Con “J” de Aragón

 

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Con “J” de Aragón

La Almunia ha sido un Jalón en mis últimos años. Un punto de partida hacia ese mundo de palabras encadenadas. Jamas pensé que una simple parada, pudiera cambiar la forma en la que se mira la vida.
Hace muchos años, mi tío, camionero profesional, recorría España en duras jornadas, llevando y trayendo mercancías. Y yo, aún muy pequeño, de vez en cuando recibía algún recuerdo de los lugares por donde pasaba.
Con el tiempo, yo también seguí esas intermitentes líneas blancas, como un viajante de otras épocas, donde los muestrarios ocupaban el lugar de los acompañantes. Y, casualmente, termine trabajando como delegado comercial de una empresa con sede en Zaragoza. Eran otros tiempos y uno tras otro, se sucedían los pueblos divididos por la carretera nacional. De entre todos, dos eran mis preferidos. Y uno, en especial: La Almunia de Doña Godina, cuyo nombre, sin razón alguna, me sonaba a princesa “medieval”.
No, no me he olvidado de mí tío, culpable en parte de ese Júbilo que despertaban en mi los pueblos de Aragón. Porque Aragón, siempre me suena con “J”, y no por su famosa tradición jotera, sino por que sí. Allá, en Castilla, en un pequeño pueblo, lugar de paso de la futura reina de España,  un niño tenía algo que pocos habían visto nunca: unos enormes caramelos, llamados adoquines, que mi tío me traía de Zaragoza. Ya de por sí eran una rareza por aquellos lares, pero, la sorpresa no era su dulzor, sino la leyenda que se escondía en su envoltura. Así, lo primero que hacía, era desenvolverlos todos para leer las “Jotas de picadillo” que tanta gracia me hacían.
Y jota a jota, entre las heroicidades de Agustina, mi curiosidad por saber quién era esa “Dolores” de la que hablaba mi tío, allá en Calatayud, un trocito de mi infancia, fue con “J” de Aragón.
Siempre entre Jaleos de acero, obligadas Jaranas nocturnas y visitas turísticas a la AlJafería.
En fin, no tendría nada de extraordinario, hasta muchos años después, que, recordando aquellas paradas un día me dió por volver a pasar por el mismo lugar. Así empezó el Juego, sin Jotas, con erotismo singular,
Fue una Jacilla, sin duda, que me mostró otro sendero de mi vida, hasta entonces sin explorar. Quizá la verdadera intención fuera la seducción, entre una reina de Castilla y un rey de Aragón o, un milagro de Santa Pantaria, reina de las 11.000 vírgenes.

Si me ves que me mareo

no le avises al medico;

qu’es que me ha hecho mal el agua

el agua que lleva el vino.

 

En la estación de tu pueblo

pocos forasteros bajan

porque los mozos son brutos

y las mozas descaradas.

 

De moza que se santigua

cuando un mozo se le acerca

librate…, que esas te cojen

y te casan a la fuerza.

 

A esos que a la luna suben

no les envidias tu nada

pues tu estas siempre en la luna,

según dicen en tu casa.

 

Arroz con leche es tu nombre

cuando lo llevo en mis labios

y cuando suena en mi oído

encanto de los encantos.

 

Lleva mi mañica el moño

de rosca de picaporte

paice una torta gaitera

o un cimborrio de la torre.

 

Me cogio un agua en el campo

y me refugie en tu casa;

dende aquella hora y seguido

tronada tras de tronada.

 

En la calle de San Gil

ves abanicos a pares

pal que le asustan los precios

que hay en los escaparates.

 

Tres por siete, diecinueve;

seis por ocho, veinticinco…

¡que bien me salen las cuentas,

las cuentas de tu cariño!.

Dende que tú mi “sol” eres

me ha dicho más de un guasón:

que estoy hecho un “satélite”

dando gueltas tras el sol.

 

Ya no me saben a dulce

ni el arrope ni el mostillo

después de pasar dos horas

de estar hablando contigo.

 

Mudo me quede de un tiro

y de un atropello cojo,

si te pido relaciones

no me desgracies del todo.

 

Maña, no es que no te quiera

porque festeje y festeje…,

que a gusto me casaría

si pudieras mantenerte.

 

Que tal ando me preguntas

y eso ya lo puedes ver:

unos raticos “a pata”

y otros raticos “a pie”.

