Fontiveros en América.

Fontiveros en América.

800px-Republica_del_GuayraCorría el año de 1554 y los españoles recorrían América en busca de nuevos lugares y fortuna. Allí al otro lado del Atlántico, el mar sin fin, un paisano, el Capitán García Rodríguez de Vergara formaba parte de una expedición que pretendía conquistar el Paraguay.
Entre conjuras, envidias y tradiciones, con el fin de conservar o conseguir poder en los diferentes territorios, acceder a las riquezas o recibir prebendas del Rey, muchos españoles murieron con gloria o deshonra en la conquista de América.
Después de varias guerras y expediciones, el Rey concede licencia a Juan de Sanabria para continuar la conquista del Paraguay, mediante contrato de pactos.
Elegido Gobernador de la Asunción Domingo Martínez de Irala, vista la pobreza de metales y riquezas del Paraguay, decide comandar una nueva expedición al Perú, dejando al mando de la provincia a Francisco de Mendoza. No tardó Irala en conocer la situación en el Perú; las revueltas y muerte de Pizarro y los peligros que encerraba su misión. Después de enviar mensajeros a Lima, para cumplimentar al licenciado Pedro de la Gasca y ofrecerle sus tropas, concluyendo con que le confirmase en el gobierno del río de la Plata, la Gasca le ordenó que no se internase más en el Perú (en cierto modo por miedo a que se uniera a los vencidos seguidores de Pizarro). Irala decidió cumplir la orden y ocultarla sibilinamente a sus soldados, que eran partidarios de continuar avanzando. Eran tiempos de supervivencia y si sus soldados hubieran sabido que obedecía órdenes de la Gasca, probablemente no hubieran dudado en matarle acusado de traición y falta de ambición.
Irala no fue nombrado gobernador del río de la Plata ya que, la Gasca, prefirió a Diego Centeno por haberle ayudado a destruir a Pizarro, y también, porque no se fiaba de Irala. Éste, enterado del nombramiento, informó a sus tropas y se retiraron con gran disgusto, de vuelta al Paraguay. Mientras tanto, en Asunción, Mendoza especulaba con la muerte de Irala (había pasado más de un año desde su partida) y promulgaba su elección como nuevo Gobernador. Expidió consulta al Cabildo, en España, y recibió la negativa hasta no tener certeza del fallecimiento de Irala. Pero ya entonces existían las conspiraciones, Mendoza hizo caso omiso al mandato y convocó a sus leales; entrando en liza Diego Abreu, que con sus amigos e influencias derrotó en la votación a Mendoza, quien avergonzado y resentido quiso hacer buena la decisión del Cabildo y arrestar a Abreu. Éste al enterarse apresó a Mendoza y le condenó a ser cortada su cabeza, por rebelión contra la República. Sobrevivió Irala y reconquistó el mando como gobernador haciendo huir a Abreu. Aprovechando el episodio de su expedición al Perú, su obediencia a la Gasca, le confirió poder y confianza contra el usurpador. Irala, un hombre con suerte, salió ileso de un intento de asesinato, que no sabemos si fue instigado desde Lima o por los partidarios de Abreu.
Las revueltas se sucedieron por un tiempo y Abreu no cejó en su empeño por tomar el mando. Hasta que, Irala, ordenó su muerte. Un grupo de 20 hombres, sorprendieron una noche a Abreu. De forma sigilosa, uno de ellos, le atravesó el costado con una flecha de ballesta, que le mató en el acto.
Muerto Abreu, cesaron los disturbios y nuevos objetivos aparecieron en el horizonte. Irala pensó en la idea de fundar una ciudad cerca de la desembocadura del río de la Plata, que sirviera como puerto de referencia, avanzadilla y escala a las embarcaciones que llegaban del viejo continente. Así que envió al Capitán Juan Romero al mando de dos embarcaciones. Llegados a la confluencia del río Paraná con el Uruguay y en la boca del Río San Lorenzo, decidieron fundar la ciudad de San Juan. Quizá en honor del nombre del capitán o por ser el día de su fundación el 24 de junio de 1553.
Ese mismo año recibió Irala una delegación de indios de la provincia del Guairá a solicitar protección contra los portugueses que les hacen presos y venden en Brasil como si fuesen esclavos negros. Accedió a sus súplicas y decidió recorrer esa provincia poco conocida. Tomada conciencia de su situación geográfica y las ventajas que concurrían, decidió enviar un destacamento para fundar una población que diera protección a aquellos indios y otros y, además, sirviera de salida al mar por sitio distinto, del río de la Plata.
Aquí aparece nuestro paisano, el Capitán García Rodríguez de Vergara, quien con 60 españoles, víveres y pertrechos suficientes, en 1554, en la costa oriental del Paraná, sobre un salto grande, en un poblado del cacique Canendiyú, fundaron la villa de Ontiveros, en honor al nombre de la patria chica del Capitán García Rodríguez de Vergara, en España.

Todos los datos de esta historia y su recreación, proceden del volumen cuya portada de reproduce más abajo.

Mario Sender

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