El viajero estelar. Contacto.

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Faltaban tan solo unos pocos”tagots” y era una ocasión única en su vida. Tenía la gran suerte de haber nacido en el “jaro” donde su universo burbuja se tocaría con otro de los multiversos existentes. Concretamente en un punto de un conglomerado de millones de estrellas conocido como Vía Láctea. Estaba excitado, expectante. Deseando poder ver por si mismo lo que tantas veces había leído en la biblioteca digital, en el catálogo de mundos paralelos. El extraordinario suceso sólo sucedía cada 3.000 ó 4000 “jaros”.
Había entrenado esta conexión durante media vida y estaba preparado. Así que se colocó en el centro del círculo de interacción, se conectó la interface a su “cerbo” y se relajó. La experiencia no era agradable, sus circuitos neuronales parecían estallar mientras se acercaba el momento. Pero solo fueron un par de “milisekundoj”. Los programadores del encuentro habían elegido un pequeño planeta azul, el tercero de un sistema estelar llamando “tero”. Aprendió un nuevo idioma que tan solo le llevó un segundo, por si acaso. Había leído en la biblioteca que en “tero”, otro como él, intentó que todos los seres se comunicaran así. Su misión era recopilar todo el conocimiento posible sobre aquellos otros mundos y aprovechar los pocos minutos que se mezclarían los dos universos, cuando su existencia se hiciera real al ser avistados desde Tero. Después, la incompatibilidad de la antimateria, les haría invisibles en esa dimensión.
La tarde estaba a punto de rendirse ante el inexorable rotar del planeta y la oscuridad empujaba al Sol tras las montañas, tiñendo de carmín los blancos labios de las nubes. Hacía calor y disfrutaba del frescor amargo de su jarra de cerveza, sin apartar la vista de la mesa de al lado. Los ojos verdes de aquella mujer le tenían hipnotizado. Disfrutaba de aquellos momentos de soledad escuchando sus pensamientos. De vez en cuando sus ojos se cruzaban y no podía evitar una sonrisa. Tenía una duda; acercarse y sentarse en la mesa de la preciosa chica o esperar lo inesperado. De pronto se escucho un murmullo, la gente se puso de pie y señaló hacia el cielo. Se levantó y, con la mano a modo de visera, dirigió su vista hacia el horizonte. Por encima del perfil de las montañas, entre los labios de las nubes, un enorme vórtice de colores centelleaba intermitentemente. ¡Un OVNI! gritaban algunos, mientras otros sacaban instantáneas con sus móviles o discutían acerca del efecto del Sol entre las nubes.
Fueron tan sólo unos segundos. El vórtice desapareció de la misma manera que se apaga la luz. Se sentó de nuevo con una extraña sensación, como si algo se hubiera instalado en su mente. Volvió la vista hacia la mesa de los ojos verdes. Celia le miró de nuevo, se quitó el suave pañuelo de su cuello, se levantó, se acercó a él y le ató a su universo para siempre. El “viaje” había merecido la pena.
Mario Sender

Universos paralelos/Multiverso

 

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