Caminando con mi sombra.

Caminando con mi sombra.
Recordando viejos tiempos, bajo el suelo de Madrid, el metro me ha vomitado en Chueca. La plaza, otrora solitaria, rebosa. Las tiras de colores le dan un aspecto singular, de verbena de capital. Gentes multiétnicosexual devoran viandas, licores, bocas y ojos. Madrid tiene algo especial. Es un aroma único, de ciudad cosmopolita y pueblerina, acogedora como ninguna. Tengo la impresión de que nos toca recuperar aquel ambiente inigualable de “la movida”. Coinciden algunas cosas: Dos apellidos, Tierno y Carmena, ambos con muchos años, ambos “jóvenes”, los dos sumamente independientes, capaces de transformar la ciudad para una generación perdida. Anteponiendo el interés general a los oscuros intereses de los poderosos. Creando una urbe para los peatones dispuestos a disfrutar de sus zapatos, que no pinchan, no hacen ruido y no contaminan. No estresan, no se aíslan y crean vida a tu alrededor.
Tierno, el viejo profesor, decidió dar la ciudad a los jóvenes. Les dió libertad, les creo expectativas, les dijo “el que no esté colocado, que se coloque”. Una frase con doble sentido, con furibundas críticas. Carmena se vuelve a presentar a la alcaldía, independiente, con su “valor bursátil” creciendo al mismo tiempo que su ciudad. Una ciudad de ciudadanos, no de coches, no de imperios. Seguro que no es perfecta, ni libre como quisiera, pero, sabiendo que sus años le amparan, que no necesita demostrar nada, que no tiene toda una vida por delante… Lo va a hacer. Otros lo intentaron -Gallardón-, pero, atado por su ambición, lo dejó a medias.
Y vuelvo a Chueca, a la calle Prim, Almirante, Barquillo… Un barrio en otros momentos decadente, transformado por ese colectivo admirable que son los considerados “diferentes”, sólo por qué no les gusta lo mismo que a ti. No solo ha resucitado, sino que ha mantenido el sabor que hizo de este barrio un lugar único. Paso delante del teatro Marquina y el desaparecido Pub Rey Fernando. Doblo la esquina en Prim y allí está: el Café Gijón. Un emblema de la ciudad, cuna de la cultura, de la bohemia. Un lugar que crea adictos. Hubo un tiempo en el que lo visitaba cada jueves, como una dosis necesaria para vivir. Guillermo Hurtado, José Luis Barbod, Floreal, Luis Valencia, Joseba, Perellón, Roldán, la “pantera rosa”, el capitán Rodrigo…y muchos otros personajes anónimos de una cultura sin igual. Allí horas y horas, podíamos discutir de lo divino y lo humano, intentando cada cual imponer su razón, con o sin argumentos, que de eso se trataba. ¡Que cenas aquellas en “el guarro”!. Noches enteras en Toni’s, escuchando a Pablo Sebastián, a cantantes anónimos con una copa de más, flirteos de madrugón, callos en vez de churros… antes de amanecer.
Ahora muchos años después, recorro el barrio, sólo, entre rincones prohibidos, besos escondidos y luces de neón que alumbran el camino. Es curioso, pero me gustaba ese ambiente decadente, de putas en las esquinas, chaperos adictos, buscavidas de la noche, pregoneros de “tengo tema”, la adrenalina de madrugada y las frustraciones de expectativas. Eran los años 80 y y las terrazas de verano se extendían desde Atocha hasta plaza de Castilla. Era joven, tenía dinero, prestigio, y me sentía “un dios”. Podía llegar a cualquier discoteca de moda, dar las llaves al aparcacoches y entrar sin que nadie se opusiera… mientras los demás sufrían una fila interminable. No me siento orgulloso de aquello, pero, entonces… Sí. Te sirve para conocer a la gente. Sus peores instintos, sus debilidades, hasta donde están dispuestos a llegar. No es crítica, es la realidad de la vida. Pero hay líneas que no debes sobrepasar: las drogas y la humillación. La primera por incontrolable, la segunda por dignidad. La dignidad es lo primero, si hubiera renunciado a ella, ahora sería multimillonario… Pero un pobre hombre.
Madrid. Ciudad que vive de noche, que te habla, te mira, te tienta, te embriaga y te manda a mil demonios dispuestos a llevarte al infierno.
Si sales por la noche, ponte tú mejor traje, tu mejor perfume, una tarjeta de crédito sin límite, una dosis de autoestima que rebose por tus ojos, tu otro yo, el mejor discurso, seguridad, decisión, un argumento irrebatible….y los lugares míticos, aquellos de siempre, volverán a lucir sus mejores galas para ti. Así, como el regalo de una amante, fue Madrid
No sé quién lo acuñó, pero es cierto “de Madrid al cielo”. Vuelve.
M. Sender

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