Hideki y el último té

Ese día Marita se encontraba perdida en alguna página de “Retrato de una Dama”, de Henry James. Fue una primavera de esas, donde los cerezos florecen antes y el sol dibuja claros entre las flores, sobre la alfombra verde de los arrozales. Todo parecía una pintura de Monet, cuando el timbre la sacó de sus pensamientos. El mensajero extendió la tablet y firmó el recibí a cambio de un pequeño paquete. Su origen no le resultó desconocido al estar escrito en japonés, un idioma que le parecía imposible aprender. Su olor sobresalía a través de los poros del delicado envoltorio; un precioso papel de arroz decorado a mano con flores de cerezo. Lo acercó a su nariz y el aroma dulce e intenso le hizo volar sobre las montañas de Kioto. Sobre la cuidada etiqueta, la caligrafía manuscrita indicaba el contenido: Té Ujicha (Kioto). Impaciente abrió el bote de bambú. Su color verde intenso y su finura eran exquisitos. Metió el meñique y lo saboreó. Era tal como lo recordaba, dulzón e inigualable. Desenrolló el pequeño pergamino escrito en un básico inglés, mientras el agua hervía:

“Mi querida okusan, no puedo olvidar aquel viaje hace ya muchos años. Entonces quizá fuera demasiado joven para apreciar tanta belleza, oculta por mi deseo. Ahora que la edad ha pintado mi cabello del color de esas flores, me arrepiento de no haber disfrutado de esos paseos iluminados por tu sonrisa, no haber besado el suelo que acariciaron tus pies y no haber sido capaz de abrir tu corazón para saborear tus sentimientos. Me queda poco tiempo y ha llegado el momento de aprovechar cada segundo de mi vida. Aquel día, cuando paseábamos por la senda que conduce a los recolectores de té, dónde se prepara el tencha, mientras admiraba tus piernas saltando de piedra en piedra, quizá fuera uno de los más felices. Era tu último día en Uji y tenía la esperanza de que la ceremonia del té ablandara tu corazón y nada acabara. Te escuché, intenté decirte lo que no pude, te ofrecí mi vida en aquel cuenco de té y no pude entender tu negativa. Después de tu marcha, hablé con nuestro amigo James san y lo entendí todo. Fue un impulso irrefrenable, cegado por los celos. Sé que fuiste feliz, incluso en tu soledad. Ahora que eres libre volvería a pintar tu cuerpo con un kimono de seda, a disfrutar de la sombra de tu cuerpo y probar esos labios con el sabor del Matcha. Pero ya es tarde mi amor. Éste es nuestro último té juntos”.

Marita, no pudo reprimir una lágrima. El silbido de la tetera inundó la cocina. La retiró del fuego y se dirigió al precioso aparador japonés que recibía los invitados a su casa. Dentro, en una caja de madera tallada a mano, reposaba desde su viaje a Uji, el juego de té Matcha. Vertió el agua, a la temperatura exacta en el chawan y lo removió con el chase hasta formar una espuma consistente. Lo depositó sobre la bandeja y lo dejó reposar un par de minutos, el tiempo necesario para desnudarse por completo y vestirse el kimono azul eléctrico de seda.
Se sentó de nuevo en la mesa de su jardín, frente al sol primaveral, mientras la taza humeante dibujaba la neblina del monte Fuji y dos lágrimas recorrían sus mejillas hasta la comisura de su sonrisa. Respiró profundamente y cerró los ojos mientras se acercaba el cuenco a sus labios.

“Mi querido Hideki, a veces un momento hace que la vida cambie. Este té, nuestro último té, me hace tan feliz ahora… Qué todo este tiempo pasado, desde aquel día que te dije no, te he querido, aún sin saberlo…”

Marita acarició sus piernas, pensando en la atenta mirada de Hideki; en aquellos ojos oblicuos y risueños, mientras que el kimono acariciaba su piel desnuda, agitado por la brisa. Se pintó sus labios maduros del verde único del Ujicha y dejó que el placer le llevará hasta sus brazos. En el horizonte, los cerezos se fueron cubriendo de deseo.

Cosme García López

 

Yo, elijo como vivir la vida.

