban atadas por los pies a una de las vigas del techo. Al parecer, el que fuera su marido, se ha arrojado por la ventana del quinto piso, falleciendo en el acto”.

M. Sender

Con “J” de Aragón

 

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Con “J” de Aragón

La Almunia ha sido un Jalón en mis últimos años. Un punto de partida hacia ese mundo de palabras encadenadas. Jamas pensé que una simple parada, pudiera cambiar la forma en la que se mira la vida.
Hace muchos años, mi tío, camionero profesional, recorría España en duras jornadas, llevando y trayendo mercancías. Y yo, aún muy pequeño, de vez en cuando recibía algún recuerdo de los lugares por donde pasaba.
Con el tiempo, yo también seguí esas intermitentes líneas blancas, como un viajante de otras épocas, donde los muestrarios ocupaban el lugar de los acompañantes. Y, casualmente, termine trabajando como delegado comercial de una empresa con sede en Zaragoza. Eran otros tiempos y uno tras otro, se sucedían los pueblos divididos por la carretera nacional. De entre todos, dos eran mis preferidos. Y uno, en especial: La Almunia de Doña Godina, cuyo nombre, sin razón alguna, me sonaba a princesa “medieval”.
No, no me he olvidado de mí tío, culpable en parte de ese Júbilo que despertaban en mi los pueblos de Aragón. Porque Aragón, siempre me suena con “J”, y no por su famosa tradición jotera, sino por que sí. Allá, en Castilla, en un pequeño pueblo, lugar de paso de la futura reina de España,  un niño tenía algo que pocos habían visto nunca: unos enormes caramelos, llamados adoquines, que mi tío me traía de Zaragoza. Ya de por sí eran una rareza por aquellos lares, pero, la sorpresa no era su dulzor, sino la leyenda que se escondía en su envoltura. Así, lo primero que hacía, era desenvolverlos todos para leer las “Jotas de picadillo” que tanta gracia me hacían.
Y jota a jota, entre las heroicidades de Agustina, mi curiosidad por saber quién era esa “Dolores” de la que hablaba mi tío, allá en Calatayud, un trocito de mi infancia, fue con “J” de Aragón.
Siempre entre Jaleos de acero, obligadas Jaranas nocturnas y visitas turísticas a la AlJafería.
En fin, no tendría nada de extraordinario, hasta muchos años después, que, recordando aquellas paradas un día me dió por volver a pasar por el mismo lugar. Así empezó el Juego, sin Jotas, con erotismo singular,
Fue una Jacilla, sin duda, que me mostró otro sendero de mi vida, hasta entonces sin explorar. Quizá la verdadera intención fuera la seducción, entre una reina de Castilla y un rey de Aragón o, un milagro de Santa Pantaria, reina de las 11.000 vírgenes.

Si me ves que me mareo

no le avises al medico;

qu’es que me ha hecho mal el agua

el agua que lleva el vino.

 

En la estación de tu pueblo

pocos forasteros bajan

porque los mozos son brutos

y las mozas descaradas.

 

De moza que se santigua

cuando un mozo se le acerca

librate…, que esas te cojen

y te casan a la fuerza.

 

A esos que a la luna suben

no les envidias tu nada

pues tu estas siempre en la luna,

según dicen en tu casa.

 

Arroz con leche es tu nombre

cuando lo llevo en mis labios

y cuando suena en mi oído

encanto de los encantos.

 

Lleva mi mañica el moño

de rosca de picaporte

paice una torta gaitera

o un cimborrio de la torre.

 

Me cogio un agua en el campo

y me refugie en tu casa;

dende aquella hora y seguido

tronada tras de tronada.

 

En la calle de San Gil

ves abanicos a pares

pal que le asustan los precios

que hay en los escaparates.

 

Tres por siete, diecinueve;

seis por ocho, veinticinco…

¡que bien me salen las cuentas,

las cuentas de tu cariño!.

Dende que tú mi “sol” eres

me ha dicho más de un guasón:

que estoy hecho un “satélite”

dando gueltas tras el sol.

 

Ya no me saben a dulce

ni el arrope ni el mostillo

después de pasar dos horas

de estar hablando contigo.

 

Mudo me quede de un tiro

y de un atropello cojo,

si te pido relaciones

no me desgracies del todo.

 

Maña, no es que no te quiera

porque festeje y festeje…,

que a gusto me casaría

si pudieras mantenerte.

 

Que tal ando me preguntas

y eso ya lo puedes ver:

unos raticos “a pata”

y otros raticos “a pie”.

 

Los panaderos del barrio

anoche tuvieron bronca;

dicen que la panadera

le dio al hombre un par de tortas.

 

Me preguntan que tal andas

y yo digo que andas bien,

que aun conservas las dos piernas

y aun no te han cortao los pies.

 

Que me quies más que a ninguno

pregonas mañana y noche,

no es la que más cacarea

la gallina que más pone.

 

La navaja del barbero

yo no se con que la afila

que en llevándola en la mano

ya ninguno le relincha.

 

Dice orgulloso tu padre

que le entiendo a la primera,

¿cómo no voy a entenderlo

con esa tranca que lleva?.

Ido a cazar con tu primo

por trair una guena caza,

pero maña, me ha salido

en tiro por la culata.

 

Esta tan lejos tu casa

que, cuando te vengo a ver

por fuerza hi de “cair” rendido

¡pero, rendido! a tus pies.

 

Y hoy te aupo a coger los higos,

con la sola condición:

de que de diez me des ocho

y de treinta veintidós.

 

Se que murmuran algunos

que tengo cosas mu raras

porque bebo en vino en vaso

pero el agua… a cucharadas.

 

Fumando y con pantalones

tu mujer me ha parecido

un señor que conocía

y que era tonto perdido.

 

Migas en el campo hicimos

pa obsequiar a tu familia,

y ya van diciendo todos

que hacemos muy buenas migas.

 

Ya se que ties facultades

pa llegar a ser tenor,

pero quies “subir tan alto”

que se te “cuerta” la voz.

 

Tomas miel al desayuno

y mostillo al merendar;

el que guste de los tuyos

¡que morricos se pondrá!

 

Estos días hi de échame

una novia cada día

pa tener pagau el cine

las ferias y las corridas.

 

Ya tenemos “majorettes”

al estilo de Paris;

a ver si dentro de poco

tienen baturros allí.

 

En mi pueblo un vanidoso

que vive de la apariencia

se ha puesto los dientes de oro

pa estar con la boca abierta.

Después de llamarme seco

de rancio me pones fama,

pero se lo que te gustan

el seco y el rancio maña.

Fuente: Palabras al consonante.

 

 

Los ojos cerrados

El mundo de los ojos cerrados.

My picture e285a763-df0c-4019-ad1f-5d6da3c098dfEs como mirar a las estrellas. Tu mente llena de puntos con distinto brillo, agrupados o distantes, rodeados de negrura, que te invitan a formar figuras.
Cierras los ojos y el mundo no existe. Si no oyeras, inmóvil, sin tacto, en el vacío, sin la luz de esos puntitos celestes, no habría nada. Sería lo más parecido a la muerte. Quizá eso sea la muerte: la privación de todos los sentidos que nos unen a este mundo. En realidad, un mundo creado por nuestra existencia. Por eso jamás podremos comprender que hubo antes de eso que nosotros llamamos “Big Bang”. Antes, ni la luz, ni la materia, ni el espacio ni el tiempo existieron. Era un mundo de los ojos cerrados, un “mundo” sin sentidos. Un “ser” solo, único, inimaginable, sin apariencia, sin cuerpo ni mente, sin conciencia, sin nada de lo que nosotros conocemos. Durante miles de años, los seres que habitamos este insignificante “punto brillante” lo hemos llamado Dios, de una u otra manera. Ahora los sabios de nuestro tiempo lo llaman “bigbang”, un nombre como cualquier otro.
Todos los años, la materia desaparece en sus múltiples formas. Y así, regresa a ese mundo de los “ojos cerrados”, milenio tras milenio.
Nacemos al abrir los ojos y nos vamos cuando volvemos a cerrarlos. Entre estos dos momentos existe la vida. Casi siempre incuestionable para la mayoría, que ni tan siquiera se pregunta lo más básico: ¿Que es la vida?. Es sencillo: lo que vemos, oímos, tocamos, sentimos, pensamos e imaginamos. Nada más, para casi todos. Aún así, algunos seres, los llamados a si mismos “humanos”, son conscientes de ello. Y entre esos “algunos”, muy pocos se cuestionan el motivo de su existencia. 7.500 millones de seres luchando por sobrevivir en un mundo ficticio, creado al abrir los ojos. Un mundo fantástico, diferente para cada uno, por motivos de raza, sexo, país, estatus social, riqueza o pobreza.
Abre los ojos y vive. Con los “ojos” cerrados, la vida será otra cosa, imposible de describir.
Mario Sender

EL BOSQUE SILENCIOSO

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EL BOSQUE SILENCIOSO
Galicia, Moraña, tarde luminosa. Aún quedan dos o tres horas de luz. Una más que en la meseta castellana. El camino es angosto, tapizado a derecha e izquierda por verdes helechos y, de vez en cuando, alguna zarza que intenta detenerte con sus afiladas púas, quizá para que pruebes la delicia de sus frutos; pero aún es pronto para la zarzamora. Los líquenes y musgos parecen abrazar los troncos con la delicadeza de un amante. Impresionan los robles y eucaliptos con su altura de más de treinta metros. Son los guardianes del bosque. Filtran el sol y la lluvia, sujetan la tierra y dan cobijo a un sinfín de especies de menor porte. El sendero serpentea con el sonido del río Umia a mi izquierda. Es el ruido del silencio, al que, de vez en cuando, pone ritmo el trinar de un pájaro. Avanzo con la mirada perdida entre la flora singular de estos bosques. Levanto la vista. El sol intenta buscar un resquicio entre las copas pintando matices verdes. Mi perro olisquea el sendero y, como yo, se para en las intersecciones esperando que le guíe por uno u otro camino. En la espesura, algunos robles descansan tendidos. Su larga vida ha terminado para formar parte de esa alfombra paseada por los habitantes sigilosos de la umbría.
Desde la parte alta del arbolado, abajo, el río Umia continua su centenario serpentear horadando el lecho de rocas milenarias. Las cascadas hablan de rumores, tocando la melodía de las aguas vírgenes. Escucho el silencio del brillo plateado del líquido creador de vida, mientras mi mente descansa como un ancestro pensante, cuando la naturaleza lo era todo.
En otro lugar, el agua se detiene. Es el embalse del Umia. La estrecha carretera en pendiente, desaparece entre las verdes aguas. Apenas se divisa algún resto del viejo puente, sustituido por la modernidad. Cruzamos el embalse, maravilloso entorno, por el camino peatonal del viaducto. Un cartel amarillento, parece la pista de un oscuro secreto. Es la advertencia de la condición humana: crimen, envidia, ambición o venganza. Un nombre y una cara que no me dicen nada. Tan sólo silencio.

img_20180722_105820.jpgDe vuelta a la casa del bosque, la Iglesia y su cementerio, de belleza simple y perfecta, preside la pequeña aldea. Durante una semana ha sido nuestro hogar, gracias a la amabilidad de sus dueños. Su alegría contagia, el entorno enamora. Sólo si miras a los ojos de una madre, adivinas ese punto de tristeza infinita y dolor irreparable que un día, en la cola del embalse, un desdichado suceso le arrebató media vida.
El silencio del bosque, los murmullos del agua, las algas mudas, guardan la verdad, pero no hablan.
La vida continúa y volvemos a la rutina de la gran ciudad, con tristeza y envidia, pensando en volver algún día.

Mario Sender
(dedicado a Isabel, Ramiro, Sara y Luis).

¿Porqué no ganamos el Mundial2018?

¿Porqué no ganamos el Mundial 2018?

My picture a1f2a5a5-93c3-4c0b-a702-ba6e859f38f6Son múltiples los motivos. Unos extradeportivos: el cese de Lopetegui y la torpeza de los dirigentes del Real Madrid y Federación para acometer el problema. Otros tienen relación con la rutina. Rutina que termina por hacer desaparecer la sorpresa, la tensión, la ilusión y  el deseo. Es como el matrimonio de tantos años. Sabes dónde y cuándo te van a tocar, que postura se va adoptar, hasta que dedo, de los cinco, vas a usar… Así, con este panorama, España intentó conquistar a su amante Mundial2018. Y, claro, los amantes se cansan de repetir la misma “hazaña” de cada cita. España se sintió la amante perfecta, halagada y confiada, dispuesta a demostrar “lo bien que lo hace”. Estas situaciones, por exceso de confianza, pueden derivar en el temido “gatillazo”. Lo de España fue, después del primer encuentro, un gatillazo anunciado. Rusia, tan fría ella, no enseño ni tan siquiera el tobillo; y España, tan “seductora” ella, se pavoneó esperando que cualquier “amante” cayera rendida a sus pies, víctima de tanto poderío técnico. Pero, ya se sabe, un gran “miembro”, no garantiza el máximo de eficacia.
El cortejo fue así:
– De Gea, gran portero, entra en éxtasis tras su cita con el Real Madrid. Frustración. Desencanto. Todos sueñan con “acostarse” vestidos de merengue. El primer “gatillazo” ante Portugal, limita su autoestima y no se le vuelve “a levantar” en ninguna cita más.
-Los preámbulos. Entre Piqué y Ramos, tan altos y guapos, considerados la mejor “pareja” del mundo, deciden bailar solos, cual últimos amantes con el bar a punto de cerrar. Te quiero, me quieres, me querés, te quiero, y así, hasta más de 200 veces. No por mucho decirlo, me convencerás. A su lado, los padrinos, Alba y Nacho (Carvajal), asisten atónitos al “encelo” y, por mucho que lo intentan, dejan el protagonismo a su pareja de centrales. Y, solo eso, participan del recital: te quiero Piqué, te amo Sergio…y los dos,  de vez en cuando, desde derecha e izquierda, pasan el balón esperando que los “novios” decían continuar andando por la alfombra. Un poco más adelante, Koke y Busquets, les animan a llegar hasta el altar. Oidos sordos; ya se sabe, el “amor” anula los sentidos.
Lo demás es fácil: los invitados. Costa, Asensio, Silva y el “niño rebelde”, Isco, sentados en el altar esperando que el resto de invitados (rusos, marroquíes, que más da…) caigan rendidos ante el despliegue de belleza, dominio, destreza y prestigio de esa amante que, con diez años menos, era cortejada por medio mundo.
Cuestión de edad. El que tuvo retuvo, pero, si quieres seguir enamorando, si quieres mantener la tensión… Ser excitante y con imaginación, no adviertas a tu amante, no le digas por dónde, como ni cuándo lo vas a hacer.
La selección española es como el matrimonio que no sale de la habitación, que apaga las luces y se da vuelta en la cama, sin decir ni palabra, después del “achuchón”.
Buenas herramientas y torpeza total.
Hay que cambiar de amante.
M. Sender

Bésame en un rincón.

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BÉSAME EN UN RINCÓN

Daniela se sentía cómoda, aunque los nervios nunca desaparecían del todo. Verle, siempre despertaba una sensación única en ella. Estar a su lado y no poder tocarle, mirarle a escondidas, que no se notará el brillo de sus ojos, que no le delatara una palabra, era difícil, muy difícil. Alguna vez se había atrevido a rozarle al pasar, incluso le susurró alguna palabra al oído. Se sentaba a su lado en cada cena, a su izquierda en el cine, frente a él en los bancos del tren, delante de él en la cola de espera de la carnecería… Daniela estaba perdidamente enamorada.
Cuando se vestía, lo hacía para él. ¿Le gustaría blanco o negro?. Era verano y su piel tenía un precioso color tostado. El blanco. Seguro que en la penumbra, resaltaría sobre su precioso cuerpo. Se ajustó las finas medias de seda, transparentes como el cristal, al liguero. Se miró en el espejo subida a sus tacones y se puso el vestido. Se sentó al borde de la cama mirando su reflejo. Cruzó y descruzó un par de veces las piernas. El corto vestido dejaban ver el bordado del final de sus medias y cualquiera que la mirara con atención, no tendría muchas dudas sobre el color de su cara lencería. Entorno los ojos, pasó sus manos acariciando sus muslos hasta donde empieza la piel y volvió a tener su imagen en la cabeza. Cerró las piernas atrapando sus dedos contra su sexo y pensó en él. No tardó en sentir sus dedos húmedos y ese temblor intenso, ese fuego abrasador que le recorre la espina dorsal hasta terminar endureciendo los pezones entre sus labios. Imaginó su boca, suave y caliente, descendiendo por el valle de su ombligo, los besos descendiendo uno a uno, suspendidos, discontinuos… Hasta desear, irremediablemente, sentirse una cereza en su boca. Rodar al ritmo de su lengua, la presión de sus labios, la suavidad de su saliva, las curvas recorridas… hasta que un ligero mordisco y después otro y otro, hicieran estallar su interior derramando dulzura, sabor y néctar maduro, hasta sentirse privada de todo, un hueso desnudo en su boca. Necesitó unos segundos para recuperar el conocimiento. Luego bajó despacio cada escalón, sintiendo su regalo en el interior.
El pub, como cada viernes, estaba a rebosar. Daniela pasó entre la gente y se sentó junto a sus amigos. Como siempre, observó a los hombres, le buscó con deseo, siempre solía ir a ese lugar y aunque sabía que tendría que conformarse con tan poco, una mirada, un roce… Ahora tenía su regalo, esa “cosa” que, según él, podría hacer lo que tanto deseaba: dejar de limitarse al onanismo.
La primera vez casi se le cae el zumo de las manos. Fue como un calambre interior, sorprendente. A continuación, se sucedieron un par de vibraciones entre sus piernas cerradas, entornó los ojos y sus amigos le preguntaron, ¿Te encuentras bien?, Siiii -contestó con una sonrisa sospechosa-. Sonó el teléfono. Era él. -¿Te ha gustado? -. No le dió tiempo a responder. Su “regalo” volvió a moverse en su interior hasta hacer que sus manos temblaran. Esta vez con mayor intensidad, como si alguien controlara su orgasmo.
Daniela era incapaz de dominar aquella “cosa”. Se le escapó un gemido y todos la miraron. Un nuevo zumbido entrecortó su voz y sólo acertó a decir  “bé…same en…en un … rincón”, mientras se levantaba camino de la puerta, con sus acompañantes perplejos.
Esa era la clave: “bésame en un rincón”. Su “regalo”, comenzó un baile infinito entre sus piernas, ejecutando el programa que con ese nombre, su amante imposible, controlaba con su smartphone, sentado en la penumbra. Daniela, en el parking, dentro de su coche, se entregó al placer, mientras se quitaba la ropa y mandaba fotos de su cuerpo a ese “regalo” que llevaba dentro y que no deseaba que parara nunca. El intercambio de sexo virtual continuó hasta que agotó la batería.

“Bésame en un rincón”, es una aplicación que controla un vibrador a distancia a través de un terminal móvil. ¿Es mi imaginación… Es real? Os dejo con la duda.
M. Sender

XV Recital de Poesía Erótica (La Almunia de Doña Godina).

PASIÓN ANUAL, XV veces repetida.

Ya no recuerdo cuantas veces he estado allí. Algunas como simple oyente, en el anonimato,  perplejo por el talento de estas noches y algunas más como humilde lector. En tantas ocasiones como he viajado a Zaragoza, La Almunia, fue mi destino singular, a veces seducido y, a veces, seductor. Pero siempre con el sentimiento de esta prosa poética…

Eternas, volaron las tardes mirando tus ojos en cada gota de lluvia,
esperando el sol que incendia mi piel y ese corazón latiendo gemidos.
Un viernes de verano, cada año, en un pueblo de morisco pasado, un acontecimiento espera al hombre perdido en las curvas que acercan. Nunca supe por qué, ni qué me hizo enamorar de un lugar tan excitante y singular y,….así,
desnudar la Almunia, despacio o salvaje, se convirtió en un deseo irrenunciable. Mi pasión anual.
“Bésame,
acaríciame,
aquí, no importa la hora…”
insinuantes palabras ordenadas, entre sugerentes vinos, atrevidas cerezas, y mis manos inquietas.
Así  atravieso los arcos, de imposibles mujeres bellas, esperando que alguien me diga al oído, esa frase tan certera…
“si me desnudas con arte… te invito a champán”
Noches soñando  esa amante apasionada  que jamás puedes olvidar, que quisieras, para ti solo, … dispuesto a raptar…

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Se insinúa la noche, desde el escote arqueado y sugerente del fuerte, compañía excitante, cigüeñas amantes y guindas con sabor a labios.
Años de versos y besos, disfrutando en ti, escondido en la cremallera de tu espalda…
deseando ser yo…. quien te quite la ropa…. y te invite a champán.
Si fueras mujer, serías mi amante… Almunia.

M.Sender

Mundial de fútbol, Rusia 2018

Mundial de fútbol, el nuevo reto para España.

IMG_20180603_140857Alemania. Siempre Alemania. Hace muchos años, cuando Kubala era seleccionador de España y Juanito no era un gritó en el minuto 7, Alemania era el “coco”. Ganar, aún en un amistoso, era un triunfo, empatar también y perder jugando bien, un excelente resultado. Mario Gómez, de origen español, es muy alemán; un panzer de 1,90 m., criado con salchichas bradwurg.
Cuando yo jugaba al fútbol, no temía a Brasil o Inglaterra, pero sí a Alemania. Sus características eran totalmente diferentes a nuestra idea del fútbol: disciplina, fuerza, constancia, arquitectura… Contra desorden, creatividad, técnica y corazón. Con Kubala conseguimos empatar alguna vez y no recuerdo ganar(excepto algún amistoso). Todo cambió cuando un larguirucho “zapatones”, llegó para entrenar al equipo nacional. Su frase  más célebre define su carácter:  “solo vale ganar, ganar y ganar”. Por suerte o por convicción, por técnica o por corazón, da igual, los jugadores españoles se convirtieron en el ogro, el temible monstruo a batir. La mayoría estaban 20cm por debajo del 1,90 del “español” de Riedlingen, pero Luis, el artífice de la “teoría del todo”, les debió hipnotizar de tal manera que parecían gigantes ante cualquier rival. Desde entonces ya no tengo miedo de los infatigables teutones, ni de los malabaristas brasileños, ni de las cabezas voladoras inglesas. Ya no me da miedo nadie. Al contrario, he devuelto de una patada de duración indeterminada, ese temor a nuestros contrarios.
Mario Gómez, el “español”, mide 1,89, no me preocupan sus centímetros, sino su origen granadino.
Antes esperaba una heroicidad, ahora confío en la victoria. Hace mucho que somos los mejores.

¡ESPAÑA HA VUELTO, PARA GANAR ESTE MUNDIAL!

M. Sender

Primera batalla contra las máquinas.

Kaspárov VS DeepBlue (IBM computer)LA PRIMERA BATALLA CONTRA LAS MÁQUINAS.
Hemos visto muchas películas donde los humanos luchamos contra las máquinas. Futuros imaginarios en los cuales las máquinas creadas por el hombre han tomado el control. Las consecuencias serán impredecibles.
Hace tiempo que ésto comenzó. La primera de estas batallas sucedió hace t más de una década. Fue un enfrentamiento incruento, con los contendientes frente a frente, separados por un tablero de ajedrez. Los protagonistas: Kaspárov, campeón del mundo de ajedrez y DeepBlue, el superordenador de IBM capaz de calcular 100 millones de posiciones por segundo.

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Gary Kaspárov, nacido en Baku, de padre ruso y madre Armenia fue el campeón del mundo más joven de la historia. En su primer enfrentamiento con la supermáquina DeepBlue,  Kaspárov fue derrotado, recuperando en las siguientes partidas la supremacía para la raza humana. Resultado final 4-2, para Gary.
Años más tarde, en 1997, una máquina más evolucionada, Deeperblue(DeepBlueII), derrotó al cerebro humano a 6 partidas, con ritmo de torneo oficial, por 3,5-2,5. Fue la primera supermáquina que derrotó a un campeón del mundo. La capacidad de cómputo era de 200 millones de posiciones por segundo.
Kaspárov, un genio del ajedrez, con un juego agresivo e imaginativo, desafío a IBM a presentar a DeepBlue en competición oficial, garantizando que “destrozaría” a la máquina. Durante sus enfrentamientos, acusó a IBM de hacer trampas. Gran conocedor del comportamiento del contrario, en la segunda partida contra DeepBlue, le preparó una encelada (un sacrificio de peón), que la máquina rechazó. Un comportamiento no habitual en los programas matemáticos de las máquinas, lo que le hizo sospechar que alguien corregía el comportamiento “no humano” de la máquina.
Kaspárov solicito todo el proceso informático y procedimentos escritos de las partidas, que, finalmente, le fueron negados por parte de IBM.
Hasta la llegada de Carlsen (2872 puntos), Kaspárov ostentaba el récord de puntos ELO, con 2851.

Kasparov-12.jpgSu partida número 16, con negras, en su enfrentamiento a 24, contra Karpov, está considerada como una de las obras maestras de la historia del ajedrez.

(dedicado a todos los jugadores anónimos de ajedrez, que,  como yo, nunca seremos Kaspárov, pero amamos este juego)
Algún día, cuando los necesitemos, estos genios de la estrategia, nos ayudarán a vencer a las máquinas
M. Sender

El hombre del billón de dólares.

