Caminando sobre las vías

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Dice Neruda que muere lentamente quien se acostumbra a la rutina, quien no transgrede lo establecido al menos una vez en la vida. Quien no lee, ni oye, ni mira, quien no aprovecha un momento de pasión… Quién no arriesga por miedo a perder…
El vagón está lleno. Gente leyendo, gente escuchando música y quizá algunos imaginando el tacto de la piel de un deseo… También otros que mueren lentamente perdidos en la soledad que disimula facebook, buscando el aire que les falta…. Yo, mientras, escribo para no morir lentamente en la rutina… mirando las gotas que se deslizan tras los cristales lanzadas por la nube negra. Como decía Serrat… Es triste ver una lágrima llorar… Hasta que el sol, con la rutina de siempre, convierte las gotas en prismas de cristal para pintar de arco iris otros quince minutos de vida…
Al fondo, la prisión de cristal, por donde escalan los coches dalinianos…espera.

Quizá sea el tren mi sistema de transporte preferido. Siempre te trae o lleva a algún sitio.. O te trae o lleva a quien tanto deseas… Un espacio de despedida o encuentro… Una espera que ilumina horas de vida… Un premio de momentos. Un viaje hasta la cresta de la ola que intentas surfear el mayor tiempo posible. Nada es comparable a un amor en tren. Sería mi último deseo. Mi isla desierta. Mi cielo e infierno. Un viaje interminable en coche cama, sin destino, con mil paradas, mil miradas, mil besos, mil noches de amor… Infinito, intemporal, dos líneas paralelas unidas por el vagón del tu y yo. Viajar en tren ya no es lo mismo. Añoro esos trenes de mi infancia. El traca-tra tartamudo, los suspiros de vapor entre quejidos, la luz mortecina de sus pasillos y el viento con olor a algo revoloteando el cabello de la mujer asomada a la ventanilla. En las noches, el sabor a madera rancia, los novios escondidos y el vagón aferrado a la madre-máquina, guiado colina arriba. Ya no es como antes, cuando el vapor ocultaba la espera.
Tenía un no se qué de aventura, de idilio repentino, de amante paciente e incomodo placer.
Ahora es un avión herido, hermético y frío. Sin alas, sin plumas, desnudo.
Tiene una ventaja: es rápido, si el deseo tiene prisa. Aunque lo mejor, es que el deseo viaje a tu lado, entre olor a madera rancia, luces mortecinas, traca -tra y una estación indeterminada…. Quizá a través de la tundra siberiana o alguna colina con nombre quechua… Un viaje interminable, paciente, al acecho, invisible, con mirada de leopardo..

M.Sender

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