shareVIVIR LA VIDA
Muchas veces he oído quejas sobre la mala suerte, la desgracia sobrevenida, la injusticia, etc. Es la vida. Una asignatura que no todos conseguimos superar con aprobado. La vida no es dejar pasar el tiempo, cumplir años, tener dinero, no trabajar y soñar, o envidiar esas otras vidas que creemos “de película”. La vida es otra cosa.
Para poder valorar nuestra existencia, se necesitan años de experiencia, de sufrimientos, de desengaños, de amores platónicos, de renuncias, de identificación con determinados valores…y aún así, resulta difícil.
Con el tiempo, bastante tiempo, empiezas a ver cosas que antes ni tan siquiera llamaban tu atención y empiezas a valorarlas. A cierta edad te importa lo que piensen de ti, te preocupa el reconocimiento, no profesional, que también, sino la imagen que trasmites a los demás. En el fondo es un pensamiento muy egoísta. Necesitas que te quieran, te aprecien y, de la misma forma, que sientan que “tu vida” es parte de la suya.
Así, hay ciertas personas que son capaces de transmitir una serie de sentimientos, de actitudes, de seguridad en sí mismas, de admiración, que no pasan desapercibidas. Cuando has pasado el ecuador de tu existencia, esa preocupación te embarga. Te preocupa dejar huella, que algo de ti quede impreso en el tiempo que te ha tocado vivir.  Un recuerdo positivo, que tenga valor, que haya servido para algo, calando en otros seres que como tú, algún día ya no estarán. Es la evolución, la construcción de la humanidad, los cimientos que cada uno, con su granito de arena, construimos.
Es un misterio pero también un sueño. Y, cuando descubres de que va esto de vivir, te das cuenta de que eres tú el que dibujas cada página de tu vida. Que puede ser cualquier cosa, incluso muy diferente a como la percibes. Porque en el fondo, si no eres consciente, tus actos serán reflejo de lo que los demás quieran.
Te pondrán un baby en el colegio, del color que tú no has elegido, te educarán según las normas establecidas, comerás alimentos que, según dicen, están riquísimos, trabajarás, tendrás amigos, iras de vacaciones, te encantarán con palabras como estas, te casarás, te divorciarás y, en fin, serás un ser creado a imagen y semejanza de una sociedad estandarizada. ¡Te dirán que vives en la civilización!… Como si alguien lo hubiera decidido. Y si, realmente casi no decidimos nada. No aprendemos nada de nosotros mismos, somos lo que nos han dicho que debemos ser. Correctos, educados, buenos, generosos,…y si no, ¡lo que Dios quiera!. En realidad, excepto cuando dejamos a un lado todos esos convencionalismos, es una vida muy aburrida. Ocho o diez horas trabajando, pensando en competir con otros, atareados en labores estúpidas, convenciendo a otros de que lo inútil es útil, otras ocho en el mundo de los sueños, unas cuantas más metidos en el bullicio del tráfico…¿Esto es la vida? ¿Dejar pasar días, meses, años? ¿Repitiendo como una hormiga el mismo camino desde el hormiguero hasta encontrar el alimento y vuelta a empezar?
Entonces, me surge una pregunta: ¿De verdad hay alguna diferencia entre todos los seres que pueblan la tierra?. Es posible que si, pero también que no. Cada uno ocupa su lugar. Nosotros, tan solo somos un animal más. Con una gran diferencia: podemos cambiar el mundo. Siempre pensamos que para eso hace falta una conciencia universal, pero no necesariamente. “Hay muchos mundos, pero están en éste. Hay otras vidas, pero están en ti…”. Esta frase del poeta Paul Éluard, describe mejor que nada, un pensamiento surrealista que me fascina: el poder ser quien quieras y como quieras, en tu mundo, el que elijas.
Así, un día, cuando tuve consciencia de todo ello, decidí que viviría en dos  mundos diferentes: el de todos y el que a mí me gusta.

Mario Sender

Fue por casualidad.

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FUE POR CASUALIDAD
Sería muy difícil, imposible, volver y hacerle entender cómo había sido aquella vida juntos, que ella no recordaba.
En el mismo lugar, a la misma hora. Con el mismo café americano, con los mismos latidos, con sol o lluvia, miró cada vagón detenido, en busca de sus ojos y sus latidos.
Cincuenta años después, perdida la esperanza, olvidada en un rincón de su memoria, aquella vida juntos ya no existía. Desapareció el sabor de sus besos, el calor de su piel, las palabras con gemidos, la nerviosa impaciencia del encuentro, el placer del sexo. Ya ni tan siquiera pensó que hubiera existido.
La tormenta empezó de repente. Primero fueron gotas de lluvia que las escobillas convertían en ríos laterales sobre el cristal. Luego granizo. Bajó la música de su radio intentando concentrarse en la carretera. Los pequeños trozos de hielo repiqueteaban sobre el techo metálico. Tardó un rato en darse cuenta, aunque quizá se debiera a su imaginación, aquel sonido le recordaba a algo. La tarde se convirtió en noche y la lluvia, el viento y el granizo, limitó la visibilidad a un metro. Nunca había visto nada igual y decidió parar bajo el puente de la autopista. Refugiado y a salvo del tremendo temporal, paró el coche y conectó de nuevo la radio. Aerosmith sonaba alto y claro ” I don’t want to miss a thing…” . Se sorprendió al identificar el sonido del pedrisco con la melodía de la canción, mientras relajado y a cobijo escuchaba los últimos acordes.
El Sol volvió a ganar la batalla y los claros de fueron abriendo entre las nubes. Arrancó de nuevo el coche y con incredulidad miró a su alrededor. El paisaje había cambiado y no reconocía nada. La carretera era de una sola dirección. Como un río imposible de remontar, el coche avanzaba sin pausa. No había señales que le guiaran, ni ninguna intersección que le permitiera un desvío. En el horizonte, sobre la torre, dos cigüeñas de cortejaban, mientras el café humeante calentaba sus manos. Miró por el cristal por última vez, sin duda eran sus ojos… Sin duda su sonrisa. Observó sus piernas delgadas e inquietas y cerró los ojos. Un último suspiro con sus labios en su boca y la paz de la casualidad.
Ahora sabía lo que era el cielo.
Mario Sender

FontAna, la revista de Fontiveros.

FontAna, la nueva revista de Fontiveros, pone su primera piedra.

Con el mecenazgo del grupo hotelero Fontecruz, un grupo de fontivereños presenta el proyecto de una nueva revista de cultura, arte, fotografía y literatura sobre la historia, vida cotidiana e inquietudes, que recogerá para la posteridad el esfuerzo de todos los habitantes de este pueblo, cuna del místico universal San Juan de la Cruz.

En la recientemente restaurada Ermita de Santa Ana, también llamada de “la banderas”, con la asistencia de las distintas asociaciones culturales de la localidad,la Corporación Municipal  y  colaboradores hijos de Fontiveros, llegados de más allá de los mares morañegos, se presentó el proyecto de esta nueva iniciativa, abierta a todos.

