EL BOSQUE SILENCIOSO

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EL BOSQUE SILENCIOSO
Galicia, Moraña, tarde luminosa. Aún quedan dos o tres horas de luz. Una más que en la meseta castellana. El camino es angosto, tapizado a derecha e izquierda por verdes helechos y, de vez en cuando, alguna zarza que intenta detenerte con sus afiladas púas, quizá para que pruebes la delicia de sus frutos; pero aún es pronto para la zarzamora. Los líquenes y musgos parecen abrazar los troncos con la delicadeza de un amante. Impresionan los robles y eucaliptos con su altura de más de treinta metros. Son los guardianes del bosque. Filtran el sol y la lluvia, sujetan la tierra y dan cobijo a un sinfín de especies de menor porte. El sendero serpentea con el sonido del río Umia a mi izquierda. Es el ruido del silencio, al que, de vez en cuando, pone ritmo el trinar de un pájaro. Avanzo con la mirada perdida entre la flora singular de estos bosques. Levanto la vista. El sol intenta buscar un resquicio entre las copas pintando matices verdes. Mi perro olisquea el sendero y, como yo, se para en las intersecciones esperando que le guíe por uno u otro camino. En la espesura, algunos robles descansan tendidos. Su larga vida ha terminado para formar parte de esa alfombra paseada por los habitantes sigilosos de la umbría.
Desde la parte alta del arbolado, abajo, el río Umia continua su centenario serpentear horadando el lecho de rocas milenarias. Las cascadas hablan de rumores, tocando la melodía de las aguas vírgenes. Escucho el silencio del brillo plateado del líquido creador de vida, mientras mi mente descansa como un ancestro pensante, cuando la naturaleza lo era todo.
En otro lugar, el agua se detiene. Es el embalse del Umia. La estrecha carretera en pendiente, desaparece entre las verdes aguas. Apenas se divisa algún resto del viejo puente, sustituido por la modernidad. Cruzamos el embalse, maravilloso entorno, por el camino peatonal del viaducto. Un cartel amarillento, parece la pista de un oscuro secreto. Es la advertencia de la condición humana: crimen, envidia, ambición o venganza. Un nombre y una cara que no me dicen nada. Tan sólo silencio.

img_20180722_105820.jpgDe vuelta a la casa del bosque, la Iglesia y su cementerio, de belleza simple y perfecta, preside la pequeña aldea. Durante una semana ha sido nuestro hogar, gracias a la amabilidad de sus dueños. Su alegría contagia, el entorno enamora. Sólo si miras a los ojos de una madre, adivinas ese punto de tristeza infinita y dolor irreparable que un día, en la cola del embalse, un desdichado suceso le arrebató media vida.
El silencio del bosque, los murmullos del agua, las algas mudas, guardan la verdad, pero no hablan.
La vida continúa y volvemos a la rutina de la gran ciudad, con tristeza y envidia, pensando en volver algún día.

Mario Sender
(dedicado a Isabel, Ramiro, Sara y Luis).

¿Porqué no ganamos el Mundial2018?

¿Porqué no ganamos el Mundial 2018?

My picture a1f2a5a5-93c3-4c0b-a702-ba6e859f38f6Son múltiples los motivos. Unos extradeportivos: el cese de Lopetegui y la torpeza de los dirigentes del Real Madrid y Federación para acometer el problema. Otros tienen relación con la rutina. Rutina que termina por hacer desaparecer la sorpresa, la tensión, la ilusión y  el deseo. Es como el matrimonio de tantos años. Sabes dónde y cuándo te van a tocar, que postura se va adoptar, hasta que dedo, de los cinco, vas a usar… Así, con este panorama, España intentó conquistar a su amante Mundial2018. Y, claro, los amantes se cansan de repetir la misma “hazaña” de cada cita. España se sintió la amante perfecta, halagada y confiada, dispuesta a demostrar “lo bien que lo hace”. Estas situaciones, por exceso de confianza, pueden derivar en el temido “gatillazo”. Lo de España fue, después del primer encuentro, un gatillazo anunciado. Rusia, tan fría ella, no enseño ni tan siquiera el tobillo; y España, tan “seductora” ella, se pavoneó esperando que cualquier “amante” cayera rendida a sus pies, víctima de tanto poderío técnico. Pero, ya se sabe, un gran “miembro”, no garantiza el máximo de eficacia.
El cortejo fue así:
– De Gea, gran portero, entra en éxtasis tras su cita con el Real Madrid. Frustración. Desencanto. Todos sueñan con “acostarse” vestidos de merengue. El primer “gatillazo” ante Portugal, limita su autoestima y no se le vuelve “a levantar” en ninguna cita más.
-Los preámbulos. Entre Piqué y Ramos, tan altos y guapos, considerados la mejor “pareja” del mundo, deciden bailar solos, cual últimos amantes con el bar a punto de cerrar. Te quiero, me quieres, me querés, te quiero, y así, hasta más de 200 veces. No por mucho decirlo, me convencerás. A su lado, los padrinos, Alba y Nacho (Carvajal), asisten atónitos al “encelo” y, por mucho que lo intentan, dejan el protagonismo a su pareja de centrales. Y, solo eso, participan del recital: te quiero Piqué, te amo Sergio…y los dos,  de vez en cuando, desde derecha e izquierda, pasan el balón esperando que los “novios” decían continuar andando por la alfombra. Un poco más adelante, Koke y Busquets, les animan a llegar hasta el altar. Oidos sordos; ya se sabe, el “amor” anula los sentidos.
Lo demás es fácil: los invitados. Costa, Asensio, Silva y el “niño rebelde”, Isco, sentados en el altar esperando que el resto de invitados (rusos, marroquíes, que más da…) caigan rendidos ante el despliegue de belleza, dominio, destreza y prestigio de esa amante que, con diez años menos, era cortejada por medio mundo.
Cuestión de edad. El que tuvo retuvo, pero, si quieres seguir enamorando, si quieres mantener la tensión… Ser excitante y con imaginación, no adviertas a tu amante, no le digas por dónde, como ni cuándo lo vas a hacer.
La selección española es como el matrimonio que no sale de la habitación, que apaga las luces y se da vuelta en la cama, sin decir ni palabra, después del “achuchón”.
Buenas herramientas y torpeza total.
Hay que cambiar de amante.
M. Sender

