El Viajero Estelar, bitácora 2017-24:12:00 LA ÚLTIMA NAVIDAD.

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Ilustración Mario Sender ©

El Viajero Estelar, bitácora 2017-24:12:00 LA ÚLTIMA NAVIDAD.
Solsticio de invierno, año terrestre 2017. La sonda recorrió el cielo dejando una estela al penetrar la atmósfera. No era más grande que un balón de basket y sus luces, preparadas para la ocasión, parpadeaban en la oscura noche.
Su objetivo: comprobar la evolución de la especie.
Era el 358 día de la traslación terrestre y la ciudad elegida brillaba en una cúpula de luz, fuera de lo habitual. Las calles parecían ríos de luciérnagas de mil colores y las primitivas máquinas se detenían o avanzaban, al ritmo rojo o verde.
El bullicio recorría las aceras, las miradas atravesaban los cristales de las tiendas, los dedos de los niños señalaban sus ilusiones y las bolsas chocan entre sí, repletas de regalos. Parecería un día cualquiera, pero no. La sonda introdujo las coordenadas temporales en el comparador; era Navidad. Eso lo explicaba todo. Era una felicidad circunstancial.
Sus sensores se dirigieron al otro lado de esa cúpula de luz de colores. A poca distancia, también era Navidad, allí no había luces de colores, tampoco los niños señalaban sus escaparates de ilusiones, no había luces verdes y rojas, el bullicio de la compras había desaparecido y las calles no estaban habitadas por luciérnagas de colores.
Miró a través de la pared de lata, dentro, alrededor de una lumbre, un hombre y una mujer charlaban:
-No sabes como me gustaría hacerte más feliz cariño. Quisiera poder darte ese hijo que tanto anhelas. Trabajo como un animal, ahorro, pero no podré conseguir el dinero suficiente para el tratamiento, antes de que tu fertilidad desaparezca.
-Nunca te he pedido nada mi amor, no me quejo, no quiero la riqueza de los pobres, ni el corazón de los ricos. Y estoy dispuesta a esperar, a confiar en ti, con la esperanza y la seguridad de que, algún día, tendremos ese regalo que nos hará la pareja más feliz del mundo.
Por la calle, iluminada sólo por la luz de los ventanucos, una solitaria rata, flaca y vieja, se tambaleaba entre la pobreza.
El hombre tomó a la mujer entre sus brazos y la besó eternamente. La sonda dirigió un microscópico sueño que entró por la pupila de un “te quiero”.
Aquella noche el Viajero Estelar, decidió sembrar la primera semilla de una nueva especie. Quizá dentro de otros 3000 años, a su regreso, él pequeño planeta azul, podría salvarse.
…La sonda se desprendió de la antena del “Pirulí”, bajo la mágica mirada de los niños, que, incrédulos, señalaban con sus pequeños dedos hacia el cielo.

Mario Sender

El Viajero Estelar es una serie que cuenta como, un”creador” de vida, visita la tierra para comprobar su evolución, con el fin de decidir sobre su futuro.

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