Iberia/Hispania

Iberia/Hispania

Podemos dividir la península como queráis… No sería la primera vez. ¿Cuál es la razón?

Rodeada de varios mares y unida por una abrupta cremallera montañosa, al continente, un trozo de tierra parece intentar señalar el norte, de la inmensa África. Los griegos la llamaban Iberia y los romanos la bautizaron como Hispania. Durante siglos fue la patria de íberos, celtas, celtíberos, lusitanos, godos, visigodos, árabes, judíos, cristianos, reyes, reyezuelos, duques, condes, marqueses, héroes y villanos. Filósofos, poetas, escritores, artistas, músicos, bandidos, asesinos y… Políticos. Todos y muchos más han ido configurando este territorio sobre el que caminamos, vivimos, disfrutamos y sufrimos. Desgraciadamente, a lo largo de toda la historia de la península Ibérica, el pueblo ha sido el último en decidir su destino. Las guerras, los intereses económicos, la religión y la política interesada de tantos años de dominio de unos pocos sobre otros muchos, han llenado de cicatrices la cara de esta península deseada por todos. desde los fenicios a los cartagineses, o las grandes multinacionales que siguen explorando los recursos de todos. Es inevitable. Iberia/Hispania es un territorio antiguo, fue una provincia romana, un reino de reinos, un pueblo de pueblos, un crisol de culturas que fue envejeciendo, tatuada de líneas y fronteras. De heridas sin curar, de complejos crónicos, de luchas entre sus múltiples territorios, también de épica, de orgullos, y, como no, de periodos de felicidad y prosperidad.

Estos días, han vuelto a abrirse las heridas mal curadas y en lugar de confiar en la “medicina tradicional”, algunos han convencido, a una pequeña minoría de enfermos, de que el remedio es acudir al “curandero”. Es un alivio para el corazón, un placebo, que no evita que la enfermedad siga avanzando.

Yo prefiero sentirme parte de Iberia o Hispania. Mirar la catedral de Santiago, los prados asturianos, pasear por la Concha, disfrutar de los bellos pueblos del Ampurda, suspirar ante la Sagrada Familia, recorrer la judería Sevillana, soñar entre los arcos de la Alhambra, viajar entre castillos, sentir el cierzo en la plaza del Pilar o recordar la emoción de visitar cualquier museo. Entiendo la emoción de tanta independencia, pero… Yo prefiero la mía propia, decidir lo que me gusta, sentir que todo lo que miran mis ojos, lo que tocan mis manos, lo que saborea mi boca, está ahí para ser apreciado. Sin restricciones, sin imposiciones, sin condicionamientos, sin líneas, ni puentes, ni acuerdos, ni prohibiciones, ni fronteras. Las leyes son necesarias, claro, pero no en sí mismas. Las leyes existen por miedo a nosotros mismos.

POR ESO, LA ÚNICA INDEPENDENCIA DE VERDAD, ES MI PENSAMIENTO.

Y creo en la corrección de la imperfección. Por eso, debemos intentar corregir los sucesos de estos últimos meses. Y, si el problema es la semántica, cambiemos el nombre, aunque éste sea España. Empezando por la forma de definir el estado: qué tal…

CONFEDERACIÓN IBÉRICA

Lusitania, Catalunya, Euskadi, Al Andalus, Castilla…. Etc.

Parecerá una broma, pero lo que está pasando, también lo es…

M. Sender

 

 

 

 

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