 

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Cada día escalaba la montaña. Sus viejas botas dejaban traslucir el color de sus calcetines arco iris. Desde la cúspide, unas decenas de metros más abajo, los pequeños cuerpos removían el suelo con sus palos. Algunos cargaban grandes bolsas a su espalda, como sherpas escalando el Himalaya. A veces se sentaba y miraba la ciudad, tan cerca y a la vez tan lejos. En los días de sol, cuando las humeantes chimeneas lo permitían, los cristales de los enormes rascacielos parecían joyas talladas por las gigantes y poderosas corporaciones. Un bosque imponente e inamovible, donde cada árbol lleva escrito su nombre, luchando por ser el más alto en el Skyline del gráfico de la bolsa inmisericorde. Se puso la mano a modo de visera sobre la frente y dividió ese paisaje en dos. Abajo, a la sombra de las torres, las humildes casuchas se extendían como setas escondidas entre ramas podridas, humedades perpetuas y alimañas supervivientes. El paisaje, ahora, le parecía muy diferente, aún siendo la misma hora y la misma ciudad.
-¿Qué tal, Sr. Peric?… ¿Se ha dado cuenta de que el sol brilla hoy?
-Claro Tim, el sol brilla siempre, aunque no lo veamos. Sabes, a veces, para poder apreciarlo, hay que mirar por encima de las nubes. ¿Ves aquel rascacielos, el que tiene una estrella sobre la antena?
-Si Sr. Peric, es uno de mis favoritos. Mi papá trabajaba en la fábrica esa, la que tiene una estrella igual en la fachada.
-Pues hasta allá arriba, hasta la cúpula dorada, hay más de 1000 m. Desde sus ventanas siempre se ve brillar el sol. Había un hombre que sentado frente a su mesa, como estamos tu y yo ahora mismo, cegado por el sol y separado por las nubes de la realidad que tú y yo conocemos, vivía feliz. Al menos eso creía.
-Y ..¿Era rico Sr. Peric?
-Si Tim, muy rico. Era el hombre del billón de dólares. Una cantidad inmensa.
-Mi papá decía que en la fábrica de la estrella lo pasaban mal. Que no querría que yo trabajara allí. Quería que estudiara y ahorrar para que pudiera ir a la escuela. No pudo ser Sr. Peric. Usted ha debido estudiar. Por eso me gusta venir a verle. Sabe muchas cosas Sr. Peric. ¿Alguna vez ha subido a alguna de esas torres?.
-Si Tim. ¿Qué le pasó a tu papá?.
-Un accidente. Dicen que fue debido al cansancio. Trabajaba casi doce horas al día y ese sábado, en el tren de laminación, tuvo un descuido. Se enganchó una mano al desatascar un lingote y los rodillos le destrozaron. Siempre me decía que algún día habría un accidente. Que los sistemas de seguridad estaban desactivados para aumentar la producción.
-A veces pasan esas cosas Tim. Esas gentes que viven por encima de las nubes, nunca ven lo que sucede en el tapiz del bosque. Sólo piensan en ellos mismos.
-Sr. Peric, y…ese hombre del billón de dólares, ¿aún vive?.
-No Tim. Aquel hombre murió hace años. Su vida sólo valía esa cantidad ingente de dinero, cuando no tuvo nada, con el último centavo, se extinguió. Igual que su dinero. Sabes Tim, ese hombre, un día, me recibió en su mirador por encima de las nubes…
-¡De verdad! Sr.Peric.
-Si. Ambos miramos por la ventana. Era un día como hoy, sin nubes, el sol iluminaba toda la ciudad. Se veía perfectamente este montículo. Los niños luchaban por encontrar algo para subsistir; plásticos, vidrios, desechos que no sirven para otros. Él nunca había mirado hacia abajo, jamás hasta ese día. No puedo olvidar su cara. Se giraba y volvía los ojos hacia su lujoso despacho. Los paneles electrónicos bailaban. Las cifras se sucedían en colores rojo o verde y los gráficos dibujaban montañas y valles. De nuevo observó por la ventana. Pude ver sus lágrimas reflejadas en el cristal.
-¿Y porqué lloraba Sr. Peric?. No lo entiendo. Es un hombre rico, tiene fábricas, coches … Incluso gente que le sirve. Lo tiene todo. A mí me gustaría ser como él.
-Ten cuidado mi pequeño amigo. Hoy ves ese edificio que tanto te gusta. No hay nubes. Pero en los días nublados, desde aquí, desde la cúspide de este montículo, no ves lo que sucede allá arriba.
-Bueno Sr. Peric, que más pasó aquel día…
– Se sentó de nuevo en su sillón y escribió y escribió…durante horas. Me enseñaba cada página, pedía mi opinión y ninguna me gustaba.
-Opinión sobre qué Sr. Peric.
-Sobre la vida. Le pregunté si había amado a alguien. -no- me dijo. ¿Has tenido amigos? -no- contestó de nuevo. ¿Con tanto dinero habrás tenido la satisfacción de ayudar a alguien? -.. No!. Lástima -le dije-, es una de las pocas cosas que se pueden hacer con dinero. ¿Que tienes que puedas ofrecerme que no sean riquezas? ¿Qué piensas que podría interesarme de ti?. No hubo respuesta.
– ¿Y qué le pasó? Dijiste que había muerto.
-Así es, Tim. De hecho vas a ser el primero en saberlo. Yo mismo acabé con su vida. Y tienes la posibilidad de ser el nuevo propietario de la Torre y la fábrica de estrella. Puedes ser el Hombre del Billón de Dólares. He subido mil veces esta montaña de basura y desechos intentando encontrar a alguien que me libere de esa carga. Quizá tú puedas ayudarme. Aquí tengo todos los papeles que te convertirán en el hombre más rico. Pero antes de tomar esa decisión, deberás renunciar a todo.
-¿A todo Sr. Peric?
-A todo Tim. Sólo tendrás su dinero.
-Pero…y usted?
-No volverás a verme, no podrás hablar conmigo. No verás más a estos amigos que rebuscan entre la basura. Tendrás que asumir las desgracias de tu decisión. Explotar a tus trabajadores, olvidarte de sus familias, las mujeres te querrán por tu dinero, los amigos serán interesados, las gentes te odiarán y envidiaran y un día, verás tus lágrimas reflejadas en el cristal de la Torre de la estrella. Eso vale un billón de dólares.
Tim se sentó con la cabeza gacha, urgando con su palito entre la basura.
El Sr. Peric, le levanto la cabeza y le miró a los ojos, mientras una lágrima le resbalaba por el corazón.
-Tim, un día quise tanto a una mujer, que lo hubiera dado todo por ella, pero ni todo mi dinero fue suficiente para que me amara. Lo único que de verdad deseaba no pude conseguirlo.
Pasaron muchos años y, un día, Tim fue con Missa a ver la Torre de la estrella. La entrada era libre. La chapa ondulada resplandecía bajo el sol y los niños subían y bajaban por las escaleras. Al fondo del inmenso vestíbulo, a través de la plásticos traslúcidos, cientos de personas comían y reían. Las tiendas de ropa y calzado era un hervidero de pequeños correteando.
-Ven Missa, quiero enseñarte algo.
Tim la condujo de la mano hasta una especie de máquina.
-Mira. Si metes una botella de plástico, una bolsa, pilas, o cualquier cosa de las que la gente tira a la basura, siempre que te reconozca como un niño y contestes adecuadamente, te da un billete de 5 dólares. Tiene un billón de dólares para repartir.
-Y …¿Que haces con todo eso?
-Es fácil. ¿Te acuerdas de aquel montículo de basura donde conocí al Sr. Peric?. Lo llevo allí de nuevo y mis niños lo vuelven a recoger de nuevo.

-¿Eres rico Tim?
Siiii, ¡¡Soy rico… porque me amas!!!

Mario Sender

 

Expediente UNMO II

 

FECEn el capítulo anterior, vimos como se produjo el contacto. Su origen y el supuesto motivo del porqué de su viaje a nuestro planeta. No paso mucho tiempo y los supuestos unmitas, empezaron a facilitarnos datos de su planeta, su emplazamiento en la bóveda celeste, características geográficas, físicas, atmosféricas, etc. En fin, todo tipo de datos científicos con el fin de demostrar la veracidad de su existencia y sus intenciones. Realmente, tratándose de un supuesto fraude, el trabajo de recopilación de datos, su bien estructurado relato y la cantidad de información técnica, no al alcance de cualquiera, es sorprendente.

En 1967, el uno de junio, para reforzar la tesis de la realidad de su existencia, una nave, con el símbolo unmita en su panza, fue fotografiada en San José de Valderas, Madrid.380px-San_José_de_Valderas_5

A continuación, transcribo una de las cartas recibidas, con información detallada de quienes son, de dónde proceden y las características de su planeta:

“00/121.
Deseamos informar al planeta Tierra: origen y procedencia nuestra y fines que nos han
movido a visitarles. Procedemos de UMMO, planeta que gira alrededor del astro
IUMMA, registrado en vuestra Tierra con la denominación de WOLF 424.
00/123
Recibimos instrucciones día 12 Enero 1965 (Era Cristiana Tierra) respecto a
orientación y límites de este informe. Redacción aprobada. Procuramos adaptarnos
salvo barreras infranqueables de trascripción. Empleamos idioma español.
0/2
Las dificultades de traducción y expresión de conceptos en idiomas terrestres son
inmensas. No ocultamos que tras comprobar la sorprendente semejanza entre
estructuras biológicas de nuestros dos planetas, quedamos consternados al
percatarnos que nuestros respectivos medios de comunicación social difieren en
elevado grado.
0/21
Imposible nos es en un primer documento establecer de una forma sintética la
inmensa gama de equivalencias entre cifras, símbolos verbales, símbolos técnicos y
demás. En muchos casos, expresiones nativas nuestras, no tienen ni remotamente
equivalencia en ninguno de los idiomas terrestres conocidos por nosotros hasta la
fecha (inglés, español, griego clásico, griego moderno, alemán, italiano, francés y
árabe).
0/215
Empleamos para expresarnos, medio acústico: aire (adolescencia) y medio telepático:
“psi” (adultos medios), en este último caso, las imágenes mentales transmitidas y
recibidas conforman las imágenes mnémicas acústicas aprendidas durante la infancia.
Intentamos por todos los medios para Vds., fijar en grafismo español la imagen
acústica de nuestras expresiones, aunque en la mayoría de los casos, nuestros
fonemas puedan reflejarse con varias expresiones gráficas.
11/1
Nosotros procedemos, como anteriormente dijimos, del planeta o astro solidificado
UMMO, cuyas características reseñamos a continuación:
Orbita: elíptica con foco estrella WOLF 424 (IUMMA) que nos sirve de Sol.

Distancia del foco WOLF 424 al foco del sistema solar el 4 Enero de 1955: 3,68502
años luz.
Radio de UMMO, medido en la cota universal de VAAUAWE:
R1 = 7251,63 Km.
Radio en la cota NUAEI21 (polo de UMMO): R2 = 7266,61 Km.
Masa de UMMO: 5,4 x 1021 toneladas masa.
Aceleración de la gravedad en UMMO: 11,88 m / seg2.
Capa atmosférica ionizada a 8536, 92 Km.
Composición atmosférica medida en el laboratorio universal de técnicas atmosféricas
cota 878 de “WALIOA”.
Nitrógeno = 65,93%
Oxigeno = 23,00%
Xenón = 0,20%
Neón = 0,1316%
Anhídrido C. = 1,8%
Cloro = 0,001%
Metano = 0,102%
Otros gases.
111/1
Nuestra estructura geológica externa es en todo diferente a la de la Tierra. Los
océanos ocupan el 62 % aproximadamente. El resto se centra en un solo continente
lleno de grandes lagos, el mayor de los cuales tiene 276.320 Km2
(AUWOA SAAOOA).
Nuestras cordilleras (Muy erosionadas) apenas presentan formas accidentadas. El río
más importante de UMMOAA es el OAOAWA-OEW-OEWEA de anchura 3, 5 – Km. a
la altura de UWOSS. Desemboca en el lago IAWIAIA-SAAOOA, Los OAK-OEI son una
especie de volcanes que presentan la forma de grandes grietas que proyectan una
columna incandescente de METANOPENTANO-OXÍGENO de alturas entre 250 m. y
6,7 Km. Como el OASION-OEI cerca del lago IA-SAAOOA, su luz azulada ilumina las
noches de UMMOAA en aquellas regiones. Los grandes laboratorios NOOLAWE
proyectan cada UIW (tiempo unidad de UMMO equivalente a 3,1 minutos terrestres)
grandes globos con compuestos químicos que al entrar en contacto con la gigantesca
catarata de fuego azul, estallan como fuegos artificiales, ofreciendo un espectáculo
fantasmagórico. En el interior de estos globos van contenidos equipos de precisión
para controles científicos.

A continuación trazamos un croquis de nuestra configuración geográfica. En nuestros
mapas no se reseñan los nombres geográficos sobre el croquis, sino señalándolos por
medio de flechas y disponiendo la tipografía al margen.
0/112
Los habitantes de UMMO poseemos un cuerpo cuya morfología fisiológica es
sorprendentemente análoga a la del “homo sapiens” terrestre. Ello es lógico si se
considera que las leyes biogenéticas parece que rigen para todo el Universo. Cuando
el OIWI (año) 75.231 de nuestro tiempo (definimos el año como la dieciochoava parte
del tiempo de traslación de UMMO alrededor de IUMMA -WOLF 424-), llegaron naves
espaciales del planeta TOOKAAIA, sus tripulantes, aunque murieron, presentaban
también la misma organización celular.
Solo pequeñas diferencias aparecen entre nosotros. No poseemos amígdalas y
nuestro órgano de fonación se atrofia de forma que el glotis humano terrestre
desaparece hacia los 14 años. Durante la infancia pues, podemos hablar
normalmente, expresando nuestros pensamientos por vía fónica (medio transmisor
acústico: aire). El lenguaje que empleamos es sin embargo radicalmente distinto al
vuestro. Podríamos llamarlo BI-LENGUAJE. Por ejemplo; cuando emitimos unos
fonemas tales como OA DO DO IA KAAWAEA UMMO UMMO UMMO, expresamos
dos corrientes de ideas simultáneamente.
OA = Hemos realizado este viaje
DO = y procedemos de
IA KAAWAEA = para estudiar vuestra cultura
UMMO = planeta nuestro.
Pero al mismo tiempo observarán que repetimos cada fonema, dos, tres, cinco, etc.,
veces. Esto constituye a su vez un nuevo código o lenguaje que se superpone a la otra
expresión verbal. La interpretación de este lenguaje es de tipo estadístico matemático
(función del número de repeticiones del fonema) con lo que expresamos otro pen-
samiento al mismo tiempo. En el caso citado, decimos aproximadamente:
Realizamos este viaje procedentes de UMMO para estudiar vuestra cultura, y
No pensamos hacerles ningún daño, tranquilícense.

Otro ejemplo:
DO UMMO DO DO UMMO UMMO DO DO DO
Procedemos de UMMO, y
Hemos llegado con nuestra nave sur de Francia.
Si hubiésemos emitido así nuestra voz:
DO UMMO UMMO DO DO UMMO
Procedemos de UMMO
Necesitamos urgente alimentación.
En nuestras “escuelas” pues, los niños aprenden simultáneamente dos disciplinas
científicas cuando un mismo profesor les explica al hablar, dos conferencias de distinta
naturaleza.
Hacia los 14-16 años de su vida, las cuerdas vocales del niño sufren un proceso de
esclerosis que les deja fisiológicamente “mudos”, pero es que para entonces va
desarrollándose la facultad de transmitir nuestro pensamiento por medio de la función
que Vds. llaman “PSI” es decir, telepáticamente. Esto lo hacemos concentrando en el
campo de nuestra conciencia la imagen mental de nuestro interlocutor (aunque esté a
varios KOOAE -un KOOAE = 8,71 Km.-) y enviándole impulsos telepáticos, cada uno
de los cuales dura 0,00014 segundos aproximadamente. A estos impulsos les
llamamos en PSICOBIOLOGIA “BUAE BIEEE”.
Un código también BI-LINGUAL permite mantener dobles conversaciones con
cualquiera de nuestros semejantes.
Existen entre nosotros terribles enfermedades desconocidas para Vds. por ejemplo, la
llamada OANEEA-IAWA-OAI en que el sujeto sufre un trastorno de sus facultades
NOI-OAI (llamadas por la ciencia parapsicológica terrestre, función PSI), y emite en
forma desordenada y a gran frecuencia millones de impulsos BUAE BIEEE a cientos
de miles de seres de UMMO, algo así como si una emisora de Vds. se trastornase y
emitiese a todas las frecuencias, captando millones de receptores sus locas
interferencias.
La única solución estriba en localizar al enfermo y provocarle la muerte por GOOAIE
SAWA (una especie de haz de microondas de gran energía que destruye los centros
nerviosos ISIAGEE IA del encéfalo).
Los primeros años de nuestra humanidad, el desarrollo de la cultura fue frenado por la
acción alienante de estos pobres enfermos que alucinaban a nuestros antepasados
con sus horribles “gritos telepáticos “.
(CONTINUAREMOS MENSAJE)

Fuente: http://www.ummo-ciencias.org

Poco a poco, en España y también en Francia, los ufologos, intentan descubrir la veracidad o el gigantesco fraude, de este peculiar y único expediente.

P.D. Aunque muestro el texto traducido, muchas de las cartas fueron escritas en diferentes idiomas y enviadas desde todos los continentes.

Continuará….

Expediente UNMO

Muchos conocéis mi afición por la astronomía, los misterios del universo, la ciencia, física cuántica y todo aquello que tenga relación con el Cosmos. Pero quizá no sabéis que durante mucho tiempo fui un gran aficionado a la ufología o la OVNI, como queráis llamarlo. En mi juventud devoré todo tipo de literatura sobre el tema y casi nada hay que no sepa al respecto. Con el tiempo aprendí a separar el grano de la paja, pues, entre miles de casos, pocos están libres de explicación, fraude, cuento o fantasía. Aunque estoy convencido de que el misterio continúa sin ser explicado convincentemente. Entre los casos más sorprendentes, por su duración, su complejidad, la exactitud de su contenido, los detalles, etc., se encuentra el expediente UNMO.

El relato comienza así:

FEC

Expediente UNMO.
I. El contacto
Todo comenzó alrededor de 1934. Un barco noruego experimentaba un sistema de comunicación mediante el rebote de ondas en la ionosfera. Las señales atravesaron nuestra atmósfera y, al parecer, fueron detectadas en un exoplaneta denominado Unmo, en órbita alrededor de la enana roja Wolf 424, en la constelación de Virgo. Así lo cuentan los OEMII, sus habitantes. La señal del barco noruego fue recibida quince años después de su emisión. Intrigados por el origen de la comunicación, su desconocimiento de nuestra raza y el lenguaje empleado, deciden, el 28/03/1950, enviar una nave de exploración a la Tierra, aterrizando cerca de La Javier, Francia, cerca de los Alpes.
De características físicas similares a nuestra raza, pasan desapercibidos y durante unos años estudian nuestra sociedad, costumbres, lengua y tecnología. Tomando contacto con algunos científicos e ingenieros, principalmente de EE. y la Unión Soviética.
Esta es la carta recibida por distintas personas que explica el origen e intenciones de los unmitas:

UMMOAELEWE
Idiomas: Español
Francés
Ruso
Inglés
Nº de Copias 21
Hombres de la Tierra:
Sabemos que sólo una escasa minoría intuye vagamente la posibilidad de que seres
semejantes a ustedes y procedentes de otros astros de esta Galaxia, estemos
secretamente entre ustedes.
Sabemos que tan sólo una fracción insignificante de estas personas dispersas por este
planeta, conocen nuestra identidad como seres humanos procedentes de UMMO, y
que con toda lógica el porcentaje más elevado de este sector mantiene cautelosa
reserva, dudando de la realidad de nuestro origen.
No nos ha traído hasta ustedes más que el interés de analizar la civilización de
ustedes y las características geológicas de lo que nosotros denominamos OOYAGAA
(PLANETA TIERRA) estructuras biológicas terrestres y psicología de la sociedad.
En el año Terrestre 1950 (Marzo) arribamos a este OOYAA (ASTRO FRÍO). Unos dos
años antes (AÑOS TERRESTRES) captamos una débil señal en frecuencia 413,44
megaciclos que no logramos decodificar. Había sido emitida hacia el año 1934.
(Posteriormente hemos identificado la señal radioeléctrica como emitida desde un
navío noruego a la altura de Terranova en unas experiencias desarrolladas por
científicos de esta nacionalidad tendentes al empleo de elevadas frecuencias en
comunicaciones a larga distancia por reflexión ionosférica. La señal fue emitida entre
los días 5 y 7 de Febrero de 1934).
Esta fecha es pues histórica en las relaciones TIERRA-UMMO. Tenemos fotocopias
de los radiogramas emitidos (obtenidos por nuestros hermanos en Alemania que se
desplazaron hasta Bergen con este fin) y por supuesto la grabación de las señales en
Morse que resultaron entonces ininteligibles para nosotros pues nuestros técnicos cre-
yeron que se trataría de un código de numeración binaria (PUNTO = CERO, RAYA =
UNO o viceversa). Les asombrará a ustedes saber que la duración de la fracción de
radiograma captado fue de 2,2 UIW (unos 6,8 minutos) que bastaron para identificar
sobre coordenadas galácticas, la posición del sistema solar, a nuestros técnicos, que
bautizaron entonces al astro del cual procedía aquella señal con el nombre de GAA
(CUADRADO) puesto que la gráfica obtenida con la señal recordaba la ecuación
analítica que expresa el área de esta figura geométrica.
Sólo al llegar hasta ustedes pudimos comprobar que la denominación OOYAGAA
(ASTRO FRÍO de “CUADRADO”) era falsamente evocadora puesto que la naturaleza
del mensaje no era precisamente matemática.
Queda así contestada la pregunta de M. Theodore T. Polk de PITTSBURGH (U. S. A.)
referente al origen de nuestra llegada a este planeta.
Algunos de ustedes, en nuestras conversaciones telefónicas, insisten en solicitar de
nosotros la presentación oficial ante los gobiernos del planeta. M. Pierre Palyssy
ORAN (Argelia) nos sugiere incluso que enviemos nuestros “DISCOS VOLADORES”
para exterminar al gobierno comunista chino.
Comprenderá M. Palissy que mostrándonos respetuosos de todos modos con su
interesante iniciativa, no podemos realizar sus deseos por diversas razones que le
exponemos:
En primer lugar, nuestros OAWOOLEA UEUAA o discos volantes como usted los
llama, no pueden llegar a nuestro capricho hasta aquí.
Por otra parte aunque reconocemos que ese Estado terrestre está manteniendo una
línea política un tanto agresiva, no estamos tan seguros de que realmente constituya
una amenaza inminente para ustedes. El pueblo chino atraviesa en estos momentos
una crisis muy interesante que si ustedes no estuviesen polarizados políticamente por
ciertos prejuicios, valorarían en su justo nivel. Ni la Unión Soviética ni Estados Unidos
consentirán que el desarrollo de esa nación se oriente hacia el objetivo bélico.
En parecidos términos contestamos a Josef Väry de BRNO – (CHECOESLOVAQUIA)
que nos pregunta si podríamos emplear nuestras armas para derribar a los regímenes
totalitarios de Portugal, España y Sudáfrica.
No es nuestra intención pues, actuar como policía internacional terrestre. Repetimos
que nuestra pasiva misión de estudio y análisis nos lo veda.
Son varias las razones que nos impulsan a permanecer ocultos y desde luego entre
ellas no se cuenta el temor a una posible reacción agresiva de los hombres de la
Tierra. Repetimos hasta la saciedad que no tenemos interés en ser creídos. Alguno de
ustedes nos repite que debemos presentar pruebas.
Ignoramos todavía lo que ustedes quieren expresar ingenuamente. Son varias las
ideas técnicas que hemos puesto al alcance de ustedes Y pese a todo los técnicos
que las recibieron las atribuyeron a científicos excéntricos. Aquellas personas que
postulan TOCAR tales pruebas con las manos, no se dan cuenta que su postura es
tan intelectual como la de un campesino que dudase de la realidad del LASER porque
no ha tenido jamás uno de estos equipos en sus manos.
Pero les reiteramos una vez más que respetamos su incredulidad. Trabajamos mucho
mejor en el anonimato y no vamos a ser tan ingenuos para presentarnos a ustedes
vanidosamente con la única finalidad de que ustedes se solacen.
Parece que olvidan ustedes que LOS TESTIMONIOS TIENEN EXACTAMENTE EL
VALOR QUE LES OTORGAN LOS RAZONAMIENTOS EN QUE SE APOYAN. Si las
ideas que hasta la fecha les hemos brindado no las entienden o desprecian, HARÁN
BIEN EN NO CREERNOS.”
Origen del texto:
http://www.ummo-ciencias.org

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Por su complejidad, continuaré el relato en el próximo post. Os aseguro que es mejor que cualquier novela de ciencia-ficción.

Mario Sender

 

El oído del tiempo.

El oído del tiempo.

El Universo es infinito. Ni tan siquiera podemos imaginar su tamaño. Su expansión acelerada es un misterio. Podríamos pensar que las galaxias y todos los astros se separan, que “corren” hacia algún lugar, pero no. Lo que se expande es el “espacio” entre ellos. Como un gigantesco globo dónde hayamos dibujado puntos y que inflamos sin parar. Quizá algún día suceda lo mismo que al globo: que nuestros pulmones se cansen de soplar y se desinfle, devolviendo cada punto a su lugar de origen. La otra opción es que la tensión de la goma no soporte más y estalle. Las consecuencias son inimaginables.
Nuestros más modernos ingenios son capaces de explotar, cada vez más, el espacio profundo, acercando a nuestros ojos la luz de estrellas y galaxias que quizá desaparecieron hace miles o millones de años. No es la realidad lo que vemos, es la luz viajando a través del espacio a su velocidad constante de 300.000 km por segundo. Igual sucede con las comunicaciones. Cualquier civilización inteligente existente en el universo, tendría infinitas dificultades para contactar con otra, debido a las inimaginables distancias que nos separan. Es como si una hormiga de un de un pueblo de Albacete quisiera comunicarse con otra residente el desierto de Australia, con sus medios, sería prácticamente imposible, a no ser que tuviera un teléfono móvil. Algo que ni tan siquiera son capaces de imaginar. Así estamos los seres humanos frente a lo que llamamos Universo.
Poco a poco, la raza humana construye ese “teléfono móvil” intergaláctico que nos permita escuchar a otros, que supuestamente, intenten lo mismo. Ese ingenio se llama FAST y ha sido construido y desarrollado en China. Es el mayor del mundo, con 500 m de diámetro y está formado por 4450 paneles triangulares. Comparado con el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico, con 305 m de diámetro, prácticamente dobla todas sus expectativas. En sus primeras pruebas, FAST ha conseguido captar las señales de un púlsar -estrella de neutrones-, situada a 1351 años luz de la tierra. Es decir, una emisión radiante que ha tardado en llegar a nuestro planeta más de mil trescientos cincuenta años, viajando a la velocidad de la luz. Suponiendo que se tratase de una civilización inteligente, nuestra respuesta al mensaje sería la misma: recibirían la contestación dentro de más de 1350 millones de años. Ahí está el problema. Estamos como la hormiga de Albacete.

Esto en cuanto a las comunicaciones, ¿imagináis las dificultades de un viaje interestelar con estas distancias?. Actualmente es imposible. Entre otras razones porque, como nuestra hormiga, no sabemos ni tan siquiera dónde está el desierto, ni Australia ni si existen.
Además, nos encontramos con otra dificultad: ¿Que buscamos? ¿Como es esa señal? ¿Cómo podemos identificarla y entenderla?. Nuestra hormiga de Albacete buscaría algo conocido: feromonas de otros congéneres, comunicaciones a través de sus sentidos, montículos que identifiquen otros hormigueros… Si no encuentra nada de eso, si escucha el sonido del iPhone de un joven australiano, seguirá pérdida.
El FAST tiene puede captar longitudes de onda entre 70MHz y 3GHz (10cm a 4,3m) y ocupa una superficie de 196.000 metros cuadrados en la provincia de Guizhou al sureste de China.
Será nuestros oídos en el espacio.

M. Sender

LA FAMA SE GANA.

5adf313e08e64LA FAMA SE GANA.
Hubo un ajedrecista, Bobby Fischer, cuya fama ha trascendido no por ser el mejor jugador de la historia en número de títulos, sino por arrebatar el título mundial a otro genio: Boris Spasski. Fischer era un ajedrecista genial, que no respondía a lo que se espera de un gran maestro. Su juego era sorprenderte, de tal manera que, cuando parecía que estaba perdido, hacia algo que nadie esperaba: te ganaba. De ahí y de su comportamiento irracional le viene la fama.
El Real Madrid es así. Su fama no viene dada por su gran juego, sino que, en Europa, juegue como juegue, gana. Se deja comer la “reina”, todos le dan por muerto, se enfrenta a los mejores, hacen grandes partidos y…casi siempre, acaban eliminados.
Hoy, no ha sido su mejor partido, ha sufrido, ha hecho “movimientos” ilógicos, ha dejado que ataquen su flanco derecho (Rivery ha sido una pesadilla), que el Bayer utilice sus torres de asalto en cada ataque y, aún así, un peón (Marcelo) y un par de alfiles (Asensio y Vázquez), han dado jaque “casi mate”, al todopoderoso rey alemán: el Bayern. En ajedrez, cuando te “encelas”, cuando todas tus piezas están centradas en un ataque terminal, un fallo, un pequeño error táctico, suele ser mortal. Hoy Zidane ha estado muy listo: ha abierto las puertas del castillo, para luego cerrarlas, con la mitad del ejército enemigo dentro. El resto, en campo abierto, ha sucumbido a las escaramuzas.
_20180425220900-kCpE--992x558@LaVanguardia-WebKeylor a vuelto a fallar, pero también nos ha salvado de algún jaque. La próxima semana jugamos con “blancas” y eso nos da una ventaja: igual que en el ajedrez, tenemos un movimiento más al empezar. Digamos que jugando con “negras” hemos hecho tablas. La próxima partida se juega vestidos de blanco. El color de LA FAMA.
M. Sender

 

SIRIA, guerra de aprovechamiento.

