Los primeros colonos.

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Los primeros colonos

Mi padre se llama como yo, y yo me llamo como mi hijo. Quizá pueda parecer una costumbre muy común, pero no es el caso. Mi madre se llama Martirio y, cuando aún era un niño, le decía que era un nombre raro. Recuerdo sus jóvenes y azules ojos sonrientes. Su mirada de complicidad, pero ni una sola palabra ni explicación al respecto. Sin embargo el nombre de mi padre nunca me llamó la atención. Al fin y al cabo lo compartimos. Cuando tuve uso de razón me preguntaba por que mi padre me había puesto su nombre, algo que no llegué a comprender hasta muchos años después.
Mi padre era marinero, como lo fue su padre y también su abuelo.
El mar de “costa da morte”, era mi pantalla de cine. Allí, entre la bruma que las inmensas olas levantan, en el blanco lienzo de la espuma, imaginaba las aventuras que mi abuelo contaba en sus largos meses de ausencia… los calamares gigantes, las ballenas que amenazaban con tragar sus botes arrastradas por la maroma que les unía al arpón. Sentado sobre la roca, al borde del acantilado, el “sensurround” penetraba en sus oídos y podía sentir el rugido del aire expulsado por los cetáceos a través del espiroluchando por llenar de aire sus inmensos pulmones. En el horizonte los negros nubarrones ocupaban el resto de la “gran pantalla”.
Hacia siglos que ya no existían las ballenas. Tan sólo eran recuerdos transmitidos de generación en generación. Mi madre me decía que todos éramos culpables de ello.
Aquel día le pregunte a mi madre por papá. -¿Por qué no le vemos desde hace tanto tiempo?-
– No volverá antes de que tu no existas. Eres muy joven para entenderlo. Su viaje durará tantos años que cuando regrese, tu y yo ya no estaremos para recibirle.
Me has preguntado muchas veces cual fue la razón por la que me llaman Martirio. En el siglo XX, cuando los grandes cetáceos poblaban aún los océanos, mi abuela, una gran activista, defendía y luchaba contra la explotación y la pesca de esos maravillosos animales.

58Me contó las veces que había visto sufrir a ballenas enganchadas en las redes de pesca, el color púrpura de las aguas mezcladas con su sangre. Y, cuando fuimos capaces de comprender su lengua, entendimos el sufrimiento de esas criaturas, que, desesperadas, intentaban hacernos comprender nuestro error. Al quedar embarazada, en honor al sufrimiento infligido a tantos mamíferos marinos, puso de nombre Martirio, a su hija y ésta a mi. No te lo he contado hasta ahora, no por nada especial, solo esperaba a que tuvieras la edad adecuada. Me contó que un día, igual que tu, su bisabuela estaba sentada en una roca, al borde del acantilado; era una tarde gris, plomiza. En el horizonte vio levantarse una gran ola, mucho más grande de lo que puedas imaginar. Sus ojos de niña no podían entender que sucedía. La gran ola se acercaba a gran velocidad, aunque ella se sentía protegida en lo alto de las rocas, pero, a medida que se acercaba, le invadió el pánico. Se quedó paralizada, inmóvil, a merced de la enorme masa de agua. ballena-jorobada-las-galeras-samana-025Entonces entre la ola y la rompiente vislumbró un gran grupo de ballenas azules y entre el rugir del viento pudo escuchar su cántico característico, el lenguaje de las ballenas. Todo el grupo, más de cien, ejecutaron unos movimientos que jamás olvidaría. Primero levantaron sus aletas pectorales al unísono, como una danza de velas al viento, luego se alinearon,formaron una enorme barrera y comenzaron a batir el agua con sus enormes aletas caudales hasta formar grandes olas que en dirección contraria alcanzaron la enorme pared de agua que se acercaba. La energía liberada al encontrarse formó ingentes masas de espuma que formaron nubes de algodón ante sus ojos. Después se dirigieron como enormes torpedos surcando la superficie, en perfecta formación, contra la pared que amenazaba tragarse la costa. La enorme ola perdió su fuerza y llegó mansamente hasta lamer las rocas bajo mis pies. Miró hacia abajo… sobre las resbaladizas piedras un grupo de percebeiros, atados con sus maromas, seguían arrancando tesoros al mar.
Cuando tu padre descubrió su sistema de comunicación, decidió salvar a la última de su especie. El deshielo, los grandes maremotos, nuestra inconsciencia en el uso de los combustibles fósiles, la pérdida parcial de nuestra atmósfera, hizo de nuestro planeta un lugar inhabitable. Muchos ejemplares de ballena y otros cetáceos, aparecieron varados en las costas. Al principio pensamos que eran accidentes, simple desorientación. No era así. Cuando pudimos descifrar su forma de comunicación, era demasiado tarde. Al no poder comunicarse, su extraordinario sentido de solidaridad les llevó al suicidio. Era su forma de decirnos que algo no estábamos haciendo bien.
Ahora, tu padre y otros valientes viajan hacia la luna Océano. Es un satélite de un planeta gigante, en la constelación Alfa Centauro. Lejos, muy lejos, a muchos años luz de distancia. Las naves llevan, además de la última ballena de su especie, otros muchos animales, peces y plantas terrestres. Océano es una luna azul. Muy parecido a la tierra de mis bisabuelos. Allí tendremos otra oportunidad para enmendar nuestros errores. Tu y yo, y el resto de todos los habitantes de la tierra, estamos condenados. Tardará unos cuantos siglos, pero nuestro planeta no sobrevivirá. La capa de ozono desaparece poco a poco y la radiación solar es cada vez más intensa. El equilibrio de masas, debido al deshielo de los casquetes polares, variará el eje de rotación en algunos grados y todo irá muriendo lentamente…
El Consejo de Salvamento Mundial decidió salvar todas las especies posibles. Eligió a los mejores hombres y mujeres, los científicos más brillantes en todos los campos, los hombres y mujeres con el mejor currículum de ayuda a los demás y, junto a un banco de semillas de millones de especies, decidieron enviarles a crear un nuevo mundo. Viajan hacia Océano. Tu llevas su nombre. Sólo nos queda esperar.