El sol brillaba, los ojos aún más, y, bajo la protección de la preciosa talla de Santa Ana, la bóveda hizo resonar las palabras de ilusión de estas gentes que luchan contra el olvido y la despoblación que azota Castilla; otrora capital del mundo conocido.

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Después de reponer fuerzas en el mesón Juan de Yepes, dónde el cocino morañego, alimenta el espíritu, se celebró asamblea en el Espacio de San Juan de la Cruz, dónde se dió a conocer, a todos los asistentes, la filosofía y el deseo que impulsan está nueva andadura: la participación de todos los hijos de Fontiveros. Con sus ideas, sus inquietudes, sus sentimientos e ilusiones.
Especial mención a los quintos del 48. Su asistencia a los actos, representa la “llama viva” de un pueblo que fue y seguirá siendo referencia en este inmenso mar de nuestra comarca: La Moraña. Ellos son nuestra memoria y nuestra fuerza.
Fuimos lugar de místicos y conquistadores, de nobles y clérigos, de soldados y campesinos… lugar que pisó la realeza…y volveremos al lugar que nos corresponde siendo iguales, pero diferentes.

Mario Sender

LECHE EN POLVO

Dibujo de J.L. Herrero

Dibujo de J.L. Herreros

LECHE EN POLVO
Hoy pensaba que soy de pueblo. Muy de pueblo, a pesar de vivir en una gran ciudad. Creo que los que somos “de pueblo” tenemos algo especial. No es necesario haber vivido muchos años allí, es suficiente haber nacido y vivido un poquito de nuestra infancia. -Que suerte tú que tienes pueblo-, me dicen a veces. Y si, es cierto. La infancia en un pueblo es incomparable.

El invierno en La Moraña es duro. El pueblo se cubre de nieve y el viento dibuja una cruz en las cuatro calles.

-No vayas hoy al colegio -dice su madre-. Pero el pequeño insiste y abrigado hasta los ojos, camina con sus botas hundiéndose en la nieve. El colegio está a la otra punta del pueblo. Su cuerpo aún esta caliente después de haber pasado por el balde de agua calentado en la lumbre. Me pongo en su lugar, a un metro escaso de altura. Todo es diferente. Gigantescos álamos bordean el regato, que tarda cinco pasos en cruzar, mientras observa el ya inexistente potro de herrar. Algún día imitará a “los mayores” colgándose de sus barras. Pero aún queda tiempo. No hay gente en la calle, aunque al pasar por las ventanas, de puntillas, puede ver el resplandor de la lumbre ya encendida. Mira el Torreón por encima de la visera de su gorra de orejeras. Inmenso y firme. Como una muralla de entrada a las cuatro calles.

-¡Que frío!, razón tenía mi mamá -piensa-.

Cruza con la cabeza gacha resguardándose del viento, delante del viejo cine, donde a veces toca su abuelo, cuando recogen las sillas para el baile. A pesar del temporal, siempre, cuando pasa por aquí, respira hondo el olor a pan recién hecho proveniente de la cercana tahona.

-Tengo que venir a poner punta al peón a la fragua -recuerda según camina-.

Y, allí en la plaza, el Santo. Impasible, abrazado a su cruz, enrejado, como encarcelado en un pueblo que le debe tanto. Como si tuvieran miedo a que pudiera escapar de su letargo.
Casablanca, el bar de los bocadillos de mejillones, de las señoras amables, de la foto de Rocío Dúrcal. Que dice mi abuelo, que no hay mujer más guapa en el mundo. Del aguardiente y los golpes de dominó. Tantos años después y aún se pregunta, -entonces ni tan siquiera se le pasaba por su mente-, si es por la inmortal película o simplemente por su color.

-Ya queda poco -se dice al cruzar la plaza-.

La ermita del Santo, con su Vía Crucis, donde dan el chocolate de las comuniones. Se acerca al colegio. Es un chico tímido, con pocos amigos, amigos. Quizá él no sea tan niño. Ensimismado en sus lecturas y con una habilidad innata para el dibujo, no es precisamente el chico travieso e inquieto que debería ser para su edad. Hoy toca Evangelio. Parábola de las bodas de Caná. Le gusta dibujar en la pizarra. Sus tizas de colores ilustran el tema. Es sábado y luego irá con su amigo Deme a la casa de su abuela a cambiarse los tebeos del Capitán Trueno.

El patio, a la hora del recreo, aún tiene charcos helados. Es una hora feliz. La fila de niños espera impaciente para llenar su vaso de plástico, de leche en polvo americana.

Si, seguramente no fueran buenos tiempos, pero, ¿quien que no sea de pueblo, ha pisado garbanzos verdes, subido a un trillo, echar de comer a los cerdos, comprar un cuartillo de leche, comido espigas tiernas, entrar en un palomar, ver Bonanza desde la ventana, besar el anillo al cura, tomar leche en polvo o coger renacuajos en la laguna?
Si, soy de pueblo y sé lo que es una fanega.
La gran ciudad es un cine de ilusiones y esperanzas, un escaparate inmenso de proyectos de vida…que se ha llevado a muchos niños como yo, de pueblos como el mío. Algún día, seguro que dentro de muchos, muchos años, volverán. Es un deseo.
Mientras tanto, en cada pueblito, algunos héroes luchan contra molinos de viento.