Bésame en un rincón.

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BÉSAME EN UN RINCÓN

Daniela se sentía cómoda, aunque los nervios nunca desaparecían del todo. Verle, siempre despertaba una sensación única en ella. Estar a su lado y no poder tocarle, mirarle a escondidas, que no se notará el brillo de sus ojos, que no le delatara una palabra, era difícil, muy difícil. Alguna vez se había atrevido a rozarle al pasar, incluso le susurró alguna palabra al oído. Se sentaba a su lado en cada cena, a su izquierda en el cine, frente a él en los bancos del tren, delante de él en la cola de espera de la carnecería… Daniela estaba perdidamente enamorada.
Cuando se vestía, lo hacía para él. ¿Le gustaría blanco o negro?. Era verano y su piel tenía un precioso color tostado. El blanco. Seguro que en la penumbra, resaltaría sobre su precioso cuerpo. Se ajustó las finas medias de seda, transparentes como el cristal, al liguero. Se miró en el espejo subida a sus tacones y se puso el vestido. Se sentó al borde de la cama mirando su reflejo. Cruzó y descruzó un par de veces las piernas. El corto vestido dejaban ver el bordado del final de sus medias y cualquiera que la mirara con atención, no tendría muchas dudas sobre el color de su cara lencería. Entorno los ojos, pasó sus manos acariciando sus muslos hasta donde empieza la piel y volvió a tener su imagen en la cabeza. Cerró las piernas atrapando sus dedos contra su sexo y pensó en él. No tardó en sentir sus dedos húmedos y ese temblor intenso, ese fuego abrasador que le recorre la espina dorsal hasta terminar endureciendo los pezones entre sus labios. Imaginó su boca, suave y caliente, descendiendo por el valle de su ombligo, los besos descendiendo uno a uno, suspendidos, discontinuos… Hasta desear, irremediablemente, sentirse una cereza en su boca. Rodar al ritmo de su lengua, la presión de sus labios, la suavidad de su saliva, las curvas recorridas… hasta que un ligero mordisco y después otro y otro, hicieran estallar su interior derramando dulzura, sabor y néctar maduro, hasta sentirse privada de todo, un hueso desnudo en su boca. Necesitó unos segundos para recuperar el conocimiento. Luego bajó despacio cada escalón, sintiendo su regalo en el interior.
El pub, como cada viernes, estaba a rebosar. Daniela pasó entre la gente y se sentó junto a sus amigos. Como siempre, observó a los hombres, le buscó con deseo, siempre solía ir a ese lugar y aunque sabía que tendría que conformarse con tan poco, una mirada, un roce… Ahora tenía su regalo, esa “cosa” que, según él, podría hacer lo que tanto deseaba: dejar de limitarse al onanismo.
La primera vez casi se le cae el zumo de las manos. Fue como un calambre interior, sorprendente. A continuación, se sucedieron un par de vibraciones entre sus piernas cerradas, entornó los ojos y sus amigos le preguntaron, ¿Te encuentras bien?, Siiii -contestó con una sonrisa sospechosa-. Sonó el teléfono. Era él. -¿Te ha gustado? -. No le dió tiempo a responder. Su “regalo” volvió a moverse en su interior hasta hacer que sus manos temblaran. Esta vez con mayor intensidad, como si alguien controlara su orgasmo.
Daniela era incapaz de dominar aquella “cosa”. Se le escapó un gemido y todos la miraron. Un nuevo zumbido entrecortó su voz y sólo acertó a decir  “bé…same en…en un … rincón”, mientras se levantaba camino de la puerta, con sus acompañantes perplejos.
Esa era la clave: “bésame en un rincón”. Su “regalo”, comenzó un baile infinito entre sus piernas, ejecutando el programa que con ese nombre, su amante imposible, controlaba con su smartphone, sentado en la penumbra. Daniela, en el parking, dentro de su coche, se entregó al placer, mientras se quitaba la ropa y mandaba fotos de su cuerpo a ese “regalo” que llevaba dentro y que no deseaba que parara nunca. El intercambio de sexo virtual continuó hasta que agotó la batería.

“Bésame en un rincón”, es una aplicación que controla un vibrador a distancia a través de un terminal móvil. ¿Es mi imaginación… Es real? Os dejo con la duda.
M. Sender