1-O, sensatez?

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El cartel es solo una invitación, la decisión es de quien compra…

El próximo domingo asistiremos a uno de los capítulos más importantes de la historia contemporánea de España. Solo un milagro, un ataque de sensatez, evitará que una gran brecha, casi un abismo, se abra entre los españoles. Nada parece augurar que ésto suceda. El Gobierno no puede dar marcha atrás debido a su falta de previsión ante un escenario que nunca creyeron que llegaría a contemplar; el Gobierno catalán, tampoco. Aunque él si contaban con la actuación del Estado para cortocircuitar todos sus intentos de secesión, a través del referéndum ilegal. Mientras tanto, el resto de España contempla estupefacta los acontecimientos, preguntándote como es posible que hayamos llegado a esta situación. Cada bando actúa con su razón. El Estado aplicando las leyes que todos nos hemos dado y el Gobierno catalán actuando en nombre de una buena parte de los ciudadanos que les han elegido. El riesgo, el precipicio, el vacío, está ahí, a un paso. Cualquier error puede encender la mecha y desembocar en lo que nadie quiere. El que salte primero evitará que se despeñe, arrastrando a otros en su caída. Es la eterna lucha entre legitimidad y razón, entre derechos y leyes, entre ilusión y conservadurismo. La última rebelión, en el 36, acabó con la victoria de los ilegales y un periodo de oscuridad de 40 años. Nos costó varias generaciones recuperar la democracia. Aquello, el golpe de estado, se ganó por la fuerza, con millones de adeptos, con cientos de miles de muertos y desaparecidos. La manifestación de cientos de miles de seguidores de una causa, embaucados por unos políticos irresponsables, no les dan legitimidad, por mucho que quieran justificarlo. Eso sí, tiene que ser escuchados y el Estado de dar respuesta lógica a los deseos de una minoría, siempre dentro de la legalidad. Aunque la legalidad, también puede cambiarse. Un estado dictatorial también tiene leyes y, por tanto, legalidad. Pero la ley no siempre es justa. Cuidado con el “todo vale”, cuidado con querer estar en posesión de la verdad y, sobre todo, cuidado con ignorar a los ciudadanos. Al fin y al cabo, todos, somos quiénes decidimos quien, como y cuando nos gobiernan. Y, nosotros, los ciudadanos, debemos ser conscientes de que nuestro voto vale igual en cualquier territorio del estado; algo que no ha sido así hasta ahora y que debe ser cambiado de inmediato. La reforma de la Constitución y la Ley Electoral son imprescindibles. O eso o el desastre.

Ustedes eligen.

Rozalen, naturalmente…

80 Veces

Solo escribo de música cuando algo me impacta. Cuando algo despierta en mi la emoción de la diferencia.

En un pueblecito de Albacete, Letur, nació en 1986, una mujer diferente: María Rozalen. Criada al amor de la bandurria de su padre y la voz de Nana de su madre, desde muy niña le salió esa voz modulada por el frío de la Mancha y el susurro del agua de la sierra del Segura. Era cuestión de tiempo que gente como yo, descubriera el placer de escuchar la letra de sus canciones y disfrutar del placer de sus gestos, de esas manos inquietas que dibujan palabras y esos ojos de niña traviesa, de inocencia acumulada y pícara mirada. Uno puede cerrar los ojos y oír sus poemas, imaginando “como te comen a besos” o como tu vida cambia cuando “ahora apareces tú”.  Pero, si quieres conocerla en estado puro, nada mejor que asistir a cualquiera de sus conciertos. En vivo, es cuando Rozalen despega como una pluma agitada por el viento hasta caer sobre tu corazón. Y, no puedo olvidarme de Bea, una cantante de los gestos, una poeta sin palabras, compañera inseparable, que no se si habla para quien no escucha o es el corazón de Rozalen, que baila.

Intrépida, después de un periplo por salas y pubs, aterrizó en el barrio de Lavapiés, en Madrid para estudiar un máster en musicología y completar su formación de sicóloga y, entonces, sucedió el milagro: editó su primer trabajo con la ayuda del productor Ismael Guijarro, de manera independiente, “Con Derecho a.. ” y en 2012 su primer videoclip: 80 veces, con su inseparable Bea, todo un éxito.

He tardado en descubrirla, pero a merecido la pena. Si tuviera que definir lo que me hace sentir, que es difícil, diría que… Me transporta al mundo de los sentimientos.

Discografía:

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Pincha aquí para acceder a sus canciones

Únicas y diferentes, así son Rozalen y Bea. No te lo pierdas.

M. Sender

Gris marengo.