Mario Sender

Con “J” de Aragón

 

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Dibujo a pluma de Miguel Brunet

Con “J” de Aragón

La Almunia ha sido un Jalón en mis últimos años. Un punto de partida hacia ese mundo de palabras encadenadas. Jamas pensé que una simple parada, pudiera cambiar la forma en la que se mira la vida.
Hace muchos años, mi tío, camionero profesional, recorría España en duras jornadas, llevando y trayendo mercancías. Y yo, aún muy pequeño, de vez en cuando recibía algún recuerdo de los lugares por donde pasaba.
Con el tiempo, yo también seguí esas intermitentes líneas blancas, como un viajante de otras épocas, donde los muestrarios ocupaban el lugar de los acompañantes. Y, casualmente, termine trabajando como delegado comercial de una empresa con sede en Zaragoza. Eran otros tiempos y uno tras otro, se sucedían los pueblos divididos por la carretera nacional. De entre todos, dos eran mis preferidos. Y uno, en especial: La Almunia de Doña Godina, cuyo nombre, sin razón alguna, me sonaba a princesa “medieval”.
No, no me he olvidado de mí tío, culpable en parte de ese Júbilo que despertaban en mi los pueblos de Aragón. Porque Aragón, siempre me suena con “J”, y no por su famosa tradición jotera, sino por que sí. Allá, en Castilla, en un pequeño pueblo, lugar de paso de la futura reina de España,  un niño tenía algo que pocos habían visto nunca: unos enormes caramelos, llamados adoquines, que mi tío me traía de Zaragoza. Ya de por sí eran una rareza por aquellos lares, pero, la sorpresa no era su dulzor, sino la leyenda que se escondía en su envoltura. Así, lo primero que hacía, era desenvolverlos todos para leer las “Jotas de picadillo” que tanta gracia me hacían.
Y jota a jota, entre las heroicidades de Agustina, mi curiosidad por saber quién era esa “Dolores” de la que hablaba mi tío, allá en Calatayud, un trocito de mi infancia, fue con “J” de Aragón.
Siempre entre Jaleos de acero, obligadas Jaranas nocturnas y visitas turísticas a la AlJafería.
En fin, no tendría nada de extraordinario, hasta muchos años después, que, recordando aquellas paradas un día me dió por volver a pasar por el mismo lugar. Así empezó el Juego, sin Jotas, con erotismo singular,
Fue una Jacilla, sin duda, que me mostró otro sendero de mi vida, hasta entonces sin explorar. Quizá la verdadera intención fuera la seducción, entre una reina de Castilla y un rey de Aragón o, un milagro de Santa Pantaria, reina de las 11.000 vírgenes.

Si me ves que me mareo

no le avises al medico;

qu’es que me ha hecho mal el agua

el agua que lleva el vino.

 

En la estación de tu pueblo

pocos forasteros bajan

porque los mozos son brutos

y las mozas descaradas.

 

De moza que se santigua

cuando un mozo se le acerca

librate…, que esas te cojen

y te casan a la fuerza.

 

A esos que a la luna suben

no les envidias tu nada

pues tu estas siempre en la luna,

según dicen en tu casa.

 

Arroz con leche es tu nombre

cuando lo llevo en mis labios

y cuando suena en mi oído

encanto de los encantos.

 

Lleva mi mañica el moño

de rosca de picaporte

paice una torta gaitera

o un cimborrio de la torre.

 

Me cogio un agua en el campo

y me refugie en tu casa;

dende aquella hora y seguido

tronada tras de tronada.

 

En la calle de San Gil

ves abanicos a pares

pal que le asustan los precios

que hay en los escaparates.

 

Tres por siete, diecinueve;

seis por ocho, veinticinco…

¡que bien me salen las cuentas,

las cuentas de tu cariño!.

Dende que tú mi “sol” eres

me ha dicho más de un guasón:

que estoy hecho un “satélite”

dando gueltas tras el sol.

 

Ya no me saben a dulce

ni el arrope ni el mostillo

después de pasar dos horas

de estar hablando contigo.

 

Mudo me quede de un tiro

y de un atropello cojo,

si te pido relaciones

no me desgracies del todo.

 

Maña, no es que no te quiera

porque festeje y festeje…,

que a gusto me casaría

si pudieras mantenerte.

 

Que tal ando me preguntas

y eso ya lo puedes ver:

unos raticos “a pata”

y otros raticos “a pie”.

 

Los panaderos del barrio

anoche tuvieron bronca;

dicen que la panadera

le dio al hombre un par de tortas.

 

Me preguntan que tal andas

y yo digo que andas bien,

que aun conservas las dos piernas

y aun no te han cortao los pies.

 

Que me quies más que a ninguno

pregonas mañana y noche,

no es la que más cacarea

la gallina que más pone.

 

La navaja del barbero

yo no se con que la afila

que en llevándola en la mano

ya ninguno le relincha.

 

Dice orgulloso tu padre

que le entiendo a la primera,

¿cómo no voy a entenderlo

con esa tranca que lleva?.

Ido a cazar con tu primo

por trair una guena caza,

pero maña, me ha salido

en tiro por la culata.

 

Esta tan lejos tu casa

que, cuando te vengo a ver

por fuerza hi de “cair” rendido

¡pero, rendido! a tus pies.

 

Y hoy te aupo a coger los higos,

con la sola condición:

de que de diez me des ocho

y de treinta veintidós.

 

Se que murmuran algunos

que tengo cosas mu raras

porque bebo en vino en vaso

pero el agua… a cucharadas.

 

Fumando y con pantalones

tu mujer me ha parecido

un señor que conocía

y que era tonto perdido.

 

Migas en el campo hicimos

pa obsequiar a tu familia,

y ya van diciendo todos

que hacemos muy buenas migas.

 

Ya se que ties facultades

pa llegar a ser tenor,

pero quies “subir tan alto”

que se te “cuerta” la voz.