SIRIA, guerra de aprovechamiento.

siria-guerraEs como la “ropa vieja”, un plato para aprovechar las sobras. Una cazuela de restos que se convierte en un alimento único, con distintos ingredientes parcialmente “digeridos”.
Siria ha sido y es, un país donde todos quieren meter la “cuchara” desde  tiempos inmemoriales. Alejando Magno, romanos, bizantinos, sarracenos, selyúcidas franceses, ingleses, árabes,  otomanos, turcos, rusos, egipcios, americanos, etc; todos han participado en este “desaguisado”.
Ahora, el problema, parece ser la utilización de armas químicas. Me suena de algo. Una excusa para probar si el armamento de última generación mata bien y hace menos daño. Como en la trágica guerra civil entre utus y tutsis, parece que puedes elegir entre “manga corta o manga larga”, perder parte del brazo o el brazo entero. Este es el dilema de la población civil: vamos a seguir muriendo, nos mataran, pero eso sí, con armas legalmente reconocidas y con beneficios ingentes para fabricantes, traficantes y gobiernos de todo tipo. Mejor que te mate un misil de 1,5 millones de dólares, que unos cientos de litros de cloro barato. Es como preferir que te atropelle un Ferrari antes que un Renault. Así están las cosas después de siete años.
El resultado de esta última barbarie, consentida y “disfrutada” por las grandes potencias occidentales ha sido de, al menos, 350.000 muertos, 1,5 millones de heridos, más de la mitad de las infraestructuras destruidas, cientos de millones de euros o dólares en contrabando de armas y obras de arte, cientos o miles de millones de revalorización de acciones de sociedades armamentísticas de todo el mundo, millones de desplazados, penurias, sufrimiento de la población civil, enriquecimiento ilícito, corrupción, ensayos de armas, tensión internacional, vergüenza y pobreza. H12HtbuFG_1256x620__1Nada de valor humano, absolutamente nada, se ha conseguido.
Naciones Unidas, organización a la que pertenece Siria desde su fundación, mira para otro lado, paga a sus funcionarios, civiles y militares, se reúne de vez en cuando, comen, cenan, viajan, se recriminan, discuten… Pero es inútil. Nació para eso. Para guardar las apariencias.
Así, entre guerras, discurre la vida de este planeta. Tienes buena o mala suerte, dependiendo de donde hayas nacido. Vivirás “cómodamente” en un país de los llamados “desarrollados” o tendrás que cruzar el estrecho, el desierto del Sáhara, el Mediterráneo, huir de un país en guerra, morir de hambre o enfermedad por no tener un plato de arroz o una caja de amoxicilina.
Mientras tanto el sol, impasible, sigue manteniendo la vida de este bello planeta, donde una especie animal -racional decimos-, se esmera por destruirse a si misma y de paso, a quien se ponga por delante, ya sea animal, vegetal o mineral. Sólo un milagro o el propio planeta, pueden ser capaces de impedirlo. Una canción de Zenet lo dice: si sucede… conviene.

La guerra sucede porque conviene.
M. Sender

El fotógrafo del tiempo. CAP. XI

Capítulo XI

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El pequeño pueblo costero comenzaba su actividad muy temprano; antes de amanecer. En las noches de luna llena, a través de su ventana, observaba las faenas de los marineros con sus aparejos de pesca. Sus ojos recorrían el horizonte por encima de las viejas y coloridas barcas de madera que se mecían al compás de las suaves olas. De vez en cuando, algunos destellos plateados rompían la oscuridad, intentando competir con las estrellas. Tenía apenas trece años.  La vida de pescador de su padre era dura; a veces pasaba meses en el mar. Ella y su madre sólo esperaban. Hoy era un día de esos en que regresaba a casa.

El padre de Marina tenía las manos grandes, duras, curtidas por el salitre del mar y la cara horadada por el viento. No era muy alto, pero si fuerte y fibroso. Él y su madre llevaban casados más de quince años. Cuando era más pequeña, un recuerdo que aún perdura, les miraba embelesada, como un árbol al borde del camino contempla a los caminantes sin poder hacer nada. Él se sentaba a su lado mientras hablaba con su madre. Siempre pensó que se refería a ella. Su padre tenía un tono de voz extraño. Le inquietaba y asustaba hasta provocarle el llanto, haciendo que la cara de él adquiriera una tonalidad rojiza, como azotada por el viento de una dura jornada de pesca. Por el contrario, su madre, una mujer muy guapa, permanecía en silencio, con la cabeza inclinada sobre la mesa. Marina no sabía que estaría pensando, solo deseaba estar entre sus brazos. Tenía la sensación de que su corazón la acariciaba y sus ojos le cantaban la más alegre de las nanas. Con su padre nunca tenía esa sensación de placer. Las pocas veces que la tomaba entre sus rudas manos, aquellos ojos le parecían interrogativos, como si buscaran algo que ella desconocía.

El sonido de los motores diesel se apagaba en la distancia, como si el suave murmullo del mar hubiera cogido la delantera y se acercara a su ventana. Aquel día juro que nunca dejaría que ningún hombre la dominará.

La puerta entreabierta dibujaba una linea dorada sobre el suelo del estrecho pasillo, una frontera que nunca debería pasar. Pero lo hizo. Miró por la rendija y el collar de su madre se dibujo en sus pupilas infantiles. Se restregó los ojos, pero no pudo notarb aquella imagen. Su padre estaba de espaldas a la puerta y sujetaba la cadena con una mano. Tuvo que hacer un esfuerzo para contener el aliento y ahogar un grito.

¡Lame perra inútil…! – las palabras soeces de su padre, la saliva esparcida por el suelo resbalando desde el cuerpo de su madre… Su cara descompuesta, su actitud sumisa, la dejaron petrificada. No podía apartar la vista. Su padre hacia movimientos compulsivos y empujaba la cabeza de su madre, de rodillas, contra él. Observó cómo le ponía la cadena entre los labios y la abofeteaba, mientras le escupía en la cara. Marina no conseguía recordar cuanto tiempo permaneció inmóvil en “la frontera”. Sólo quedó grabada en su mente la imagen de su madre desnuda, dormida en el suelo en posición fetal, con su collar de perro.

Las sardinas seguían compitiendo con las estrellas y el murmullo del mar ocupó todos sus pensamientos. Tampoco podía recordar cuánto tiempo estuvo mirando por la ventana. Quizá su padre estuviera en una de esas barcas. Quizá, un día, no regresará.

Cuando bajó a desayunar se abrazó a su madre, cerró los ojos y escuchó su corazón. Le servía acariciando como cuando era un bebé. Eso no había cambiado, pero sus ojos ya no le cantaban.

Continuará….

ADIÓS

ADIÓS.

My picture e76dd949-47c7-4c2a-b944-0b2f734dbd4aFue como no había pensado. La primera sensación es como un golpe, un fuerte golpe. Después todo desaparece, la luz, los sonidos, el tacto, incluso la conciencia. Es una explosión hacia el interior que recorre cada mínima extensión del sistema nervioso. No se puede decir que sea instantáneo, más bien es como el día que abres por primera vez los ojos. Aunque nunca lo recuerdas, ya que antes de ese día tu mundo era otro.
A su paso, los millones de células se dispersan, las conexiones se interrumpen y el universo se diluye como una gota de agua en el océano. Ya no formas parte de la realidad. Ahora eres el todo. No ante tus ojos. Sólo ante “ti”, está la vida completa. Si piensas que es una secuencia de imágenes, te equivocas. Son todos los miles de millones de trillones de la existencia. Todo de una sola vez; es la conciencia. Un panorama, por darte una idea, como el que divisas desde los 9000 pies, en un avión comercial. Es tu vida. Desde la primera célula hasta la última.
Es difícil elegir, bueno, en realidad no eliges. Ni tan siquiera quieres hacerlo. No podrías. Ya no. Todo se hace más y más borroso, hasta desaparecer en un punto de fuga. La última luz. Después, sin tiempo ni espacio, la explosión infinita te seduce. Te gustaría explicar esa sensación…pero ¿cómo?, ¿a quién?, ¿dónde?. Tampoco eso causa sufrimiento. Es inexistente. Ni sabes que es eso. Tienes una sóla opción: quedarte. Lo hubiera deseado, aunque, alguien tenía que elegir y, a veces, te toca a ti. Es simple y egoísta: o sufres tu o evitas el sufrimiento. Ahora es fácil comprender por qué lo hiciste, aunque no puedas volver para explicarlo.
Simón cayó de espaldas. Inmóvil. En una de esas posturas imposibles que tienen los cadáveres. No pudo soportar el abandono. La bala atravesó limpiamente el cráneo, con una trayectoria típica: entró por el paladar y destrozó el parietal.
En la puerta, su ex mujer, ahogaba un grito.

M. Sender

Mi infancia entre héroes.

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Eran héroes que contaban historias de la historia. Tuve la suerte o el don de aprender a leer muy pronto, casi antes de ir al colegio. No habían aparecido en mi pequeño pueblo los superhéroes de Marvel y DC Comics. Ni tan siquiera los conocía. Pero había otros y no eran americanos. Mis héroes eran totalmente autóctonos y me hacían viajar por el mundo. Me contaban como luchaban contra los “infieles” musulmanes o las legiones romanas. Me enseñaron dónde estaban China, Mongolia, Japón, Noruega y otros lugares que yo recorría con mi imaginación; a veces en globo, otras en un barco vikingo o un champán chino.
Enseguida me cautivó la lectura. Esos relatos gráficos, hacían que mi pueblo no tuviera fronteras. Frente a la casa de mis abuelos, en la alameda, estaba mi particular selva, los arrozales orientales en las tardes de lluvia. El regato se convirtió en un océano infinito por el que navegar mi imaginación, y, una espada de madera y un escudo, me forjaron un corazón de guerrero.
Mis primeras novias fueron de papel: Sigrid, la reina de Thule y Claudia, la guapa y luchadora romana. Desgraciadamente poco podía hacer para seducirlas. Su corazón estaba ocupado por mis dos héroes: El Capitán Trueno y El Jabato. Ambos tuvieron una gran influencia en mi afición por la lectura, el dibujo y la historia.

6d8caa60e00ae9ee6c0a8aeb7704f294El Capitán Trueno nació el mismo año que yo, 1956, y me enseñó muchas cosas. Vivió en la Edad Media, durante la Tercera Cruzada. Un caballero español que viajó por todo el mundo defendiendo los ideales de libertad y justicia, luchando contra la opresión de los pueblos. A su lado, la preciosa Sigrid. Una princesa nórdica de cabellos dorados y esbelta figura, cuyo padre adoptivo es Ragnar Loghbroth, un vikingo tan salvaje como compasivo. Yo aún no había visto nunca un avión y aún tardaría en verlo de cerca, así que disfrutaba volando en el globo aerostático creado por el mago Morgano, sobre los valles y las montañas.
Mi otro héroe tenía muchas diferencias.

elefantes+001El Jabato es un campesino íbero, un poco más joven, de 1958, esclavizado por Roma y convertido en gladiador, que, como Espartaco, lidera una rebelión y termina como justiciero universal. Al igual que el Capitán Trueno, también tiene en su poder a mi “novia”, la bella Claudia. Una noble romana, hija de un senador y defensora de los cristianos. Los romanos no cesan en su empeño para capturar al insurgente, que recorre todo el imperio, entre batallas y enfrentamientos de distintos pueblos.
Estos comics o tebeos hicieron mucho por la afición a la lectura de los chicos de mi generación. No solo inculcaron el germen de la literatura, también nos enseñaron a soñar y a situarnos en la historia, a salir de “casa”, a conocer otras razas y otros pueblos. Ambos eran luchadores por la libertad y la opresión de los pueblos. Defensores de la justicia y en cierto modo, de la igualdad entre géneros.
Un día salí de mi humilde pueblo y vi un avión, monté en tren, conocí el mar, visité otros países y pude comprobar que no todos tenemos el mismo color de piel. Ha pasado mucho tiempo, pero no he montado en globo, quizá porque ya lo hice con El Capitán Turno.

A Sigrid y Claudia, las he visto algunas veces, pero siguen enamoradas. Así que, me he creado mi propia heroína. Tan única como ellas. Cuestión de imaginación o de suerte.
Cuando vuelvo a mi pueblo, salto desde el muro de ladrillo a los pilones o me siento sobre la piedra de los chorrillos, mirando a la inexistente alameda. Mis héroes siguen allí, anclados en la mente de mi infancia.
M. Sender

 

 

El fotógrafo del tiempo. CAP.X

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Sospecha.

Fue una de esas casualidades que suceden después de miles y miles de millones de veces en las que los universos se dividen. Podía haber elegido cualquier opción, pero la huella de su dedo índice pulsó la tecla izquierda del mouse sobre el nick del chat; sobre ese en concreto. Como quien mira la estrella más brillante en una noche de verano poblada de miles de pequeñas luces…

Carmelo había conocido muchas mujeres a lo largo de su vida. Muchas y de diversas partes del mundo. Bellas y no tanto; divertidas, inteligentes, excitantes o frías como el agua de un río truchero. Marina era diferente, muy diferente. Carmelo pensaba haber estado enamorado, no muchas, pero si un par de veces. Así lo creía hasta entonces. Aquella tarde, cuando la tinta electrónica dibujó las primeras letras en la pantalla, el primer “hola”…escuchó su voz. Marina le sonreía. Fue como si la estrella más brillante de la noche emitiera un parpadeo sólo visible para él. Casi podía sentir su calor y oler su perfume en cada palabra de la frenética conversación, que, como dos amantes separados por el tiempo y la distancia, inundan la habitación de gemidos, caricias y deseo.

Cuando comenzó a sospechas que aquella enigmática mujer con cuerpo de tinta electrónica, era la esposa de Pablo, le embargó un extraño pensamiento. Durante su idilio en la red nunca vio su cara. Ella le había enseñado algunas fotos que mostraban tan sólo algunos de sus encantos. En una de ellas podía verse claramente un pequeño tatuaje; la huella de un felino, idéntica a la que lucía el comisario en uno de sus antebrazos. No estaba seguro, podría ser una coincidencia, habían pasado muchos años desde que retrato a Pablo con su compañera policía y, en aquel entonces, estaba seguro de que no tenía el tatuaje. El nombre coincidía, pero eso tampoco era determinante, la gente usa nombres supuestos en los chat. Carmelo tenía ahora dos problemas: estaba totalmente fascinado por aquella misteriosa mujer del chat, enganchado a ella como un pez colgado del anzuelo. Luchaba contra el sedal que le arrastraba cada vez más cerca del corazón de Marina y contra el instinto que le decía que, si sus sospechas eran ciertas, no era una buena idea rendirse a sus sentimientos. Volvió a revisar las fotografías: Pablo no tenía la huella felina en su antebrazo en aquella época y el tatuaje del “trocito” de Marina era idéntico, no tenía ninguna duda.

Se resistía a reconocerlo pero…en el fondo, le excitaba pensar que pudiera ser como pensaba. Pablo le había hablado pocas veces de su mujer, únicamente para indicarle que le esperaba en casa o aquel día…si, el día del extraño fenómeno que que le preocupó tanto. Cuando le sucedió algo parecido a lo que narraba el vecino del piso de Valgamedios, el día que encontraron el cadáver de aquel extraño individuo.

Carmelo pasó toda la noche revisando los miles de fotos que tenía en sus archivos:  instantaneas de parejas, del lugar del crimen de Chueca, de su amor en la red, de compañeros de trabajo… Su mente giró y giró intentando encajar el puzzle, hasta que cayó rendidorpor Morfeo. Los sueños ordenaban las fotos, los tatuajes, las marcas, los rostros, los peinados… la realidad de éste y otros mundos. Una película dónde el principio y el final podría ser cualquiera.

En alguna parte inexistente, alguien luchaba desesperadamente por encontrar la manera de abrir una puerta en su irracionalidad.

Continuará…

Continuará…

 

 

Beatriz Galindo “La Latina”

A lo largo de la historia, muchas mujeres han dejado su impronta. Unas por su valentía y arrojo, otras por su influencia en la cultura o la ciencias y sobre nuestros gobernantes.

Monumento_a_Beatriz_Galindo en Madrid

Beatriz Galindo, nació en 1464 ó 1465 en Salamanca y murió en Madrid en 1534. Era hija de una familia acaudalada en declive, y pronto destacó por su capacidad para las letras. Así, con quince años, podía traducir, escribir y hablar con soltura el latín. Su destino era profesar para monja por elección de sus padres, después de estudiar gramática en la Universidad de Salamanca. Pero pronto, su fama de dominio del latín y otras lenguas como el griego, transcendió más allá de Salamanca y empezó a ser conocida con el sobrenombre de “La Latina”.

Su fama llegó a oídos de la Reina Isabel I, quien la reclamó a la Corte con el fin de que fuera su maestra de latín y también de sus cuatro hijas: Juana, Catalina, Isabel y María. Convirtiéndose con el tiempo en una de sus más apreciadas consejeras. El claustro quedó en el olvido y Beatriz se instaló definitivamente en la corte, como dama de honor de la Reina. Así Beatriz terminó casada con  Francisco Rodríguez de Madrid, fiel defensor de la Reina, regidor de Toledo y secretario de la corte, viudo de Teresa de Haro. Hombre de gran prestigio en la Guerra contra Granada, militar de éxito en la conquista de fortalezas inexpugnables y gran beneficiado en el reparto de prebendas, después de la conquista. Beatriz participó durante diez años, en la toma de Granada como traductora de la Casa Real, de misivas del Vaticano y otras embajadas.

Museo de San Isidro, Madrid

Cenotafios de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco “El Artillero”, Museo de San Isidro, Madrid

En 1501, su marido, Francisco Rodríguez “El Artillero”, murió en Granada luchando contra los moriscos. Beatriz, que heredó su inmensa fortuna, se instaló definitivamente en Madrid, en un edificio de la actual calle de Concepción Jerónima, que, después de múltiples reformas, es el actual Palacio de Viana,  y dedicó el resto de su vida a las obras de caridad. Así, fundó dos Conventos: el de la Concepción Jerónima, al lado de su casa y el de la Concepción Franciscana, entre las calles de Toledo y plaza de la Cebada, desaparecidos ambos a principio del siglo XX. Junto a este convento y que los madrileños empezaron a llamar Convento de La Latina, también levantó un hospital para gentes sin recursos. Con el tiempo y la costumbre, los alrededores del Convento-Hospital, terminaron por adoptar el nombre popular de La Latina, tal y como se conoce hoy el barrio.

Palacio de Viana, en la actualidad. Antigua casa de Beatriz Galindo.

En aquellos tiempos, el conocimiento del latín era privilegio de los nobles y gobernantes, siendo instruidos principalmente los varones de la realeza, destinados a gobernar. El papel de Beatriz en la corte de Isabel I, fue muy destacado. No solo fue profesora de latín y griego, también inculcó a la Reina y sus hijas el amor por la cultura, la valía de las mujeres en igualdad con la hombres y la templanza de su carácter para acometer la mayor de las empresas. El latín en el siglo XV era el equivalente al inglés en nuestros días.

M. Sender

El fotógrafo del tiempo. CAP. IX

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El cronógrafo

Si Marina, aquel día en el metro, se hubiera bajado una estación después, quizá se habría sorprendido al ver como aquel ejecutivo desaparecía y reaparecía ante sus ojos, aunque era poco probable que sus sentidos apreciaran la longitud de Planck.

Poco antes de llegar a la estación de Chueca las luces del vagón parpadearon iluminando con un resplandor estroboscópico el interior del túnel, las paredes se hicieron transparentes y el misterioso ejecutivo desapareció como un relámpago. Con extraordinaria precisión controló la función de onda y se materializó en el apartamento. Desde su dimensión observó a los dos hombres. El de mayor edad se encontraba totalmente desnudo, apoyado sobre sus manos y rodillas de espaldas al que parecía tener una posición dominante. Sentado en el sillón, se descalzó, cogió un preservativo de látex y con alguna dificultad lo puso en su pie derecho. El hombre agachado inhalaba un producto de un pequeño frasco mientras el otro, después de extender una crema generosamente entre sus nalgas, comenzó a introducir su pie por el ano hasta desaparecer por completo. El hombre sentado en el sillón, cada cierto tiempo, golpeaba con brutalidad las nalgas del sumiso con el cinturón. Los gritos se confundían con los gemidos hasta que el individuo agachado se desplomó en una especie de éxtasis, con el pie aun dentro de su cuerpo. El hombre del sillón ni se movió. Esperó a que el otro quitara el preservativo de su pie y sin contemplaciones le indujo a que se marchara.

El misterioso ejecutivo saltó de su dimensión y se acercó al hombre sentado en el sillón.

-No te esperaba, ¿algún problema?

-Has cometido un error.  Has violado el mandato.  El trato con las mujeres está prohibido, ya lo sabes.  Lo que hiciste con aquella mujer está fuera de lugar, no era ni necesario ni procedente. Intentaste disimular el encuentro con una escena muy humana. Macabra diría yo.

-Fue culpa suya, hice lo imposible para evitarlo. Ella insistió, quería que le mostrase el placer que experimentan los hombres. No pude “saltar” y el tiempo se agotó. Quedé anclado y me descubrió. Tuve que eliminarla, pensé que la mejor manera era crear una escena  tan salvaje que nadie sospecharía.

-Está bien.  Ahora tenemos un problema. Su marido, un estúpido fotógrafo, anda fisgoneando por ahí. Aún no ha  logrado encontrar la clave, pero ella, me consta que le está intentando ayudar.  Si descubren lo que intentamos, el verdadero fin de nuestra misión aquí, será una catástrofe. ¿Dónde está tu cronovisor?

-Está sobre la mesa.

El misterioso ejecutivo tomó el cronógrafo Hublot y giró las manecillas, después lo abrió y extrajo la maquinaria. El hombre del sillón quedó inmóvil, en un estado inconcreto, muerto y vivo. Cuando dejó el cronógrafo Hublot de nuevo sobre la mesa, un relámpago ilumino la estancia y las paredes se volvieron transparentes, inmateriales. Al otro lado del patio una persona miraba por la ventana  a la vez que alargaba su mano.

De nuevo en el vagón, miró impasible a Marina y sintió como sus pechos le rozaban de forma intencionada. “No tiene ni idea de mis intenciones” –pensó. El tiempo volvía a transcurrir con normalidad. Era como cortar un trozo de texto y pegarlo delante o detrás, donde convenga.

-“Tengo que ocuparme de esos dos, aunque lo más difícil será encontrar a ella”

Carmelo examinó una y otra vez la figura que Pablo había encontrado enen l cuadernos de Ramanujan. A simple vista parecía un mandala. En la fotocopia estaba un poco borrosa, como si formara una doble imagen. Mientras la observaba se le ocurrió algo descabellado. Cogió su vieja Leica y miró la imagen a través del objetivo, intentando enfocarla. Su sorpresa fue mayúscula: a medida que giraba los anillos de enfoque del objetivo la imagen que se formaba era tridimensional, y cuanto más la acercaba más profunda e intrincada se volvía. Extasiado, puso el motor de la cámara en marcha y comenzó a realizar fotografías de todas las estructuras, con diferentes objetivos.

-“parece  una especie de máquina  formada por miles y miles de conexiones que  van  aumentando a medida que se  amplía. No le diré nada a Pablo de momento. Tengo que repasar antes todos mis antiguos libros….

Ella esbozó una sonrisa. Haría todo lo que estuviera a su alcance para mostrarle a Carmelo el camino. Fuera lo que fuera. Le consideraba inteligente, lo suficiente para que su imaginación le hiciera comprender que la realidad es tan solo lo que miramos. Tendría que enseñarle que existe otra verdad cuando no se mira. Es como su amor por él, existe, pero nadie puede verlo…por que no miran. Afortunadamente para ella, perdida en algún lugar del espacio-tiempo, en una dimensión superior donde todo es visible, y, aún a pesar de no poder interactuar con la dimensión de Carmelo, debería ser tan sencillo como hacer un montaje en un vídeo. Es cuestión de plegar el tiempo y el espacio, el pasado y el futuro, haciendo que para Carmelo todo sea presente. Lo más difícil viene después, convencerlo de las intenciones de los intrusos. Es tan increíble su objetivo que el mundo a la que ella perteneció una vez, se mostrará perplejo. Será muy difícil de aceptar, una teoría tan absurda o tan evidente, o…tan perversa, que no podrán comprender como es posible que no se hayan dado cuenta… antes.

 

El fotógrafo del tiempo. CAP.VIII

IMG_20180204_214316Carmelo había pensado muchas veces como sería su vida sin ella. A pesar de los años transcurridos, una y otra vez volvía a pasear por los lugares que habían recorrido juntos, sin dejar de sentirla a su lado. Parecía tan real que a veces, inconscientemente, movía los dedos de su mano acariciando la suya. Sus poderes especiales, al menos en gran parte, a pesar de su ausencia, se los debía a ella. Nada era comparable. Nada era igual. Le había enseñado a mirar dentro de sí mismo, a buscar en su corazón y entregar esos sentimientos tanto tiempo escondidos, hundidos entre los pliegues del tiempo, entre la inconsciencia, en lo más profundo de sus sueños de juventud. Le debía tantas cosas que necesitaría varias reencarnaciones para poder compensarle. Las probabilidades de que millones de átomos volvieran a ordenarse de la misma forma eran remotas. Una entre miles de miles de millones y tanto tiempo como la vida del universo. Una y otra vez recordaba cada palabra que se habían dicho. Su muerte era tan extraña como la forma en que la conoció. Sus primeras palabras fueron para dejarle claro sus intenciones -estoy casada, por nada del mundo dejaré a mi familia, no quiero que te hagas ilusiones-. Le dejó perplejo su seguridad y sinceridad. Al fin y al cabo tampoco era algo que él pretendiera. -Podemos estar juntos ahora o en el futuro, sin necesidad de asesinato-, le había comentado Carmelo. Un día, con esa voz dulce que parecía acariciarte, le confesó que le llevó un tiempo entender que significaba sin necesidad de asesinato. Como muchas veces, consiguió arrancarle una sonrisa. Era capaz de ser la mujer más dulce y la más morbosa, salvaje y atrevida, dispuesta a compartir sus deseos y fantasías sexuales. No podía asumir su falta. Algo debió suceder para que una persona tan única fuera asesinada de aquella manera.

Sumido en sus recuerdos, Carmelo se dirigió hacia Chueca, donde le había citado Pablo aquella mañana.

-Te he citado para saber si has descubierto algo nuevo. Si has encontrado algo extraño en las fotografías.

-Hay algunas cosas extrañas. Al revelar las fotos del apartamento, el fondo estaba algo difuminado, confuso. Al principio pensé que era debido a la profundidad de campo, un error al elegir el diafragma, pero no. Comprobé mis notas y utilicé el correcto. Luego observé las fotos con la lupa y mi sorpresa fue en aumento. Parecía una doble exposición… los muros parecían transparentes. Podía verse claramente al vecino de enfrente mirando por la ventana. En realidad parece un montaje de varias fotografías tomadas desde múltiples puntos de vista, una especie de collage. Estoy un poco desconcertado. Tendré que examinarlas con mayor detenimiento.

-¿Recuerdas que te dije que había encontrado algo en el apartamento?

-Si, ¿vas a decirme de qué se trata?.

-Es un viejo manuscrito, recopilación de unas libretas de notas plagadas de ecuaciones y dibujos geométricos. He averiguado a través de Internet que son anotaciones de un genio hindú de las matemáticas. Una copia de unos cuadernos que se consideraban perdidos. Parece que el tal Ramanujan fue uno de los mejores matemáticos de la historia.

-Ya… y ¿por qué me has llamado?

-La verdad es que no estoy muy seguro.  Anoche no podía dormir y decidí echarle un vistazo. Cuando se desató la tormenta estaba acabando de repasarlo. Me quedé mirando detenidamente un dibujo geométrico, una especie de mandala tridimensional… cuando un tremendo relámpago, o eso me pareció, iluminó toda la estancia.

-Con la tormenta de fondo, parecería el fin del mundo. Imagínate como se vive en pleno campo. Las tormentas impresionan Pablo. Nos hacen sentir pequeños, nos recuerdan el poder de la naturaleza. Nuestra falta de control, impotencia.

-Ya, pero esa luz, no fue normal Carmelo. Las paredes se volvieron transparentes y pude ver a mi mujer dormida en la otra habitación. Instintivamente alargué la mano y tuve la sensación de haberla tocado. Me asustó la situación.

