En la acera de aquella tarde.

CARLOS FOR EVER 20170427_074158

Era un día cualquiera, una tarde noche de verano… Quizá una tarde de fútbol…a la salida de una monótona jornada de trabajo. Un bar abarrotado, otro un poco más abajo…Y cinco amigos charlando.
Un par de litros de un chino, de pie sobre las ancha acera… Una conversación distendida y quizá pocas cervezas… Un par de cigarrillos… Otros de los que dan risa…y el tiempo que pasa deprisa… Pedro, Aroa, Jesús… Caras felices…y, cuesta abajo y cuesta arriba, rodando por la Albufera, luces. Coches que te llevan rápido, a veces demasiado deprisa. Verde, rojo, amarillo… en ocasiones colores que dan y quitan vidas… Igual que esas rayas de cebra que a veces las ruedas hacen trizas…
A mi edad la memoria se hace selectiva. Aquella tarde con Carlos, con Aroa, con Pedro y Jesús siempre permanecerá viva.
Soy como esas máquinas de tren, aquellas de carbón, de tra-ca….tra-ca… tra…tra… Lentas, que les cuesta arrancar… Subir la pendiente… Coger velocidad de crucero… Hasta que el silbido y el humo de la chimenea se ven desde el presente hasta el horizonte… Mi querido amigo Carlos, era muy parecido. De tímida apariencia, callado y de fácil risa… Pero con un poco de paciencia… Escribía una letra, una poesía o un millón de sonrisas.
Aquella tarde inolvidable fue como una pelea entre dos que nunca somos protagonistas: un chiste de Carlos…y luego yo… Otro de Carlos…y un interminable “dolor perimetral” de mi alter ego Sr.Sender, como me llama mi gran amigo Alejandro,…y así pasaron las horas… Con Pedro partiendo de risa… Aroa cohibida ante la “extrema verdura” de algunos de mis chistes… y Jesús con la cerveza esperando… en la barra del bar. Mano a mano, Carlos y yo. Arropados por la noche, los amigos y la risa. Dos tímidos chistosos con dos cervezas menos o más… Que más da!!!
Este será mi último recuerdo: esa tarde, su preciosa hija, su excelente padre, gran amigo.
No fueron las luces verdes, rojas, amarillas… Ni los”pisa cebras”… Ni las máquinas que ruedan… No. Un traicionero enemigo, un francotirador escondido, esquivó el chaleco blindado, y le dió en el único lugar que duele: en la vida.
CARLOS FOR EVER. Nos veremos cuando sea, en la acera de aquella tarde.

M.Sender y C. García.

 

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