Fue por casualidad.

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FUE POR CASUALIDAD
Sería muy difícil, imposible, volver y hacerle entender cómo había sido aquella vida juntos, que ella no recordaba.
En el mismo lugar, a la misma hora. Con el mismo café americano, con los mismos latidos, con sol o lluvia, miró cada vagón detenido, en busca de sus ojos y sus latidos.
Cincuenta años después, perdida la esperanza, olvidada en un rincón de su memoria, aquella vida juntos ya no existía. Desapareció el sabor de sus besos, el calor de su piel, las palabras con gemidos, la nerviosa impaciencia del encuentro, el placer del sexo. Ya ni tan siquiera pensó que hubiera existido.
La tormenta empezó de repente. Primero fueron gotas de lluvia que las escobillas convertían en ríos laterales sobre el cristal. Luego granizo. Bajó la música de su radio intentando concentrarse en la carretera. Los pequeños trozos de hielo repiqueteaban sobre el techo metálico. Tardó un rato en darse cuenta, aunque quizá se debiera a su imaginación, aquel sonido le recordaba a algo. La tarde se convirtió en noche y la lluvia, el viento y el granizo, limitó la visibilidad a un metro. Nunca había visto nada igual y decidió parar bajo el puente de la autopista. Refugiado y a salvo del tremendo temporal, paró el coche y conectó de nuevo la radio. Aerosmith sonaba alto y claro ” I don’t want to miss a thing…” . Se sorprendió al identificar el sonido del pedrisco con la melodía de la canción, mientras relajado y a cobijo escuchaba los últimos acordes.
El Sol volvió a ganar la batalla y los claros de fueron abriendo entre las nubes. Arrancó de nuevo el coche y con incredulidad miró a su alrededor. El paisaje había cambiado y no reconocía nada. La carretera era de una sola dirección. Como un río imposible de remontar, el coche avanzaba sin pausa. No había señales que le guiaran, ni ninguna intersección que le permitiera un desvío. En el horizonte, sobre la torre, dos cigüeñas de cortejaban, mientras el café humeante calentaba sus manos. Miró por el cristal por última vez, sin duda eran sus ojos… Sin duda su sonrisa. Observó sus piernas delgadas e inquietas y cerró los ojos. Un último suspiro con sus labios en su boca y la paz de la casualidad.
Ahora sabía lo que era el cielo.
Mario Sender

FontAna, la revista de Fontiveros.

FontAna, la nueva revista de Fontiveros, pone su primera piedra.

Con el mecenazgo del grupo hotelero Fontecruz, un grupo de fontivereños presenta el proyecto de una nueva revista de cultura, arte, fotografía y literatura sobre la historia, vida cotidiana e inquietudes, que recogerá para la posteridad el esfuerzo de todos los habitantes de este pueblo, cuna del místico universal San Juan de la Cruz.

En la recientemente restaurada Ermita de Santa Ana, también llamada de “la banderas”, con la asistencia de las distintas asociaciones culturales de la localidad,la Corporación Municipal  y  colaboradores hijos de Fontiveros, llegados de más allá de los mares morañegos, se presentó el proyecto de esta nueva iniciativa, abierta a todos.

El sol brillaba, los ojos aún más, y, bajo la protección de la preciosa talla de Santa Ana, la bóveda hizo resonar las palabras de ilusión de estas gentes que luchan contra el olvido y la despoblación que azota Castilla; otrora capital del mundo conocido.

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Después de reponer fuerzas en el mesón Juan de Yepes, dónde el cocino morañego, alimenta el espíritu, se celebró asamblea en el Espacio de San Juan de la Cruz, dónde se dió a conocer, a todos los asistentes, la filosofía y el deseo que impulsan está nueva andadura: la participación de todos los hijos de Fontiveros. Con sus ideas, sus inquietudes, sus sentimientos e ilusiones.
Especial mención a los quintos del 48. Su asistencia a los actos, representa la “llama viva” de un pueblo que fue y seguirá siendo referencia en este inmenso mar de nuestra comarca: La Moraña. Ellos son nuestra memoria y nuestra fuerza.
Fuimos lugar de místicos y conquistadores, de nobles y clérigos, de soldados y campesinos… lugar que pisó la realeza…y volveremos al lugar que nos corresponde siendo iguales, pero diferentes.

Mario Sender