-Me estás diciendo… ¿que crees que lo que vio aquel vecino, lo que nos contó,  no fue una alucinación?

-Creo que no Carmelo. Creo que decía la verdad. Su verdad. Hay algo fuera de lo normal que no consigo entender. En un primer instante pensé que era producto de mi imaginación. Sugestión inducida por la preocupación del caso… pero luego algo se hizo real.

-¿Qué…?, me tienes en ascuas.

-Ese olor… el polvo blanco. Mi mano estaba manchada de la misma forma que el pie del hombre de Valgamedios.

-¡Joder!…

Abrió la puerta de la cápsula y se relajó. Lo había repetido miles de veces, pero aún así no podía evitar un cierto nerviosismo. Poco a poco su cuerpo fue desapareciendo, su respiración se fue apagando hasta que su corazón alcanzó un ritmo de tan sólo un latido por minuto. La tremenda energía generada, de miles de billones de electrovoltios, le llevó más allá de la distancia de Planck y su cuerpo desapareció en alguna de las dieciséis dimensiones. Ahora solo necesitaba encontrar la puerta de salida y no podía fallar. Alterar el colapso de onda no era sencillo y menos aún situarse para que la mirada de Pablo a través del objetivo de la cámara no cambiara su probabilidad. Si lo conseguía Pablo podría ver lo que ella sabía y podría ayudarle. Si no se posicionaba correctamente, él no vería más allá de lo que ven otros seres humanos: su realidad. Era un hombre inteligente, ya se había dado cuenta de que algo en sus fotografías era diferente. Ahora sólo necesitaba entrelazarle con Pablo. Le enseñaría la verdadera naturaleza de aquel policía. El interior de su alma. Su maldad. Algo de lo que, ni el mismo Pablo, era consciente.

Continuará…

Anaid

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Melkart.

Melkart descendió con su carro de fuego para contemplar la obra de sus adeptos. Mientras bajaba lentamente sobre la bahía, a través de las aguas transparentes, observó como cientos de atunes, los Reyes del Mar,  con sus lomos plateados, formaban una isla donde sus pies no tocaran la tierra. Había pedido que allí, en Gadeira, se levantara el santuario más bello y admirable de todo Occidente. Melkart consideró el lugar de una belleza sin igual. A pesar de ser un Dios, el más grande y poderoso, también necesitaba un descanso. La guerra de Troya, al otro lado del Mare Nostrum, consumía muchas de sus energías.

Melkart ordenó construir dos gigantescas columnas, que precedían la entrada del templo, símbolos de su fuerza y poder. Más allá se extendería un mundo desconocido: el gran océano sin fin. Solo él, con su carro de fuego atado a las inmensas columnas, osaría enfrentarse al desafío. También comprobó como se había cumplido otro de sus deseos; alrededor y en el interior del templo, dentro de grandes vasijas de bronce, el fuego ardía día y noche. Desde cualquier punto de la bahía, en la oscuridad nocturna, un dorado resplandor pintaba la costa.

Cómo Dios de la fecundidad, para celebrar su llegada y agradecer su lealtad, aquella noche todas las mujeres fueron fecundadas, a los niños que nacieran, les concedería el don de la gracia y el teatro; a las niñas, la belleza de las flores. A sus fieles Reyes del Mar, por librarle de pisar con sus pies divinos las moradas terrenales, les confirió el poder de cruzar cada año el pequeño estrecho y vivir en el océano sin fin, atados por el invisible hilo de las divinas columnas.

Melkart, como todos los Dioses, por último, pidió un deseo. Un capricho sólo posible para las divinidades: yacer con la luna. Si los habitantes de Gadeira le complacían, el nombre de su pueblo sería conocido durante toda la eternidad. Así, reunido el Consejo de Sabios, idearon un plan tan ingenioso que no podía fallar.

La luna llena ocupaba majestuosa el cielo. Melkart seguía de pie sobre los atunes. Los sabios habían encargado fabricar un enorme aljibe, con forma trapezoidal, cuya única entrada era el mar. Desde esa entrada, un largo pasillo continuaba hasta rodear a los Reyes del Mar. Erguido sobre sus lomos, Melkart esperaba. Las paredes del aljibe fueron recubiertas de brillantes escamas, que a modo de espejo reflejaban de forma infinita la luna llena. Dentro del aljibe, tumbada sobre el círculo de la luna, estaba Anaid, la más bella de las mujeres de Gadeira. Sus irresistibles ojos negros, su pelo de azabache y su piel de luna, sin duda, la hacían digna de un Dios.

Los atunes, Reyes del Mar, condujeron complacientes a Melkart a yacer con la luna. Siguieron diligentes el camino marcado hasta el aljibe y el Dios de la fecundidad quedó prendado de la luna llena que se reflejaba sobre el cuerpo de Anaid, el cual, recubierto totalmente de escamas, brillaba sin igual.

Pasaron los años, los siglos, llegaron Romanos, Árabes…y la actual Cádiz, la bahía de los Reyes del Mar, la elegida por Melkart, sigue sorprendiendo por su belleza y sus gentes, sin igual.

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No sé si es verdad o mentira, pero este es el origen de la belleza de las mujeres de Cádiz.

M. Sender

 

 

El viajero estelar. Contacto.

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Faltaban tan solo unos pocos”tagots” y era una ocasión única en su vida. Tenía la gran suerte de haber nacido en el “jaro” donde su universo burbuja se tocaría con otro de los multiversos existentes. Concretamente en un punto de un conglomerado de millones de estrellas conocido como Vía Láctea. Estaba excitado, expectante. Deseando poder ver por si mismo lo que tantas veces había leído en la biblioteca digital, en el catálogo de mundos paralelos. El extraordinario suceso sólo sucedía cada 3.000 ó 4000 “jaros”.
Había entrenado esta conexión durante media vida y estaba preparado. Así que se colocó en el centro del círculo de interacción, se conectó la interface a su “cerbo” y se relajó. La experiencia no era agradable, sus circuitos neuronales parecían estallar mientras se acercaba el momento. Pero solo fueron un par de “milisekundoj”. Los programadores del encuentro habían elegido un pequeño planeta azul, el tercero de un sistema estelar llamando “tero”. Aprendió un nuevo idioma que tan solo le llevó un segundo, por si acaso. Había leído en la biblioteca que en “tero”, otro como él, intentó que todos los seres se comunicaran así. Su misión era recopilar todo el conocimiento posible sobre aquellos otros mundos y aprovechar los pocos minutos que se mezclarían los dos universos, cuando su existencia se hiciera real al ser avistados desde Tero. Después, la incompatibilidad de la antimateria, les haría invisibles en esa dimensión.
La tarde estaba a punto de rendirse ante el inexorable rotar del planeta y la oscuridad empujaba al Sol tras las montañas, tiñendo de carmín los blancos labios de las nubes. Hacía calor y disfrutaba del frescor amargo de su jarra de cerveza, sin apartar la vista de la mesa de al lado. Los ojos verdes de aquella mujer le tenían hipnotizado. Disfrutaba de aquellos momentos de soledad escuchando sus pensamientos. De vez en cuando sus ojos se cruzaban y no podía evitar una sonrisa. Tenía una duda; acercarse y sentarse en la mesa de la preciosa chica o esperar lo inesperado. De pronto se escucho un murmullo, la gente se puso de pie y señaló hacia el cielo. Se levantó y, con la mano a modo de visera, dirigió su vista hacia el horizonte. Por encima del perfil de las montañas, entre los labios de las nubes, un enorme vórtice de colores centelleaba intermitentemente. ¡Un OVNI! gritaban algunos, mientras otros sacaban instantáneas con sus móviles o discutían acerca del efecto del Sol entre las nubes.
Fueron tan sólo unos segundos. El vórtice desapareció de la misma manera que se apaga la luz. Se sentó de nuevo con una extraña sensación, como si algo se hubiera instalado en su mente. Volvió la vista hacia la mesa de los ojos verdes. Celia le miró de nuevo, se quitó el suave pañuelo de su cuello, se levantó, se acercó a él y le ató a su universo para siempre. El “viaje” había merecido la pena.
Mario Sender

Universos paralelos/Multiverso

 

La piedra de pedernal.

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Había un hombre que nació pobre. Soñó que tendría la mejor casa, el mejor coche y la mujer más guapa. Que sería rico. Cuando lo consiguió, siguió pensando. Insatisfecho, dejó de pensar en riquezas que ya tenía hasta que un día, perdió su casa, se quedó sin coche y no tuvo a la mujer soñada. Pasó el tiempo y la vida se hizo monótona. Nada le complacía. Aunque ahora ya tenía un problema menos; ya no quería ser rico. Entonces miró al cielo y se dió cuenta de su pequeñez. ¿Quién era él? Un ínfimo ser entre millones de trillones de estrellas…
Volvió a pensar recordando su infancia. Intentó recordar algo que le hubiera hecho feliz desde entonces. A su mente infantil, pérdida en el fondo de su cerebro, vino un precioso recuerdo: era verano y se encontró sentado en un trillo. La mula giraba alrededor de la empedrada era sobre los haces desparramados de trigo. Se sintió feliz. Luego, sentado sobre una gavilla, examinó una pequeña piedra de pedernal desprendida del trillo, mientras al otro lado, un par de campesinos lanzaban al viento los granos de trigo para separarlos de la paja.
Aquello, tan simple, le resultó muy útil. El hombre que nació pobre y que llegó a ser rico, decidió quedarse tan solo con lo que le había hecho feliz. Se quitó las máscaras. Se deshizo de lo superfluo y dedicó sus esfuerzos a encontrar todos esos granos de felicidad entre los montones de paja que le rodeaban. Escondió su mente acomodada, encerró bajo siete llaves ese cerebro modelado para la sociedad y sacó del fondo de su alma sus pensamientos infantiles, los más puros e intocables.
Así, otro día de alguno de sus muchos años, observó el cielo de nuevo. Buscó una estrella que le dijera algo y la encontró, igual que aquella preciosa piedra de pedernal. Y de la misma manera, subido al trillo de sus deseos, comenzó a separar los granos de su vida.
Encontró a la mujer más bella, recobró su afición a la lectura, aprendió a ordenar las palabras, encontró los amigos que no tenía o había olvidado y decidió que su vida debería tener un sentido. Habló, escribió, pintó, enseñó y difundió. Por fin se había dado cuenta que su felicidad, también es la de otros. Desde entonces siempre busca esa piedra de pedernal que le ayude a no olvidar lo que siempre tuvo. Incluso le puso nombre, cuerpo, ojos, cara, deseo, amor y besos.
M. Sender

 

El fotógrafo del tiempo. CAP.VII

Capítulo VII . 

El cuaderno.

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Después de conocer el informe negativo del Instituto Nacional de Toxicología, Pablo Roig se encontraba en un callejón sin salida. No tenía ni una sola pista sobre el supuesto asesinato del hombre de Valgamedios. Tan sólo el extraño testimonio de un vecino que aseguraba haber presenciado como las paredes se hacían transparentes …y un viejo libro. Todas sus esperanzas estaban puestas en los “poderes especiales” de su amigo Carmelo, el fotógrafo. Desvelado e inquieto pensó en aprovechar el tiempo para repasar el libro que había encontrado en la caja fuerte oculta en el piso de Valgamedios. En realidad no era un libro, parecía más bien una recopilación de cuadernos de trabajo. No tenía título  y estaba repleto de formulaciones matemáticas y dibujos geométricos de lo más extraño, que para él no tenían ningún significado. Además las anotaciones se hallaban escritas en un idioma que no reconocía. Parecía de origen oriental, quizá persa, Indi o hebreo.

La noche era desapacible, típica de mediados de otoño. Podía oír el aire acariciar las persianas venecianas y como la luz de las farolas agitadas por el viento se filtraba a intervalos, creando un ambiente un tanto espectral en su dormitorio. Pablo se dispuso a investigar en su tablet con el suave arrullo de Eolo. Parecía que la tormenta estuviera amasando las nubes para hacerles estallar en un orgasmo de luz y sonido. Abrió el traductor de google y después de tomar una fotografía con la cámara y editarla, seleccionó y pegó lo que pudiera ser un nombre en la portada de los cuadernos: ராமானுஜன். En menos de una milésima de segundo tuvo la respuesta: Ramanujan. A continuación lo introdujo en el buscador y a la misma velocidad aparecieron multitud de resultados con información sobre el que parecía ser el autor de los cuadernos, Srinivāsa Aiyangār Rāmānujan, ஸ்ரீனிவாஸ ஐயங்கார் ராமானுஜன் en tamil, su idioma materno. Entonces supo que Ramanujan fue un extraordinario matemático indio, sin formación académica, autor de ecuaciones y teoremas geométricos muy avanzados, considerados la obra de un genio. Uno de los mejores teóricos de la historia. Entre la documentación que encontró en internet le llamo la atención la carta que Ramanujan dirigió a G.H.Hardy, miembro del Trinity College de Cambridge:

“Apreciado señor:

Me permito presentarme a usted como un oficinista del departamento de cuentas del Port Trust Office de Madrás con un salario de 20 libras anuales solamente. Tengo cerca de 23 años de edad. No he recibido educación universitaria, pero he seguido los cursos de la escuela ordinaria. Una vez dejada la escuela he empleado el tiempo libre de que disponía para trabajar en matemáticas. No he pasado por el proceso regular convencional que se sigue en un curso universitario, pero estoy siguiendo una trayectoria propia. He hecho un estudio detallado de las series divergentes en general y los resultados a que he llegado son calificados como “sorprendentes” por los matemáticos locales…

Yo querría pedirle que repasara los trabajos aquí incluidos. Si usted se convence de que hay alguna cosa de valor me gustaría publicar mis teoremas, ya que soy pobre. No he presentado los cálculos reales ni las expresiones que he adoptado, pero he indicado el proceso que sigo. Debido a mi poca experiencia tendría en gran estima cualquier consejo que usted me hiciera. Pido que me excuse por las molestias que ocasiono.

Quedo, apreciado señor, a su entera disposición .

S. Ramanujan.”

Pablo, aún no siendo un hombre al que le apasionara la ciencia, estaba totalmente impresionado por las capacidades de aquel humilde indio sin formación, para formular teorías que no estaban al alcance de los más ilustres cerebros de la ciencia de su tiempo. Continúo leyendo y anotó una frase en su cuaderno: “Ramanujan atribuye su talento a que la diosa de Namakkal le inspira las formulas en sueños…”

Por muchas vueltas que le daba, a pesar de lo extraordinario de la historia de tan ilustre personaje, Pablo no conseguía encontrar ningún nexo de unión entre los cuadernos y el suceso de Valgamedios. Desorientado pasó la última pagina de los cuadernos…y, entonces, pegado en la contraportada se fijó en un extraño dibujo…lo observó detenidamente.
Parecía una simple mandala. Se quitó las gafas y lo acercó a sus ojos para poder enfocarlo detenidamente… De pronto, un resplandor iluminó la habitación. La luz era tan potente que todo pareció desvanecerse.

Cegado por la luz estroboscópica, miró como sus manos parecían moverse a un ritmo distinto y se perdían en un punto de fuga que atravesaba la pared de su dormitorio hasta converger en la habitación donde Marina dormía apaciblemente. Solo fue un instante, aunque no podría precisar su duración. De lo que si estaba seguro es de una cosa: había visto a Marina a través del tabique. Se levantó sudoroso y cerró las persianas venecianas hasta evitar que un solo fotón entrara en la estancia. Fue entonces cuando se dio cuenta. Su mano derecha tenía una extraña mancha blanquecina en los dedos. Instintivamente la acercó a su nariz….

-Santo Dios!… huele como el pie de ese hombre…

La luz se apagó y un trueno hizo temblar los cristales del apartamento. Marina corrió asustada desde su habitación y se refugió entre los brazos de Pablo.

-Hoy prefiero dormir a tu lado. No me gustan las tormentas.

La lluvia repiqueteaba sobre las persianas metálicas como una sinfonía para piano. Pablo se sintió aliviado al tenerla a su lado. A pesar de todo, quería a Marina. Sentir la piel suave de sus pechos, al ritmo de su respiración agitada, le hizo olvidar por un momento lo que había sucedido. Le hubiera gustado poder complacer sus deseos sexuales… pero no tenía su permiso.

“Mañana iré a ver a Caramelo, necesito su magia o… Me volveré loco”

Se dio medida vuelta en la cama y se durmió. El sueño se llenó de placeres ocultos y su respiración se volvió profunda y acompasada. De vez en cuando, un gemido ahogado, seguía al silbido del látigo.

Continuará…

Fontiveros en América.

Fontiveros en América.

800px-Republica_del_GuayraCorría el año de 1554 y los españoles recorrían América en busca de nuevos lugares y fortuna. Allí al otro lado del Atlántico, el mar sin fin, un paisano, el Capitán García Rodríguez de Vergara formaba parte de una expedición que pretendía conquistar el Paraguay.
Entre conjuras, envidias y tradiciones, con el fin de conservar o conseguir poder en los diferentes territorios, acceder a las riquezas o recibir prebendas del Rey, muchos españoles murieron con gloria o deshonra en la conquista de América.
Después de varias guerras y expediciones, el Rey concede licencia a Juan de Sanabria para continuar la conquista del Paraguay, mediante contrato de pactos.
Elegido Gobernador de la Asunción Domingo Martínez de Irala, vista la pobreza de metales y riquezas del Paraguay, decide comandar una nueva expedición al Perú, dejando al mando de la provincia a Francisco de Mendoza. No tardó Irala en conocer la situación en el Perú; las revueltas y muerte de Pizarro y los peligros que encerraba su misión. Después de enviar mensajeros a Lima, para cumplimentar al licenciado Pedro de la Gasca y ofrecerle sus tropas, concluyendo con que le confirmase en el gobierno del río de la Plata, la Gasca le ordenó que no se internase más en el Perú (en cierto modo por miedo a que se uniera a los vencidos seguidores de Pizarro). Irala decidió cumplir la orden y ocultarla sibilinamente a sus soldados, que eran partidarios de continuar avanzando. Eran tiempos de supervivencia y si sus soldados hubieran sabido que obedecía órdenes de la Gasca, probablemente no hubieran dudado en matarle acusado de traición y falta de ambición.
Irala no fue nombrado gobernador del río de la Plata ya que, la Gasca, prefirió a Diego Centeno por haberle ayudado a destruir a Pizarro, y también, porque no se fiaba de Irala. Éste, enterado del nombramiento, informó a sus tropas y se retiraron con gran disgusto, de vuelta al Paraguay. Mientras tanto, en Asunción, Mendoza especulaba con la muerte de Irala (había pasado más de un año desde su partida) y promulgaba su elección como nuevo Gobernador. Expidió consulta al Cabildo, en España, y recibió la negativa hasta no tener certeza del fallecimiento de Irala. Pero ya entonces existían las conspiraciones, Mendoza hizo caso omiso al mandato y convocó a sus leales; entrando en liza Diego Abreu, que con sus amigos e influencias derrotó en la votación a Mendoza, quien avergonzado y resentido quiso hacer buena la decisión del Cabildo y arrestar a Abreu. Éste al enterarse apresó a Mendoza y le condenó a ser cortada su cabeza, por rebelión contra la República. Sobrevivió Irala y reconquistó el mando como gobernador haciendo huir a Abreu. Aprovechando el episodio de su expedición al Perú, su obediencia a la Gasca, le confirió poder y confianza contra el usurpador. Irala, un hombre con suerte, salió ileso de un intento de asesinato, que no sabemos si fue instigado desde Lima o por los partidarios de Abreu.
Las revueltas se sucedieron por un tiempo y Abreu no cejó en su empeño por tomar el mando. Hasta que, Irala, ordenó su muerte. Un grupo de 20 hombres, sorprendieron una noche a Abreu. De forma sigilosa, uno de ellos, le atravesó el costado con una flecha de ballesta, que le mató en el acto.
Muerto Abreu, cesaron los disturbios y nuevos objetivos aparecieron en el horizonte. Irala pensó en la idea de fundar una ciudad cerca de la desembocadura del río de la Plata, que sirviera como puerto de referencia, avanzadilla y escala a las embarcaciones que llegaban del viejo continente. Así que envió al Capitán Juan Romero al mando de dos embarcaciones. Llegados a la confluencia del río Paraná con el Uruguay y en la boca del Río San Lorenzo, decidieron fundar la ciudad de San Juan. Quizá en honor del nombre del capitán o por ser el día de su fundación el 24 de junio de 1553.
Ese mismo año recibió Irala una delegación de indios de la provincia del Guairá a solicitar protección contra los portugueses que les hacen presos y venden en Brasil como si fuesen esclavos negros. Accedió a sus súplicas y decidió recorrer esa provincia poco conocida. Tomada conciencia de su situación geográfica y las ventajas que concurrían, decidió enviar un destacamento para fundar una población que diera protección a aquellos indios y otros y, además, sirviera de salida al mar por sitio distinto, del río de la Plata.
Aquí aparece nuestro paisano, el Capitán García Rodríguez de Vergara, quien con 60 españoles, víveres y pertrechos suficientes, en 1554, en la costa oriental del Paraná, sobre un salto grande, en un poblado del cacique Canendiyú, fundaron la villa de Ontiveros, en honor al nombre de la patria chica del Capitán García Rodríguez de Vergara, en España.

Todos los datos de esta historia y su recreación, proceden del volumen cuya portada de reproduce más abajo.

Mario Sender

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El fotógrafo del tiempo. CAP.VI

El cementerio de los ingleses.

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Desde aquel día, Marina había adquirido un querencia enfermiza por el Cementerio de los Ingleses. Una vez al mes se citaba en la pequeña casa que había para los guardeses. El cementerio casi no se utilizaba y presentaba un estado de abandono lamentable. Amparados por la noche, ella y su amante de ocasión daban rienda suelta a sus fantasías. Le había conocido por casualidad en un funeral y fue quien le habló del sepulturero. A Marina le costaba creer aquella historia que le relató medio en serio medio en broma, aunque le juró que era cierta. Su amante le confió que era primo suyo  y procedía de un pueblo de Sevilla y que, al no tener preparación por haber trabajado toda su vida en las labores del campo, fue el único trabajo que encontró en Madrid.

El cementerio era un lugar donde le gustaba ir preferentemente en invierno, cuando las sombras de los cipreses y el aire helado, bajo la luz de la luna, conferían al lugar un aspecto decadente, de otros tiempos. Oculto bajo su abrigo de Carolina Herrera, el cuidado cuerpo de Marina llegaba a estar  tan caliente que pareciera que las gotas de lluvia se evaporasen al instante. Su amante ocasional se sentía cohibido por el entorno y  la oscuridad de la noche. Justo lo que pretendía. Sentía como su cuerpo crecía frente al hombre hasta dejarle reducido a un simple juguete sexual. Su rol era sistemático: Se colocaba un sombrero con velo negro, abría los botones de su abrigo y adoptaba la personalidad de una desconsolada viuda que iba a llorar a su marido. Los tacones muy altos y la falda muy corta, la blusa ajustada y escotada realzaba sus aún turgentes pechos. El amante ocasional que había cazado en cualquier autobús o tren, difícilmente era capaz de resistir sus encantos. Les costaba articular dos frases seguidas ante la actitud dominante de Marina. Le excitaba dominar la situación, controlar el espacio y el lugar y sentirse poderosa frente a los hombres.

Después del fracaso en el vagón de metro con aquel soso ejecutivo sin reloj su cerebro necesitaba la recompensa del sexo y su marido, no era suficiente. Cuando salió del edificio solo tenía un pensamiento en su mente: el sepulturero. Era su mejor presa, su amante preferido. Pidió un taxi y camino del Cementerio de los Ingleses, se citó con él.

           -Esta noche voy a visitar a mi marido, te espero en el Cementerio de Los Ingleses. 

           -Quieres algo especial esta vez. Haré lo que me pidas -le dijo el hombre-

           -Ponte el mono más viejo que tengas, sin nada debajo…¿entendido?

Marina se presentó con el aspecto de una compungida viuda. Vestida totalmente de negro, con su cuidado aspecto y sus largas piernas cubiertas con medias de seda negra. Su mini vestido apenas ocultaba sus curvas modeladas en el gym. Quien la viera con su abrigo de Carolina Herrera, en su precioso Jaguar S-type de color verde inglés, pensaría que todo se lo debía a su difunto y rico marido.  Nada más lejos de la realidad.

Espérame en el panteón de la familia Bauer, no te será difícil encontrarlo. Es de los más grande del cementerio. Una      especie de templete. No olvides tus herramientas. Estará cerrado.

          -No te preocupes, no tendré problemas para abrirlo. ¿Te espero dentro?

          -No. Tu abre y después deambula por el cementerio. En tu papel. Por si acaso alguien merodea. Te avisaré a tu    número de móvil cuando esté lista. No más tarde de las 21:00.

Al otro lado del teléfono el “sepulturero” asintió con la cabeza y colgó.

A la hora fijada, el hombre, después de abrir la puerta del panteón de los Bauer, recibió la llamada. Caminó entre las lápidas por los estrechos pasillos cubiertos de malas hierbas hasta llegar frente a la verja de entrada. Un chirrido puso en alerta a Marina que ya se encontraba en el interior, esperando impaciente sobre la lápida. El hombre no dijo una palabra. Se acercó por la espalda y con las tijeras de podar cortó la blusa y la cinta del sujetador de Marina. Un escalofrío recorrió su espalda y sus pezones libres de su prisión se endurecieron instantaneamente. El enterrador pasó su lengua despacio por el surco de su espalda mientras sus manos apretaban sus tetas. Marina inclino la cabeza hacia adelante y arqueó la espalda. Parecía una leoparda en celo entre las garras de su macho.  Después la tumbó de espaldas y “la viuda” sintió como el relieve de las letras se clavaba en su piel.  El enterrador sacó las mangas y la parte superior del mono y lo ató a su cintura. Sus enormes manos rasgaron las medias y ató sus piernas con ellas a las anillas de latón que adornaban la lápida. Cada embestida del enterrador era acompañada de las palabras más soeces que se puedan imaginar. Agarrada al mono de su amante, poseída por la pasión, intentaba -si esto fuera posible- meterse dentro todo su cuerpo. El pobre hombre solo gemía y se movía al ritmo que Marina marcaba. Su saliva chorreaba sobre sus pechos hasta mezclarse con el sudor, formando sobre el  frío mármol un charco de fluidos y olor a sexo.

El enterrador era un hombre rudo y primitivo, salvaje, con la piel curtida por el viento y el sol, y un instinto animal con respecto al sexo. A Marina le resultaba de un atractivo fuera de lo normal. Un amante diferente. Muy lejos de esos otros hombres a los que seducía en los vagones del metro. Era el único que le hacía sentirse poseída.

Cuando se incorporó las letras de la lápida, con caracteres hebreos, se marcaban en su espalda. Entonces, sucedió algo que le sorprendió: el enterrador sacó una cámara instantánea y la fotografió. Satisfecho, cuando llegó a casa, imprimió la foto de la espalda de Marina y la clavó en el mural,  junto a las de las demás viudas…

Ya en el coche, mientras el magnífico cuero de su Jaguar calmaba el calor entre sus piernas, Marina, camino de casa, no dejaba de pensar en  lo sucedido,

          -No debí dejarle fotografiar mi espalda. ¿para qué lo hará?