M. Sender

Carta a los vivos.

 

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Carta a los vivos.

Es fiesta, un día señalado. No es día de gala, ni disfraces, ni grandes cenas. No es necesario poder adquisitivo, ni mostrar boato. No hay grandes atascos, ni prisas, ni mal humor mañanero. Sobran los saludos, las reverencias, las apariencias y las buenas caras. No son necesarias reuniones familiares, ni citas, ni compromisos. No habrá críticas, ni cuchicheos, ni opiniones, ni palabras a escondidas. Atrás quedaron los ideales, las ilusiones, los proyectos, los amores, las amistades, las peleas, las guerras, el egoísmo y la hipocresía. Ya no hay dolor ni sufrimiento, ni odio ni rabia, ni crímenes, ni guerras, ni religiones en conflicto. El poder no existe, la avaricia es inútil y la igualdad existe de verdad, y no es una utopía.

Es día festivo, lleno de silencios, de complicidad colectiva, palabras escritas por otros, de misas, de trajes de domingo, de viajes a los recuerdos, de flores sin olor, de corazones rotos, de llantos y, quizá, alguna sonrisa. De rezos, oraciones, miradas al cielo, compadecencias, maldiciones, paseos entre cipreses y algunos vinos.
El martes es uno noviembre. Día de espíritus y fantasmas… día para los vivos.
Nosotros descansamos en paz.

M.Sender

Azul vs rojo, el combate

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Azul vs Rojo, el combate

Había tenido su oportunidad. El luchador de calzón rojo, postulado a campeón, estuvo a punto de ganar la pelea. Sólo un árbitro, nada imparcial, le privó de su triunfo por errar al calificar en su cartulina.

Casi un año después, tenía otra nueva opción. Una revancha, aún a sabiendas de que sus opciones eran mínimas. El combatiente rojo estaba dispuesto a morir en la pelea sin renunciar a su honor, aunque seguía dependiendo de los jueces, de su puntuación imparcial. Pocos días antes del combate todas las encuestas estaban en su contra: la prensa, la televisión, los críticos, los técnicos y los corredores de apuestas/encuestas. Contaba con todo ello, pero él mantenía su guardia alta y confiaba en el apoyo de su equipo, de sus seguidores, de los que le habían ayudado a desafiar al campeón.

