La viuda de La Moraña

Y de cómo llegó la familia Yepes a Fontiveros…

Fontiveros_convento_Carmelitas_calzadasAl parecer vivía en Fontiveros una mujer conocida como la viuda de La Moraña, dueña de un pequeño taller de tejer. Según figura en los libros de contaduría de don Hernando, cumplidora con sus pagos y que contaba con el aprecio de la familia Yepes, que como sabemos se dedicaba al negocio de los paños.

Un domingo de verano, se encontraba Gonzalo en Fontiveros, camino de Arévalo, para arreglar algunos asuntos del negocio con la viuda de la Moraña, cuando entró a una pequeña iglesia de un convento de Carmelitas, aprovechando la fresca de la mañana. Al lado de un ventanal, una bella joven sentada a su lado, le sonrió a modo de saludo. Gonzalo, prendado a primera vista, con el respeto hacia el piadoso lugar, no podía dejar de mirarla de reojo. La joven vestía una mantilla que enmarcaba su rostro y seguía el oficio con devoción. Acabada la misa, la muchacha salió apresuradamente, no sin antes hacer un gesto de saludo a Gonzalo, que, a duras penas, contuvo su deseo de salir corriendo tras ella. No dudó Gonzalo en hacer coincidir su próximo viaje a Fontiveros, en domingo y a la misma hora. Y acertó: allí estaba la misteriosa joven, junto al mismo ventanal. Iluminado por un sentimiento al que no podía dar explicación, decidió quedarse el lunes y preguntar a la viuda por la joven que había atravesado su corazón. Sin duda, la viuda, que conocía a todos los habitantes de nuestro pueblo, le daría razón. Al día siguiente, Gonzalo, se llevaría una grata sorpresa.

Nada más entrar al pequeño telar de la viuda, se encontró de espaldas con la mujer que le traía a mal traer. Ella se volvió para ver quién entraba y le dirigió la misma sonrisa que le dedicó en la iglesia la primera vez. No entendía cómo no se había dado cuenta antes de tanta belleza y lo achacó a la vestimenta: su pelo recogido por una pañoleta y la bata de trabajo, como tejedora.

Catalina Álvarez, que así se llamaba la joven, era natural de Toledo, huérfana de padre y madre, recogida bajo su protección por la viuda, amiga de sus difuntos padres. Gonzalo no dejo domingo de guardar sin ir a misa, dónde la joven le esperaba a la puerta de la iglesia. Juntos caminaban hacia el telar de la viuda, la cual, sabiendo que el joven Yepes era el favorito de don Hernando Aguilera, destinado a casarse con una de sus hijas, no sospechaba de las intenciones de Gonzalo. Así, durante un tiempo, la viuda le habló de las virtudes de Catalina, incendiando, sin saberlo, cada vez más, su corazón.

El joven Gonzalo, recorrió la distancia que separa Medina de Fontiveros, en una nube, en un sin vivir, por encontrarse con Catalina. Hasta que un día la viuda, sospechando que el propósito del joven, era tan sólo un amorío destinado al placer carnal, le hizo saber que Catalina no merecía eso, aunque comprendía que un comerciante de buena familia intentará atraer a una pobre huérfana. Ante la actitud de ofendido de Gonzalo, la viuda le preguntó: “¿No estaréis pensando en desposarla?”. La afirmación del joven irritó a la viuda que temió ofender a la familia y perder a uno de sus principales proveedores del género necesario para su taller. Así que, tajante, le ordenó al joven Yepes, que no volviera por allí, nunca más.

Cuando le advirtió a Catalina de sus ilusas esperanzas, del compromiso de Gonzalo de Yepes con la hija de don Hernando, la respuesta de la joven fue tajante: “tía, Gonzalo no tiene compromiso, aún ni tan siquiera don Hernando se lo ha propuesto. Yo le amo desde el primer día que le vi entrar, aunque él no se fijara en mi. Observaba cada uno de sus gestos, su agraciada palabra, sus maneras. Con disimulo, pues nunca pensé que se fijara en mi. Mientras arreglaba cuentas con usted, yo no perdía detalle de su visita.” El asombro de la viuda le dejó sin habla ni argumentos.

Así fue como el futuro padre de San Juan de la Cruz, recabó en Fontiveros.

Las fuentes de este pequeño relato han sido: Los amores de San Juan de la Cruz, de José Luis Olaizola. Interesantísimo y ameno libro, que cuenta la historia con todo detalle.

Mario Sender

 

2 comentarios en “La viuda de La Moraña

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