Continuará…

El fotógrafo del tiempo. CAP. VI

Capítulo VI

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Obsesión

Habían pasado casi dos años desde que encontró a su mujer sobre la cama y las pistas y el resultado de la investigación por parte de la policía no había dado ningún resultado y la confianza en su amigo, el Comisario Pablo, después de haberle visto en esa situación era nula.  Carmelo estaba totalmente abatido. Sumido en una profunda depresión, se limitaba a dejar que el tiempo marcara su cara como si se tratara de un papel arrugado. No podía pensar…imaginar, ni comprender como podía haber sucedido semejante atrocidad. Se movía con la mirada perdida de un lugar a otro del salón como un autómata.  En un momento de su deambular se detuvo frente a la librería y fijó su mirada en los múltiples volúmenes que poseía sobre alquimia, esoterismo, astronomía, astrología y ciencia. Todos ocupaban un lugar destacado. Eran parte de su afición. Por alguna razón que desconocía, su subconsciente le trasladó a los años en que, mucho más joven, comenzó a interesarse por esos temas. Pensó que quizás entre todos aquellos libros habría algo que le haría entender los misterios de nuestra existencia y el porqué de lo sucedido. Probablemente no le serviría como consuelo, pero aliviaría el dolor que se había instalado en su alma. Las circunstancias y la forma en que fue ejecutada su esposa no eran tampoco nada habituales y necesitaba encontrar alguna explicación más allá de lo que mostraban las apariencias. Su colaboración con el comisario Pablo, no había hecho más que revivir aquellos recuerdos. El supuesto crimen de Valgamedios le devolvía al pasado.

Sin pensarlo, sus dedos se dirigieron a un ejemplar de  Las Moradas Filosofales, un libro que había leído muchas veces. El autor, Fulcanelli, fue un personaje anónimo sobre el que se han escrito cientos de teorías sobre su identidad. Ni tan siquiera existe la certeza de que se tratara de un solo personaje y se especula con que podría ser un colectivo de alquimistas. La dificultad de entender a Fulcanelli es que escribe con “qualia” y ello hace muy difícil, si no eres un adepto avanzado, inmerso en la realidad de la alquimia, la interpretación de sus exposiciones.

<Lástima que no acabara su tercera obra, Finis Gloriea Mundi, sin duda hubiera sido el colofón de su trilogía>

Se sentó junto a la ventana y se dispuso a comenzar la lectura. Estaba aún en el prólogo y sintió como su cuerpo rejuvenecía repentinamente. Tenía veinte años menos. Había nacido en un pueblo pequeño, Guadalcanal, que presta su nombre a una isla del archipiélago de las Salomón en el Pacífico, por haber sido ésta descubierta por Álvaro de Mendaña en 1568, quien la bautizó así en honor a su pueblo extremeño. Guadalcanal pertenece a Andalucía, a la provincia de Sevilla, pero hasta 1833 fue parte de Extremadura. Allí pasó su infancia y se empapó de las historias  que se contaban sobre las aventuras de los notables del pueblo. No dejaba de soñar con viajar a esos lugares allende los mares o en descubrir uno de esos filones de plata que tanto revuelo levantaron en su época.  Apenas tuvo conciencia comenzó a leer todo lo que cayó en sus manos sobre la historia de sus orígenes. Lo primero que descubrió es que durante los siglos XV y XVI llegaron al pueblo, procedentes de toda Europa, una legión de alquimistas y metalúrgicos atraídos  por la explotación de las minas de plata Pozo Rico. Él, entonces, poco sabía de alquimia y menos de la filosofía que ésta encierra. Con el tiempo y la lectura supo que no sólo buscaban transmutar los metales, si no, como fin último, alcanzar la iluminación; el conocimiento absoluto. Entre los estudiosos, Fulcanelli, ocupaba un lugar destacado. Incluso podría haber estado allí a principios del siglo XX. Si como había leído estuvo en Sevilla, casi con seguridad que habría viajado a Guadalcanal. El misterioso personaje era citado por Jacques Bergier en El Retorno de los Brujos, como uno de los dos alquimistas que visitaron a físicos nucleares de renombre en el periodo comprendido entre las dos grandes guerras mundiales. Se cree que tenían conocimiento muy avanzados sobre el funcionamiento de los reactores nucleares y no dudaron en advertirles del peligro que el manejo de partículas subatómicas conlleva. Pero sus advertencias no fueron tenidas en cuenta  , hasta que el premio nóbel E. Fermi, muchos años después, consiguió la primera reacción en cadena.

En plena lectura, al pasar una de las páginas, encontró un recorte de prensa que le llamó poderosamente la atención:

“Inventata la macchina che fotografa il passato”.

El artículo del semanal Domenica del Corriere, hacía referencia a un personaje llamado Alfredo Pellegrino Ernetti, que junto a un equipo de doce físicos había inventado una máquina capaz de fotografiar el pasado. El principio de su funcionamiento tenía lógica. La energía, y todo en el universo es energía en una forma u otra, persiste por siempre. Imágenes, sonidos, absolutamente todo debía impregnar el espacio desde el Big Bang.

<¿acaso no están los físicos enfrascados en descubrir el origen del universo estudiando el eco de la radiación original? -pensó para si mismo Carmelo- Sería un invento que haría temblar los cimientos de nuestro conocimiento, de la historia y lo que a priori damos por cierto.>

Carmelo, como si de una iluminación se tratara, dedicó toda la tarde y los siguientes días a repasar una y otra vez sus libros de física y estudiando las últimas noticias sobre los más recientes descubrimientos de la nueva teoría sobre la composición de todo el universo: la física cuántica. Descubrió que aquel aparato al que hacía referencia el artículo, no llegó a ser tomado en serio y la noticia se diluyó en el tiempo sin que nadie hubiera vuelto a interesarse por ello. Desde 1972, fecha del artículo, nada más se supo. Por su cabeza se sucedieron todo tipo de ocurrencias donde aplicar ese invento, pero, sobre todas ellas, una:

<si fuera capaz de conseguir fotografiar el tiempo, lograría encontrar a quien o quienes mataron a mi mujer y quizá resolver el misterio del hombre “al revés”. Desde 1972 la ciencia ha avanzado mucho. La visión de los científicos era muy diferente y todo lo que hace 40 años fue ciencia ficción ahora es una realidad. Nada es imposible -se dijo Carmelo->

¿Pero como podría él, un simple fotógrafo, llegar a conseguir algo que los científicos más brillantes aún luchaban por entender?.  Entonces su mente lógica le envió una señal, un pensamiento racional con una idea irracional: <si Fulcanelli y aquel otro alquimista, sabían algo que Fermi desconocía, aún siendo un físico de renombre… ¿de donde procedía aquel conocimiento?.

Empezaría por regresar a Guadalcanal. Si Fulcanelli estuvo allí o en Sevilla, seguiría la pista aunque tuviera que recorrer todas las galerías de las minas de Pozo Rico. En algún lugar debía encontrarse ese conocimiento perdido.

<Ernetti ha tenido acceso a algún documento o conocimiento que tiene una base científica indiscutible. No sé la razón del olvido de tan significativo hallazgo. Puede que sea tan solo una patraña más de otro parapsicólogo con afán de notoriedad, pero estoy convencido de que el “Cronovisor” es posible>

Carmelo de despertó sobresaltado, aún con el libro sobre su pecho, perdido entre la realidad y su ensoñación, obsesionado con el”Cronovisor”. Dispuesto a buscar “esos poderes especiales” a los que hacía referencia el Comisario Roig, y que poco tiempo después de convertirían en una obsesiva realidad.

Continuará…

 

El fotógrafo del tiempo, CAP V

Capítulo V

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El secreto del Comisario

La relación de Carmelo y Pablo se remontaba a su época de policía local, después de la muerte de su mujer aquella aciaga noche y cuando ya había decidido tomar parte por su cuenta en la búsqueda del asesino. Carmelo y Virginia fueron la primera pareja que fotografió con la escusa del estudio antropológico. Pablo siempre tuvo la certeza de que la situación en que encontró a su mujer parecía producto de un ritual o de alguna práctica sexual extrema. Necesitaba conocer algo más sobre esas prácticas. Sumergirse en ese mundo oscuro y cerrado. No le fue difícil conseguirlo a través de Internet, en una de las miles de páginas existentes.

Aquella noche había conseguido una invitación para presenciar algo muy especial; una sesión en el sórdido mundo, lleno de tabúes y prejuicios, de las prácticas sexuales denominadas  BDSM. Son muchas las parejas que lo practican, pero muy pocas las que lo confiesan. Podría decirse que, incluso los no practicantes, lo tienen como una de sus fantasías más recurrentes. Carmelo deseaba presenciar con sus propios ojos el fascinante mundo de las mazmorras, la sumisión, el spanking, la disciplina, y todo lo que conlleva lo que se conoce como BDSM. Le intrigaba sobremanera la relación entre esas parejas que, voluntariamente, acceden a la práctica de las mal llamadas desviaciones sexuales.

En un lugar solo conocido por los iniciados, en las cercanías de Madrid, asistiría a la presentación y entrega en público de un sumiso. Su Amo le pondría a prueba públicamente. Pablo no podía evitar un cierto nerviosismo. El lugar impresionaba. En el centro de la amplia habitación había una especie de potro de gimnasia, algo más bajo, cubierto de cuero negro sobre una tarima. Más allá, en la pared del fondo, pudo observar dos maderos en forma de aspa, con unas ataduras que supuso que eran para las manos. Y, sobre un estante, varas, fustas y látigos de diversas medidas y materiales, además de otros instrumentos que nunca había visto, ni podía imaginar cual era su utilidad.
Acomodado en la penumbra, a su lado se encontraban hombres y mujeres de edades diversas que aguardaban expectantes a qué comenzara la sesión. Se respiraba un ambiente de secretismo, un aroma a sexo animal. La iluminación era escasa y centrada en rincones puntuales de la habitación. Muchos de los asistentes llevaban el rostro cubierto, sin duda con el fin de preservar su identidad. Aunque a él le pareció que una gran mayoría se conocía. No era un sitió donde cualquiera accediera en busca de diversión. Aunque no lo pareciera, le habían informado acerca del extraordinario respeto con el que se siguen esas prácticas y las normas que rigen entre los participantes. A pesar de todo, le daba la sensación de encontrarse en un lugar de otro mundo. Intentó prestar atención a la música de fondo. Era una pieza de música clásica, seguramente un concierto para violonchelo. El látex, el cuero, las máscaras…esa iluminación y la melodía, conseguían su objetivo: romper con la visión rutinaria de la realidad. No había duda, resultaba hipnótico.

La mujer avanzó con paso seguro vestida totalmente de látex rojo. Un corsé realzaba sus pechos y las botas altas enmarcaban sus piernas torneadas hasta la mitad de sus muslos. Llevaba máscara y una especie de plumero en una de sus manos. En la otra sujetaba una cadena metálica al final de la cual, como si de un animal se tratara, se arrastraba a cuatro patas un hombre. Vestía un correaje de cuero negro sobre el torso desnudo y un pantalón corto del mismo material que dejaba sus nalgas al descubierto. La mujer se dirigió al que parecía el maestro de ceremonias y le entregó un documento. El hombre lo examinó y le hizo un gesto afirmativo al devolvérselo. Inmediatamente levantó al sumiso del suelo y sujetó sus manos a las ataduras del aspa, de cara a la pared. Le puso una capucha de tela que impedía su visión y se dirigió a los espectadores.

 –¿Algún voluntario dispuesto a infligir un duro castigo a mi esclavo?. Cuatro por favor. Serán series de cinco golpes cada uno,  a  no ser que el os elimine antes. Si averigua quién es el castigador, este dejará el juego. Decidle vuestros nombres.

Carmelo contempló aterrado como el primero de ellos, apodado Khan, cogió una de las varas de la mesa y la probó en el aire. El silbido al sobrepasar la velocidad del sonido le heló la sangre. El hombre se colocó en un lateral del sumiso y descargó un golpe preciso sobre sus nalgas. Se escuchó un gemido ahogado.

-¿Nombre?
– Pedro –dijo el esclavo con un hilo de voz-
– No, Khan -contestó su Ama-

Uno tras otro los cuatro hombres fueron dejando sus marcas hasta que el hombre averiguó los nombres de sus castigadores. Las heridas de sus nalgas tenían un tono morado y parecían a punto de estallar en un río de sangre. Después la mujer le acarició y le dejó libre las manos. Pablo se inclinó y le besó los pies, entre el aplauso del público.

A Carmelo, aquella experiencia le dejó confuso y hasta cierto punto preocupado. En otros lugares de la sala parejas de distintas edades, físicos y apariencias se entregaban a diversas prácticas relacionadas con la dominación, la iniciación y el placer en todas las formas imaginables. Se excitó. No debería, pero fue así. Entonces imaginó el sufrimiento que ese hombre, igual que su mujer, había experimentado e intentó entender su comportamiento. A pesar del castigo el hombre parecía encontrar placer en ello. -Que extraño es nuestro cerebro y como engañan las apariencias -pensó-.

El verdadero motivo por el que decidió fotografiar a Virginia y Pablo era comprobar si ese secreto que Pablo ocultaba quedaba a la vista en el momento del revelado, aunque el ya había visto, a través del visor de su Leika, indicios de su particular forma de placer. Quizá la transmutación había comenzado. Lo vio en sus ojos, en su lenguaje corporal; …desde que le dijo que solo accedería a fotografiarse con determinadas condiciones. Observó su mirada huidiza, su caminar alrededor de Virginia indeciso, su forma de preguntar la postura a adoptar… ¿Como podía ser tan distinto?. Le había observado en situaciones muy diferentes, como aquel día en que coincidió con Pablo en el Pigmalión, uno de los locales de alterne más conocido de Madrid:

Había salido solo a tomar una copa. Echaba de menos la compañía femenina y allí estaban las chicas más guapas de la ciudad; la mayoría aspirantes a modelo a la caza de algún caballo blanco…y que finalmente terminaban ejerciendo la prostitución de lujo, a pesar de que hubieran tenido alguna oportunidad en el mundo del espectáculo o la televisión. Pablo estaba al fondo de la barra, charlando con una exótica brasileña, bastante más joven que él. En cuanto se dio cuenta de su presencia se acercó y le invitó a una copa…. Charlaron sobre el ambiente de la ciudad y se rieron un rato en compañía de las bellas chicas. Una de ellas parecía muy interesada en Pablo y no hacía más que rogarle que le llevará a casa. No parecía ser un simple interés económico. Se la veía nerviosa y algo preocupada por salir de allí lo antes posible. Al otro lado de la barra, cerca de la entrada, unos hombres jóvenes no dejaban de observarla.

-Ya nos veremos Carmelo. Yo voy a llevar a esta preciosidad a casa. Voy a pedir que me traigan el coche -le dijo             al mismo tiempo que llamaba al guarda coches-.

-Señor – dijo balbuceando el portero- no encuentro las llaves, ¿seguro que me las dejó al llegar?
¿…que? estás diciendo que no tienes las llaves de mi coche?. ¿me tomas por un mentiroso?, ¿sabes quién soy yo?

No terminó de cerrar los labios cuando con un frenazo seco, el coche del comisario, un pequeño Matra Simca de tres plazas, se detuvo delante de ellos. Estaba conducido por tres jóvenes con aspecto de matones de discoteca. Pablo se puso hecho una furia. Aunque su lenguaje corporal era relajado, sus palabras eran imperativas. Quizá eran las palabras que acostumbraba a usar en el trato con los delincuentes de los barrios más conflictivos de la ciudad. Sin duda eran intimidantes y seguramente necesarias. Carmelo se limitó a observar con una mueca de preocupación en su cara.

 -¿se puede saber que hacéis con mi coche gilipollas?!!!
-Esa zorra que va contigo es mi novia carca, y ya que te invita a coño…tendrás que pagar algo por ello…que                     pensabas?…
-No le he rozado ni la piel…¿..que demonios queréis?. Solo me ha pedido que la lleve a casa.

          -¿Quieres tu coche?… Pues deja a mi chica y lárgate vejestorio…

La “escort”intenta interceder sin éxito y el joven la empuja sin miramientos al mismo tiempo que, de una patada, cierra la puerta del pequeño deportivo. Pablo empieza a comprender que la situación se complica por momentos. Son tres hombres jóvenes y ellos, contando a Carmelo, sólo dos. No quiere usar su condición de policía. Tiene que intentar evitar la pelea o de lo contrario saldrán mal parados… pero su carácter le pierde…

 -Está bien, tu ganas, dame el coche y quédate con ella. Ya sé por qué quiere invitarme a coño, su novio no tiene          huevos para enfrentarse a un carca el solo.
        -¡Serás hijo de puta!. ¡Te voy a matar abuelo!

No puedo olvidar como, ciego de furia, el chulo arremetió contra Pablo, que le evitó con un simple paso lateral, que no hizo mas que sacar de quicio al “novio”. Casi no le ha dado tiempo a pensar, cuando escucha pisadas a su espalda. Es como si se tratara de un búfalo cafre embistiendo a un árbol. No puede fallar. Fruto del entrenamiento, de forma automática la pierna de Pablo, impactó con fuerza a la altura de su rodilla. El crujido de la rotula es perceptible y pude ver la cara de dolor del chulo, retorciéndose en el suelo. Cuando por el rabillo del ojo, percibe a otro de los hombres a punto de alcanzarle, se gira y el canto del empalme del pulgar se estrella contra su garganta. Queda inmóvil, sin respiración.

  -¡tú! pide una ambulancia o llévales al hospital. -le grita al portero-

Carmelo se sube al coche junto a Pablo , con la chica en uno de los tres asientos delanteros y desaparecen por la estrecha calle hasta girar por la calle de Serrano entre el tráfico de la noche madrileña…

Terminada la sesión de BDSM, Carmelo salió discretamente, amparado en el anonimato que le brindaba su máscara. No acababa de comprender como a una persona así, podía gustarle ese tipo de prácticas. Carmelo necesitaba saber cómo se puede ser, al mismo tiempo, sumiso y dominante. Quizá este secreto tan bien guardado por Pablo, era la razón por la cual se mostró tan reacio a investigar en profundidad la muerte de su mujer.

Continuará…

El fotógrafo del tiempo, CAP. IV

Capítulo IV

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DANIELA Y LAURA

Estaba enamorada perdidamente.Lo supo enseguida, incluso antes de retratarla junto a su amiga Laura. Las dos son jóvenes y guapas. Daniela es menuda y morena, aunque es italiana, su español es perfecto. Ya antes de vivir en España, lo hablaba correctamente. Su madre se había preocupado de que aprendiera el idioma de su país. Ahora hacía años que vivían en Madrid. Su pelo negro y liso, su cara de grandes ojos y sus labios marcados le hacían sumamente atractiva. No tenía un cuerpo estilizado, ni largas piernas… pero era armónica. Un conjunto de átomos coherentes.

-¡Vamos chicas…! ¡.. dejad un momento los chupitos y mirad las dos al pajarito!

 -Joder!..¿ahora?…-dijeron las dos al unísono-.

 -Si, os dije que sería cuando yo quisiera…y es ahora. Cerrad los ojos…abrirlos…

 Miró la foto en su iphone. Le hubiera gustado usar su vieja Leica de gran formato, pero estos últimos años había descubierto las ventajas de la fotografía digital. De todas maneras siempre las imprimía en papel. Por alguna razón desconocida, siempre encontraba algo que no aparecía en la pantalla.

Los labios de ambas esbozaron un beso. Los ojos de Daniela no miraban a cámara, estaban clavados en las pupilas de Laura. Eran muy distintas, pero ambas tenían algo que le atraía. Si hubiera sido más joven habría tenido dificultades para elegir. Ahora sólo le interesaba lo que se escondía tras la foto.

Al otro extremo de la barra, sus chicos charlaban animadamente sin hacerles el menor caso. No entendía el motivo por el cual los jóvenes de esta generación mostraban tan poco interés por las mujeres. Aunque el motivo pudiera ser la facilidad para entablar relaciones si lo comparaba con las dificultades de su juventud. Su edad le daba la ventaja de la confianza. El las conocía mejor que nadie. Podía ser el guardián de sus secretos o el señor mayor al que le pides consejo. Ésto, a veces, hacía inevitable que perturbara sus sentidos. <¿Serán conscientes de sus sentimientos?, no puedo creer que Laura no se haya dado cuenta. Es tan evidente…>. Puede que no dejaran de ser imaginaciones suyas…o quizá no.

El timbre de su móvil le abstrajo de sus pensamientos…

-Hola, soy Pablo. La verdad es que no quería llamarte, no es algo que me apeteciera. Pero es algo a nivel profesional. Necesito tu ayuda. Quiero que me acompañes al Instituto Anatómico Forense y que fotografíes un cadáver antes de que se le practique la autopsia. Podemos quedar en Plaza de Castilla. Deja tu coche en el parking y te recojo. Iremos en el mío. Eso sí, tráete contigo tu “magia”, la vamos a necesitar. Cuando acabemos te invito a comer en El El Comunista.

Carmelo colgó y se quedó pensativo. ¿Que quería Roig?. Le conocía desde su época de policía local y de hecho fue la primera pareja a la que estudió. Aún tenía la imagen de su compañera tratada en su cerebro. Desde entonces su relación no era precisamente cordial. No siempre te gusta que descubran tus secretos.

LA AUTOPSIA

Antes de comer, Pablo y Carmelo se dirigieron al IAF. Para ninguno de los dos era una experiencia ingrata. Ambos habían visto muchos cadáveres y en situaciones mucho más desagradables. Sobre la mea de acero inoxidable, totalmente desnudo se encontraba el hombre de Valgamedios. No difería mucho de los aproximadamente treinta “fiambres” a los que se practica la autopsia en Madrid. Su piel era pálida. Como si le hubieran extraído toda la sangre y con ello la vida. Nada anormal, por otra parte. Después de que el forense tomara las fotos reglamentarias, Pablo le pidió permiso para que su amigo “el fotógrafo de poderes especiales” hiciera un reportaje con su propia cámara. Carmelo les pidió que salieran de la habitación y a solas con la muerte tomó una y otra vez imágenes desde todos los ángulos posibles.

-Gracias por dejarnos tomar estas fotos Calderón -dijo Pablo-. Le ruego que me informe lo antes posible del resultado de la autopsia.

-Antes de las diez de la noche podré decirle algo Comisario. En cuanto remita el informe al Juez, podrá conocer los detalles. No parece una muerte violenta. Seguramente tendremos que esperar a los análisis de toxicología. Esperemos que todo sea tan sencillo…

 Ya en el coche, camino del barrio de Chueca, Pablo le puso en antecedentes a Carmelo.

-Lo encontramos en un piso alquilado de Valgamedios. Un vecino dice que se llevo un buen susto. Según cuenta vio al hombre inconsciente a través de las paredes del apartamento, después de que un enorme resplandor hiciera el milagro de hacer transparentes las paredes. Después de hablar con él… joder… es que me siento ridículo contando esto…. Dice que instintivamente alargo su brazo y atravesó la pared hasta lograr tocar a ese individuo…Creo que o estaba drogado o medio dormido. Pero la realidad es que fue él quien avisó al 112.

Carmelo escuchaba atentamente sin decir una palabra. Dejó que Pablo se explayara en sus explicaciones y sus pensamientos. Su rostro no mostraba el menor signo de interés y se limitaba a mirar hacia adelante como si el fuera el conductor del vehículo. Si Pablo tuviera el poder de mirar a través de la materia, en lo más profundo de los ojos del fotógrafo, lo que vería sería tan incomprensible para él, como no verlo.

– Necesito que fotografíes el lugar de los hechos y me des tu opinión. Está todo tal y como lo encontramos. Bueno… casi todo.

 ¿Casi todo? -Ahora, Carmelo, si giró la cabeza reforzando la pregunta-. ¿Y dónde está …lo que ya no está?

-Encontré algo que se nos pasó por alto en la primera inspección. Algo que puede tener valor o simplemente no ser nada. Ya sé que es una irregularidad ocultar pruebas… pero tu me conoces, yo no soy precisamente “regular”. Déjame unos días… ya te lo contaré. Antes vamos a terminar con tu trabajo.

Igual que en el IAF, Carmelo entró solo al apartamento. El comisario se quedó en la puerta. Nunca entendía por qué tenia que hacer las fotos en solitario…

Después de casi una hora, el “fotógrafo de poderes especiales”, dio por terminada la sesión.

-¿Has visto algo fuera de lo normal?

 -Nada. Parece el apartamento de un tío soltero, deportista, sin pareja, que no lee….que no fuma…sin fotos de familia…ni agenda, ni teléfono. Nada de valor, excepto un cronógrafo caro, que por cierto, estaba parado. No lo parece pero… cuando lo he cogido para agitarlo y ver si volvía a funcionar…me pareció falso.

 -¿Falso? ¿Por qué?.

 -No pesaba lo suficiente. Un Hublot de ese tamaño y precio debería ser más pesado. Éste es ligero como un reloj de cuarzo barato.

 Sin decir nada y con su cabeza llena de datos comenzó a bajar las escaleras seguido de Carmelo. Si seguía dando vueltas a esta historia, las croquetas de El Comunista, le sentarían fatal.,

Comieron, tomaron un par de orujos  -para él no había diferencia entre estar o no de servicio- y  dejó a Carmelo en Plaza de Castilla. Llegó a casa alrededor de las 19:00. Marina aún no había llegado y Laura, la chica que se ocupaba de la limpieza le había dejado una nota en su mesa del pequeño despacho:  <ha llamado Marina, llegará sobre las 22:00. Va de compras con una amiga>. Se quitó los zapatos y, sentado en el sofá del salón, miró sus pies intentando encontrar una respuesta: ¿por qué no tenía zapatos ni calcetines?. La vibración de su móvil interrumpió una larga secuencia de preguntas.

 -¿Sr. Roig?, soy Calderón. Tengo los informes.

 -Bien, cuénteme.

 -No es lo que esperaba. Estaba en lo cierto que no tiene ningún signo de violencia ni señal alguna de arma blanca, pinchazos o cualquier marca o erosión en su piel. Tampoco hemos conseguido averiguar la causa de la muerte examinando sus órganos. Están sanos, demasiado sanos para un hombre de su edad, diría que, o bien es un tipo con un físico privilegiado o su edad no se corresponde con las apariencias externas. No hay nada que determine el motivo de la muerte. Ningún fallo somático aparente. Si respirase, estaría vivo. Estamos a falta de recibir los informes del Instuto Nacional de Toxicología, es lo único que podría darnos el motivo de que no lo esté. 

 -Calderón, le habrán envenenado o se habrá intoxicado. Eso sería lo más lógico. Nadie deja de respirar porque si. Ni tan siquiera voluntariamente eso es posible.

 -Tiene usted una mente muy lógica, pero dudo que esa sea la razón. Nada en el examen permite aventurar esa hipótesis. Pero ahora viene lo más increible. -Pablo sitió como su corazón bombeaba a mayor ritmo la sangre a su cerebro-, Todos sus órganos están dispuestos de forma invertida. Como si los viéramos frente a un espejo. Podría ser una anomalía congénita. He consulado toda la bibliografía médica disponible, he consultado a mis colegas, y nada.  Nunca nadie, que se sepa, en todo el mundo, ha sido encontrado con esta “particularidad”.

 -Y eso…¿podría haberle matado?. 

 -Técnicamente no. Si ha vivido así durante cuarenta años no tendría por que ser el motivo del fallecimiento. No se que decirle Comisario.

 -Gracias CAlderón. Ésto no facilita mi tarea. Una última pregunta, ¿Podría ser una muerte natural?

 -Sr. Roig, la muerte natural, ese concepto tan manido, no existe. Algo deja de funcionar: el corazón, los pulmones, riñones, higado… y quedan indicios. Siempre quedan indicios. Creo que no me ha entendido…o no me he explicado correctamente: no hay ninguna razón para que ese hombre no esté vivo. Aparte del “simple” hecho de que no respira, está sano como un roble. ¡Ah lo olvidaba!. ¿Se acuerda del polvo del pie?. ¡Adivine!, no lo va a creer, es tan solo talco. Bueno contiene novocaina, un anestésico local que se usa en pequeñas dosis en los preservativos para retardar la eyaculación. No se que sentido tiene esa sustancia en un pie…usted es el policía.  

-Gracias Calderón. Es un detalle, lo tendré en cuenta. Espero el informe del INT, quizá ahí esté la clave.

Continuará…

¿Quién es el PSG?