 

Tomas miel al desayuno

y mostillo al merendar;

el que guste de los tuyos

¡que morricos se pondrá!

 

Estos días hi de échame

una novia cada día

pa tener pagau el cine

las ferias y las corridas.

 

Ya tenemos “majorettes”

al estilo de Paris;

a ver si dentro de poco

tienen baturros allí.

 

En mi pueblo un vanidoso

que vive de la apariencia

se ha puesto los dientes de oro

pa estar con la boca abierta.

Después de llamarme seco

de rancio me pones fama,

pero se lo que te gustan

el seco y el rancio maña.

Fuente: Palabras al consonante.

 

 

Bésame en un rincón.

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BÉSAME EN UN RINCÓN

Daniela se sentía cómoda, aunque los nervios nunca desaparecían del todo. Verle, siempre despertaba una sensación única en ella. Estar a su lado y no poder tocarle, mirarle a escondidas, que no se notará el brillo de sus ojos, que no le delatara una palabra, era difícil, muy difícil. Alguna vez se había atrevido a rozarle al pasar, incluso le susurró alguna palabra al oído. Se sentaba a su lado en cada cena, a su izquierda en el cine, frente a él en los bancos del tren, delante de él en la cola de espera de la carnecería… Daniela estaba perdidamente enamorada.
Cuando se vestía, lo hacía para él. ¿Le gustaría blanco o negro?. Era verano y su piel tenía un precioso color tostado. El blanco. Seguro que en la penumbra, resaltaría sobre su precioso cuerpo. Se ajustó las finas medias de seda, transparentes como el cristal, al liguero. Se miró en el espejo subida a sus tacones y se puso el vestido. Se sentó al borde de la cama mirando su reflejo. Cruzó y descruzó un par de veces las piernas. El corto vestido dejaban ver el bordado del final de sus medias y cualquiera que la mirara con atención, no tendría muchas dudas sobre el color de su cara lencería. Entorno los ojos, pasó sus manos acariciando sus muslos hasta donde empieza la piel y volvió a tener su imagen en la cabeza. Cerró las piernas atrapando sus dedos contra su sexo y pensó en él. No tardó en sentir sus dedos húmedos y ese temblor intenso, ese fuego abrasador que le recorre la espina dorsal hasta terminar endureciendo los pezones entre sus labios. Imaginó su boca, suave y caliente, descendiendo por el valle de su ombligo, los besos descendiendo uno a uno, suspendidos, discontinuos… Hasta desear, irremediablemente, sentirse una cereza en su boca. Rodar al ritmo de su lengua, la presión de sus labios, la suavidad de su saliva, las curvas recorridas… hasta que un ligero mordisco y después otro y otro, hicieran estallar su interior derramando dulzura, sabor y néctar maduro, hasta sentirse privada de todo, un hueso desnudo en su boca. Necesitó unos segundos para recuperar el conocimiento. Luego bajó despacio cada escalón, sintiendo su regalo en el interior.
El pub, como cada viernes, estaba a rebosar. Daniela pasó entre la gente y se sentó junto a sus amigos. Como siempre, observó a los hombres, le buscó con deseo, siempre solía ir a ese lugar y aunque sabía que tendría que conformarse con tan poco, una mirada, un roce… Ahora tenía su regalo, esa “cosa” que, según él, podría hacer lo que tanto deseaba: dejar de limitarse al onanismo.
La primera vez casi se le cae el zumo de las manos. Fue como un calambre interior, sorprendente. A continuación, se sucedieron un par de vibraciones entre sus piernas cerradas, entornó los ojos y sus amigos le preguntaron, ¿Te encuentras bien?, Siiii -contestó con una sonrisa sospechosa-. Sonó el teléfono. Era él. -¿Te ha gustado? -. No le dió tiempo a responder. Su “regalo” volvió a moverse en su interior hasta hacer que sus manos temblaran. Esta vez con mayor intensidad, como si alguien controlara su orgasmo.
Daniela era incapaz de dominar aquella “cosa”. Se le escapó un gemido y todos la miraron. Un nuevo zumbido entrecortó su voz y sólo acertó a decir  “bé…same en…en un … rincón”, mientras se levantaba camino de la puerta, con sus acompañantes perplejos.
Esa era la clave: “bésame en un rincón”. Su “regalo”, comenzó un baile infinito entre sus piernas, ejecutando el programa que con ese nombre, su amante imposible, controlaba con su smartphone, sentado en la penumbra. Daniela, en el parking, dentro de su coche, se entregó al placer, mientras se quitaba la ropa y mandaba fotos de su cuerpo a ese “regalo” que llevaba dentro y que no deseaba que parara nunca. El intercambio de sexo virtual continuó hasta que agotó la batería.

“Bésame en un rincón”, es una aplicación que controla un vibrador a distancia a través de un terminal móvil. ¿Es mi imaginación… Es real? Os dejo con la duda.
M. Sender

XV Recital de Poesía Erótica (La Almunia de Doña Godina).

PASIÓN ANUAL, XV veces repetida.