Desgraciadamente no tuvo en cuenta la traición, las artimañas, las intrigas y las apuestas interesadas, dentro de su propio equipo y de su entorno. Pocos días antes de la pelea, en una siniestra reunión, le comunicaron la decisión: debía perder ese combate, entregarse, caer de rodillas en el segundo asalto…

Se negó en rotundo, el no traicionaría a sus seguidores, no engañaría a los que pagaron/votaron por verle destronar al campeón. No se rendiría. Así fue como el luchador de calzón rojo fue sustituido por otro “aspirante” más disciplinado, dócil y sumiso, dispuesto a no presentar batalla al campeón azul…a “entregar la cuchara” sin rechistar, sin oposición.

Los seguidores del aspirante rojo abandonaron el estadio y guardaron su entrada/voto para mejor ocasión, para cuando alguien con honra y valentía, que les represente…vuelva al ring.

***Odio los combates amañados, las apuestas tramposas, la traición, la rendición, los ventajistas . Admiro a los valientes, consecuentes, leales a sus fieles, orgullosos y luchadores hasta el fin; admiro a los que no se venden.

Nada más y nada menos

M.Sender

Reencarnación sin opción…

Reencarnación sin opción…

Fue sentir su mano en mi manecilla y un temblor sacudió mis bielas. Sus ojos recorrieron mi interior como la luna de verano al filtrarse por los cristales. Bajé el volumen de mi canción favorita y su dulce voz resonó en mi interior hasta arrancar un leve ronroneo de mi tubo de escape.

Al sentarse sobre mi cuero, la suave piel de sus piernas dejó una marca. como un tatuaje de henna, persistente pero finito. Observé sus ojos y mi espejo retrovisor le devolvió un guiño. Aquel día mis “piernas” de caucho parecían más ligeras, flotando sobre el negro asfalto. Lo peor fue soportar aquella bomba de flores de su perfume…que duraría varias después de haberme abandonado. Avanzando por la avenida, en aquella preciosa noche de verano, los neones dibujaban todos los colores sobre su cuerpo y la pulida pintura de mi chasis. Cuando ella abrió mi ventanilla trasera y el viento acarició mi interior y su piel morena…estuve a punto de calarme de gusto, lo que provocó un repentino tirón y que sus manos abrazaran mis asientos. Fue un abrazo de los de “siempre” que agradecí con un ligero frenazo…hasta que sus labios pintaron mi asiento delantero. Sus instrucciones fueron definitivas:  “llévame al Hotel…”. Ni tan siquiera pregunté cual. Subimos en el ascensor automático y la dejé en la tercera planta, frente a su habitación. Aún recuerdo sus últimas palabras:  ¡Gracias guapo!… ¡Se me fundieron las bielas!

Cuando le preguntaron a Marcial como podían compensarle el error por su muerte prematura, sin que pudiera volver en ningún estado orgánico (ni humano, ni animal, ni insecto, ni tan siquiera una bacteria..), lo tuvo claro, sería un taxi autónomo, de conducción automática. En su memoria virtual, su teléfono estaba indexado *Mi amor* y su ruta y dirección como *Indispensable”. Tan sólo era sonar el teléfono y su velocímetro se ponía a 1000 por hora.

Tenerla dentro de él, sentada entre sus “piernas”, sentir sus manos acariciarle… era la única opción.

M.Sender

El otro lado

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Álvaro caminó sin rumbo, tambaleándose, levantando las rodillas para superar el medio metro de nieve. Quizá era lo único que le mantenía en pie. La mirada perdida en el horizonte huyendo del manto rojo que se extendía detrás de él. La huida desesperada se había transformado en un lento caminar. Era como si la gravedad le reclamará hasta el fondo de las entrañas de la tierra. Hasta el infierno de los 6.000 grados centígrados.