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¿Quién es el PSG?
La afición afición madridista les teme, al menos una parte. Yo no. Esta es mi pregunta: ¿Quién es el PSG?, ¿Que han ganado?. Que tienen a Cavanni, Mbpeę y a Neymar…¿Y qué?. Nosotros tenemos un escudo, una historia, un relato interminable, la fe y la determinación por la victoria. Que nadie piense que el Real Madrid, es el equipo timorato y acomplejado de los últimos partidos. El Real Madrid, es el rey de Europa, desde hace más de un lustro. Tenemos la peor afición del mundo; la que sólo sabe ganar. Disfrutamos de los periodistas más críticos con entrenador y/o jugadores, según convenga, dispuestos a ejercer de verdugos aunque el condenado sea inocente. Siento discrepar. Los víctimistas no verán caer al Real Madrid. Por que en Europa, cuando mi equipo salta a la arena verde… Todos son Gladiator!!! . Los golpes son precisos, la organización, espartana. Las botas se convierten en una cuadriga implacable.
Me duelen las comparaciones. Se olvidan de Cristiano, un ser odiado por su carácter y admirado por mi, por lo mismo. Es un profesional envidiable. De Sergio Ramos, el corazón y el alma del madridismo, capaz de dejarse la vida en un partido así. Modric, un espíritu intangible, capaz de dirigir la Filarmónica de Viena. Kross, el delineante. Marcelo, la magia de la samba brasileña. Casemiro, el guardián del norte con espada de fuego, Nacho, el Real Madrid. Varane, el Castillo Negro, Isco, la magia del sur, capaz de convertir una sardina en un besugo. Benzema y Bale, una sanguijuela y un demonio de Tasmania. En la retaguardia, Asensio, Vázquez, Borja, Achraf, Theo, Vallejo, etc…

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En Europa, el Real Madrid, es un estado. El más laureado, con el que todos sueñan, aficionados y jugadores. Es su casa. Cuando un jugador se viste de blanco por primera vez, no piensa en la Liga, no piensa en la Copa… Sueña con levantar un día la Orejona!!!. Es su meta, el mayor logro al que aspiran todos los futbolistas de Europa. Si juegas en el Real Madrid, las posibilidades son muchas.
Respeto al PSG, a sus jugadores, su afán por llegar a conseguir la Champions. Lo entiendo, pero…. ¿Quién es el PSG cuando enfrente está el Real Madrid?. Te daré la respuesta: otra víctima.
Quizá me arrepienta de esta crónica, pero nunca de haberlo creído.
¡GANAREMOS!, ¡¡SOMOS LA LEYENDA!!

Mario Sender

El fotógrafo del tiempo, CAP. III

Capítulo III

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Pablo enfiló la N-I en dirección a Burgos. Ahora se sentía observado por Virginia. Las tornas habían cambiado y podía sentir como sus ojos ya no eran los de la policía que le acompañaba cada día. Llegaron a un desvío a unos quince kilómetros, una salida asfaltada de unos cientos de metros y después un camino de tierra que cruzaba un estrecho puente sobre un brazo del río Jarama. Era una zona rural salpicada de casas de campo y algunas fábricas instaladas sin permiso legal. En lo alto de un cerro se alzaba la casa del fotógrafo. Era de una sola planta. Se pararon delante de la gran puerta de entrada y Pablo llamó al timbre. La puerta se abrió y pasaron con el coche. En el centro de la finca había una especie de foso que al principio no supieron identificar para que demonios serviría. Cuando descendieron del coche, camino de la casa, vieron unos pequeños cubículos identificados cada uno con un número.
-Creo que ya sé que es esto -comentó Pablo-. Son box de caballos. Seguramente ha sido una finca de cría y el foso debía estar destinado a la monta. A la reproducción.
-Sabes muchas cosas, me sorprendes. Podrías explicarme como se realiza la monta…me cuesta imaginarlo. -no era una pregunta, mas bien una sugerencia. Sus labios volvieron a esbozar esa sonrisa escondida-
-Otro día. No quiero entretenerte.
EntraronEnt estudio del fotógrafo y allí, en el set, completamente pintado de negro, sin nada más, les pidió que posaran como mas cómodos se sintieran. Tan solo había un par de puf de cuero negro. No quería que nada interfiriera en las instantáneas.
-Ya nos enseñaras las fotos, ¿no? -preguntó Virginia.
-Cuando acabe mi tesis. Ahora quiero que cerréis los ojos y penséis en algo que os gustaría hacer juntos. Luego cuando os de la orden los abriréis.
Ambos se miraron y sonrieron como dos cómplices. Virginia sacó la punta de la lengua y se humedeció los labios. Luego cerró los ojos.
Después de un minuto…
-¡ahora ! miradme!.
El flash iluminó de forma repetida el fondo negro del set como el relámpago que cruza el oscuro cielo en una noche de tormenta. Se despidieron y continuaron por la pequeña pendiente hacía el coche.
-Vaya tío más raro….-comentó Virginia-.

MARINA
Solía coger el metro a la misma hora, le gustaba la hora punta a pesar de que su trabajo le permitía un horario flexible. Abarrotado, en el vagón se daban cita un mundo diverso de personajes: almas en pena con la cara apagada, con los hombros caídos y un rictus en sus labios de suma tristeza, camino de alguna lúgubre oficina donde pasarían el día sin pena ni gloria. Mujeres vestidas con llamativas prendas que dejaban adivinar el deseo de muchos sin importarles las miradas. Más bien les hacían sentirse alagadas. Luego estaban los ejecutivos, bien trajeados, los zapatos lustrados y un aire de suficiencia…como si estuvieran parados con el semáforo en rojo, en su exclusivo deportivo. Solían leer algún periódico salmón o un libro de esos que nadie compra, excepto ellos. Entre todos, éstos eran su presa favorita. Marina se había vestido con un ligero abrigo de primavera, imitando piel de leopardo, sobre un fondo gris plata, que no llegaba más abajo de sus rodillas. Debajo, una minifalda negra y una blusa ajustada, con escote. Ya había entrado en la cincuentena, pero a pesar de su edad, estaba impresionante. No medía más de uno sesenta, pero su delgadez, sus tacones, su pelo corto, su cuerpo cuidado y su estilo, no dejaban a nadie indiferente. Entró la última al vagón. Así se aseguraba de que todo el mundo se fijaría en ella. Con el abrigo desabrochado se agarró a la barra superior. Este gesto acortaba aún más su falda y hacía que sus pechos se desbordaran luchando por salir de su angosta prisión. Tenía una mirada altiva y segura…desafiado a los ojos que la contemplaban. A su lado con un impecable traje, un joven, la miraba de reojo. Era alto y bien parecido. Pero lo que más le llamo la atención a Marina, es que no leía y no llevaba reloj, algo extraño en un ejecutivo. En la siguiente estación el vagón se lleno aún más, podía sentir como los cuerpos a su alrededor hacían lo posible para no incomodarla con su roce, eso le excitaba y no colaboraba para impedirlo. Un mar de cuerpos moviéndose al ritmo de cada curva, de cada frenazo. Marina estaba pegada al joven. Por su nariz pudo percibir su olor a perfume caro. Para acomodarse, se giró frente a él asegurándose de sentir como los cuerpos de alrededor acariciaban sus nalgas, sin dejar de mirar a todos a los ojos.
-Perdona..-le dijo, a la vez que se agarraba a su cintura, y le clavaba literalmente sus pechos. Tenía una voz seductora, que podía modular a voluntad para adaptarla como un engranaje de precisión a lo que pretendía transmitir-.
-Por nada-balbuceó el joven-
-Hoy está muy lleno.
Marina podía sentirle pegado a ella. Entreabrió las piernas. para guardar el equilibrio, dejando que, en cada vaivén, rozaran la del joven. De vez en cuando, sin dejar de mirarle, esbozaba una cómplice sonrisa, o humedecía ligeramente sus labios con un gesto sensual, casi un tic, que no parecía causar el más leve gesto en el rostro impenetrable del hombre. El ejecutivo parecía intentar evitar su perturbadora mirada. Sus ojos verde lluvia atraían el centro de las miradas. No solía llevar carmín, ni pendientes, ni collares. Ningún adorno superfluo. No le hacían falta. Pero, por alguna razón, aquel hombre, aunque turbado, no respondió a sus insinuaciones. Le hubiese gustado sentir como sus manos rozaban su precioso culo, su mirada explorando su escote… En la siguiente estación se bajó contrariada, no sin antes hacerle sentir la dureza de sus pezones al pasar junto a él.

<A los tíos no hay quien los entienda. ¿Estaré haciéndome mayor?.

Al pasar frente al escaparate de Fnac, se detuvo un momento.

<Estoy estupenda, ese hombre debe estar ciego o …quizá no le gusten las mujeres…>.

Continúo andando hasta el edificio de telefónica por la acera derecha de la Gran Vía. Sintió como un cosquilleo en todo su cuerpo a cada paso. Era como si las miradas de los transeúntes acariciaran el bello de su piel sin llegar a tocarla. Suspiró.

<No puedo evitarlo, es mi droga>.

Como cada día, ascendió las escaleras hasta el segundo piso -nunca cogía el ascensor- de forma cadenciosa, despacio, sintiendo como se tensaba cada músculo de sus torneadas piernas y la bala intravaginal vibraba en su interior. Nunca descompuesta, controlando su entorno por si alguien estuviera observándola.

EL CADÁVER

La calle Válgame Dios, en el barrio de Chueca, es corta, angosta, y transcurre entre las de Augusto Figueroa y Gravina. El curioso nombre obedece a una leyenda de la edad media:

«Una noche de luna llena, dos hombres llegaron al convento de San Francisco en busca de un sacerdote, con el pretexto de socorrer a un moribundo.

El sacerdote accedió con la condición de que le acompañara un lego, el cual desconfiando de esos dos, escondió una espada entre sus ropas.

Cuando llegaron a las afueras de la Villa, los dos hombres apresaron y vendaron los ojos al sacerdote y ataron al lego. A continuación llevaron al cura hasta una cabaña y le ordenaron que tomara confesión a una mujer a la que tenían secuestrada y que bautizara después al hijo de ésta, pues, según le manifestaron, ambos iban a morir.

El sacerdote cumplió con lo que le mandaban. Mientras tanto, el lego se desató como pudo y fue en busca del religioso. De repente, a orillas de un pequeño barranco oyó un grito: “¡Válgame Dios!”. Era la voz de la mujer a la que intentaban matar los dos malhechores. El lego llego a tiempo y pudo impedir el asesinato, poniendo en fuga a los agresores.

 De vuelta al convento la mujer les contó que esos dos hombres eran sus amantes y el niño era producto de su relación con un tercero.

Cabe suponer que serían entonces el sacerdote y el lego quienes exclamarían al unísono lo de “Válgame Dios”.

Y es que esta expresión que en sus orígenes significaba “Socorro” ha paso a querer decir algo así como: “Qué barbaridad”.

Las gentes, al conocer este hecho dieron a aquel barranco el nombre de Válgame Dios.»

La estrecha calle está cortada al tráfico por el suceso, aunque no causa muchos problemas. Son alrededor de las 23:30. Tan sólo han pasado veinticinco minutos desde que un vecino avisó a la policía. Aquí, se encuentra la casa de la familia Torres Quevedo, de estilo afrancesado, es un precioso edificio de principios del siglo XX. En el primer piso, que está alquilado, es donde han encontrado el cadáver.

Sentado sobre un sillón isabelino, no parece tener signos de violencia a simple vista. Viste pantalón de alpaca, de corte pitillo, y camisa blanca ajustada; aparenta unos cuarenta y cinco años y, a juzgar por su aspecto musculado, su ropa cara y el moreno de su piel, debía cuidarse con esmero.

Pablo Roig es meticuloso, paciente, frío y de pocas palabras. De carácter taciturno, no era precisamente alguien con quien te irías una noche de juerga. Daba la sensación de que algo o alguien había forjado en el un rictus de desconfianza, tristeza y amargura imborrables. Sin embargo era un buen policía, con experiencia y conocedor de los entresijos de la calle como nadie.

 -¡No quiero a nadie dentro de la escena!…ni preguntas!. Fotografiarlo todo, y cuando digo todo, es todo; la estancia al completo. ¡No toquéis nada.!. ¡Cualquier cosa extraña, detalle, dudas o las bobadas de siempre… Consultarme!

Cuando se encontraba en una situación así, sus sentidos se agudizaban y solo existía un universo: la escena del suceso. Así que tardó poco en encontrar algo extraño,  anormal: el cadaver no tenía zapatos, ni calcetines. Observó detenidamente los pies desnudos; las uñas estaban perfectamente cortadas, y no tenía callosidades. Sin duda les prestaba atención. Al acercarse más se dio cuenta de que su pie derecho era diferente. Estaba cubierto en parte por un extraño polvo blanco y tenía un olor peculiar. Roig extrajo de su bolsillo un test y recogió una muestra. Sobre la mesa auxiliar observó un cronógrafo Hublot . Marcaba las 22:00 horas. Estaba parado y le extrañó que una máquina de 100.000€, fallara. En los armarios la ropa estaba cuidadosamente ordenada: camisas de diferentes colores en un estante y pantalones con sus perchas individuales. Los zapatos en cajas transparentes con sus hormas ajustables. Los cinturones colgados de un extraible, al igual que las corbatas. Las chaquetas eran todas de colores oscuros. En un rincón del armario había un par de mancuernas de 17 kg., un banco de abdominales y un tensor de gomas.  Dentro de la mesilla de noche, tan solo una caja de preservativos, monedas sueltas, algún ticket de compra y una radio-despertador. Le sorprendió que no hubiera fotografía alguna, ni agenda, ni ordenador, ni móvil. Quizá el asesino– -suponiendo que fuera un crimen- se lo hubiera llevado. El vecino dijo haber escuchado un extraño ruido y luces similares a un relámpago. Se asustó porque, al mirar por su ventana, al otro lado del patio, los cristales y las paredes del apartamento parecieron comportarse de manera muy extraña. Como si se hubieran reblandecido y se tornaran transparentes. Así es como vio al hombre inconsciente sobre el sillón.

Cuando Pablo terminó de examinar todo, al recorrer el largo pasillo cubierto por una alfombra, se detuvo. Retrocedió unos pasos y volvió de nuevo al mismo lugar. Su fino oído, su instinto de policía, captó una diferencia de presión en las pisadas. Levantó la alfombra y lo encontró: una pequeña caja de seguridad empotrada en el suelo. <no se por qué pero creo que aquí está la clave. Nadie esconde nada que no sea importante… aunque puede que tan solo sean sus ahorros>. El interior de la caja fuerte era difícil de evaluar: una novela bastante manoseada, que el único valor que podía tener era su antigüedad o que se tratará de una primera edición o una rareza. Algo no le cuadraba.  <creo que voy a tener que volver a retomar la lectura. ¿buscaria el asesino precisamente este libro?>.  –se preguntó-.

Pablo caminaba hacía casa. Era muy tarde, casi de madrugada. La luz de las últimas farolas se confundía con los primeros rayos de sol. Seguía dándole vueltas al caso de Válgame Dios. Su cerebro luchaba para no dejarse llevar por las apariencias. El barrio de Chueca es un lugar donde hace tiempo que los homosexuales han establecido su residencia preferida. Se han hecho un hueco en la sociedad y pueden presumir de ser un colectivo reconocido y al que las grandes firmas de moda y comercio en general, tienen en cuenta, dado su poder adquisitivo y su preocupación por la imagen y las tendencias estéticas. El cadáver parecía disfrutar de una holgada economía. Olía a perfume de marca, cutis cuidado y ropa cara. Además los alquileres en el barrio no son baratos. No hay duda de que podría tratarse de un crimen sexual, pero también no serlo. No quería condicionarse. Su propia experiencia, su conocimiento de las prácticas sexuales más extremas, le invitan a considerar esa posibilidad…pero, al mismo tiempo, le frenaba.

<No tengo ni una sola pista, tan solo un viejo libro, un pie manchado y miles de posibilidades. Ni siquiera sabemos qué, quién o como le han matado. Espero que la autopsia me ayude en algo. La historia del vecino me parece increíble, producto del despertar de alguna pesadilla. Se habrá quedado dormido viendo la televisión y se habrá despertado sobresaltado por los ruidos. Tengo verdadera curiosidad por saber de que ha muerto ese hombre. Según los bomberos la puerta estaba cerrada con llave y no había signos de haber sido forzada, y nadie ha visto entrar o salir a  ninguna persona del edificio a esas horas. No me apetece verle de nuevo, pero voy a tener que llamar a Álvaro para que me eche una mano>. 

Ensimismado en sus pensamientos, cuando se quiso dar cuenta estaba en el Barrio de las Letras. Bajando por la calle de las Huertas en dirección a la Estación de Atocha, todavía se encontró gente por la calle; los últimos habitantes de la noche madrileña. En su caminar llegó a la esquina con la calle del León. Se fijó en la placa donde un hombre sujetaba a un león atado con una cadena. Pensó que era un nombre extraño para una calle de Madrid, tanto o más que Válgame Dios. A pesar del cansancio debido a la tensión, el paseo en solitario le reconfortaba. Pensó en sus años como policía local en aquel pequeño pueblo y la satisfacción que – ya como policía de la brigada criminal- le producía recorrer todos los rincones de la noche madrileña, casi siempre solo. Claro que, entonces, tenía casi veinte años menos. <La noche, el alcohol y las drogas dejan al descubierto la verdadera esencia del alma. Somos como los depredadores cuya mayor actividad es nocturna. La habilidad queda limitada por las especiales condiciones de luz y hay que estar siempre alerta. Algunas personas, sin embargo, esas fantasías nocturnas, esa libertad de consciencia, la suplen con los sueños. Yo prefiero las pesadillas del mundo nocturno.> 

Tenía muy claro que el ser humano es de por sí perverso. Consciente del bien y del mal, pero tendente a disfrutar de las cosas prohibidas, experimentar el deseo de lo que no le está permitido.

<Mañana llamaré a Álvaro, y comeremos en el Comunista. Después iremos al apartamento y al depósito de cadáveres. Marina debe estar preocupada>.

Al día siguiente le esperaba una sorprendente revelación: la autopsia.

(continuara…)

El fotógrafo del tiempo, CAP.II

EL FOTÓGRAFO DEL TIEMPO
Capítulo II

(Capítulo I)

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Carmelo seguía utilizando cámaras analógicas, tradicionales. Le gustaba esa sensación de incertidumbre. El revelado de las imágenes que iban tomando forma sobre el papel blanco como si se tratara de un espectro que se estuviera materializando. Tenía su laboratorio en una habitación de la casa donde no dejaba que entrara nadie. Era como la cueva del oso. Cuando se encontraba dentro, iluminado por la luz rojiza, se trasladaba a otro mundo. Era un viaje en el tiempo que le permitía ver lo que ya había sucedido. Instantes felices o trágicos, bellezas u horrores…pero siempre instantes únicos, irrepetibles. Su cámara preferida era una vieja Leica motorizada, de gran formato. Le permitía disparos continuos y elegir posteriormente, después del revelado, las mejores imágenes.
Llevaba años viajando por todo el mundo y su colección de fotografías era su tesoro. No quería que su memoria olvidara aquellos momentos que desaparecerían para siempre. Lo consideraba un legado para la posteridad. En verdad que había visto cosas maravillosas: monumentos creados por el hombre al largo de milenios, naturaleza salvaje, amaneceres y ocasos que, como un rito, los seres humanos contemplaban. Fiestas y celebraciones de pueblos escondidos en recónditos lugares del planeta y detalles que pasarían desapercibidos a cualquiera que no tuviera, como él, el hábito de mirar a través del objetivo de su cámara; pero también momentos terribles vividos en los campos de refugiados que provocan las guerras, tratos inhumanos en las cárceles de medio mundo, los horrores de los conflictos armados en oriente medio, asesinatos, maltratos y todo tipo de crueldades. Un universo digno de figurar en su memoria. Estos últimos años, tenía como afición fotografiar parejas: matrimonios, solteros, amigos, homosexuales, lesbianas, incluso parejas de policías, bomberos, parejas de baile, compañeros de trabajo…
No pretendía realizar un trabajo artístico, no quería otra cosa que, a través de la impresión fotográfica de ese instante que transcurre entre que el obturador se abre y vuelve a cerrarse, captar, como lo haría un buen pintor de retratos, la esencia de su alma. Espiar como un voyeur, por la cerradura, sus secretos. Robarles su subconsciente, sin necesidad de preguntar nada. Estaba completamente seguro que ese momento dejaba un agujero negro en el cerebro de los sujetos, una ventana en el tiempo, por el que penetrar con su mirada. Un don que el poseía sin saber porqué, ni con que fin. En realidad no sabía por que lo hacía. Decidido y con la excusa de realizar un trabajo antropológico, empezó a retratar a algunas parejas de su entorno. Les pidió que le dejaran fotografiarlas donde el quisiera: en el trabajo, en casa, en su tiempo libre, en vacaciones, o en sus momentos más íntimos. Se había convertido en una especie de obsesión, una droga que le hacía viajar a un universo de sensaciones placenteras. Otra forma de ver la realidad. Era como espiar a través de la cerradura, el interior de la habitación donde habita el alma.

El encuentro
Pasaban largas horas patrullando juntos, unas veces a pie y otras en su vehículo oficial. Era un lugar tranquilo, donde casi nunca sucedía nada, a excepción de algún alboroto vecinal o cuando tenían que intervenir para mediar en alguna discusión en el local de alterne que se encontraba a las afueras del termino municipal. Un garito que solían frecuentar solterones y algún casado que buscaba lo que no encontraba en casa, aunque últimamente los clientes cada vez parecían más jóvenes. Mantenían una actitud de total discreción cuando alguno de los implicados tenía familia y las chicas se sentían seguras con su presencia. Su relación era cordial. Por lo demás, la vida transcurría entre multas de tráfico y un aburrido trabajo administrativo repartiendo mandatos o notificaciones del pequeño ayuntamiento.
La diferencia de edad no era un obstáculo para que se compenetraran perfectamente. Pablo le sacaba casi veinte años; los mismos que llevaba como policía. Virginia, con poco más de veintiuno, tenía la placa desde hacía poco. Cuando convocaron las plazas, se esforzó al máximo para asegurarse que nadie estuviera tan preparado como ella. Pasó las pruebas físicas con la mejor nota, por delante de todos los hombres. Ya lo había intentado antes en la gran ciudad, pero los candidatos eran muchos y muy buenos. Cuando se enteró, a través de una amiga del pueblo, de que allí había una plaza libre, no lo dudó un instante y se presentó.
Virginia y Pablo formaban una buena pareja, aunque era imposible no fijarse primero en ella. Su metro setenta, su cuerpo atlético, sus ojos verdes y su melena negra, aunque recogida por necesidades del servicio, le hacían destacar a los ojos de cualquiera. Pablo estaba encantado con su nueva compañera. Podía pasarse horas mirando sus ojos color lluvia, mientras ella conducía. Al fin y al cabo no tenia otras cosas más importantes que hacer. Ella sonreía de vez en cuando. Era una sonrisa escondida, apenas un esbozo. Se sentía alagada y sus sentimientos hacía Pablo eran de agradecimiento. Desde que llegó había sido su compañero, su guía, y le había puesto al tanto de casi todo lo que podía encontrarse en el pueblo, que, la verdad, no era mucho.
-Te queda muy bien el uniforme -dijo Pablo, mirándola de arriba abajo-, mejor que a mi. Es muy agradable tener una compañera. Aunque en tu caso, por la edad, pudieras ser mi hija.
-¿No te sentirás intimidado “mi señor mayor” ?…
-Ja, ja, ja..¡no! Solo constato un hecho. Lo veo en los ojos de la gente. Los hombres atraviesan el azul del uniforme como si se zambulleran en el agua, mientras que las mujeres te envidian. Supongo que eres consciente de que ser guapa y atractiva es una ventaja, pero ten cuidado, a la vez puede ser un inconveniente. ¿No creerás que por que seas mujer tendré un trato diferente que si fueras hombre? Eres mi compañera y da igual el sexo. No pienso cuidarte como si fuera tu padre.
Mientras conversaban, Pablo pensaba: <no creo que le haga falta la verdad, estoy seguro que en una situación difícil se defenderá mejor que yo. Está mejor preparada, es más joven y parece tener muy claro que su condición de mujer le ofrece ciertas ventajas. Seguro que no dudaría en utilizarlas>.
-Ni lo necesito, ni pretendo que seas mi padre. A no ser que te guste que te llamen “papi”….-lo dijo con intención de que él captara una acepción distinta y con un mohín en sus labios. A Virginia le gustaba jugar, utilizar su atractivo para incomodarle. En eso Pablo no se equivocaba. Tenía muy claro que era consciente de su atractivo-
-¿Pero…es que siempre estas pensando en lo mismo?. Mira niña, he tenido muchas experiencias a lo largo de mi vida y cuando necesito algo lo pido, siempre con respeto, incluso las cosas más extremas que te puedas imaginar…deja ese tema. Puedes quemarte. Ahora quiero que me hagas un favor. ¿Te acuerdas de lo que te comenté…de mi amigo el fotógrafo?
-Si claro, aunque no acabo de entender lo que pretende.
-Me ha pedido que vayamos a verle cuando acabemos el servicio. Iremos en mi coche, serán cinco minutos. Nos hacemos la foto y después te dejo en Madrid.
-De acuerdo, pero que sepas que a pesar de ser “mi señor mayor”… -Virginia le miró a los ojos y le dedicó una maliciosa sonrisa, mientras se pasaba un dedo por sus labios…
(Continuará)

 

El fotógrafo del tiempo, CAP. I

EL FOTÓGRAFO DEL TIEMPO
Mario Sender

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Capítulo I

Era viernes. Un día agotador revisando cientos de pruebas tipográficas, correcciones, reseñas e indicaciones para el editor.
-¿Por qué nadie entiende mis deseos a la primera?, quizá sea demasiado exigente. -pensó- Debería desconectar de mi trabajo. No tengo remedio

El trabajo, siempre esa obsesión tan profesional, que le impedía disfrutar de su tiempo libre, sin pensar en más. Por delante tenía un fin de semana para disfrutar. Cerró la puerta tras de sí y dejó el bolso y su maletín de trabajo sobre la mesa del salón, al mismo tiempo que se bajaba de sus tacones. Camino del baño conectó su exclusivo equipo de sonido Bang&Olufsen. El número cuatro del dial reprodujo el concierto en B menor para violonchelo y orquesta, Op. 104 de Antoni Devorák, dirigido por el maestro Rostropovich. La melodía inundó cada rincón de su ático. El vaho comenzó a inundar el cuarto de baño, como la niebla matinal que acariciaba el valle donde pasó su infancia. Probó la temperatura del agua sobre los dedos de un pie y luego dejó que su cuerpo se adaptara al nuevo elemento. Se relajó, y su mente se fundió como un acorde al ritmo del chelo de Rostropovich. Su cuerpo desnudo de reflejaba en los espejos de la ducha. Se acercó y apoyó sus pechos contra el suave cristal. Echaba de menos el peso del cuerpo de su amante. Sus manos acariciando sus caderas, sus dedos entre sus suaves muslos…se excitó. Se sentó con las piernas abiertas y dirigió el agua de la ducha sobre su clítoris, mientras sus dedos le llevaban hasta el éxtasis. Un orgasmo incontrolable hizo temblar todo su cuerpo. Cuando acabó, salió de la bañera, se secó y se vistió de manera informal con una camiseta larga y un coulote.
-tengo que acabar el dichoso trabajo. El lunes es el último día.

Miró a través de la ventana. Abajo, El jardín había perdido los colores del verano. La luz había desaparecido hacía un par de horas y su cara ya no reflejaba en el cristal el tostado aspecto de los meses estivales. No pudo evitar un sentimiento de melancolía…
-siempre me pasa lo mismo, en invierno deseo el calor y en cuanto acaba el verano quiero volver a disfrutar del placer de sentirme arropada por un precioso abrigo. Tengo que comer algo.

