Madrid, en tren.

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Cinco de abril
Hoy miro al suelo. Acaba de llenarse el vagón. Estación: Universidad Autónoma. Sobre el suelo gris, punteado de colores, diversidad. Zapatos clásicos, castellanos,deportivas y lujo-deportivas. Frente a mi: pies de mujer, deportivas clásicas, blancas… Con un toque dorado. Dos chicas y un chico. Ojos oscuros y claros. Ellas gafas sobre la cabeza. Francés, hablan francés. Sin embargo, a mi lado, la joven habla español con marcado acento extremeño. Su interlocutor… Quizá Colombiano… Ecuatoriano… Parece autosuficiente, ¿rico?, Es colombiano. Suelo tener buen oido para mi propio idioma, Jajaja. Me trae recuerdos de mis viajes a Colombia. Bien vestido, zapatos castellanos, ante, bolso a juego, de piel, camiseta con leyenda inglesa “british school”. Es educado y mi compañera extremeña no duda en iniciar un diálogo… Un último esfuerzo por atraer su atención. Se conocen…¿de la Universidad?…Si.
Las chicas francesas, con zapatillas blancas y doradas, conversan distendidas con el joven francés. Sin duda, en la confianza de que su conversación no está siendo entendida. La más guapa, de ojos gris-azulado, le insinúa lo que le gusta su amiga… Tanto como a ella. Se ríe ante su respuesta. Es mi novia, le dice, ante la perplejidad del joven. Escucho intentando descifrar toda la conversación. El chico cambia la conversación, sus expectativas parecen frustradas. El vagón es un cajón de jóvenes. Risas bulliciosas. Mi vecina de asiento, la extremeña, no pierde el tiempo. Es extrovertida y dirige la conversación con “su colombiano”. Es mayor que ella, educado. Seguramente de clase adinerada. Su ropa, sport, se adivina exclusiva, cara. No es un estudiante cualquiera. Quizá curse una segunda carrera. Ambos están terminando. Preparan el TFG. “Quince páginas llevo escritas… Este es mi teléfono 66********, llámame algún día…”.
Sol, mi estación. Les gasto una pequeña broma a los “franceses”: me levanto delante de ellos y les pido que me permitan pasar, en francés. Me miran sonrientes sabiendo que entendí su conversación…
Ahora toca correr, llego tarde. Pienso cuanto hubiera disfrutado en la Universidad. No pudo ser, pero nunca es tarde. Una hora de tren, da para mucho. Observar es un placer y escribir a la vez, aún más. Siempre, aún de los jóvenes, se aprende algo.

M.Sender

 

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