 

Los panaderos del barrio

anoche tuvieron bronca;

dicen que la panadera

le dio al hombre un par de tortas.

 

Me preguntan que tal andas

y yo digo que andas bien,

que aun conservas las dos piernas

y aun no te han cortao los pies.

 

Que me quies más que a ninguno

pregonas mañana y noche,

no es la que más cacarea

la gallina que más pone.

 

La navaja del barbero

yo no se con que la afila

que en llevándola en la mano

ya ninguno le relincha.

 

Dice orgulloso tu padre

que le entiendo a la primera,

¿cómo no voy a entenderlo

con esa tranca que lleva?.

Ido a cazar con tu primo

por trair una guena caza,

pero maña, me ha salido

en tiro por la culata.

 

Esta tan lejos tu casa

que, cuando te vengo a ver

por fuerza hi de “cair” rendido

¡pero, rendido! a tus pies.

 

Y hoy te aupo a coger los higos,

con la sola condición:

de que de diez me des ocho

y de treinta veintidós.

 

Se que murmuran algunos

que tengo cosas mu raras

porque bebo en vino en vaso

pero el agua… a cucharadas.

 

Fumando y con pantalones

tu mujer me ha parecido

un señor que conocía

y que era tonto perdido.

 

Migas en el campo hicimos

pa obsequiar a tu familia,

y ya van diciendo todos

que hacemos muy buenas migas.

 

Ya se que ties facultades

pa llegar a ser tenor,

pero quies “subir tan alto”

que se te “cuerta” la voz.

 

Tomas miel al desayuno

y mostillo al merendar;

el que guste de los tuyos

¡que morricos se pondrá!

 

Estos días hi de échame

una novia cada día

pa tener pagau el cine

las ferias y las corridas.

 

Ya tenemos “majorettes”

al estilo de Paris;

a ver si dentro de poco

tienen baturros allí.

 

En mi pueblo un vanidoso

que vive de la apariencia

se ha puesto los dientes de oro

pa estar con la boca abierta.

Después de llamarme seco

de rancio me pones fama,

pero se lo que te gustan

el seco y el rancio maña.

Fuente: Palabras al consonante.

 

 

Los ojos cerrados

El mundo de los ojos cerrados.

My picture e285a763-df0c-4019-ad1f-5d6da3c098dfEs como mirar a las estrellas. Tu mente llena de puntos con distinto brillo, agrupados o distantes, rodeados de negrura, que te invitan a formar figuras.
Cierras los ojos y el mundo no existe. Si no oyeras, inmóvil, sin tacto, en el vacío, sin la luz de esos puntitos celestes, no habría nada. Sería lo más parecido a la muerte. Quizá eso sea la muerte: la privación de todos los sentidos que nos unen a este mundo. En realidad, un mundo creado por nuestra existencia. Por eso jamás podremos comprender que hubo antes de eso que nosotros llamamos “Big Bang”. Antes, ni la luz, ni la materia, ni el espacio ni el tiempo existieron. Era un mundo de los ojos cerrados, un “mundo” sin sentidos. Un “ser” solo, único, inimaginable, sin apariencia, sin cuerpo ni mente, sin conciencia, sin nada de lo que nosotros conocemos. Durante miles de años, los seres que habitamos este insignificante “punto brillante” lo hemos llamado Dios, de una u otra manera. Ahora los sabios de nuestro tiempo lo llaman “bigbang”, un nombre como cualquier otro.
Todos los años, la materia desaparece en sus múltiples formas. Y así, regresa a ese mundo de los “ojos cerrados”, milenio tras milenio.
Nacemos al abrir los ojos y nos vamos cuando volvemos a cerrarlos. Entre estos dos momentos existe la vida. Casi siempre incuestionable para la mayoría, que ni tan siquiera se pregunta lo más básico: ¿Que es la vida?. Es sencillo: lo que vemos, oímos, tocamos, sentimos, pensamos e imaginamos. Nada más, para casi todos. Aún así, algunos seres, los llamados a si mismos “humanos”, son conscientes de ello. Y entre esos “algunos”, muy pocos se cuestionan el motivo de su existencia. 7.500 millones de seres luchando por sobrevivir en un mundo ficticio, creado al abrir los ojos. Un mundo fantástico, diferente para cada uno, por motivos de raza, sexo, país, estatus social, riqueza o pobreza.
Abre los ojos y vive. Con los “ojos” cerrados, la vida será otra cosa, imposible de describir.
Mario Sender