La luz procedente del frigorífico enmarcó su cara angulosa, y sus ojos verdes parecieron reflejar el resplandor al interior, devolviendo el color a los alimentos.No tuvo tiempo de girarse, el golpe le dejó atontada y cayó de bruces sobre el suelo de la cocina, golpeándose la nariz y dejando un reguero de sangre al ser arrastrada por el pelo. El hombre la levantó como si se tratara de una pluma, le puso un pañuelo en la boca y le cubrió la cabeza con una bolsa de plástico. La puso boca abajo sobre la cama y le ató, pies y manos, a las patas. Intentó respirar pero solo sentía como el material plástico se introducía por su boca. Estaba a punto de perder el conocimiento, pero el agresor perforó la bolsa a la altura de su nariz. Respiró con desesperación como si hubiera salido de una inmersión en apnea y se sintió aliviada. Sólo fueron unos segundos, después un terrible dolor recorrió sus entrañas durante horas, hasta que su vida se borró como la espuma elimina las huellas en la playa.
Aquella noche, cundo regresó a casa, le deparó una visión dantesca que, ni en la peor de sus pesadillas, hubiera imaginado. Estaba sobre la cama, en un charco de sangre que chorreaba enlazando las blancas sábanas y la moqueta de la habitación.Semidesnuda, con la ropa hecha jirones y con la cabeza cubierta por una bolsa. El cuerpo estaba lleno de profundas marcas y en su sexo tenía introducido algo, que parecía un instrumento médico, de los que se usan en las exploraciones ginecológicas. Sobre la espalda, como si estuvieran grabadas con tipografía, tenía marcas de letras o signos, que debido a las heridas, no era posible distinguir con claridad. Las manos y pies estaban atados con cable eléctrico de cobre, retorcidos con tal fuerza que llegaban a lacerar la carne y clavarse en el hueso. En el suelo encontró un fleje metálico de color negro tornasolado, de los que se usan para embalar con máquina, con una empuñadura hecha de esparadrapo enrollado en un extremo, que, seguramente, había servido para azotarla hasta desangrarse lentamente. Se quedó paralizado; ni tan siquiera lloró, ni esbozó una mueca…ni un sonido. Salió de la habitación y se sentó en un sofá con la cara entre sus manos. Pasaron varios minutos hasta que su mente asumió la realidad y pudo marcar el número de emergencias en su teléfono móvil.
-Han matado a mi mujer, en casa…¡es horrible!
-Dígame su nombre y dirección, no toque nada. La policía y los servicios de asistencia estarán ahí en unos minutos.

En un gesto de personalidad, tomó su cámara y lo fotografió todo. Tanto el cuerpo como el estado de la habitación. Quería estar seguro de que no era una pesadilla. Se acurrucó en un rincón y sintió como el corazón le dolía. No era un dolor afectivo, era un dolor muscular, como si alguien agarrara sus testículos con una presión constante.

LA DUDA
Desde su precioso ático en el Barrio de Salamanca, en las noches de silencio, podía escuchar las conversaciones de la gente que pasaban por la calle, cinco plantas más abajo. La terraza ocupaba toda la fachada del edificio y le parecía increíble que la acústica le hiciera partícipe de los secretos de los viandantes, que contaban sus historias al amparo de la noche. Tenía la sensación de ser parte de una confesión. Como el párroco que escucha al otro lado de la rejilla del confesionario. Carmelo leía embelesado. Le tenía enganchado la trama de la novela que le habían recomendado. Este verano no era excesivamente caluroso, pero esa tarde el cielo tenía un aspecto plomizo y tormentoso. Hacía bochorno y parecía que el cielo amenazara con abrazar la ciudad. Sintió como una gota de sudor acariciaba su cuello ayudada por la gravedad. Su mente se distrajo por un momento y una imagen se hizo real ante sus ojos. Igual que si estuviera impresa sobre las páginas del libro. Sucedía pocas veces y no conseguía saber si era un recuerdo o una vivencia real. De lo que si estaba seguro es del sentimiento de felicidad que le embargaba. Podía apreciar como su respiración agitaba el vello de su pecho, igual que el viento agitaba los álamos de su pueblo cuando aún era un niño. Sentía el peso de su cabeza sobre él y el silencio. Un silencio que le hablaba a través del contacto con su piel. Como cuando te tiendes boca arriba en el agua y el cielo te habla. Una lágrima se deslizaba acariciando el valle entre su pecho y el vientre, hasta depositarse en el hueco de su ombligo, como el barco que atraca a salvo de las tempestades. Nada más.
-¿será posible que haya olvidado algo?. Puede ser un deseo inconsciente de felicidad o una falta de afecto o quizá un momento pasado que yo haya idealizado. Si pudiera ver su cara es muy probable que pudiera asociarlo…¡joder! -respiró profundamente y el perfume de su pelo le hizo entornar los ojos-. No puede ser tan real…no puede ser. Después volvió a su lectura hasta que le venció el sueño.

Algunas veces, al despertar, le costaba discernir la realidad. Tenía la sospecha de haber estado realizando algo en otro lugar, algo de lo que no era consciente. Era como ver una fotografía que has realizado y en la que a la vez estás presente. “no, no es posible” – se repetía siempre-. Por alguna razón esa duda le causaba inquietud. No quería pensar que tan solo fuera un sueño.

(Continuará)

Romance de Delgadina

Este romance está recogido de la versión oral de Pilar Tejeda Martín, abuela del autor del estudio, Luis Miguel Gómez. Según cuenta, Pilar la escuchó por primera vez en Vega de Santa María (Ávila).

Garridohttp://www.culturaspopulares.org/textos4/articulos/gomezgarrido.pdf

Tiempo ha, que por la nuestra comarca, La Moraña verde y llana, entre caminos de arrieros y pinares piñoneros, mendicantes y ciegos copleros, vendían, de sus labios, romances dichos o en pliegos.

Romance de Delgadina

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Un padre tenía tres hijas
más hermosas que la playa,
y la más chiquirritita
Delgadina se llamaba.
Un día, estando en el campo,
su padre la remiraba:
–¿Por qué me remiras, padre,
y tan atento en la cara?
–Te remiro, Delgadina,
porque has de ser mi enamorada.
–No lo querrá Dios del cielo,
ni la Virgen Soberana.
–¡Andad, todos mis criados,
a Delgadina a encerrarla,
en un cuarto muy oscuro
que no tenga ni ventanas!
Y no dadla de comer
más que sardinas saladas,
y no dadla de beber
más que zumo de retama.
A eso de los ocho días,
Dios la abre una ventana;
desde allí ve a su madre,
que está barriendo la casa:

–¡Por Dios, madrecita mía!,
¡Por Dios, un vaso de agua!,
Que el corazón me lo pide,
y la vida se me acaba.

–Te lo daría, Delgadina,                        pero de muy buena gana;                    pero si padre se entera,                              la cabeza nos cortara:                                 a ti, porque lo bebías,                                  y a mí, porque te lo daba.

Ya se mete Delgadina,
tan triste y desconsolada.
A eso de los quince días,
Dios la abre otra ventana.
Desde allí ve a su hermana,
que está fregando la casa:

–¡Por Dios, hermanita mía!,
¡Por Dios, dame un vaso de agua!,
que el corazón me lo pide,
y la vida se me acaba.

–Te lo daría, Delgadina,
pero de muy buena gana;
pero si padre se entera,
la cabeza nos cortara:
a ti, porque lo bebías,
y a mí, porque te lo daba.

Ya se mete Delgadina,
muy triste y desconsolada.
A eso de un mes,
Dios la abre otra ventana;
desde allí ve a su padre,
paseando por la playa:

–¡Por Dios, padrecito mío!,
¡Por Dios, un vaso de agua!,
Que el corazón me lo pide,
y la vida se me acaba.

–Te lo daré, Delgadina,
si eres mi enamorada.

Ya se mete Delgadina,
muy triste y desconsolada.
Y a eso de un mes y medio,
ya doblaban las campanas.
Se preguntaba la gente:

–¿Por quién doblan las campanas?

–Doblan por Delgadina,
que ha muerto desconsolada.

Y debajo de Delgadina
hay una fuente que mana;
y la Virgen la está guardando
con su manto de plata.
–Padre, por ser mi padre,
por Dios, una jarra de agua,
que el alma tengo en un hilo
y el corazón se me arranca,
y de aquí en adelante
he de hacer lo que usted manda.
–Alto, alto, los mis pajes,
a Delgadina a dar agua.
Unos por las escaleras
y otros por las ventanas,
unos con jarras de oro
y otros con jarras de plata.

Un padre tenía tres hijas
más hermosas que la plata,
y estando un día en la mesa,
se enamoró de Lisarda

Este es un homenaje a los que recogen los recuerdos y los guardan con celo. A nuestros ancestros, que boca a boca, por no tener ni tinta ni pluma, ni alfabeto ni in/cultura, muchos días, a la luz de la lumbre iluminaron nuestros ojos, nos abrieron la boca y nos hicieron amar las palabras. A aquellos que recorrieron los pueblos de La Montaña, y que, en cada plaza, al menos una vez en su vida, cantaron romances, trovaron versos, cuentos y fantasías, para alegrar las duras jornadas de tantas abnegadas y humildes gentes.

M. Sender

 

La viuda de La Moraña

Y de cómo llegó la familia Yepes a Fontiveros…

Fontiveros_convento_Carmelitas_calzadasAl parecer vivía en Fontiveros una mujer conocida como la viuda de La Moraña, dueña de un pequeño taller de tejer. Según figura en los libros de contaduría de don Hernando, cumplidora con sus pagos y que contaba con el aprecio de la familia Yepes, que como sabemos se dedicaba al negocio de los paños.

Un domingo de verano, se encontraba Gonzalo en Fontiveros, camino de Arévalo, para arreglar algunos asuntos del negocio con la viuda de la Moraña, cuando entró a una pequeña iglesia de un convento de Carmelitas, aprovechando la fresca de la mañana. Al lado de un ventanal, una bella joven sentada a su lado, le sonrió a modo de saludo. Gonzalo, prendado a primera vista, con el respeto hacia el piadoso lugar, no podía dejar de mirarla de reojo. La joven vestía una mantilla que enmarcaba su rostro y seguía el oficio con devoción. Acabada la misa, la muchacha salió apresuradamente, no sin antes hacer un gesto de saludo a Gonzalo, que, a duras penas, contuvo su deseo de salir corriendo tras ella. No dudó Gonzalo en hacer coincidir su próximo viaje a Fontiveros, en domingo y a la misma hora. Y acertó: allí estaba la misteriosa joven, junto al mismo ventanal. Iluminado por un sentimiento al que no podía dar explicación, decidió quedarse el lunes y preguntar a la viuda por la joven que había atravesado su corazón. Sin duda, la viuda, que conocía a todos los habitantes de nuestro pueblo, le daría razón. Al día siguiente, Gonzalo, se llevaría una grata sorpresa.

Nada más entrar al pequeño telar de la viuda, se encontró de espaldas con la mujer que le traía a mal traer. Ella se volvió para ver quién entraba y le dirigió la misma sonrisa que le dedicó en la iglesia la primera vez. No entendía cómo no se había dado cuenta antes de tanta belleza y lo achacó a la vestimenta: su pelo recogido por una pañoleta y la bata de trabajo, como tejedora.

Catalina Álvarez, que así se llamaba la joven, era natural de Toledo, huérfana de padre y madre, recogida bajo su protección por la viuda, amiga de sus difuntos padres. Gonzalo no dejo domingo de guardar sin ir a misa, dónde la joven le esperaba a la puerta de la iglesia. Juntos caminaban hacia el telar de la viuda, la cual, sabiendo que el joven Yepes era el favorito de don Hernando Aguilera, destinado a casarse con una de sus hijas, no sospechaba de las intenciones de Gonzalo. Así, durante un tiempo, la viuda le habló de las virtudes de Catalina, incendiando, sin saberlo, cada vez más, su corazón.

El joven Gonzalo, recorrió la distancia que separa Medina de Fontiveros, en una nube, en un sin vivir, por encontrarse con Catalina. Hasta que un día la viuda, sospechando que el propósito del joven, era tan sólo un amorío destinado al placer carnal, le hizo saber que Catalina no merecía eso, aunque comprendía que un comerciante de buena familia intentará atraer a una pobre huérfana. Ante la actitud de ofendido de Gonzalo, la viuda le preguntó: “¿No estaréis pensando en desposarla?”. La afirmación del joven irritó a la viuda que temió ofender a la familia y perder a uno de sus principales proveedores del género necesario para su taller. Así que, tajante, le ordenó al joven Yepes, que no volviera por allí, nunca más.

Cuando le advirtió a Catalina de sus ilusas esperanzas, del compromiso de Gonzalo de Yepes con la hija de don Hernando, la respuesta de la joven fue tajante: “tía, Gonzalo no tiene compromiso, aún ni tan siquiera don Hernando se lo ha propuesto. Yo le amo desde el primer día que le vi entrar, aunque él no se fijara en mi. Observaba cada uno de sus gestos, su agraciada palabra, sus maneras. Con disimulo, pues nunca pensé que se fijara en mi. Mientras arreglaba cuentas con usted, yo no perdía detalle de su visita.” El asombro de la viuda le dejó sin habla ni argumentos.

Así fue como el futuro padre de San Juan de la Cruz, recabó en Fontiveros.

Las fuentes de este pequeño relato han sido: Los amores de San Juan de la Cruz, de José Luis Olaizola. Interesantísimo y ameno libro, que cuenta la historia con todo detalle.

Mario Sender

 

Los ojos de la luna.

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¿AMANTES?
Dice la tradición, que una amante es un privilegio de clases opulentas o poderosas (ricos, nobles, Reyes, Papas, etc). Mujeres jóvenes que solían ser mantenidas y cuyo placer era exclusivo del “poderoso” a cambio de un bienestar social y económico difícilmente alcanzable de otra manera.
Esta es la carta de una de ellas, en agradecimiento a su amante de toda la vida:
“Mi querido amante:
Aún recuerdo aquella primera vez. Mis dudas sobre tu aspecto, lo intrigante de cuál sería tu actitud al verme, frente a frente, tus ojos buscando entre la gente y mi sorpresa al encontrar a un hombre joven escondido entre la edad y la experiencia. Siento al escribir, como mi corazón se acelera, mi pulso se vuelve tembloroso y aquellos minutos de miedo.
Ya sabes mi amor, que mi imaginación no se corresponde con las palabras que tanto te excitan, que quiero darte y sentir lo que nunca fue con otros, y, eso, podría ser frustrante. Todo desapareció en aquella habitación fucsia, bajo tus expertas manos, iluminado por tus ojos, mi cuerpo tembló, mi garganta gimió y, frente la espejo, me sentí la mujer más deseada y guapa del mundo. Si viviéramos en otro siglo, si tú fueras un poderoso caballero, me dejaría encerrar en una torre de marfil y ser tu “mantenida”. No necesito cosas materiales, ni comer, ni beber, ni lujos, ni joyas, ni oropeles. Sólo ser tu tesoro. Vivir entre tus brazos, escuchar mi nombre, alimentarme de tu deseo, beber el placer de sentirte dentro de mi, entre mis piernas o, cada minuto, soñar tus recuerdos. Amor mío, no necesito nada más que saber que me quieres, no te necesito cada día, imposible sería, pero si saber que nunca me olvidas. Y, lo sé.
Siempre tuya, Leo. ”

Emocionado, Maurice, le responde:

“Mi preciosa amante:
Nunca imaginé que las palabras y el deseo fueran capaces de crear algo como tú. ¿Te acuerdas cuando te dije que, cuando nos encontráramos, sería la tormenta perfecta?. Te vi aparecer, brillante como un relámpago en la noche oscura, que impactó en mi corazón sin matarme. Aquel día no fue cualquiera. Una corriente eléctrica entró por los dedos de mi mano y continúa recorriendo mi cuerpo en un bucle infinito. A veces excita mis pies, otras mueve mis manos en tu busca, muchas, mis ojos te imaginan en cualquier lugar. No fue la tormenta perfecta por que hay que aprender a tocar las olas. Un día, mi barca aprendió a navegar entre las curvas de tu cuerpo, a tensar las velas de tu deseo, a soportar la calma chicha, ausentes tus suspiros…y así poco a poco, mi preciosa amante, a falta de bienes materiales, encendí una hoguera. Lo peor es entender que el fuego es lento, pero que, cuando la temperatura alcanza su cenit, nada es capaz de pararlo. Es cuestión de mantener las brasas, que el calor sea el suficiente, que el fuego no se apague.
Desde entonces, desde aquella primera vez, he acumulado una montaña enorme de leños caliente, de troncos grandes y pequeños, que pacientes, esperan alimentar tu fuego. Busco, entre todos, ése que, entre el fuego de tu cuerpo, jamás se consuma, brasas calientes como tu lengua, llamas que incendien mis ojos, cenizas incombustibles que formen un lecho de cielo o infierno.
Nada hay que pueda regalarte, nada tan valioso, como dejarme decir: te quiero. Contigo soy Rey, Poderoso, Opulento por tenerte, pecador como el más célibe de los Papas, rico por tu tesoro…”

Las dos misivas fueron encontradas en la espina de una rosa, en un jardín cualquiera, de un pueblo imaginario. Al parecer, su autor, pasó decenas de años, escondido en los ojos de la luna.
Mario Sender

 

La serpiente de metal

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LA SERPIENTE DE METAL
Al fondo, el oscuro túnel se traga y vomita serpientes con su vientre hinchado. Mientras esperas imaginas. Hasta que un rugido se acerca y se detiene junto a ti, para abrir su panza y mezclar tu ser con esa amalgama de “comida” inclasificable. A mi lado, esperando ser devorado, un hombre habla en árabe. Lleva dos mochilas, una en la mano y la otra a la espalda. Son abultadas y su piel cetrina le delata. Podría ser un simple trabajador en cualquier obra en construcción, el dueño de algún locutorio o uno de esos terroristas que siembran el pánico y la confusión. Podría ser cualquier cosa, incluso nadie.
Muy cerca, una madre cobija a sus tres hijas, de distintas edades. La madre tiene el pelo rizado, las dos más pequeñas también, solo la mayor luce su melena lisa y rubia como el trigo. Destila adolescencia y a pesar del frío, su corto jersey deja al descubierto un pequeño orgullo: su piercing umbilical.
Dos asientos más allá, un sacerdote hojea un libro, quizá de salmos, a la vez que consulta otro, abierto por una página: Carta I de San Juan. Enfrente la rubia adolescente se hace “la mayor”.
El sacerdote parece estar en “una nube”, su nube. Lleva una sotana larga, pelo corto y gafas. Sus manos regordetas toman notas en latín. Ni tan siquiera ha levantado la vista desde que me senté. También lleva un abultado bolso de viaje, pero ni su aspecto, ni su silencio y menos el latín, despiertan ninguna sospecha, ni invitan a tomar ninguna precaución.
La rubia adolescente deja claro que es la mayor, incluso no le importa que su habitación sea morada. La pequeña insiste: “somos mayoría”… no tiene que ser lo que tú dices”…”tú no tienes voto para hablar -réplica la rubia-. El diálogo intergeneracional, termina por acentuar la rebeldía de la pequeña, callada en última instancia por su madre, de forma radical, para evitar tener que argumentar contra la evidencia: los pequeños nunca tienen razón, pues su mente aún no ha sido debidamente “educada”. Nuevos Ministerios. El vagón vomita para continuar su marcha. La pequeña intenta enternecer a su adolescente hermana, sentándose en sus rodillas. La hermana intermedia, pena observando por la ventanilla el sin fin de líneas que recorren la piel del túnel. Esta en otro mundo, ni es pequeña, ni tampoco lo suficientemente mayor. Está en tierra de nadie. Sol. Ya no hay sacerdote, ni la familia femenina.
En el pasillo, tres orientales abrazan sus maletas; están muy juntos, como con miedo a perderse. He vuelto junto al hombre árabe. Está solo, con sus mochilas negra y roja, entre las piernas. Atocha: las mochilas negra y roja, salen por la puerta, se quedan los orientales cargados de maletas, con sus ojos extraviados y las manos crispadas sobre sus equipajes. Atocha es una estación fría, cercanías es gélida, se agradece el tumulto de gente esperando a la gran serpiente. Paseo a lo largo del andén para mitigar el frío. Las voces en varios idiomas se mezclan con la megafonía. Pienso en mi infancia, intento recordar la primera vez que escuché otro idioma, pero no lo recuerdo. Sin embargo, la memoria me dibuja un viejo álbum: las razas humanas. Me encantaba. Era como viajar a un mundo diferente. Ese mundo que ahora me acompaña. La panza que traga está llena de raza negra, caucásica, amarillos y aceitunados. Me da un poco de pena, a mi me gustaban de otra manera: con sus coloridos vestidos, sus pinturas de gala, su sonrisa de felicidad y sus hábitats humildes “incivilizados”. Tengo la sensación de que algo se perdió por el camino. Tengo mis dudas de si alguna vez tuvieron envidia de lo que nosotros llamamos civilización occidental. Quizá cometimos un error, ¿les “infectamos” de prosperidad…o les arruinamos la vida?. Miro al fondo del vagón donde dos hombres altos, de raza negra, sujetan sus manos a la barra. Uno lleva guantes de lana, quizá los mismos que uso para saltar la valla y que ahora ocultan las heridas de las concertinas. El otro es elegante, bien vestido, las manos cuidadas, los zapatos limpios… No se distinguiría de cualquiera. Pero es negro. Esto me hace reflexionar sobre esta idiotez: ¿es diferente un blancuzco sueco de un moreno andaluz?, y la respuesta es si y no. Son diferentes porque uno es sueco y el otro español… pero no por el color.
Vicálvaro. Tengo hambre. El tren me acerca para realizar un acto, no al alcance de todos: comer.
La serpiente de acero me vomita al gélido día… en TV escucho una inquietante noticia: “… Aumenta el negocio del alquiler de balcones, en Madrid, …”. No puedo dejar de sentir tristeza e impotencia. ¿De verdad tenemos derechos? ¿Se puede vivir en un balcón?

Mario Sender

 

 

 

Efecto MUÉRDAGO

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EL EFECTO MUÉRDAGO
Manyn conducía otra vez con esa extraña sensación. La lucha interna que tantas veces le había invadido. Las líneas se sucedían intermitentes frente a sus ojos, mientras sus manos se mantenían fijas en el volante. Era sencillo, tan solo tenía que dar media vuelta.
Todo empezó esa tarde atípica, de un día atípico. Se levantó, se duchó y se vistió, también, de una forma poco usual para su trabajo habitual. Así que el comienzo, no pudo ser más premonitorio.
Manyn acabó su jornada antes de tiempo, tuvo esos sentimientos, antes de tiempo y también sintió ese especial cosquilleo… demasiado tiempo. Hacía años que padecía el efecto MUÉRDAGO. Y, aquél día, aquella tarde, le invadió.
Empezó a media tarde, con un par de miradas de soslayo, dos entradas por la puerta de cristal, dos sonrisas inocentes y su voz: “soy yo… ” El efecto MUÉRDAGO le envenenó los labios con su mirada de chocolate. Fue tan sólo la primera vez… antes de que su mano agitara aquel vidrio de contenido espumoso envenenado con los labios de la tentación… fue como si le atara con el deseo de la pasión. Pero, como otras veces, un poco más tarde, la ilusión desapareció.
Y, entonces, aún atrapado en el otro lado, se dejó llevar por esa mano que le guía por ese espacio vacío, inconfesable, que libera su otro yo.

Estaba sentada, escondida en la penumbra, invisible, esperando… ¿a que alguien la encontrará?. Una sencilla presentación, dos palabras, nada más. Ni tan siquiera se fijó en ella…

Media hora después, estaba sentado a su lado, sin saber cómo ni por qué. Y, otra vez, aquella sensación especial, dos veces en una sola tarde. Rubia como la cerveza, picante como un jalapeño, sutil como un beso de hermanos y segura como el Everest. Sandy desplegó las faldas de su montaña, lanzó las cuerdas de escalada, apartó las nubes y, en un gesto de soledad, le enseñó la ruta de sus labios. Faltaba muy poco para llegar a la cumbre. Sandy estaba dispuesta a dejar que Manyn lo intentará, incluso lo deseaba. Manyn solo debía hacer el último esfuerzo: solo tenía que girar las manos del volante, volver, recogerla en sus brazos y besarla.
Mientras conducía, recordó un detalle, que quizá sólo fuera su imaginación: en el dedo de su mano izquierda, Sandy, llevaba un anillo… con semillas de muérdago. Las manos en el volante no se movieron. Su mente envenenada no dejaba de enviar esas señales que le embriagan: belleza, rareza, deseo, tentación….
Luego pensó en ella. La única que consiguió vencer el EFECTO MUÉRDAGO.
Las puertas del garaje se abrieron como dos alas, solo, Manyn apagó la luz.

Mario Sender

 

 

El Viajero Estelar, bitácora 2017-24:12:00 LA ÚLTIMA NAVIDAD.

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Ilustración Mario Sender ©

El Viajero Estelar, bitácora 2017-24:12:00 LA ÚLTIMA NAVIDAD.
Solsticio de invierno, año terrestre 2017. La sonda recorrió el cielo dejando una estela al penetrar la atmósfera. No era más grande que un balón de basket y sus luces, preparadas para la ocasión, parpadeaban en la oscura noche.
Su objetivo: comprobar la evolución de la especie.
Era el 358 día de la traslación terrestre y la ciudad elegida brillaba en una cúpula de luz, fuera de lo habitual. Las calles parecían ríos de luciérnagas de mil colores y las primitivas máquinas se detenían o avanzaban, al ritmo rojo o verde.
El bullicio recorría las aceras, las miradas atravesaban los cristales de las tiendas, los dedos de los niños señalaban sus ilusiones y las bolsas chocan entre sí, repletas de regalos. Parecería un día cualquiera, pero no. La sonda introdujo las coordenadas temporales en el comparador; era Navidad. Eso lo explicaba todo. Era una felicidad circunstancial.
Sus sensores se dirigieron al otro lado de esa cúpula de luz de colores. A poca distancia, también era Navidad, allí no había luces de colores, tampoco los niños señalaban sus escaparates de ilusiones, no había luces verdes y rojas, el bullicio de la compras había desaparecido y las calles no estaban habitadas por luciérnagas de colores.
Miró a través de la pared de lata, dentro, alrededor de una lumbre, un hombre y una mujer charlaban:
-No sabes como me gustaría hacerte más feliz cariño. Quisiera poder darte ese hijo que tanto anhelas. Trabajo como un animal, ahorro, pero no podré conseguir el dinero suficiente para el tratamiento, antes de que tu fertilidad desaparezca.
-Nunca te he pedido nada mi amor, no me quejo, no quiero la riqueza de los pobres, ni el corazón de los ricos. Y estoy dispuesta a esperar, a confiar en ti, con la esperanza y la seguridad de que, algún día, tendremos ese regalo que nos hará la pareja más feliz del mundo.
Por la calle, iluminada sólo por la luz de los ventanucos, una solitaria rata, flaca y vieja, se tambaleaba entre la pobreza.
El hombre tomó a la mujer entre sus brazos y la besó eternamente. La sonda dirigió un microscópico sueño que entró por la pupila de un “te quiero”.
Aquella noche el Viajero Estelar, decidió sembrar la primera semilla de una nueva especie. Quizá dentro de otros 3000 años, a su regreso, él pequeño planeta azul, podría salvarse.
…La sonda se desprendió de la antena del “Pirulí”, bajo la mágica mirada de los niños, que, incrédulos, señalaban con sus pequeños dedos hacia el cielo.

Mario Sender

El Viajero Estelar es una serie que cuenta como, un”creador” de vida, visita la tierra para comprobar su evolución, con el fin de decidir sobre su futuro.

El Destino.