La cabaña que había heredado estaba construida en la roca horadada. Tan solo podía reconocerse por su entrada, una mezcla de troncos y barro, con una pequeña puerta y una ventana.Había considerado que era un buen refugio, un lugar donde estaría a salvo.  Nadie había estado allí en muchos años. Era “el otro lado”, un secreto compartido entre él y su abuelo. Sentado junto al fuego del hogar, algunas noches, a la luz de los leños ardiendo, el abuelo Tomás le confió muchos de sus secretos. Le dijo lo solo que se sentía desde la muerte de sus padres y sus hermanos en aquel terrible accidente y lo mucho que hubiera deseado cumplir los deseos de sus padres. Le confesó que el motivo de estar trabajando en aquel laboratorio era complacerles, darles una satisfacción, la última, cuando ya no podrían disfrutarlo. Aunque, en realidad, no le gustaba nada. Lo que allí se hacía estaba muy lejos de compartirlo.  Aparentemente se investigaba sobre los efectos de ciertas drogas sobre el comportamiento del cerebro humano, pero la realidad era otra muy distinta…

La sala principal, la sala blanca, estaba totalmente iluminada. Había un enorme recipiente lleno de un líquido indescriptible, una especie de piscina burbujeante. Tomás se sentía en peligro de ser descubierto, no debería estar allí, era una zona restringida, sólo para personal autorizado. Sus padres se lo tenían totalmente prohibido. Apenas había tres o cuatro personas embutidas en un extraño traje de aspecto metálico y con la cabeza cubierta por una escafandra traslúcida. Pensó que era un traje de seguridad, de los que se usan en cualquier laboratorio de experimentación. Aunque le pareció bastante extraño, de hecho no había visto nunca nada igual. Levantó la vista y vio lo que parecía la tapa de aquel recipiente. Se quedó horrorizado. Colgando boca abajo, sobresalían las cabezas de una decena de seres humanos entre los que se encontraban sus padres y hermanos. Quiso gritar y aporrear la cristalera…pero se quedó paralizado. El artefacto descendió hasta que las cabezas quedaron sumergidas en aquel liquido indescriptible. Por las tuberías conectadas al recipiente el fluido se trasladaba de nuevo hasta esa especie de tapa. Cuando fue levantada de nuevo, las cabezas de aquellos pobres infelices estaban cubiertas por la misma escafandra transparente que llevaban la gente del laboratorio.

Según su abuelo, aquellos hombres transformados, eran los autores de la ola de terror que se extendía por el mundo: coches bombas, atentados suicidas, asesinatos en masa en nombre de Dios y otras atrocidades que se vienen sucediendo.  Un plan a largo plazo para, con unos pocos medios, acabar contaminando a la raza humana y dominar el mundo. Una estrategia para que nos matemos los unos a los otros. ¿Pero quienes eran los interesados?, ¿Los Estados poderosos?, ¿Las grandes multinacionales?…¿Seres de otros mundos?, o una evolución de nuestra propia raza dispuesta a conseguir la supremacía..?

Álvaro estaba seguro. Los había visto muchas noches, cuando ellos creían que dormía, se levantaba despacio sin hacer el más mínimo ruido y observaba como la escafandra transparente cubría su cabeza. Esperó a que se acostaran y bajo al garaje. Abrió el armario de las herramientas, cogió el hacha de hacer astillas y descalzo se dirigió primero a la habitación de sus padres. El primer golpe fue certero. La masa encefálica le salpicó el pijama y la sangre incolora ni tan siquiera manchó las sabanas. Ya no tuvo dudas. El segundo golpe seccionó el cuello de su madre, que tan solo emitió un leve sonido. Al fondo del pasillo sus dos hermanos dormían en la misma cama. Tenían apenas ocho años y eran dos candidatos a niños bomba. Les machacó la cabeza hasta no reconocerlos.

Pasó la noche en la cabaña “del otro lado”. Sobre la chimenea había un recorte de periódico:  “Tomás Abarracín, trabajador de Laboratorios Sebara, detenido como presunto asesino de toda su familia. Todos los miembros de la familia aparecieron con disparos en la cabeza. Se especula con que fueron trasladados desde otro lugar, al no existir ninguna mancha de sangre en la ropa de cama.”

Álvaro se despertó y miró por la ventana del psiquiátrico. La pesadilla había terminado.

M.Sender