Don Vidas

Un extraño caballero llamado Don Vidas…

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“Pocas veces pensamos de que se compone nuestra vida. Hacen falta años para llegar a entenderlo. Días de éxito y fracaso. Debemos alcanzar una madurez mental que evite que nuestros pensamientos se vean condicionados. Durante años, luchamos por comprender que es lo que está bien o mal y no logramos entenderlo. Quizá porque no es decisión nuestra, siempre hay alguien que nos dice lo que debemos pensar. Imitamos. Somos animales que imitamos comportamientos para sobrevivir: a nuestros padres, nuestros profesores, al jefe de la pandilla, a nuestros jefes. Luego, están las leyes que obligan a todos. En el fondo no somos tan libres como creemos. Un día, decidimos compartir la vida con otra persona, y, como no, eso también coarta nuestra libertad. No es por culpa de nadie, tan solo es otro factor: ¿El amor?. Si. Así empieza. Porque pensamos que el amor es único, exclusivo, egoísta. ¿Eso limita poder querer a nadie más?. No, pero si. Han sido años de entrenamiento mental, de educación para no herir, de aprender a hacer el bien y no el mal. Así, entre elecciones, pasa la vida. Desechando o eligiendo, perdiendo por miedo a perder. Hasta que transcurrida media vida te das cuenta de que no todo tiene que ser blanco o negro, ni si, ni no. Te revelas, quieres no tener que decidir. Aprendes a tener cajitas en tu mente cerradas con la única llave que existe y que tienes tú. Se tarda en llegar a esta conclusión y no es fácil porque te gustaría enseñar esos tesoros ocultos, mostrarlos, compartirlos… Pero, hay tantos tesoros expuestos a la incomprensión, a la crítica de la razón, a la repulsa de la sociedad modelada durante siglos, que lo mejor es disfrutarlos dentro de ese pequeño mundo encerrado en cada cajita mental.
Aún no he conseguido esa libertad total, pero está cerca. Si por mí fuera, te presentaría al mundo entero, pero quizá mejor sea disfrutar de un tesoro como tú, dentro de esa cajita.
Empecé con filosofía y termino diciendo QUE TE QUIERO!!

Don Vidas”

M. Sender

Verdad y Éxito

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VERDAD Y ÉXITO

(A un amigo)
Un día compartimos momentos de gloria, de triunfo y alegría. Amistades peligrosas, putas y políticos. Juegos que pudimos ganar, ambición y poder. Nos sentimos el agua del río que horada la piedra, el sol que más calienta y la luna que alimenta los sueños. Fuimos casi felices, casi ricos, casi… los más listos. Y, así, nos perdimos en el camino. En un bosque de ilusiones egoístas, en un limbo de no sé qué…
Tantos años más tarde, cada uno por un camino, talando árboles, abriendo brechas, renunciando a lo fácil, ahora sí, casi, lo hemos conseguido.
Por el camino han quedado cadáveres, algunos, vivos.

Mario Sender

Mi infancia entre héroes.

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Eran héroes que contaban historias de la historia. Tuve la suerte o el don de aprender a leer muy pronto, casi antes de ir al colegio. No habían aparecido en mi pequeño pueblo los superhéroes de Marvel y DC Comics. Ni tan siquiera los conocía. Pero había otros y no eran americanos. Mis héroes eran totalmente autóctonos y me hacían viajar por el mundo. Me contaban como luchaban contra los “infieles” musulmanes o las legiones romanas. Me enseñaron dónde estaban China, Mongolia, Japón, Noruega y otros lugares que yo recorría con mi imaginación; a veces en globo, otras en un barco vikingo o un champán chino.
Enseguida me cautivó la lectura. Esos relatos gráficos, hacían que mi pueblo no tuviera fronteras. Frente a la casa de mis abuelos, en la alameda, estaba mi particular selva, los arrozales orientales en las tardes de lluvia. El regato se convirtió en un océano infinito por el que navegar mi imaginación, y, una espada de madera y un escudo, me forjaron un corazón de guerrero.
Mis primeras novias fueron de papel: Sigrid, la reina de Thule y Claudia, la guapa y luchadora romana. Desgraciadamente poco podía hacer para seducirlas. Su corazón estaba ocupado por mis dos héroes: El Capitán Trueno y El Jabato. Ambos tuvieron una gran influencia en mi afición por la lectura, el dibujo y la historia.