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GRIS MARENGO

Aún era pronto. Quizá las once de la noche. Esta vez no quería equívocos: zapatos de plataforma, minifalda negra, muy corta, top de lentejuelas doradas y medias con liguero. Sobre sus hombros un precioso abrigo de Carolina Herrera. Ropa insinuante, ni cara ni barata. El Bentley Continental, color zafiro lo dejó en el parking del Hotel Meliá Castilla y se dispuso a disfrutar de la cena en un pequeño y discreto asador, cerca de la Plaza de Castilla. Sentada en una mesa, en el piso superior, podía divisar con detalle el portón de madera, de entrada al restaurante. Era un día de diario y el local estaba medio vacío. En una mesa, frente a ella, un hombre maduro devoraba un chuletón, en compañía de la que debía ser su amante o quizá su hija. Es su amante -pensó-, no vienes aquí con tu hija. El hombre maduro levantó los ojos del plato y se encontró con su sonrisa. Lentamente introdujo el trozo de besugo en su boca, sin dejar de mirarle. Él bajó la vista. Esta noche se había vestido de zorra y quería que nadie lo pusiera en duda. Después de enseñarle un par de veces su cruce de piernas, pago la cuenta con su tarjeta Diner’s, se levantó, recogió su abrigo del perchero y, sin ponérselo, paseó su bonito cuerpo delante de la mesa de los amantes. Él la miró de reojo, ella con envidia o…¿admiración?.

La noche de Madrid se despierta tarde. Oculta por su abrigo, comenzó a caminar por Capitan Haya, observadora, disfrutando antes de recluirse. A ambos lados de la calle y sus aledaños, los depredadores estaban de caza. Y, al contrario que los animales, éstos no se escondían entre la maleza de los altos edificios de oficinas. La”fauna” era diversa: en los bares más elegantes scorts caras, en las esquinas putas dependientes de la heroína o cocaína, algún travesti exhibicionista, y los chulos vigilantes. A medida que la noche avanza, los coches pasan despacio, muchos por morbo, otros esperando ser “cazados”. Ella camina tranquila, solo sus pies, subidos a las altas plataformas, son un indicio.

Es la hora, el portero la saluda bajo el reconocible toldo, D’Angelo es su refugio. Deja el abrigo en el guardarropa y cruza el local hasta sentarse frente a la puerta, de espaldas a la pared en el sofá corrido. Hay otras chicas, todas guapas, todas con un cuerpo moldeado y deseable. Algunas charlan con algún hombre, en las pequeñas mesas. Nadie alza la voz, solo se escuchan susurros, transacciones comerciales de interés mutuo. Los hombres, la mayoría, son ejecutivos y hombres de negocios, de paso o invitados por otros…

Se fija en él nada más verle entrar. Parece diferente, no les mira con ojos depredadores y no parece tener otro fin que divertir a sus acompañantes. El que parece encargado del local se dirige a él. Pronto tienen una mesa, y de forma inmediata, compañía femenina. Exuberantes y diligentes, las mujeres se asignan a los invitados. Todos excepto él, que solo observa a su alrededor… Los dedos inquietos sobre las femeninas rodillas, las miradas perdidas en los escotes, las mujeres dejándose querer lo justo…y los sentidos perdidos en el vaso de wiski. Sin embargo, el hombre de traje gris marengo, es todo control. Esa será su presa.

Con la mirada clavada en él, Claudia se dirige al baño por el estrecho pasillo. Necesita un cambio, algo diferente. Se asegura de que él la mira y vuelve su cara al pasar. Inexpresiva, insinuante pero no descarada. El baño es pequeño pero suficiente. Se quita el top dorado y deja que sus turgentes pechos luchen contra el sujetador negro de fino cuero y corchetes plateados de JP Gaultier. La cremallera lateral de la minifalda, ahora subida, deja ver su pierna hasta la cadera y el fin de sus medias de fina seda. Dentro de su bolso, sus tacones preferidos: Barker Black, los últimos que uso como Sara. Transformada y dispuesta entrega de nuevo su bolso en el guardarropa.

-Hola, ¿me invitas a una copa?

-Hola…¿debería? -dijo volviendo la cabeza-

-Pago yo, tu invitas y yo pago.

-¡Vaya!¿No debería ser al revés? -no pudo apartar la vista de sus impresionantes tetas al inclinarse sobre él. Es lo que tiene el diseño -pensó-, deja ver lo justo para que imagines lo demás.-

Claudia no dijo nada. Sólo se acercó lo suficiente a su boca para que sus labios carnosos casi rozaran los suyos.

-Yo tomo Macallan Ruby, te lo aconsejo. ¿Dos?. ¿Hielo?

-Hielo y agua con gas.

-¿Perrier?

-Tienes buen gusto.

