El fotógrafo del tiempo. CAP.X

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Sospecha.

Fue una de esas casualidades que suceden después de miles y miles de millones de veces en las que los universos se dividen. Podía haber elegido cualquier opción, pero la huella de su dedo índice pulsó la tecla izquierda del mouse sobre el nick del chat; sobre ese en concreto. Como quien mira la estrella más brillante en una noche de verano poblada de miles de pequeñas luces…

Carmelo había conocido muchas mujeres a lo largo de su vida. Muchas y de diversas partes del mundo. Bellas y no tanto; divertidas, inteligentes, excitantes o frías como el agua de un río truchero. Marina era diferente, muy diferente. Carmelo pensaba haber estado enamorado, no muchas, pero si un par de veces. Así lo creía hasta entonces. Aquella tarde, cuando la tinta electrónica dibujó las primeras letras en la pantalla, el primer “hola”…escuchó su voz. Marina le sonreía. Fue como si la estrella más brillante de la noche emitiera un parpadeo sólo visible para él. Casi podía sentir su calor y oler su perfume en cada palabra de la frenética conversación, que, como dos amantes separados por el tiempo y la distancia, inundan la habitación de gemidos, caricias y deseo.

Cuando comenzó a sospechas que aquella enigmática mujer con cuerpo de tinta electrónica, era la esposa de Pablo, le embargó un extraño pensamiento. Durante su idilio en la red nunca vio su cara. Ella le había enseñado algunas fotos que mostraban tan sólo algunos de sus encantos. En una de ellas podía verse claramente un pequeño tatuaje; la huella de un felino, idéntica a la que lucía el comisario en uno de sus antebrazos. No estaba seguro, podría ser una coincidencia, habían pasado muchos años desde que retrato a Pablo con su compañera policía y, en aquel entonces, estaba seguro de que no tenía el tatuaje. El nombre coincidía, pero eso tampoco era determinante, la gente usa nombres supuestos en los chat. Carmelo tenía ahora dos problemas: estaba totalmente fascinado por aquella misteriosa mujer del chat, enganchado a ella como un pez colgado del anzuelo. Luchaba contra el sedal que le arrastraba cada vez más cerca del corazón de Marina y contra el instinto que le decía que, si sus sospechas eran ciertas, no era una buena idea rendirse a sus sentimientos. Volvió a revisar las fotografías: Pablo no tenía la huella felina en su antebrazo en aquella época y el tatuaje del “trocito” de Marina era idéntico, no tenía ninguna duda.

Se resistía a reconocerlo pero…en el fondo, le excitaba pensar que pudiera ser como pensaba. Pablo le había hablado pocas veces de su mujer, únicamente para indicarle que le esperaba en casa o aquel día…si, el día del extraño fenómeno que que le preocupó tanto. Cuando le sucedió algo parecido a lo que narraba el vecino del piso de Valgamedios, el día que encontraron el cadáver de aquel extraño individuo.

Carmelo pasó toda la noche revisando los miles de fotos que tenía en sus archivos:  instantaneas de parejas, del lugar del crimen de Chueca, de su amor en la red, de compañeros de trabajo… Su mente giró y giró intentando encajar el puzzle, hasta que cayó rendidorpor Morfeo. Los sueños ordenaban las fotos, los tatuajes, las marcas, los rostros, los peinados… la realidad de éste y otros mundos. Una película dónde el principio y el final podría ser cualquiera.

En alguna parte inexistente, alguien luchaba desesperadamente por encontrar la manera de abrir una puerta en su irracionalidad.

Continuará…

Continuará…

 

 

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