6d8caa60e00ae9ee6c0a8aeb7704f294El Capitán Trueno nació el mismo año que yo, 1956, y me enseñó muchas cosas. Vivió en la Edad Media, durante la Tercera Cruzada. Un caballero español que viajó por todo el mundo defendiendo los ideales de libertad y justicia, luchando contra la opresión de los pueblos. A su lado, la preciosa Sigrid. Una princesa nórdica de cabellos dorados y esbelta figura, cuyo padre adoptivo es Ragnar Loghbroth, un vikingo tan salvaje como compasivo. Yo aún no había visto nunca un avión y aún tardaría en verlo de cerca, así que disfrutaba volando en el globo aerostático creado por el mago Morgano, sobre los valles y las montañas.
Mi otro héroe tenía muchas diferencias.

elefantes+001El Jabato es un campesino íbero, un poco más joven, de 1958, esclavizado por Roma y convertido en gladiador, que, como Espartaco, lidera una rebelión y termina como justiciero universal. Al igual que el Capitán Trueno, también tiene en su poder a mi “novia”, la bella Claudia. Una noble romana, hija de un senador y defensora de los cristianos. Los romanos no cesan en su empeño para capturar al insurgente, que recorre todo el imperio, entre batallas y enfrentamientos de distintos pueblos.
Estos comics o tebeos hicieron mucho por la afición a la lectura de los chicos de mi generación. No solo inculcaron el germen de la literatura, también nos enseñaron a soñar y a situarnos en la historia, a salir de “casa”, a conocer otras razas y otros pueblos. Ambos eran luchadores por la libertad y la opresión de los pueblos. Defensores de la justicia y en cierto modo, de la igualdad entre géneros.
Un día salí de mi humilde pueblo y vi un avión, monté en tren, conocí el mar, visité otros países y pude comprobar que no todos tenemos el mismo color de piel. Ha pasado mucho tiempo, pero no he montado en globo, quizá porque ya lo hice con El Capitán Turno.

A Sigrid y Claudia, las he visto algunas veces, pero siguen enamoradas. Así que, me he creado mi propia heroína. Tan única como ellas. Cuestión de imaginación o de suerte.
Cuando vuelvo a mi pueblo, salto desde el muro de ladrillo a los pilones o me siento sobre la piedra de los chorrillos, mirando a la inexistente alameda. Mis héroes siguen allí, anclados en la mente de mi infancia.
M. Sender

 

 

El fotógrafo del tiempo. CAP.X

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Sospecha.

Fue una de esas casualidades que suceden después de miles y miles de millones de veces en las que los universos se dividen. Podía haber elegido cualquier opción, pero la huella de su dedo índice pulsó la tecla izquierda del mouse sobre el nick del chat; sobre ese en concreto. Como quien mira la estrella más brillante en una noche de verano poblada de miles de pequeñas luces…

Carmelo había conocido muchas mujeres a lo largo de su vida. Muchas y de diversas partes del mundo. Bellas y no tanto; divertidas, inteligentes, excitantes o frías como el agua de un río truchero. Marina era diferente, muy diferente. Carmelo pensaba haber estado enamorado, no muchas, pero si un par de veces. Así lo creía hasta entonces. Aquella tarde, cuando la tinta electrónica dibujó las primeras letras en la pantalla, el primer “hola”…escuchó su voz. Marina le sonreía. Fue como si la estrella más brillante de la noche emitiera un parpadeo sólo visible para él. Casi podía sentir su calor y oler su perfume en cada palabra de la frenética conversación, que, como dos amantes separados por el tiempo y la distancia, inundan la habitación de gemidos, caricias y deseo.

