Recuerdos de Madrid: Mayflower

Recuerdos de Madrid. De vuelta a Mayflower Pub

mayflower

Hacía tiempo que no visitaba este magnífico Cocktails Bar. Me reitero, no existe la casualidad. Llegué a las 17:45, después de la cita con mi abogado en la calle Santa Teresa y pensé que una forma de matar el tiempo (Mayflower está a cinco minutos andando) sería tomar algo en un lugar que frecuentaba en otras épocas de mi vida. Mayflower sigue teniendo esa estética y atmósfera especial, setentera (se abrió en 1976), algo decadente: señoras y señoras entrados en años, con vestimentas caducas…pero adecuadas para su edad. Se nota el poder adquisitivo de la zona (Chamartín). Sigue teniendo su terraza acristalada y climatizada donde puedes fumar y tomar lo que desees. El mobiliario de la terraza lo han remozado para mal: mesas de plástico y sillas de jardín; un desastre -que manía tiene la gente con poner mobiliario funcional . Afortunadamente el interior no ha sido retocado.

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Al entrar me senté en una mesa de la terraza, en una esquina, de espaldas a la cristalera, desde donde podía observar todo el entorno. Al fondo a mi izquierda, en una mesa, tres señoras entradas en años, sin duda ociosas, discutían sobre los problemas de sus hijos y los diferentes puntos de vista de sus maridos sobre la elección del mobiliario de casa. Me parecen mayores pero…yo estoy ahí, ahí…La camarera tampoco es jovencita, cerca de los sesenta, pero mantiene esa personalidad, esa profesionalidad innata de algunas personas en estos negocios.

Dos personas, hombre y mujer, matrimonio sin duda, están entados frente a mi, al otro lado de la terraza. Junto a la puerta de entrada al interior, ambos de espaldas a la pared. No se miran, no dicen una palabra, la mirada perdida. Aparentan unos setenta y tantos años. Seguramente ya se lo habrán dicho todo y mirado todo. La gente de la terraza tiene aspecto de estatus social elevado, económicamente…al menos. Hay una excepción: en la mesa junto al ventanal, hay un grupo de chicas, no deben tener más de veintipocos años. Quizá menos. Tienen sobre la mesa dos ordenadores portátiles, un Mac color fucsia y otro verde pálido, transparente. Beben vino blanco!!. Esto sólo pasa en Mayflower: chicas muy jóvenes dándole al vino blanco frío, vino de marca, a las seis de la tarde. Visten de manera informal y usan un lenguaje educado y culto, desde luego no son chonis. Dos de ellas parecen gemelas, mismo corte de pelo, raya en medio, media melena, pero…una morena y otra rubia…y van por la segunda botella de vino blanco!!. De las cuatro, la que parece mayor, lleva la voz cantante. Es la única que tiene falda, medias negras tupidas, igual que la falda, y chaqueta gris de punto de corte desigual, amplia y larga. Le obsesiona que le tape el culo. El matrimonio sigue impávido frente a mi. La señora con un mosto y él con un vaso ancho con hielo; esperando hasta que le sirven un Johnnie Walker.

Mientras las cuatro jóvenes discuten sobre un negocio -desconozco los detalles- que quieren iniciar. Todo sin dinero, sin local, pero pensando en la economía de los papás…

Al matrimonio impávido se les ha unido un nuevo personaje: alto, poco pelo, rubio, piel roja, barba rala sin arreglar, chaqueta indefinible de cuadros en clor verde caca. Pantalon similar con vuelta y un abrigo color cámel con forro escocés. Como complemento un bolso de bandolera que me ha parecido de plástico negro. Ahora si hablan. Sin duda lo que les dice es un aliciente para la madura pareja. Dos mesas a mi izquierda se sienta una pareja joven. Lo habitual: teléfono encima de la mesa, miradas al facebook o whassap y conversación…ninguna. Él toma un gin-tonic, élla Coca-Cola light….no, no!!…whisky,  White Label con coca…

La joven mandona cuenta sus citas a ciegas:  …aquel señor mayor, medio calvo, con entradas hasta la nuca…o el joven alto, de buen ver, pero de tres años de edad mental…o aquel otro que le dio un pico a su amiga por equivocación…Dice que mucho mejor…era bajito y soso…”…llevo veintitrés años esperando y esto es lo que hay…”

La pareja joven, es igual que la que ahora habla con el tipo con aspecto de anglosajon. La mitad de años y la misma conversación: ninguna. Estos no tienen perdón…

Las cuatro niñas, en una hora y poco, han dado cuenta de la segunda botella de vino y un paquete de Marlboro, y piden la tercera. Los dos Mac siguen abiertos encima de la mesa.

Mientras, la camarera -las tres señoras del fondo se han marchado- ordena las mesas en fila. Sin duda espera a un grupo de gente. Ahora caigo en la cuenta: es San Patricio…y esto me hace recordar algo que quizá os interese:

Parece ser que, en Inglaterra, en una época (quizá 1854, con la epidemia de cólera en Londres), solo se bebía cerveza y nada de agua para evitar la enfermedad. Se desconocía por entonces que, aunque la cerveza tiene gran contenido de agua, al hervirse, se esterilizaba y eso era el motivo de su saludable consumo.

He disfrutado volviendo a este emblemático sitio del barrio de Chamartin y escribiendo estas impresiones sobre mi vuelta. También hay una cosa que no ha cambiado:

La cuenta sigue siendo alta: dos cervezas Voll-Damm, doble malta, 7€. Aperitivo: unos panchitos (excelentes), aceitunas y patatas chips.

Esto es Mayflower. Siempre merece la pena. Un auténtico Bar inglés de los setenta.

 

 

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