Ya no recuerdo cuantas veces he estado allí. Algunas como simple oyente, en el anonimato,  perplejo por el talento de estas noches y algunas más como humilde lector. En tantas ocasiones como he viajado a Zaragoza, La Almunia, fue mi destino singular, a veces seducido y, a veces, seductor. Pero siempre con el sentimiento de esta prosa poética…

Eternas, volaron las tardes mirando tus ojos en cada gota de lluvia,
esperando el sol que incendia mi piel y ese corazón latiendo gemidos.
Un viernes de verano, cada año, en un pueblo de morisco pasado, un acontecimiento espera al hombre perdido en las curvas que acercan. Nunca supe por qué, ni qué me hizo enamorar de un lugar tan excitante y singular y,….así,
desnudar la Almunia, despacio o salvaje, se convirtió en un deseo irrenunciable. Mi pasión anual.
“Bésame,
acaríciame,
aquí, no importa la hora…”
insinuantes palabras ordenadas, entre sugerentes vinos, atrevidas cerezas, y mis manos inquietas.
Así  atravieso los arcos, de imposibles mujeres bellas, esperando que alguien me diga al oído, esa frase tan certera…
“si me desnudas con arte… te invito a champán”
Noches soñando  esa amante apasionada  que jamás puedes olvidar, que quisieras, para ti solo, … dispuesto a raptar…

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Se insinúa la noche, desde el escote arqueado y sugerente del fuerte, compañía excitante, cigüeñas amantes y guindas con sabor a labios.
Años de versos y besos, disfrutando en ti, escondido en la cremallera de tu espalda…
deseando ser yo…. quien te quite la ropa…. y te invite a champán.
Si fueras mujer, serías mi amante… Almunia.

M.Sender

El hombre del billón de dólares.

 

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Cada día escalaba la montaña. Sus viejas botas dejaban traslucir el color de sus calcetines arco iris. Desde la cúspide, unas decenas de metros más abajo, los pequeños cuerpos removían el suelo con sus palos. Algunos cargaban grandes bolsas a su espalda, como sherpas escalando el Himalaya. A veces se sentaba y miraba la ciudad, tan cerca y a la vez tan lejos. En los días de sol, cuando las humeantes chimeneas lo permitían, los cristales de los enormes rascacielos parecían joyas talladas por las gigantes y poderosas corporaciones. Un bosque imponente e inamovible, donde cada árbol lleva escrito su nombre, luchando por ser el más alto en el Skyline del gráfico de la bolsa inmisericorde. Se puso la mano a modo de visera sobre la frente y dividió ese paisaje en dos. Abajo, a la sombra de las torres, las humildes casuchas se extendían como setas escondidas entre ramas podridas, humedades perpetuas y alimañas supervivientes. El paisaje, ahora, le parecía muy diferente, aún siendo la misma hora y la misma ciudad.
-¿Qué tal, Sr. Peric?… ¿Se ha dado cuenta de que el sol brilla hoy?
-Claro Tim, el sol brilla siempre, aunque no lo veamos. Sabes, a veces, para poder apreciarlo, hay que mirar por encima de las nubes. ¿Ves aquel rascacielos, el que tiene una estrella sobre la antena?
-Si Sr. Peric, es uno de mis favoritos. Mi papá trabajaba en la fábrica esa, la que tiene una estrella igual en la fachada.
-Pues hasta allá arriba, hasta la cúpula dorada, hay más de 1000 m. Desde sus ventanas siempre se ve brillar el sol. Había un hombre que sentado frente a su mesa, como estamos tu y yo ahora mismo, cegado por el sol y separado por las nubes de la realidad que tú y yo conocemos, vivía feliz. Al menos eso creía.
-Y ..¿Era rico Sr. Peric?
-Si Tim, muy rico. Era el hombre del billón de dólares. Una cantidad inmensa.
-Mi papá decía que en la fábrica de la estrella lo pasaban mal. Que no querría que yo trabajara allí. Quería que estudiara y ahorrar para que pudiera ir a la escuela. No pudo ser Sr. Peric. Usted ha debido estudiar. Por eso me gusta venir a verle. Sabe muchas cosas Sr. Peric. ¿Alguna vez ha subido a alguna de esas torres?.
-Si Tim. ¿Qué le pasó a tu papá?.
-Un accidente. Dicen que fue debido al cansancio. Trabajaba casi doce horas al día y ese sábado, en el tren de laminación, tuvo un descuido. Se enganchó una mano al desatascar un lingote y los rodillos le destrozaron. Siempre me decía que algún día habría un accidente. Que los sistemas de seguridad estaban desactivados para aumentar la producción.
-A veces pasan esas cosas Tim. Esas gentes que viven por encima de las nubes, nunca ven lo que sucede en el tapiz del bosque. Sólo piensan en ellos mismos.
-Sr. Peric, y…ese hombre del billón de dólares, ¿aún vive?.
-No Tim. Aquel hombre murió hace años. Su vida sólo valía esa cantidad ingente de dinero, cuando no tuvo nada, con el último centavo, se extinguió. Igual que su dinero. Sabes Tim, ese hombre, un día, me recibió en su mirador por encima de las nubes…
-¡De verdad! Sr.Peric.
-Si. Ambos miramos por la ventana. Era un día como hoy, sin nubes, el sol iluminaba toda la ciudad. Se veía perfectamente este montículo. Los niños luchaban por encontrar algo para subsistir; plásticos, vidrios, desechos que no sirven para otros. Él nunca había mirado hacia abajo, jamás hasta ese día. No puedo olvidar su cara. Se giraba y volvía los ojos hacia su lujoso despacho. Los paneles electrónicos bailaban. Las cifras se sucedían en colores rojo o verde y los gráficos dibujaban montañas y valles. De nuevo observó por la ventana. Pude ver sus lágrimas reflejadas en el cristal.
-¿Y porqué lloraba Sr. Peric?. No lo entiendo. Es un hombre rico, tiene fábricas, coches … Incluso gente que le sirve. Lo tiene todo. A mí me gustaría ser como él.
-Ten cuidado mi pequeño amigo. Hoy ves ese edificio que tanto te gusta. No hay nubes. Pero en los días nublados, desde aquí, desde la cúspide de este montículo, no ves lo que sucede allá arriba.
-Bueno Sr. Peric, que más pasó aquel día…
– Se sentó de nuevo en su sillón y escribió y escribió…durante horas. Me enseñaba cada página, pedía mi opinión y ninguna me gustaba.
-Opinión sobre qué Sr. Peric.
-Sobre la vida. Le pregunté si había amado a alguien. -no- me dijo. ¿Has tenido amigos? -no- contestó de nuevo. ¿Con tanto dinero habrás tenido la satisfacción de ayudar a alguien? -.. No!. Lástima -le dije-, es una de las pocas cosas que se pueden hacer con dinero. ¿Que tienes que puedas ofrecerme que no sean riquezas? ¿Qué piensas que podría interesarme de ti?. No hubo respuesta.
– ¿Y qué le pasó? Dijiste que había muerto.
-Así es, Tim. De hecho vas a ser el primero en saberlo. Yo mismo acabé con su vida. Y tienes la posibilidad de ser el nuevo propietario de la Torre y la fábrica de estrella. Puedes ser el Hombre del Billón de Dólares. He subido mil veces esta montaña de basura y desechos intentando encontrar a alguien que me libere de esa carga. Quizá tú puedas ayudarme. Aquí tengo todos los papeles que te convertirán en el hombre más rico. Pero antes de tomar esa decisión, deberás renunciar a todo.
-¿A todo Sr. Peric?
-A todo Tim. Sólo tendrás su dinero.
-Pero…y usted?
-No volverás a verme, no podrás hablar conmigo. No verás más a estos amigos que rebuscan entre la basura. Tendrás que asumir las desgracias de tu decisión. Explotar a tus trabajadores, olvidarte de sus familias, las mujeres te querrán por tu dinero, los amigos serán interesados, las gentes te odiarán y envidiaran y un día, verás tus lágrimas reflejadas en el cristal de la Torre de la estrella. Eso vale un billón de dólares.
Tim se sentó con la cabeza gacha, urgando con su palito entre la basura.
El Sr. Peric, le levanto la cabeza y le miró a los ojos, mientras una lágrima le resbalaba por el corazón.
-Tim, un día quise tanto a una mujer, que lo hubiera dado todo por ella, pero ni todo mi dinero fue suficiente para que me amara. Lo único que de verdad deseaba no pude conseguirlo.
Pasaron muchos años y, un día, Tim fue con Missa a ver la Torre de la estrella. La entrada era libre. La chapa ondulada resplandecía bajo el sol y los niños subían y bajaban por las escaleras. Al fondo del inmenso vestíbulo, a través de la plásticos traslúcidos, cientos de personas comían y reían. Las tiendas de ropa y calzado era un hervidero de pequeños correteando.
-Ven Missa, quiero enseñarte algo.
Tim la condujo de la mano hasta una especie de máquina.
-Mira. Si metes una botella de plástico, una bolsa, pilas, o cualquier cosa de las que la gente tira a la basura, siempre que te reconozca como un niño y contestes adecuadamente, te da un billete de 5 dólares. Tiene un billón de dólares para repartir.
-Y …¿Que haces con todo eso?
-Es fácil. ¿Te acuerdas de aquel montículo de basura donde conocí al Sr. Peric?. Lo llevo allí de nuevo y mis niños lo vuelven a recoger de nuevo.