Cuando comenzó a sospechas que aquella enigmática mujer con cuerpo de tinta electrónica, era la esposa de Pablo, le embargó un extraño pensamiento. Durante su idilio en la red nunca vio su cara. Ella le había enseñado algunas fotos que mostraban tan sólo algunos de sus encantos. En una de ellas podía verse claramente un pequeño tatuaje; la huella de un felino, idéntica a la que lucía el comisario en uno de sus antebrazos. No estaba seguro, podría ser una coincidencia, habían pasado muchos años desde que retrato a Pablo con su compañera policía y, en aquel entonces, estaba seguro de que no tenía el tatuaje. El nombre coincidía, pero eso tampoco era determinante, la gente usa nombres supuestos en los chat. Carmelo tenía ahora dos problemas: estaba totalmente fascinado por aquella misteriosa mujer del chat, enganchado a ella como un pez colgado del anzuelo. Luchaba contra el sedal que le arrastraba cada vez más cerca del corazón de Marina y contra el instinto que le decía que, si sus sospechas eran ciertas, no era una buena idea rendirse a sus sentimientos. Volvió a revisar las fotografías: Pablo no tenía la huella felina en su antebrazo en aquella época y el tatuaje del “trocito” de Marina era idéntico, no tenía ninguna duda.

Se resistía a reconocerlo pero…en el fondo, le excitaba pensar que pudiera ser como pensaba. Pablo le había hablado pocas veces de su mujer, únicamente para indicarle que le esperaba en casa o aquel día…si, el día del extraño fenómeno que que le preocupó tanto. Cuando le sucedió algo parecido a lo que narraba el vecino del piso de Valgamedios, el día que encontraron el cadáver de aquel extraño individuo.

Carmelo pasó toda la noche revisando los miles de fotos que tenía en sus archivos:  instantaneas de parejas, del lugar del crimen de Chueca, de su amor en la red, de compañeros de trabajo… Su mente giró y giró intentando encajar el puzzle, hasta que cayó rendidorpor Morfeo. Los sueños ordenaban las fotos, los tatuajes, las marcas, los rostros, los peinados… la realidad de éste y otros mundos. Una película dónde el principio y el final podría ser cualquiera.

En alguna parte inexistente, alguien luchaba desesperadamente por encontrar la manera de abrir una puerta en su irracionalidad.

Continuará…

Continuará…

 

 

Beatriz Galindo “La Latina”

A lo largo de la historia, muchas mujeres han dejado su impronta. Unas por su valentía y arrojo, otras por su influencia en la cultura o la ciencias y sobre nuestros gobernantes.

Monumento_a_Beatriz_Galindo en Madrid

Beatriz Galindo, nació en 1464 ó 1465 en Salamanca y murió en Madrid en 1534. Era hija de una familia acaudalada en declive, y pronto destacó por su capacidad para las letras. Así, con quince años, podía traducir, escribir y hablar con soltura el latín. Su destino era profesar para monja por elección de sus padres, después de estudiar gramática en la Universidad de Salamanca. Pero pronto, su fama de dominio del latín y otras lenguas como el griego, transcendió más allá de Salamanca y empezó a ser conocida con el sobrenombre de “La Latina”.

Su fama llegó a oídos de la Reina Isabel I, quien la reclamó a la Corte con el fin de que fuera su maestra de latín y también de sus cuatro hijas: Juana, Catalina, Isabel y María. Convirtiéndose con el tiempo en una de sus más apreciadas consejeras. El claustro quedó en el olvido y Beatriz se instaló definitivamente en la corte, como dama de honor de la Reina. Así Beatriz terminó casada con  Francisco Rodríguez de Madrid, fiel defensor de la Reina, regidor de Toledo y secretario de la corte, viudo de Teresa de Haro. Hombre de gran prestigio en la Guerra contra Granada, militar de éxito en la conquista de fortalezas inexpugnables y gran beneficiado en el reparto de prebendas, después de la conquista. Beatriz participó durante diez años, en la toma de Granada como traductora de la Casa Real, de misivas del Vaticano y otras embajadas.

