SIRIA, guerra de aprovechamiento.

SIRIA, guerra de aprovechamiento.

siria-guerraEs como la “ropa vieja”, un plato para aprovechar las sobras. Una cazuela de restos que se convierte en un alimento único, con distintos ingredientes parcialmente “digeridos”.
Siria ha sido y es, un país donde todos quieren meter la “cuchara” desde  tiempos inmemoriales. Alejando Magno, romanos, bizantinos, sarracenos, selyúcidas franceses, ingleses, árabes,  otomanos, turcos, rusos, egipcios, americanos, etc; todos han participado en este “desaguisado”.
Ahora, el problema, parece ser la utilización de armas químicas. Me suena de algo. Una excusa para probar si el armamento de última generación mata bien y hace menos daño. Como en la trágica guerra civil entre utus y tutsis, parece que puedes elegir entre “manga corta o manga larga”, perder parte del brazo o el brazo entero. Este es el dilema de la población civil: vamos a seguir muriendo, nos mataran, pero eso sí, con armas legalmente reconocidas y con beneficios ingentes para fabricantes, traficantes y gobiernos de todo tipo. Mejor que te mate un misil de 1,5 millones de dólares, que unos cientos de litros de cloro barato. Es como preferir que te atropelle un Ferrari antes que un Renault. Así están las cosas después de siete años.
El resultado de esta última barbarie, consentida y “disfrutada” por las grandes potencias occidentales ha sido de, al menos, 350.000 muertos, 1,5 millones de heridos, más de la mitad de las infraestructuras destruidas, cientos de millones de euros o dólares en contrabando de armas y obras de arte, cientos o miles de millones de revalorización de acciones de sociedades armamentísticas de todo el mundo, millones de desplazados, penurias, sufrimiento de la población civil, enriquecimiento ilícito, corrupción, ensayos de armas, tensión internacional, vergüenza y pobreza. H12HtbuFG_1256x620__1Nada de valor humano, absolutamente nada, se ha conseguido.
Naciones Unidas, organización a la que pertenece Siria desde su fundación, mira para otro lado, paga a sus funcionarios, civiles y militares, se reúne de vez en cuando, comen, cenan, viajan, se recriminan, discuten… Pero es inútil. Nació para eso. Para guardar las apariencias.
Así, entre guerras, discurre la vida de este planeta. Tienes buena o mala suerte, dependiendo de donde hayas nacido. Vivirás “cómodamente” en un país de los llamados “desarrollados” o tendrás que cruzar el estrecho, el desierto del Sáhara, el Mediterráneo, huir de un país en guerra, morir de hambre o enfermedad por no tener un plato de arroz o una caja de amoxicilina.
Mientras tanto el sol, impasible, sigue manteniendo la vida de este bello planeta, donde una especie animal -racional decimos-, se esmera por destruirse a si misma y de paso, a quien se ponga por delante, ya sea animal, vegetal o mineral. Sólo un milagro o el propio planeta, pueden ser capaces de impedirlo. Una canción de Zenet lo dice: si sucede… conviene.

La guerra sucede porque conviene.
M. Sender

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