-¿Eres rico Tim?
Siiii, ¡¡Soy rico… porque me amas!!!

Mario Sender

 

Expediente UNMO

Muchos conocéis mi afición por la astronomía, los misterios del universo, la ciencia, física cuántica y todo aquello que tenga relación con el Cosmos. Pero quizá no sabéis que durante mucho tiempo fui un gran aficionado a la ufología o la OVNI, como queráis llamarlo. En mi juventud devoré todo tipo de literatura sobre el tema y casi nada hay que no sepa al respecto. Con el tiempo aprendí a separar el grano de la paja, pues, entre miles de casos, pocos están libres de explicación, fraude, cuento o fantasía. Aunque estoy convencido de que el misterio continúa sin ser explicado convincentemente. Entre los casos más sorprendentes, por su duración, su complejidad, la exactitud de su contenido, los detalles, etc., se encuentra el expediente UNMO.

El relato comienza así:

FEC

Expediente UNMO.
I. El contacto
Todo comenzó alrededor de 1934. Un barco noruego experimentaba un sistema de comunicación mediante el rebote de ondas en la ionosfera. Las señales atravesaron nuestra atmósfera y, al parecer, fueron detectadas en un exoplaneta denominado Unmo, en órbita alrededor de la enana roja Wolf 424, en la constelación de Virgo. Así lo cuentan los OEMII, sus habitantes. La señal del barco noruego fue recibida quince años después de su emisión. Intrigados por el origen de la comunicación, su desconocimiento de nuestra raza y el lenguaje empleado, deciden, el 28/03/1950, enviar una nave de exploración a la Tierra, aterrizando cerca de La Javier, Francia, cerca de los Alpes.
De características físicas similares a nuestra raza, pasan desapercibidos y durante unos años estudian nuestra sociedad, costumbres, lengua y tecnología. Tomando contacto con algunos científicos e ingenieros, principalmente de EE. y la Unión Soviética.
Esta es la carta recibida por distintas personas que explica el origen e intenciones de los unmitas:

UMMOAELEWE
Idiomas: Español
Francés
Ruso
Inglés
Nº de Copias 21
Hombres de la Tierra:
Sabemos que sólo una escasa minoría intuye vagamente la posibilidad de que seres
semejantes a ustedes y procedentes de otros astros de esta Galaxia, estemos
secretamente entre ustedes.
Sabemos que tan sólo una fracción insignificante de estas personas dispersas por este
planeta, conocen nuestra identidad como seres humanos procedentes de UMMO, y
que con toda lógica el porcentaje más elevado de este sector mantiene cautelosa
reserva, dudando de la realidad de nuestro origen.
No nos ha traído hasta ustedes más que el interés de analizar la civilización de
ustedes y las características geológicas de lo que nosotros denominamos OOYAGAA
(PLANETA TIERRA) estructuras biológicas terrestres y psicología de la sociedad.
En el año Terrestre 1950 (Marzo) arribamos a este OOYAA (ASTRO FRÍO). Unos dos
años antes (AÑOS TERRESTRES) captamos una débil señal en frecuencia 413,44
megaciclos que no logramos decodificar. Había sido emitida hacia el año 1934.
(Posteriormente hemos identificado la señal radioeléctrica como emitida desde un
navío noruego a la altura de Terranova en unas experiencias desarrolladas por
científicos de esta nacionalidad tendentes al empleo de elevadas frecuencias en
comunicaciones a larga distancia por reflexión ionosférica. La señal fue emitida entre
los días 5 y 7 de Febrero de 1934).
Esta fecha es pues histórica en las relaciones TIERRA-UMMO. Tenemos fotocopias
de los radiogramas emitidos (obtenidos por nuestros hermanos en Alemania que se
desplazaron hasta Bergen con este fin) y por supuesto la grabación de las señales en
Morse que resultaron entonces ininteligibles para nosotros pues nuestros técnicos cre-
yeron que se trataría de un código de numeración binaria (PUNTO = CERO, RAYA =
UNO o viceversa). Les asombrará a ustedes saber que la duración de la fracción de
radiograma captado fue de 2,2 UIW (unos 6,8 minutos) que bastaron para identificar
sobre coordenadas galácticas, la posición del sistema solar, a nuestros técnicos, que
bautizaron entonces al astro del cual procedía aquella señal con el nombre de GAA
(CUADRADO) puesto que la gráfica obtenida con la señal recordaba la ecuación
analítica que expresa el área de esta figura geométrica.
Sólo al llegar hasta ustedes pudimos comprobar que la denominación OOYAGAA
(ASTRO FRÍO de “CUADRADO”) era falsamente evocadora puesto que la naturaleza
del mensaje no era precisamente matemática.
Queda así contestada la pregunta de M. Theodore T. Polk de PITTSBURGH (U. S. A.)
referente al origen de nuestra llegada a este planeta.
Algunos de ustedes, en nuestras conversaciones telefónicas, insisten en solicitar de
nosotros la presentación oficial ante los gobiernos del planeta. M. Pierre Palyssy
ORAN (Argelia) nos sugiere incluso que enviemos nuestros “DISCOS VOLADORES”
para exterminar al gobierno comunista chino.
Comprenderá M. Palissy que mostrándonos respetuosos de todos modos con su
interesante iniciativa, no podemos realizar sus deseos por diversas razones que le
exponemos:
En primer lugar, nuestros OAWOOLEA UEUAA o discos volantes como usted los
llama, no pueden llegar a nuestro capricho hasta aquí.
Por otra parte aunque reconocemos que ese Estado terrestre está manteniendo una
línea política un tanto agresiva, no estamos tan seguros de que realmente constituya
una amenaza inminente para ustedes. El pueblo chino atraviesa en estos momentos
una crisis muy interesante que si ustedes no estuviesen polarizados políticamente por
ciertos prejuicios, valorarían en su justo nivel. Ni la Unión Soviética ni Estados Unidos
consentirán que el desarrollo de esa nación se oriente hacia el objetivo bélico.
En parecidos términos contestamos a Josef Väry de BRNO – (CHECOESLOVAQUIA)
que nos pregunta si podríamos emplear nuestras armas para derribar a los regímenes
totalitarios de Portugal, España y Sudáfrica.
No es nuestra intención pues, actuar como policía internacional terrestre. Repetimos
que nuestra pasiva misión de estudio y análisis nos lo veda.
Son varias las razones que nos impulsan a permanecer ocultos y desde luego entre
ellas no se cuenta el temor a una posible reacción agresiva de los hombres de la
Tierra. Repetimos hasta la saciedad que no tenemos interés en ser creídos. Alguno de
ustedes nos repite que debemos presentar pruebas.
Ignoramos todavía lo que ustedes quieren expresar ingenuamente. Son varias las
ideas técnicas que hemos puesto al alcance de ustedes Y pese a todo los técnicos
que las recibieron las atribuyeron a científicos excéntricos. Aquellas personas que
postulan TOCAR tales pruebas con las manos, no se dan cuenta que su postura es
tan intelectual como la de un campesino que dudase de la realidad del LASER porque
no ha tenido jamás uno de estos equipos en sus manos.
Pero les reiteramos una vez más que respetamos su incredulidad. Trabajamos mucho
mejor en el anonimato y no vamos a ser tan ingenuos para presentarnos a ustedes
vanidosamente con la única finalidad de que ustedes se solacen.
Parece que olvidan ustedes que LOS TESTIMONIOS TIENEN EXACTAMENTE EL
VALOR QUE LES OTORGAN LOS RAZONAMIENTOS EN QUE SE APOYAN. Si las
ideas que hasta la fecha les hemos brindado no las entienden o desprecian, HARÁN
BIEN EN NO CREERNOS.”
Origen del texto:
http://www.ummo-ciencias.org

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Por su complejidad, continuaré el relato en el próximo post. Os aseguro que es mejor que cualquier novela de ciencia-ficción.

Mario Sender