Museo de San Isidro, Madrid

Cenotafios de Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco “El Artillero”, Museo de San Isidro, Madrid

En 1501, su marido, Francisco Rodríguez “El Artillero”, murió en Granada luchando contra los moriscos. Beatriz, que heredó su inmensa fortuna, se instaló definitivamente en Madrid, en un edificio de la actual calle de Concepción Jerónima, que, después de múltiples reformas, es el actual Palacio de Viana,  y dedicó el resto de su vida a las obras de caridad. Así, fundó dos Conventos: el de la Concepción Jerónima, al lado de su casa y el de la Concepción Franciscana, entre las calles de Toledo y plaza de la Cebada, desaparecidos ambos a principio del siglo XX. Junto a este convento y que los madrileños empezaron a llamar Convento de La Latina, también levantó un hospital para gentes sin recursos. Con el tiempo y la costumbre, los alrededores del Convento-Hospital, terminaron por adoptar el nombre popular de La Latina, tal y como se conoce hoy el barrio.

Palacio de Viana, en la actualidad. Antigua casa de Beatriz Galindo.

En aquellos tiempos, el conocimiento del latín era privilegio de los nobles y gobernantes, siendo instruidos principalmente los varones de la realeza, destinados a gobernar. El papel de Beatriz en la corte de Isabel I, fue muy destacado. No solo fue profesora de latín y griego, también inculcó a la Reina y sus hijas el amor por la cultura, la valía de las mujeres en igualdad con la hombres y la templanza de su carácter para acometer la mayor de las empresas. El latín en el siglo XV era el equivalente al inglés en nuestros días.

M. Sender

En la mente del asesino.

