El fotógrafo del tiempo. CAP. IX

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El cronógrafo

Si Marina, aquel día en el metro, se hubiera bajado una estación después, quizá se habría sorprendido al ver como aquel ejecutivo desaparecía y reaparecía ante sus ojos, aunque era poco probable que sus sentidos apreciaran la longitud de Planck.

Poco antes de llegar a la estación de Chueca las luces del vagón parpadearon iluminando con un resplandor estroboscópico el interior del túnel, las paredes se hicieron transparentes y el misterioso ejecutivo desapareció como un relámpago. Con extraordinaria precisión controló la función de onda y se materializó en el apartamento. Desde su dimensión observó a los dos hombres. El de mayor edad se encontraba totalmente desnudo, apoyado sobre sus manos y rodillas de espaldas al que parecía tener una posición dominante. Sentado en el sillón, se descalzó, cogió un preservativo de látex y con alguna dificultad lo puso en su pie derecho. El hombre agachado inhalaba un producto de un pequeño frasco mientras el otro, después de extender una crema generosamente entre sus nalgas, comenzó a introducir su pie por el ano hasta desaparecer por completo. El hombre sentado en el sillón, cada cierto tiempo, golpeaba con brutalidad las nalgas del sumiso con el cinturón. Los gritos se confundían con los gemidos hasta que el individuo agachado se desplomó en una especie de éxtasis, con el pie aun dentro de su cuerpo. El hombre del sillón ni se movió. Esperó a que el otro quitara el preservativo de su pie y sin contemplaciones le indujo a que se marchara.

El misterioso ejecutivo saltó de su dimensión y se acercó al hombre sentado en el sillón.

-No te esperaba, ¿algún problema?

-Has cometido un error.  Has violado el mandato.  El trato con las mujeres está prohibido, ya lo sabes.  Lo que hiciste con aquella mujer está fuera de lugar, no era ni necesario ni procedente. Intentaste disimular el encuentro con una escena muy humana. Macabra diría yo.

-Fue culpa suya, hice lo imposible para evitarlo. Ella insistió, quería que le mostrase el placer que experimentan los hombres. No pude “saltar” y el tiempo se agotó. Quedé anclado y me descubrió. Tuve que eliminarla, pensé que la mejor manera era crear una escena  tan salvaje que nadie sospecharía.

-Está bien.  Ahora tenemos un problema. Su marido, un estúpido fotógrafo, anda fisgoneando por ahí. Aún no ha  logrado encontrar la clave, pero ella, me consta que le está intentando ayudar.  Si descubren lo que intentamos, el verdadero fin de nuestra misión aquí, será una catástrofe. ¿Dónde está tu cronovisor?

-Está sobre la mesa.

El misterioso ejecutivo tomó el cronógrafo Hublot y giró las manecillas, después lo abrió y extrajo la maquinaria. El hombre del sillón quedó inmóvil, en un estado inconcreto, muerto y vivo. Cuando dejó el cronógrafo Hublot de nuevo sobre la mesa, un relámpago ilumino la estancia y las paredes se volvieron transparentes, inmateriales. Al otro lado del patio una persona miraba por la ventana  a la vez que alargaba su mano.

De nuevo en el vagón, miró impasible a Marina y sintió como sus pechos le rozaban de forma intencionada. “No tiene ni idea de mis intenciones” –pensó. El tiempo volvía a transcurrir con normalidad. Era como cortar un trozo de texto y pegarlo delante o detrás, donde convenga.

-“Tengo que ocuparme de esos dos, aunque lo más difícil será encontrar a ella”

Carmelo examinó una y otra vez la figura que Pablo había encontrado enen l cuadernos de Ramanujan. A simple vista parecía un mandala. En la fotocopia estaba un poco borrosa, como si formara una doble imagen. Mientras la observaba se le ocurrió algo descabellado. Cogió su vieja Leica y miró la imagen a través del objetivo, intentando enfocarla. Su sorpresa fue mayúscula: a medida que giraba los anillos de enfoque del objetivo la imagen que se formaba era tridimensional, y cuanto más la acercaba más profunda e intrincada se volvía. Extasiado, puso el motor de la cámara en marcha y comenzó a realizar fotografías de todas las estructuras, con diferentes objetivos.

-“parece  una especie de máquina  formada por miles y miles de conexiones que  van  aumentando a medida que se  amplía. No le diré nada a Pablo de momento. Tengo que repasar antes todos mis antiguos libros….

Ella esbozó una sonrisa. Haría todo lo que estuviera a su alcance para mostrarle a Carmelo el camino. Fuera lo que fuera. Le consideraba inteligente, lo suficiente para que su imaginación le hiciera comprender que la realidad es tan solo lo que miramos. Tendría que enseñarle que existe otra verdad cuando no se mira. Es como su amor por él, existe, pero nadie puede verlo…por que no miran. Afortunadamente para ella, perdida en algún lugar del espacio-tiempo, en una dimensión superior donde todo es visible, y, aún a pesar de no poder interactuar con la dimensión de Carmelo, debería ser tan sencillo como hacer un montaje en un vídeo. Es cuestión de plegar el tiempo y el espacio, el pasado y el futuro, haciendo que para Carmelo todo sea presente. Lo más difícil viene después, convencerlo de las intenciones de los intrusos. Es tan increíble su objetivo que el mundo a la que ella perteneció una vez, se mostrará perplejo. Será muy difícil de aceptar, una teoría tan absurda o tan evidente, o…tan perversa, que no podrán comprender como es posible que no se hayan dado cuenta… antes.

 

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