Claudia se acercó a la barra y le dio las instrucciones al barman. Después se acercó de nuevo al hombre del traje gris marengo.

-Vamos a sentarnos juntos, tus amigos ya no te necesitan.

Atado por su perfume Flowerbomb, siguió sus pasos hasta un rincón apartado del pub, sin poder apartar la vista de su precioso culo, pocos centímetros bajo su falda. Claudia se sentó y le hizo un ademán para que se pusiera a su lado.

-Voy a pedir un taxi. ¿Vienes a divertirte un rato?

– Así, ¿sin más?. Está bien, yo elijo el sitio. Este es el trato. Nos llevará un amigo.

-Perfecto, yo la compañía.

En pocos minutos, Claudia y el hombre del traje gris marengo estaban subiendo al Mercedes de Cabify.

-Conduce hasta la plaza de Salamanca, -le ordenó. -Te diré donde nos dejas.

-No, espera, primero tenemos que recoger a alguien -le pidió Claudia-.

Sacó su iPhone y marcó un número. El Mercedes se detuvo a la puerta del Hotel Meliá. Un hombre, vestido totalmente de cuero negro se sentó al lado de Claudia. “te anticipo que no fuma”,-le dijo-. El hombre gris marengo hizo una llamada.

-Está todo pagado, no me esperéis. Llevad mi coche al club.

Nada en el exterior, todo en el interior. Al cruzar la entrada del chalet, la penumbra les envolvió. El hombre del traje gris marengo pasó una tarjeta por el lector y la puerta se abrió. Después se cerró tras ellos tres.

-Yo os es traído hasta aquí. Debéis saber que todo lo que suceda será observado por otros a los que no podréis ver. Ahora tú decides. Tu has traído la compañía y tú serás responsable de él. ¿Estás de acuerdo?

-Es mi marido y hoy será otro observador más. Me gusta sorprenderle y él disfruta con ello. Ahora quiero pedirte algo.

-Tu dirás. No suelo hacer esto. No voy con mujeres que cobran por dar placer. Pero… Pareces diferente.

-No pienso cobrarte nada. Creo que aún no lo has entendido. Le cobraré a él. Mi marido si paga a las putas. Hoy pagará para que me folles. -Claudia empezó a desnudarse mientras colocaba su poca ropa sobre la cama redonda-. Tu siéntate y mira – le dijo.

El hombre del traje gris tomo asiento y observó como el marido de Claudia se despojaba de sus ropas y se vestía. Fibrado y totalmente depilado, se puso el sujetador de cuero, la minifalda, el liguero y las suaves medias de seda. Excepto por el abultamiento de su entrepierna,  sería difícil distinguirle de una bella mujer. Claudia sacó de su bolso un collar de cuero y se lo puso a su marido que se tumbó en la cama sobre un costado. El hombre gris marengo observaba. Claudia encerró los atributos del hombre con una especie de cinturón de castidad para penes, con un pequeño candado. Después quitó la americana al hombre gris marengo y se la puso sobre su cuerpo desnudo. Se recogió el pelo y encendió un cigarro puro. Su marido cerró los ojos y aspiró el humo de las volutas. El olor del Romeo y Julieta Duke, inundó la habitación.

– Es su debilidad, un orgasmo para él. No es el sexo lo que le excita, es la situación, el morbo de ver como otro disfruta de mi. Eso y pagar por ello, es su placer.

– ¿Y tu? ¿Que te excita? ¿Verle humillado, dependiente de ti…?

– Amigo… Te he visto entrar en D’Angelo y no creo que fueras allí en busca de sexo, pensé que no seríamos muy diferentes. ¿Me equivoco?. Este no es un lugar muy común, con acceso restringido, discreto, secreto; ¿Que oculta, quién nos observa?

Claudia, mientras hablaba, recorría con sus manos la piel del hombre gris marengo, bajo su camisa. Su voz era un susurro acentuado por el humo del Romeo y Julieta. Sus cuidados dedos liberaron los botones del pantalón y la camisa. Luego agarró el cinturón del hombre gris marengo con una mano y lo atrajo hasta el borde de la cama donde yacía su marido, le empujó de espaldas sobre el colchón y le desnudó totalmente. Después se puso el pantalón gris sin nada debajo y se apoyó contra el espejo de la pared, insinuante. Claudia volvió la cabeza y suplicó:

-Vamos, fóllame…

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Al otro lado del espejo, los pechos de Claudia se marcaban rotundos en el cristal, con su cara en éxtasis y sus gemidos, mientras su precioso culo y espalda sudorosas se pegaban contra el espejo, cuando el hombre gris marengo la levantó a horcajadas sobre él sin dejar de penetrarla de manera salvaje. Mientras, el marido de Claudia, sumiso, miraba sin perder detalle. El hombre gris marengo dejó a Claudia sobre la cama, poseída por un temblor incontrolable provocado por el orgasmo…

Después de una hora, los tres retomaron su rol y salieron de la habitación. No dijeron nada. La fiesta acabó y cada uno se dirigió a su destino.