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Era muy temprano, demasiado. Él nunca se despertaba a esa hora. Se sentó sobre el borde de la cama y metió sus pies en las zapatillas de siempre. Tenía una extraña sensación. Estaba agitado. Las imágenes se sucedían en su cabeza, imparables. Se miró las manos buscando una evidencia. Cerró los ojos y los abrió de nuevo. Allí, en su cabeza, seguía el camino de su pesadilla. Después se levantó y se acercó a la ventana. Llovía. Le extrañó. “Ayer hacia un tiempo espléndido” …
Mientras desayunaba, los fragmentos de su sueño le inquietaban. Su cara era imborrable. La veía sentada a su lado, en el coche, hablando agradecida por haberla recogido camino de casa. Lo que sucedió después le atormentaba. “Maldito sueño…”.
Le costaba tragar el café caliente. Imaginaba el agua inundando sus pulmones. El pánico pintado en sus ojos. Su incredulidad. Sus manos apenas podían sostener la taza de café sin derramarlo. “Maldito sueño…”
Nunca pensó que fuera tan difícil. Tuvo que emplear toda su fuerza. Se excitó con su mirada desesperada. “Dios! que pesadilla…”
Max bajó a su garage. Abrió la puerta y se dispuso a continuar con su rutina. Aún le temblaban las manos. Se miró en el espejo retrovisor y movió la cabeza, como negándose a sí mismo. Entonces algo le perturbó aún más: el olor. Los sueños no huelen.
Evelyn lo había pasado muy bien en la fiesta. Le hubiera gustado quedarse hasta más tarde, pero no quería volver a discutir con su madre. Eran cerca de las 24:00h. y el camino a casa le llevaría casi media hora. Las cervezas y el hachís le mareaban. El coche se detuvo delante de ella. “¿Vas a casa?”. Le hizo un gesto positivo con la cabeza. Le conocía del pueblo y le agradecía que la llevara. Así llegaría antes. Por el camino charlaron. Evelyn, en confianza, le contó que hubiera preferido quedarse, había un chico que le gustaba. “¿Te has acostado con él?”. La pregunta le incomodó. “Dicen que las chicas de hoy en día… .” “En mi época era muy diferente… Eres muy guapa, cualquiera te desearía…”.
El coche se detuvo junto a la fábrica. “¿Que pasa?”. “Nada, he recordado que dejé la luz encendida. ¿Me acompañas?, será un momento”.
Evelyn obedeció. Estaba sola y no conocía bien ese camino. De buena gana se hubiera ido andando a casa. El corazón le dio un vuelco al sentir la cerradura girar tras ella. “¿No quieres enseñarme lo que haces con esos chicos?. Venga… Estoy seguro que no eres como tu madre cree. Eres una mujercita preciosa…”. Ese lenguaje le asustó. Su instinto le avisaba del peligro. No tuvo tiempo. Intentó resistirse a sus besos, se convulsionó para evitar sus caricias. La mano grande y fuerte del hombre le aprisionaba la garganta y el aire que le faltaba se convertía en un puñal que le quitaba la vida. Semiinconsciente, lo último que sintió es la caída al vacío; esa sensación en el estómago. Luego intentó llenar sus pulmones de aire, pero el espacio lo ocupó el agua fría y oscura. Tres minutos después, el placer de la inexistencia le llevó a otro mundo.
El hombre, tremendamente excitado, jadeaba al borde del pozo. Después, como si nada hubiera pasado, cubrió el brocal con la losa y volvió a su coche.
Max inspiró profundamente. El olor persistía. En el suelo, al lado del asiento, el iPhone. Lo apagó, condujo apresuradamente hasta el puente y lo lanzó por la ventanilla sin detenerse.
Estaba amaneciendo. Se sentó en su despacho, cerró la puerta, apoyó la cabeza sobre la mesa e intentó distinguir su sueño de la realidad. Una puerta se abrió en su cerebro para archivar aquella pesadilla…junto a las otras. Max observó sus manos extendidas. Ya no temblaban.
“NOTICIAS DE SUCESOS: Evelyn, la adolescente desaparecida hace unos días, ha sido encontrada sin vida en un pozo, de una fábrica cercana a su domicilio”.
M. Sender (inspirado en una historia real).

 

El fotógrafo del tiempo. CAP. IX

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El cronógrafo

Si Marina, aquel día en el metro, se hubiera bajado una estación después, quizá se habría sorprendido al ver como aquel ejecutivo desaparecía y reaparecía ante sus ojos, aunque era poco probable que sus sentidos apreciaran la longitud de Planck.

Poco antes de llegar a la estación de Chueca las luces del vagón parpadearon iluminando con un resplandor estroboscópico el interior del túnel, las paredes se hicieron transparentes y el misterioso ejecutivo desapareció como un relámpago. Con extraordinaria precisión controló la función de onda y se materializó en el apartamento. Desde su dimensión observó a los dos hombres. El de mayor edad se encontraba totalmente desnudo, apoyado sobre sus manos y rodillas de espaldas al que parecía tener una posición dominante. Sentado en el sillón, se descalzó, cogió un preservativo de látex y con alguna dificultad lo puso en su pie derecho. El hombre agachado inhalaba un producto de un pequeño frasco mientras el otro, después de extender una crema generosamente entre sus nalgas, comenzó a introducir su pie por el ano hasta desaparecer por completo. El hombre sentado en el sillón, cada cierto tiempo, golpeaba con brutalidad las nalgas del sumiso con el cinturón. Los gritos se confundían con los gemidos hasta que el individuo agachado se desplomó en una especie de éxtasis, con el pie aun dentro de su cuerpo. El hombre del sillón ni se movió. Esperó a que el otro quitara el preservativo de su pie y sin contemplaciones le indujo a que se marchara.

El misterioso ejecutivo saltó de su dimensión y se acercó al hombre sentado en el sillón.

