El fotógrafo del tiempo. CAP.VII

Capítulo VII . 

El cuaderno.

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Después de conocer el informe negativo del Instituto Nacional de Toxicología, Pablo Roig se encontraba en un callejón sin salida. No tenía ni una sola pista sobre el supuesto asesinato del hombre de Valgamedios. Tan sólo el extraño testimonio de un vecino que aseguraba haber presenciado como las paredes se hacían transparentes …y un viejo libro. Todas sus esperanzas estaban puestas en los “poderes especiales” de su amigo Carmelo, el fotógrafo. Desvelado e inquieto pensó en aprovechar el tiempo para repasar el libro que había encontrado en la caja fuerte oculta en el piso de Valgamedios. En realidad no era un libro, parecía más bien una recopilación de cuadernos de trabajo. No tenía título  y estaba repleto de formulaciones matemáticas y dibujos geométricos de lo más extraño, que para él no tenían ningún significado. Además las anotaciones se hallaban escritas en un idioma que no reconocía. Parecía de origen oriental, quizá persa, Indi o hebreo.

La noche era desapacible, típica de mediados de otoño. Podía oír el aire acariciar las persianas venecianas y como la luz de las farolas agitadas por el viento se filtraba a intervalos, creando un ambiente un tanto espectral en su dormitorio. Pablo se dispuso a investigar en su tablet con el suave arrullo de Eolo. Parecía que la tormenta estuviera amasando las nubes para hacerles estallar en un orgasmo de luz y sonido. Abrió el traductor de google y después de tomar una fotografía con la cámara y editarla, seleccionó y pegó lo que pudiera ser un nombre en la portada de los cuadernos: ராமானுஜன். En menos de una milésima de segundo tuvo la respuesta: Ramanujan. A continuación lo introdujo en el buscador y a la misma velocidad aparecieron multitud de resultados con información sobre el que parecía ser el autor de los cuadernos, Srinivāsa Aiyangār Rāmānujan, ஸ்ரீனிவாஸ ஐயங்கார் ராமானுஜன் en tamil, su idioma materno. Entonces supo que Ramanujan fue un extraordinario matemático indio, sin formación académica, autor de ecuaciones y teoremas geométricos muy avanzados, considerados la obra de un genio. Uno de los mejores teóricos de la historia. Entre la documentación que encontró en internet le llamo la atención la carta que Ramanujan dirigió a G.H.Hardy, miembro del Trinity College de Cambridge:

“Apreciado señor:

Me permito presentarme a usted como un oficinista del departamento de cuentas del Port Trust Office de Madrás con un salario de 20 libras anuales solamente. Tengo cerca de 23 años de edad. No he recibido educación universitaria, pero he seguido los cursos de la escuela ordinaria. Una vez dejada la escuela he empleado el tiempo libre de que disponía para trabajar en matemáticas. No he pasado por el proceso regular convencional que se sigue en un curso universitario, pero estoy siguiendo una trayectoria propia. He hecho un estudio detallado de las series divergentes en general y los resultados a que he llegado son calificados como “sorprendentes” por los matemáticos locales…

Yo querría pedirle que repasara los trabajos aquí incluidos. Si usted se convence de que hay alguna cosa de valor me gustaría publicar mis teoremas, ya que soy pobre. No he presentado los cálculos reales ni las expresiones que he adoptado, pero he indicado el proceso que sigo. Debido a mi poca experiencia tendría en gran estima cualquier consejo que usted me hiciera. Pido que me excuse por las molestias que ocasiono.

Quedo, apreciado señor, a su entera disposición .

S. Ramanujan.”

Pablo, aún no siendo un hombre al que le apasionara la ciencia, estaba totalmente impresionado por las capacidades de aquel humilde indio sin formación, para formular teorías que no estaban al alcance de los más ilustres cerebros de la ciencia de su tiempo. Continúo leyendo y anotó una frase en su cuaderno: “Ramanujan atribuye su talento a que la diosa de Namakkal le inspira las formulas en sueños…”

Por muchas vueltas que le daba, a pesar de lo extraordinario de la historia de tan ilustre personaje, Pablo no conseguía encontrar ningún nexo de unión entre los cuadernos y el suceso de Valgamedios. Desorientado pasó la última pagina de los cuadernos…y, entonces, pegado en la contraportada se fijó en un extraño dibujo…lo observó detenidamente.
Parecía una simple mandala. Se quitó las gafas y lo acercó a sus ojos para poder enfocarlo detenidamente… De pronto, un resplandor iluminó la habitación. La luz era tan potente que todo pareció desvanecerse.

Cegado por la luz estroboscópica, miró como sus manos parecían moverse a un ritmo distinto y se perdían en un punto de fuga que atravesaba la pared de su dormitorio hasta converger en la habitación donde Marina dormía apaciblemente. Solo fue un instante, aunque no podría precisar su duración. De lo que si estaba seguro es de una cosa: había visto a Marina a través del tabique. Se levantó sudoroso y cerró las persianas venecianas hasta evitar que un solo fotón entrara en la estancia. Fue entonces cuando se dio cuenta. Su mano derecha tenía una extraña mancha blanquecina en los dedos. Instintivamente la acercó a su nariz….

-Santo Dios!… huele como el pie de ese hombre…

La luz se apagó y un trueno hizo temblar los cristales del apartamento. Marina corrió asustada desde su habitación y se refugió entre los brazos de Pablo.

-Hoy prefiero dormir a tu lado. No me gustan las tormentas.

La lluvia repiqueteaba sobre las persianas metálicas como una sinfonía para piano. Pablo se sintió aliviado al tenerla a su lado. A pesar de todo, quería a Marina. Sentir la piel suave de sus pechos, al ritmo de su respiración agitada, le hizo olvidar por un momento lo que había sucedido. Le hubiera gustado poder complacer sus deseos sexuales… pero no tenía su permiso.

“Mañana iré a ver a Caramelo, necesito su magia o… Me volveré loco”

Se dio medida vuelta en la cama y se durmió. El sueño se llenó de placeres ocultos y su respiración se volvió profunda y acompasada. De vez en cuando, un gemido ahogado, seguía al silbido del látigo.

Continuará…

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