EL DESTINO

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Ilustración: M. Sender

Cruzó el cinturón de asteroides en un alarde de habilidad. Ahora su reto era desafiar los anillos de Saturno. No fue difícil para un ser como él. Aprovechando la gravedad de Titán y Encélado, curvó el espacio…y allí estaba, el planeta buscado. Azul y resplandeciente, flotando como una gota de rocío en el envés de una hoja. Se bañó en el campo magnético de las olas de la aurora para dibujar los ojos en la cara de su amada.
El ser, después, creó los átomos de su suave piel, los sonidos de sus gemidos, las curvas de sus caderas, las manos que le acarician, sus piernas de paseo, los besos en sus labios, los orgasmos prohibidos y el deseo entre sus piernas inquietas…
Finalmente, se escondió en el pico de una cigüeña, debajo de su almohada, en las letras de sus libros, en su mirada.
M. Sender

 

EL MUSEO Y LA DAMA

EL MUSEO Y LA DAMA

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La Condesa de Haussonville, J.A.D. Ingres

Hay dos cosas que le atraían de los museos: las maravillas que cuelgan de sus paredes y observar como la gente las mira.
Cuando atravesaba esas puertas era como entrar en otro mundo. Imaginaba las manos del artista y sus ojos críticos hablando a los lienzos blancos. El olor de la trementina, los pigmentos, la luz de los ventanales de un estudio parisino y la soledad de los pinceles esperando acariciar de nuevo la tela. Le gustaba ir solo. Aunque casi nunca lo hacía, la compañía era accesoria. En el museo reina la paz, se respira el silencio de la voz interior. Él podía escuchar esas voces. A veces se sentaba en uno de los bancos de piedra de la galería principal y observaba como la gente pasaba delante y detrás de él. Otras, fijaba sus ojos en un punto de alguna obra, recorriendo el mundo enmarcado, mientras escuchaba a cualquier pareja sentada a su lado. Después de tantos años sumido en la monotonía, de esfuerzo inútil, le parecía que estaba perdiendo el tiempo, que algo faltaba en su vida. Aunque ni tan siquiera él sabía qué.
Quizá le gustaban demasiadas cosas, quizá era un indeciso, un inconformista. Le atenazaba esa sensación de ansiedad, que no podía identificar.
Aquel día estaba absorto contemplando la exposición de Ingres. Hechizado por la belleza de la Condesa de Haussonville, hipnotizado por esa mirada de amante secreta; la blancura de su piel y el inimitable tono azul de su vestido pomposo. Admiraba la maestría con la que estaba tratada la tela de raso, sus pliegues perfectos, el detalle de sus joyas y sobre todo sus ojos. Su mirada mágica. Nunca podría imitar a los grandes maestros, nunca. Pensó en Ingres contemplando esa belleza, acariciando la tela, colocando ese gesto y pidiendo a la condesa que le mirara como solo ella sabía. Como lo haría en sus encuentros secretos delante de su amante, antes de que sus labios y sus dedos se perdieran en el océano blanco y cálido de sus pechos. Por algo la condesa no era una dama cualquiera: liberal, artista, independiente y amante de la literatura y la música. Sin duda una belleza y actitud muy rara para su época.
Un olor a perfume le sacó de su aturdimiento. Delante de él, una mujer de pelo negro y corto, contemplaba la misma pintura. Era menuda, ya en la madurez, con una bonita nuca enmarcada por su blusa amplia y de fina tela. Estaba a tan solo unos pocos centímetros, casi podía sentir su respiración. Volvió a mirar a la Condesa mientras inspiraba ese perfume único e inconfundible. El precioso cuello reflejado en el espejo de la pintura lo tenía ante sus ojos. Se acercó un poco más, hasta rozar sus pantalones ajustados y sentir el roce de su cabello en la cara y poder admirar la nuca de la dama. Por un momento la respiración se hizo una y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Acercó el dorso de su mano a los azules de su blusa y se dejó mirar por los ojos de la Condesa, que parecían decirle…bésame.
La mujer giró levemente la cabeza esbozando una sonrisa y comenzó a caminar, no sin antes mirarle con unos ojos que no olvidaría nunca.
Aquella tarde, la Condesa, no dejó de mirar a los dos amantes. Con gusto hubiera cambiado su vestido de raso por esa blusa azul, sus ojos por los de la dama, su suave y blanca piel por la seda de sus muslos y su riqueza por la pasión y el amor de una discreta habitación de hotel.
El hombre aturdido, se sentó en el banco del parque, acercó la tela de su camisa y la olió. No había duda, era su perfume, era real. Era su dama del museo. Ya nada volvería a ser igual. Siempre le acompañaría la ansiedad… Pero ahora sabía que era.

Mario Sender

Dedicado a mi amigo Carlos Mata y a los amantes del arte.

 

 

Hideki y el último té

Ese día Marita se encontraba perdida en alguna página de “Retrato de una Dama”, de Henry James. Fue una primavera de esas, donde los cerezos florecen antes y el sol dibuja claros entre las flores, sobre la alfombra verde de los arrozales. Todo parecía una pintura de Monet, cuando el timbre la sacó de sus pensamientos. El mensajero extendió la tablet y firmó el recibí a cambio de un pequeño paquete. Su origen no le resultó desconocido al estar escrito en japonés, un idioma que le parecía imposible aprender. Su olor sobresalía a través de los poros del delicado envoltorio; un precioso papel de arroz decorado a mano con flores de cerezo. Lo acercó a su nariz y el aroma dulce e intenso le hizo volar sobre las montañas de Kioto. Sobre la cuidada etiqueta, la caligrafía manuscrita indicaba el contenido: Té Ujicha (Kioto). Impaciente abrió el bote de bambú. Su color verde intenso y su finura eran exquisitos. Metió el meñique y lo saboreó. Era tal como lo recordaba, dulzón e inigualable. Desenrolló el pequeño pergamino escrito en un básico inglés, mientras el agua hervía:

“Mi querida okusan, no puedo olvidar aquel viaje hace ya muchos años. Entonces quizá fuera demasiado joven para apreciar tanta belleza, oculta por mi deseo. Ahora que la edad ha pintado mi cabello del color de esas flores, me arrepiento de no haber disfrutado de esos paseos iluminados por tu sonrisa, no haber besado el suelo que acariciaron tus pies y no haber sido capaz de abrir tu corazón para saborear tus sentimientos. Me queda poco tiempo y ha llegado el momento de aprovechar cada segundo de mi vida. Aquel día, cuando paseábamos por la senda que conduce a los recolectores de té, dónde se prepara el tencha, mientras admiraba tus piernas saltando de piedra en piedra, quizá fuera uno de los más felices. Era tu último día en Uji y tenía la esperanza de que la ceremonia del té ablandara tu corazón y nada acabara. Te escuché, intenté decirte lo que no pude, te ofrecí mi vida en aquel cuenco de té y no pude entender tu negativa. Después de tu marcha, hablé con nuestro amigo James san y lo entendí todo. Fue un impulso irrefrenable, cegado por los celos. Sé que fuiste feliz, incluso en tu soledad. Ahora que eres libre volvería a pintar tu cuerpo con un kimono de seda, a disfrutar de la sombra de tu cuerpo y probar esos labios con el sabor del Matcha. Pero ya es tarde mi amor. Éste es nuestro último té juntos”.

Marita, no pudo reprimir una lágrima. El silbido de la tetera inundó la cocina. La retiró del fuego y se dirigió al precioso aparador japonés que recibía los invitados a su casa. Dentro, en una caja de madera tallada a mano, reposaba desde su viaje a Uji, el juego de té Matcha. Vertió el agua, a la temperatura exacta en el chawan y lo removió con el chase hasta formar una espuma consistente. Lo depositó sobre la bandeja y lo dejó reposar un par de minutos, el tiempo necesario para desnudarse por completo y vestirse el kimono azul eléctrico de seda.
Se sentó de nuevo en la mesa de su jardín, frente al sol primaveral, mientras la taza humeante dibujaba la neblina del monte Fuji y dos lágrimas recorrían sus mejillas hasta la comisura de su sonrisa. Respiró profundamente y cerró los ojos mientras se acercaba el cuenco a sus labios.

“Mi querido Hideki, a veces un momento hace que la vida cambie. Este té, nuestro último té, me hace tan feliz ahora… Qué todo este tiempo pasado, desde aquel día que te dije no, te he querido, aún sin saberlo…”

Marita acarició sus piernas, pensando en la atenta mirada de Hideki; en aquellos ojos oblicuos y risueños, mientras que el kimono acariciaba su piel desnuda, agitado por la brisa. Se pintó sus labios maduros del verde único del Ujicha y dejó que el placer le llevará hasta sus brazos. En el horizonte, los cerezos se fueron cubriendo de deseo.

Cosme García López

 

EL COJO DE CALANDA.

EL “MILAGRO” MEJOR DOCUMENTADO: EL COJO DE CALANDA.

Miguel Juan Pellicer Blasco nació en marzo de 1.617 en la población aragonesa de Calanda, también lugar de origen del gran cineasta Luis Buñuel. Era el segundo de ocho hermanos de una familia de labradores. El suceso que os voy a narrar sucedió cuando Miguel “el Cojo” tenía tan solo 19 años. Durante el trabajo que desarrollaba con un hermano de su madre en Castellón de la Plana, fue atropellado por un carro que transportaba trigo, las ruedas pasaron por encima de la tibia derecha provocándole tremendas heridas. El día 03 de Agosto de 1637 según consta en el Registro fue ingresado en el  Hospital Real y General de Valencia, donde sólo permanece cinco días. Dos meses después de un tortuoso viaje acude al Hospital de Zaragoza donde es atendido por el cirujano Juan de Estanga, Catedrático de la Universidad. Examinado comprueba que la gangrena a empezado a afectar los tejidos y decide amputarle la pierna por debajo de la rodilla, no sin antes consultar con los cirujanos Miguel Beltrán y Diego Millaruelo. Realizada la operación la pierna es enterrada en el cementerio del mismo Hospital.

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En la primavera de 1638 se le dió el alta, se le colocó una prótesis de madera y se le proporcionó una muleta. Mutilado, su existencia transcurre mendigando por la Basílica del Pilar. Durante meses reza y se encomienda a la Pilarica, con devoción extrema. Todos los días se unta el muñón de su pierna con el aceite de las lámparas del interior del templo. Después de dos años practicando la mendicidad por las calles de la ciudad, en 1.640 regresa a su pueblo natal, Calanda. Allí, en casa de sus padres, sucedería algo que cambiaría su vida para siempre.

Una noche, yaciendo sobre el suelo en un improvisado camastro, en la habitación de sus padres -su habitación estaba ocupada por un huesped- estos entraron  para cerciorarse de que estaba bien acomodado. Un agradable olor llamó su atención. Al arropar sus piernas con la manta o cubierta, su madre, sorprendida, ñno daba crédito a lo que veía. Miguel tenía sus dos piernas intactas. Intentó despertarle de lo que parecía un profundo sueño. Cuando lo consiguió, tan sorprendido como sus padres, les contó que estaba soñando que se encontraba en el interior de la Basílica untándose su pierna de aceite como tantas veces había hecho.

En la pierna “reconstruida” se podían apreciar las marcas cicatrizadas de las ruedas del carro, una mordedura de perro y un grano mal curado. La pierna renacida era más corta que la otra y ésto le provocó siempre una ligera cojera durante unos meses, hasta que finalmente pudo andar perfectamente.

Este sorprendente “milagro” es uno de los más documentados, con testimonios de muchas personas involucradas, médicos y cirujanos, sin que haya podido determinarse nada que explique el fenómeno. Quizás en la actualidad sería sencillo: una reimplantación de un miembro amputado, hasta cierto punto, sencillo en el siglo XXI. Pero… ¿era la misma pierna enterrada en el cementerio del Hospital de Zaragoza ?. Lógicamente no podría ser la misma, ya que entre la amputación y el implante habían transcurrido años. Entonces ¿a quien pertenecía la pierna donada?, ¿quién realizó tan extraordinaria intervención?

Quizás si. Pudo ser un milagro. Algo inexplicable o algo que no entendemos.

El día 2 de abril, cinco días después D. Miguel Andreu  notario de Mazaleón, levanta acta notarial de “tan impresionante hecho”. El original de esta Acta con todo el protocolo del año 1640, se conserva en el Archivo del Ayuntamiento de Zaragoza, el 25 de abril Miguel Juan y sus padres llegan a Zaragoza para dar gracias a la Virgen del Pilar.  El Cabildo de Zaragoza remitió al Conde-Duque de Olivares la información del hecho para que, a su vez, la pusiera en conocimiento del Rey Felipe IV. Declaran en dicho proceso: Facultativos y sanitarios (5 personas), entre ellos el cirujano que le amputó la pierna, familiares y vecinos (5 personas), autoridades locales (4 personas), autoridades eclesiásticas (4 personas), personajes diversos (6 personas, destacando a dos mesoneros de Samper de Calanda y de Zaragoza).

protocolo
acta notarial calanda

Acta Notarial

El pañuelo.

EL PAÑUELO

Hacía mucho tiempo que soñaba en blanco y negro. Aquel día vagaba perdido y desorientado por el centro de la ciudad mientras sus pensamientos se inundaban de matices entre el blanco y el negro: edificios, automóviles, árboles, personas…incluso la luz resplandeciente del sol.
Intentó recordar algo que le liberará de aquel inquietante sueño, algo que le devolviera a la vida en colores. Buscó entre los recuerdos de su infancia convencido de que allí hallaría algo diferente, pero no consiguió nada. Todo era en blanco y negro. Había perdido sus coloridos recuerdos y con ellos una parte de su vida. Delante de sus párpados cerrados pasaron los años rápidamente, al igual que sucede en los sueños, en las situaciones de angustia y ante cualquier peligro. El tiempo se expande y se detiene a la vez y sólo en un par de ocasiones tuvo la fortuna de atisbar un fugaz resplandor irisado. La angustia le invadía al sospechar que nunca volvería a deleitarse con idílicos paisajes, atardeceres, flores de mil colores o aquellos días de otoño pintados de bellos tonos dorados. Es verdad que los grises pueden ser seductores, incluso un espectáculo, sin embargo no emocionan, son monocromáticos, monótonos y, comparados con el color… no son nada.
Estaba tan ensimismado que, a la vuelta de una esquina, tropezó con un niño de unos doce años. Llevaba pantalones y camiseta blancos. Le pidió perdón por el atropello y haberle manchado, al hacerle caer al suelo.
-¿De que color es tu ropa? -le preguntó-
-Blanca…¿Es que no lo ve?
-Si amigo…lo veo todo en blanco y negro.
-Soy un niño negro, es normal que me vea así.
-Mi vida es como tú…perdona.
-Quizás no mire usted bien…
Continúo su camino hasta llegar a su coche. Gracias a la posición de las luces podía distinguir el estado de los semáforos. Encerrado en sus pensamientos, miraba a derecha e izquierda buscando cualquier detalle de color. De repente, en la acera de su derecha, observó a una mujer de aspecto frágil, parecía melancólica y caminaba con pasos cortos, aunque aparentaba firmeza y decisión en su mirada. La adelantó y paró el coche. Se bajó y la observó caminando hacía donde él se encontraba. Parecía tener los ojos claros aunque le era imposible determinar su tono. Entonces ocurrió algo extraordinario. Cuando estaba a muy pocos pasos se pintaron de color sus ojos y, a continuación, el pañuelo que llevaba anudado al cuello. La abordó.
-Disculpa, ¿Puedo preguntarte algo?
-Claro. Dígame…
-¿De que color es la ropa que llevas?
-Vaya pregunta, es que no lo ve usted…negra.
-¿El pañuelo también…?
-Bueno… no me creerá, el pañuelo cambia de color dependiendo de quien lo mire…es un regalo de mi abuela. Cuando yo era pequeña, un día, revolviendo en un cajón, cogí este pañuelo para jugar. Ella se enfadó muchísimo. Me dijo que era su pañuelo mágico. Que había pintado su vida de mil colores hasta hacerla inmensamente feliz. Pocos días antes de morir me lo regaló.
-¿Puedo verlo…tocarlo?
-Claro que si.
Cuando tuvo el pañuelo entre sus manos, todo volvió a ser de maravillosos colores. Incluso su cara se iluminó y su carácter agrio y taciturno se volvió jovial por momentos.
-Tu abuela tenía razón, es un pañuelo increíble. ¿No te dijo como lo consiguió?
-Me contó una extraña historia:
Un día tedioso, rutinario, cuando ya tenía cierta edad, absorta en sus pensamientos sobre el deseo y el cariño que tanto añoraba de sus días de felicidad, se encontraba en la terraza tomando el sol del atardecer. Debió quedarse dormida y cuando despertó estaba cubierta por el pañuelo. Tuvo un sueño maravilloso inundado de amor y pasión con un caballero. Lo más increíble es, según me contó, que aquel hombre le regaló este pañuelo en su sueño.
Se pasaba muchas tardes con el pañuelo alrededor de su cuello. Parece ser, que cada día, le transportaba de nuevo junto a su onírico amante. Yo, la verdad, hasta encontrarme con usted no he notado nada raro.
Fue como una revelación divina. Una explosión de fuegos artificiales. Como la adrenalina del primer beso. Igual que si tuviera de nuevo 15 años.
-Gracias, muchas gracias. Guárdalo muchos años. Sin duda es un pañuelo mágico.
Habían pasado muchos años. Seguramente le quedaban pocos de vida, pero, ahora, después de saber que nunca le olvidó, no pasarían como un sueño en blanco y negro.

Fue por casualidad.

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FUE POR CASUALIDAD
Sería muy difícil, imposible, volver y hacerle entender cómo había sido aquella vida juntos, que ella no recordaba.
En el mismo lugar, a la misma hora. Con el mismo café americano, con los mismos latidos, con sol o lluvia, miró cada vagón detenido, en busca de sus ojos y sus latidos.
Cincuenta años después, perdida la esperanza, olvidada en un rincón de su memoria, aquella vida juntos ya no existía. Desapareció el sabor de sus besos, el calor de su piel, las palabras con gemidos, la nerviosa impaciencia del encuentro, el placer del sexo. Ya ni tan siquiera pensó que hubiera existido.
La tormenta empezó de repente. Primero fueron gotas de lluvia que las escobillas convertían en ríos laterales sobre el cristal. Luego granizo. Bajó la música de su radio intentando concentrarse en la carretera. Los pequeños trozos de hielo repiqueteaban sobre el techo metálico. Tardó un rato en darse cuenta, aunque quizá se debiera a su imaginación, aquel sonido le recordaba a algo. La tarde se convirtió en noche y la lluvia, el viento y el granizo, limitó la visibilidad a un metro. Nunca había visto nada igual y decidió parar bajo el puente de la autopista. Refugiado y a salvo del tremendo temporal, paró el coche y conectó de nuevo la radio. Aerosmith sonaba alto y claro ” I don’t want to miss a thing…” . Se sorprendió al identificar el sonido del pedrisco con la melodía de la canción, mientras relajado y a cobijo escuchaba los últimos acordes.
El Sol volvió a ganar la batalla y los claros de fueron abriendo entre las nubes. Arrancó de nuevo el coche y con incredulidad miró a su alrededor. El paisaje había cambiado y no reconocía nada. La carretera era de una sola dirección. Como un río imposible de remontar, el coche avanzaba sin pausa. No había señales que le guiaran, ni ninguna intersección que le permitiera un desvío. En el horizonte, sobre la torre, dos cigüeñas de cortejaban, mientras el café humeante calentaba sus manos. Miró por el cristal por última vez, sin duda eran sus ojos… Sin duda su sonrisa. Observó sus piernas delgadas e inquietas y cerró los ojos. Un último suspiro con sus labios en su boca y la paz de la casualidad.
Ahora sabía lo que era el cielo.
Mario Sender

FontAna, la revista de Fontiveros.

FontAna, la nueva revista de Fontiveros, pone su primera piedra.

Con el mecenazgo del grupo hotelero Fontecruz, un grupo de fontivereños presenta el proyecto de una nueva revista de cultura, arte, fotografía y literatura sobre la historia, vida cotidiana e inquietudes, que recogerá para la posteridad el esfuerzo de todos los habitantes de este pueblo, cuna del místico universal San Juan de la Cruz.

En la recientemente restaurada Ermita de Santa Ana, también llamada de “la banderas”, con la asistencia de las distintas asociaciones culturales de la localidad,la Corporación Municipal  y  colaboradores hijos de Fontiveros, llegados de más allá de los mares morañegos, se presentó el proyecto de esta nueva iniciativa, abierta a todos.

El sol brillaba, los ojos aún más, y, bajo la protección de la preciosa talla de Santa Ana, la bóveda hizo resonar las palabras de ilusión de estas gentes que luchan contra el olvido y la despoblación que azota Castilla; otrora capital del mundo conocido.

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Después de reponer fuerzas en el mesón Juan de Yepes, dónde el cocino morañego, alimenta el espíritu, se celebró asamblea en el Espacio de San Juan de la Cruz, dónde se dió a conocer, a todos los asistentes, la filosofía y el deseo que impulsan está nueva andadura: la participación de todos los hijos de Fontiveros. Con sus ideas, sus inquietudes, sus sentimientos e ilusiones.
Especial mención a los quintos del 48. Su asistencia a los actos, representa la “llama viva” de un pueblo que fue y seguirá siendo referencia en este inmenso mar de nuestra comarca: La Moraña. Ellos son nuestra memoria y nuestra fuerza.
Fuimos lugar de místicos y conquistadores, de nobles y clérigos, de soldados y campesinos… lugar que pisó la realeza…y volveremos al lugar que nos corresponde siendo iguales, pero diferentes.

Mario Sender

El té de loto

El té de loto de Jeong Kwan 
Cuerpo, sensación, percepción, intención y conciencia. Estos son los cinco sentidos, según dice la monja budista Jeong Kwan. Así, también existe otro mundo. El que ella percibe muy lejos de nuestro concepto atropellado, histérico y materialista. Un mundo donde habita el espíritu.

En las montañas de Korea, entre la verde vegetación, en un claro del bosque, habita una monja. Es alguien muy especial, quizá una de esas pocas personas que ha logrado encontrar su razón de ser.  Allí, en el pequeño monasterio, existe un mundo diferente. Libre de egos y lleno de estrellas. Un mundo de ríos que son como una orquesta, de sonidos del alma, de paz. Un lugar donde todo está en armonía, dónde los insectos forman parte de ti, se alimentan de lo mismo que tú, y, de igual forma, eres parte del todo.  No hace falta que el huerto esté perfecto, ni las hojas de las hortalizas intactas, es bello, armonioso e impactante. Es su alimento. La comida imbuida del espíritu del budismo. Es filosofía, el alimento del alma. El ingrediente principal de la maravillosa cocina de monasterio.
Un día, con 17 años, Jeong desapareció sin decir nada. Con tan sólo el billete de autobús, con sus manos vacías, subió despacio la montaña para, como ella dice, ser libre. Sentirse en libertad a través del budismo.  Quizá la única religión no-teista, dónde Dios no es importante. Ser Buda, alcanzar el conocimiento y la comprensión del todo; esa es la meta.
Hay una preparación que me conmocionó al observar a Jeon Kwan llevarla a cabo: el té de loto. Realmente es impresionante por su sencillez y el resultado.
La flor, de unos 23cm de diámetro, reposa cerrada en un cuenco de madera, lleno de agua clara. Es como la vida, limitada y encerrada en si misma. Navegando a la deriva en ese pequeño mundo acuático. Vulgar y encogida, oculta, egoísta, secreta.
Todo cambia en pocos instantes, eternos para nosotros, habitantes de ese mundo donde dicen que el tiempo es oro.  Los dos dedos de madera de Jeong, levantan con lentitud la encogida flor, que llora agua, hasta la última gota, y, como si de otro universo se tratara, la transporta hasta otro recipiente tres veces más grande. Son momentos de una levedad eterna. Sus expertos dedos comienzan a desplegar uno a uno sus pétalos, transparentes, frágiles como alas de mariposas. Uno a uno inundan su nuevo mundo, hasta descubrir el corazón oculto, sus pistilos pintan de color el aire, su perfume cambia el sabor del agua como un milagro. El té, de una transparencia total, es agua, pero no es agua, sabe como si tú vida hubiera cambiado. Un sabor indescriptible que no puedes dejar de beber.  Es el té de la vida. Tan sutil, que casi no hay diferencia. Ese mínimo cambio que, a veces, también hace que nuestras vidas sean de una manera u otra.
Creo que, más de una vez lo he pensado, esa es la verdadera religión. La búsqueda de la paz interior, de la verdad, de la renuncia a lo superfluo, de la libertad individual. Un mundo sin egos.
M. Sender

Deseo astral

DESEO EN LA DISTANCIA
Sentado junto al fuego en su sillón favorito,  observó como las llamas formaban figuras, desvestidas por el humo etéreo. Con la mirada fija en los colores rojo-anaranjados fugándose por la chimenea, inspiró profundamente, despacio, hasta llenar sus pulmones como un vaso bajo el grifo. Después expiró lentamente con los labios entreabiertos, dejando que todos sus músculos se relajaran en una caída hacia la ingravidez del vacío. Cerró los ojos y se liberó de todo pensamiento, incluso de la agradable sensación de calor del fuego.
Allí abajo, fundido con el sillón se encontraba él. Apenas cubierto por el kimono de seda, inmóvil, con la mirada perdida en las crepitantes llamas. A su lado, sentada en el suelo sobre sus piernas, ella, jugaba con sus dedos. Kalia acercó sus manos al fuego y las frotó como solo ella sabe, mientras su mirada perturbadora y ascendente acariciaba los ojos de su amante. Sin levantarse, introdujo sus manos pequeñas y ardientes bajo el kimono que le había regalado. Con suma lentitud recorrió sus hombros y después su pecho. Su respiración era apenas imperceptible, pero sus pezones reaccionaron rápidamente al contacto de las yemas suaves y templadas. Kalia se colocó de rodillas entre sus piernas y abrazada a su torso besó con dulzura sus labios cerrados, su cuello, su pecho…en un río descendente de besos… Nadie lo hacía como ella, tenía ese don especial de transmitir el placer al espíritu.
A trescientos kilómetros, en su habitación de siempre, un calor de chimenea empezó a invadir sus muslos. Hari, suspendido en su mundo astral, observaba.
Kalia en la fuente de sus sueños, acarició sus muslos amantes y, después de humedecer sus dedos entre sus labios, frotó esa protuberancia incandescente imaginando su boca. Su cuerpo se arqueó elevando sus pechos al cielo y su respiración se agitó más y más, hasta que un temblor incontrolable sacudió su cuerpo.
Después, cada uno en su cama, lejos pero abrazados, henchidos de placer astral,
se entregaron a Morfeo.
M. Sender

El viajero estelar. El principio.

Fue un día como hoy. Las nubes grises y panzudas amenazaban con invadir la tierra, difuminando el horizonte. Daba la sensación de que, de un momento a otro, abrirían las compuertas del cielo descargando toneladas de lágrimas. Los cipreses hacían reverencias y los pinos arriaban las velas ante el soplido implacable de Eolo.
Avivé el fuego y miré a mi gente. Era la primera vez que me sentía feliz. Su cara iluminada por las llamas era diferente. Habían desaparecido sus muecas de miedo y sus miradas recorrían las sombras proyectadas sobre la bóveda de la cueva.  Me llevé un dedo a los labios mientras señalaba la enorme cavidad de la entrada. La luz infernal cruzó el espacio iluminando todo. Fue mi primer truco de magia. ¡Boom….! Grite!. El estruendo que vino a continuación les dejo helados. Cogí un tizón y perfilé el contorno de la sombra de mi propia mano. Pronto todos me imitaron y la pared de roca caliza se convirtió en la primera obra de arte de la historia.
No sé bien cuántos cientos de miles de años han pasado desde entonces. Sólo siento, de vez en cuando, ese recuerdo navegando por mi mente, y los ojos profundos y animales de aquella mujer que fue el principio de todo. Con el tiempo, aún me queda la duda sobre la conveniencia de haber prestado a esos seres primitivos un poco de inteligencia.
Cuando miro esa pequeña bola azul y las imágenes que mis sondas me traen cada cinco mil años terrestres, pienso si buena idea despertar a esos primitivos seres.
Me pregunto cuantos miles de años más conseguirán sobrevivir sin destruirse unos a otros. ¿Aún queda esperanza?.
La brisa pastoreó las nubes y el astro rey se reflejó en los edificios de cristal, mientras pensaba si no sería necesario un poco más de “magia” para esas mentes atrofiadas.
M. Sender