-No te esperaba, ¿algún problema?

-Has cometido un error.  Has violado el mandato.  El trato con las mujeres está prohibido, ya lo sabes.  Lo que hiciste con aquella mujer está fuera de lugar, no era ni necesario ni procedente. Intentaste disimular el encuentro con una escena muy humana. Macabra diría yo.

-Fue culpa suya, hice lo imposible para evitarlo. Ella insistió, quería que le mostrase el placer que experimentan los hombres. No pude “saltar” y el tiempo se agotó. Quedé anclado y me descubrió. Tuve que eliminarla, pensé que la mejor manera era crear una escena  tan salvaje que nadie sospecharía.

-Está bien.  Ahora tenemos un problema. Su marido, un estúpido fotógrafo, anda fisgoneando por ahí. Aún no ha  logrado encontrar la clave, pero ella, me consta que le está intentando ayudar.  Si descubren lo que intentamos, el verdadero fin de nuestra misión aquí, será una catástrofe. ¿Dónde está tu cronovisor?

-Está sobre la mesa.

El misterioso ejecutivo tomó el cronógrafo Hublot y giró las manecillas, después lo abrió y extrajo la maquinaria. El hombre del sillón quedó inmóvil, en un estado inconcreto, muerto y vivo. Cuando dejó el cronógrafo Hublot de nuevo sobre la mesa, un relámpago ilumino la estancia y las paredes se volvieron transparentes, inmateriales. Al otro lado del patio una persona miraba por la ventana  a la vez que alargaba su mano.

De nuevo en el vagón, miró impasible a Marina y sintió como sus pechos le rozaban de forma intencionada. “No tiene ni idea de mis intenciones” –pensó. El tiempo volvía a transcurrir con normalidad. Era como cortar un trozo de texto y pegarlo delante o detrás, donde convenga.

-“Tengo que ocuparme de esos dos, aunque lo más difícil será encontrar a ella”

Carmelo examinó una y otra vez la figura que Pablo había encontrado enen l cuadernos de Ramanujan. A simple vista parecía un mandala. En la fotocopia estaba un poco borrosa, como si formara una doble imagen. Mientras la observaba se le ocurrió algo descabellado. Cogió su vieja Leica y miró la imagen a través del objetivo, intentando enfocarla. Su sorpresa fue mayúscula: a medida que giraba los anillos de enfoque del objetivo la imagen que se formaba era tridimensional, y cuanto más la acercaba más profunda e intrincada se volvía. Extasiado, puso el motor de la cámara en marcha y comenzó a realizar fotografías de todas las estructuras, con diferentes objetivos.

-“parece  una especie de máquina  formada por miles y miles de conexiones que  van  aumentando a medida que se  amplía. No le diré nada a Pablo de momento. Tengo que repasar antes todos mis antiguos libros….

Ella esbozó una sonrisa. Haría todo lo que estuviera a su alcance para mostrarle a Carmelo el camino. Fuera lo que fuera. Le consideraba inteligente, lo suficiente para que su imaginación le hiciera comprender que la realidad es tan solo lo que miramos. Tendría que enseñarle que existe otra verdad cuando no se mira. Es como su amor por él, existe, pero nadie puede verlo…por que no miran. Afortunadamente para ella, perdida en algún lugar del espacio-tiempo, en una dimensión superior donde todo es visible, y, aún a pesar de no poder interactuar con la dimensión de Carmelo, debería ser tan sencillo como hacer un montaje en un vídeo. Es cuestión de plegar el tiempo y el espacio, el pasado y el futuro, haciendo que para Carmelo todo sea presente. Lo más difícil viene después, convencerlo de las intenciones de los intrusos. Es tan increíble su objetivo que el mundo a la que ella perteneció una vez, se mostrará perplejo. Será muy difícil de aceptar, una teoría tan absurda o tan evidente, o…tan perversa, que no podrán comprender como es posible que no se hayan dado cuenta… antes.