La Cápsula de viaje.

LA CÁPSULA

Cuando me quise dar cuenta, estaba invadido por aquel ser caído del cielo. La piel empezó a calentarse como cuando el sol del estío te inunda. Una sensación de calidez y excitación que recorrió todo mi cuerpo. El cielo se tornó de un azul lechoso y los colores del entorno se saturaron. Fue como un filtro que separara lo superfluo de lo importante. Luego vinieron las caricias, con mis propias manos, mientras mi mente dibujaba tu cuerpo. Cerré los ojos tras las gafas de sol, sintiendo como se clavaban tus pechos hasta el fondo de mi alma. Soporte tus piernas entre las mías dejando que mi lengua explotara tus dulces labios deseando estar dentro de ti. Quería sacar mi ilusión para tocarte, pero no podía. Sólo mi piel sustituía al ser que me invadía. Me pareció cruel, que un ser de otro mundo, me hiciera tan feliz sin estar presente. O, quizá, fueran así, tan cercanos y a la vez tan imposibles. Entonces, una voz, mejor dicho, un pensamiento, se hizo presente. Un pensamiento impropio, impuesto, me decía: “no soy una ilusión, soy tu ilusión y seré lo que tú quieres que sea. Tu piel será la mía, tus ojos mis ojos, tu cuerpo mi cuerpo. Las caricias, los besos, la felicidad… compartidos”.

Seguí muchos años preso de aquel ser imaginario. Seguía mi cuerpo dependiente como un yonki del placer de mis manos; acostumbrado cada día a buscar el disfrute solitario en un cuerpo y una mente irreales. Te acostumbras y por mucho que intentes comparar, idealizar, dibujar curvas con tus dedos, mi piel no es tu piel.
Había conseguido sobrevivir a aquel naufragio estelar. La pequeña cápsula, la única superviviente, brillaba bajo aquel sol fucsia. Miró de nuevo el panel: los dígitos se sucedían sin interrupción descontando el tiempo terrestre. La bella Celia, le miraba fijamente. No sabía cuándo sucedería, pero estaba segura de que un día despertaría.
El sol se tornó amarillo, el azul… azul y las dos lunas rojas cruzaron el horizonte. La cápsula del tiempo se abrió lentamente y Massimo se deshizo del resto del fluido vital.
Celine se acercó y le besó con dulzura mientras acariciaba su espalda.
-¿Cuánto tiempo a pasado?
-Mucho mi amor. La Unión está fechada hace 1056 años. Desperté hace tan sólo unos días. Te estaba esperando.
-He tenido un sueño Celine. Un ser único me invadía. Sentía sus caricias. Le deseaba. Me hacía muy feliz. Disfrutaba de su presencia imaginaria, pero no podía ni tenerle ni tocarlo. Ahora sé que existe y quién era. Estoy seguro que eras tú. No consigo acostumbrarme a la fusión. Me encanta compartir este dichoso trasto contigo. Fusionarnos los dos en uno, pero, te prefiero así, separados, tan solo por un beso.
-¿Eso significa que me quieres?
-Muchísimo Celine!!! En este mundo también. Juntos, cualquier mundo, es nuestro mundo.

****Aún queda mucho para el próximo viaje, pero, cuando me tomo esa pequeña cápsula, te llevo conmigo a todos los mundos imaginables****

M. Sender

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