Al otro lado del cristal, el ministro y sus acompañantes, mujeres y hombres de altos cargos, firmaron su consentimiento. El hombre del traje gris marengo recogió las cintas y las guardó en la caja fuerte.

Claudia extendió un cheque y lo metió en el bolsillo del traje gris. -…por tus excelentes servicios-….

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cataluña 1-O

Así… yo voto NO

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Se acerca el 1-O
Muchos se preguntarán porqué hemos llegado hasta aquí. Cataluña está a punto de escribir una de las páginas más negras en la historia de España. Después de siglos de convivencia y varias guerras por medio, sorprende que en estos últimos diez años del periodo más progresista que haya conocido España, no hayamos sido capaces de gestionar un problema latente, entre Cataluña y el resto del Estado.
España es un país democrático, no hay duda, pero también con poca experiencia en su gestión. Nuestros dirigentes, imbuidos por un sentimiento ególatra, no han sido capaces de detectar los fallos implícitos en la administración del Estado, ignorando las diferencias culturales y sentimentales de los distintos pueblos, regiones, naciones o nacionalidades -no importa el nombre-, que conforman el Estado Español. Desde 1978 han pasado 39 años, tiempo suficiente para haber conseguido adaptar nuestra Constitución a la realidad surgida de un periodo de paz y prosperidad, nunca antes conocido. Tras la dictadura, el proceso de apertura democrática se llevó a cabo, con un amplio consenso, con un fin: finiquitar cuarenta años de oscurantismo, represión y falta de libertades. La nueva Constitución no era perfecta, pero servía como punto de partida, y contó con el apoyo de todas las fuerzas políticas: republicanos, democristianos, comunistas, socialistas, conservadores y nacionalistas. La unión de todos y la renuncia a muchos ideales, nos llevó de la mano de la democracia, a construir una nueva Nación, moderna, libre, progresista y desarrollada.
El nuevo Estado de las Autonomías, comenzó herido. Un grupo de comunidades: Euskadi, Cataluña, Galicia, Navarra, recibieron privilegios frente a otras. Se dividió el territorio con criterios poco objetivos y el número de comunidades autónomas se amplió en exceso, para contentar a todos. Lo que parecía un éxito, con el tiempo se demostraría un error histórico. Durante estos 39 años, las reivindicaciones han sido constantes: concierto económico desigual, competencias, régimen fiscal, etc. Para acabar de complicarlo todo, se transfirieron las competencias en educación, dejando en manos de los nacionalismos el adoctrinamiento de varias generaciones, en el odio al resto del estado, tergiversando la historia y educando en la parcialidad. El caldo de cultivo del radicalismo separatista. El gobierno central les dió la olla y ellos hicieron el cocido. El miedo y el deseo de contentar a todos, fue la clave. Válido para salir de la dictadura, pero peligroso a largo plazo. La desidia, la ignorancia de las peculiaridades de las distintas regiones, la desigualdad económica, la insolidaridad y la educación partidista, todo ello agravado por la crisis económica que comenzó en 2008, han hecho el resto. Las enfermedades son más fáciles de curar si se detectan a tiempo, que abordarlas cuando la metástasis es imparable.
Y así estamos. Diálogo imposible. Posiciones encontrarás. Amenazas mutuas, manifestaciones reivindicativas y un proceso separatista que el Gobierno no ha sabido neutralizar a tiempo. Ante las reivindicaciones del derecho a decidir, de un referéndum consultivo o vinculante, los políticos de turno han preferido abstenerse y confiar tan solo en la fuerza de la ley, de la justicia democrática, para impedirlo. Y, de nuevo, comenten un error: el cáncer se seguirá extendiendo y, desgraciadamente, solo serán cuidados paliativos.
Sólo un milagro, una luz que ilumine a nuestros políticos, tanto del Gobierno como Catalanes, evitará que Cataluña se convierta en un lunar de nuestra democracia. Sus consecuencias son imprevisible. La incapacidad de diálogo para construir un estado moderno y consensuado, adecuado a las realidades económico-culturales e identitarias de las distintas regiones, nos han conducido hasta un callejón sin salida o con una salida tan estrecha que no cabemos todos.
La culpa no la tienen los ciudadanos, ni catalanes, ni vascos, ni andaluces, etc. Los culpables son nuestros representantes, tan cortos de miras. Sólo nos queda confiar en su inteligencia… Que es mucho confiar.
Mario Sender