El fotógrafo del tiempo. CAP.VIII

IMG_20180204_214316Carmelo había pensado muchas veces como sería su vida sin ella. A pesar de los años transcurridos, una y otra vez volvía a pasear por los lugares que habían recorrido juntos, sin dejar de sentirla a su lado. Parecía tan real que a veces, inconscientemente, movía los dedos de su mano acariciando la suya. Sus poderes especiales, al menos en gran parte, a pesar de su ausencia, se los debía a ella. Nada era comparable. Nada era igual. Le había enseñado a mirar dentro de sí mismo, a buscar en su corazón y entregar esos sentimientos tanto tiempo escondidos, hundidos entre los pliegues del tiempo, entre la inconsciencia, en lo más profundo de sus sueños de juventud. Le debía tantas cosas que necesitaría varias reencarnaciones para poder compensarle. Las probabilidades de que millones de átomos volvieran a ordenarse de la misma forma eran remotas. Una entre miles de miles de millones y tanto tiempo como la vida del universo. Una y otra vez recordaba cada palabra que se habían dicho. Su muerte era tan extraña como la forma en que la conoció. Sus primeras palabras fueron para dejarle claro sus intenciones -estoy casada, por nada del mundo dejaré a mi familia, no quiero que te hagas ilusiones-. Le dejó perplejo su seguridad y sinceridad. Al fin y al cabo tampoco era algo que él pretendiera. -Podemos estar juntos ahora o en el futuro, sin necesidad de asesinato-, le había comentado Carmelo. Un día, con esa voz dulce que parecía acariciarte, le confesó que le llevó un tiempo entender que significaba sin necesidad de asesinato. Como muchas veces, consiguió arrancarle una sonrisa. Era capaz de ser la mujer más dulce y la más morbosa, salvaje y atrevida, dispuesta a compartir sus deseos y fantasías sexuales. No podía asumir su falta. Algo debió suceder para que una persona tan única fuera asesinada de aquella manera.

Sumido en sus recuerdos, Carmelo se dirigió hacia Chueca, donde le había citado Pablo aquella mañana.

-Te he citado para saber si has descubierto algo nuevo. Si has encontrado algo extraño en las fotografías.

-Hay algunas cosas extrañas. Al revelar las fotos del apartamento, el fondo estaba algo difuminado, confuso. Al principio pensé que era debido a la profundidad de campo, un error al elegir el diafragma, pero no. Comprobé mis notas y utilicé el correcto. Luego observé las fotos con la lupa y mi sorpresa fue en aumento. Parecía una doble exposición… los muros parecían transparentes. Podía verse claramente al vecino de enfrente mirando por la ventana. En realidad parece un montaje de varias fotografías tomadas desde múltiples puntos de vista, una especie de collage. Estoy un poco desconcertado. Tendré que examinarlas con mayor detenimiento.

-¿Recuerdas que te dije que había encontrado algo en el apartamento?

-Si, ¿vas a decirme de qué se trata?.

-Es un viejo manuscrito, recopilación de unas libretas de notas plagadas de ecuaciones y dibujos geométricos. He averiguado a través de Internet que son anotaciones de un genio hindú de las matemáticas. Una copia de unos cuadernos que se consideraban perdidos. Parece que el tal Ramanujan fue uno de los mejores matemáticos de la historia.

-Ya… y ¿por qué me has llamado?

-La verdad es que no estoy muy seguro.  Anoche no podía dormir y decidí echarle un vistazo. Cuando se desató la tormenta estaba acabando de repasarlo. Me quedé mirando detenidamente un dibujo geométrico, una especie de mandala tridimensional… cuando un tremendo relámpago, o eso me pareció, iluminó toda la estancia.

-Con la tormenta de fondo, parecería el fin del mundo. Imagínate como se vive en pleno campo. Las tormentas impresionan Pablo. Nos hacen sentir pequeños, nos recuerdan el poder de la naturaleza. Nuestra falta de control, impotencia.

-Ya, pero esa luz, no fue normal Carmelo. Las paredes se volvieron transparentes y pude ver a mi mujer dormida en la otra habitación. Instintivamente alargué la mano y tuve la sensación de haberla tocado. Me asustó la situación.

-Me estás diciendo… ¿que crees que lo que vio aquel vecino, lo que nos contó,  no fue una alucinación?

-Creo que no Carmelo. Creo que decía la verdad. Su verdad. Hay algo fuera de lo normal que no consigo entender. En un primer instante pensé que era producto de mi imaginación. Sugestión inducida por la preocupación del caso… pero luego algo se hizo real.

-¿Qué…?, me tienes en ascuas.

-Ese olor… el polvo blanco. Mi mano estaba manchada de la misma forma que el pie del hombre de Valgamedios.

-¡Joder!…

Abrió la puerta de la cápsula y se relajó. Lo había repetido miles de veces, pero aún así no podía evitar un cierto nerviosismo. Poco a poco su cuerpo fue desapareciendo, su respiración se fue apagando hasta que su corazón alcanzó un ritmo de tan sólo un latido por minuto. La tremenda energía generada, de miles de billones de electrovoltios, le llevó más allá de la distancia de Planck y su cuerpo desapareció en alguna de las dieciséis dimensiones. Ahora solo necesitaba encontrar la puerta de salida y no podía fallar. Alterar el colapso de onda no era sencillo y menos aún situarse para que la mirada de Pablo a través del objetivo de la cámara no cambiara su probabilidad. Si lo conseguía Pablo podría ver lo que ella sabía y podría ayudarle. Si no se posicionaba correctamente, él no vería más allá de lo que ven otros seres humanos: su realidad. Era un hombre inteligente, ya se había dado cuenta de que algo en sus fotografías era diferente. Ahora sólo necesitaba entrelazarle con Pablo. Le enseñaría la verdadera naturaleza de aquel policía. El interior de su alma. Su maldad. Algo de lo que, ni el mismo Pablo, era consciente.

Continuará…

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