El oído del tiempo.

El oído del tiempo.

El Universo es infinito. Ni tan siquiera podemos imaginar su tamaño. Su expansión acelerada es un misterio. Podríamos pensar que las galaxias y todos los astros se separan, que “corren” hacia algún lugar, pero no. Lo que se expande es el “espacio” entre ellos. Como un gigantesco globo dónde hayamos dibujado puntos y que inflamos sin parar. Quizá algún día suceda lo mismo que al globo: que nuestros pulmones se cansen de soplar y se desinfle, devolviendo cada punto a su lugar de origen. La otra opción es que la tensión de la goma no soporte más y estalle. Las consecuencias son inimaginables.
Nuestros más modernos ingenios son capaces de explotar, cada vez más, el espacio profundo, acercando a nuestros ojos la luz de estrellas y galaxias que quizá desaparecieron hace miles o millones de años. No es la realidad lo que vemos, es la luz viajando a través del espacio a su velocidad constante de 300.000 km por segundo. Igual sucede con las comunicaciones. Cualquier civilización inteligente existente en el universo, tendría infinitas dificultades para contactar con otra, debido a las inimaginables distancias que nos separan. Es como si una hormiga de un de un pueblo de Albacete quisiera comunicarse con otra residente el desierto de Australia, con sus medios, sería prácticamente imposible, a no ser que tuviera un teléfono móvil. Algo que ni tan siquiera son capaces de imaginar. Así estamos los seres humanos frente a lo que llamamos Universo.
Poco a poco, la raza humana construye ese “teléfono móvil” intergaláctico que nos permita escuchar a otros, que supuestamente, intenten lo mismo. Ese ingenio se llama FAST y ha sido construido y desarrollado en China. Es el mayor del mundo, con 500 m de diámetro y está formado por 4450 paneles triangulares. Comparado con el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico, con 305 m de diámetro, prácticamente dobla todas sus expectativas. En sus primeras pruebas, FAST ha conseguido captar las señales de un púlsar -estrella de neutrones-, situada a 1351 años luz de la tierra. Es decir, una emisión radiante que ha tardado en llegar a nuestro planeta más de mil trescientos cincuenta años, viajando a la velocidad de la luz. Suponiendo que se tratase de una civilización inteligente, nuestra respuesta al mensaje sería la misma: recibirían la contestación dentro de más de 1350 millones de años. Ahí está el problema. Estamos como la hormiga de Albacete.

Esto en cuanto a las comunicaciones, ¿imagináis las dificultades de un viaje interestelar con estas distancias?. Actualmente es imposible. Entre otras razones porque, como nuestra hormiga, no sabemos ni tan siquiera dónde está el desierto, ni Australia ni si existen.
Además, nos encontramos con otra dificultad: ¿Que buscamos? ¿Como es esa señal? ¿Cómo podemos identificarla y entenderla?. Nuestra hormiga de Albacete buscaría algo conocido: feromonas de otros congéneres, comunicaciones a través de sus sentidos, montículos que identifiquen otros hormigueros… Si no encuentra nada de eso, si escucha el sonido del iPhone de un joven australiano, seguirá pérdida.
El FAST tiene puede captar longitudes de onda entre 70MHz y 3GHz (10cm a 4,3m) y ocupa una superficie de 196.000 metros cuadrados en la provincia de Guizhou al sureste de China.
Será nuestros oídos en el espacio.

M. Sender

La Cápsula de viaje.

LA CÁPSULA

Cuando me quise dar cuenta, estaba invadido por aquel ser caído del cielo. La piel empezó a calentarse como cuando el sol del estío te inunda. Una sensación de calidez y excitación que recorrió todo mi cuerpo. El cielo se tornó de un azul lechoso y los colores del entorno se saturaron. Fue como un filtro que separara lo superfluo de lo importante. Luego vinieron las caricias, con mis propias manos, mientras mi mente dibujaba tu cuerpo. Cerré los ojos tras las gafas de sol, sintiendo como se clavaban tus pechos hasta el fondo de mi alma. Soporte tus piernas entre las mías dejando que mi lengua explotara tus dulces labios deseando estar dentro de ti. Quería sacar mi ilusión para tocarte, pero no podía. Sólo mi piel sustituía al ser que me invadía. Me pareció cruel, que un ser de otro mundo, me hiciera tan feliz sin estar presente. O, quizá, fueran así, tan cercanos y a la vez tan imposibles. Entonces, una voz, mejor dicho, un pensamiento, se hizo presente. Un pensamiento impropio, impuesto, me decía: “no soy una ilusión, soy tu ilusión y seré lo que tú quieres que sea. Tu piel será la mía, tus ojos mis ojos, tu cuerpo mi cuerpo. Las caricias, los besos, la felicidad… compartidos”.

Seguí muchos años preso de aquel ser imaginario. Seguía mi cuerpo dependiente como un yonki del placer de mis manos; acostumbrado cada día a buscar el disfrute solitario en un cuerpo y una mente irreales. Te acostumbras y por mucho que intentes comparar, idealizar, dibujar curvas con tus dedos, mi piel no es tu piel.
Había conseguido sobrevivir a aquel naufragio estelar. La pequeña cápsula, la única superviviente, brillaba bajo aquel sol fucsia. Miró de nuevo el panel: los dígitos se sucedían sin interrupción descontando el tiempo terrestre. La bella Celia, le miraba fijamente. No sabía cuándo sucedería, pero estaba segura de que un día despertaría.
El sol se tornó amarillo, el azul… azul y las dos lunas rojas cruzaron el horizonte. La cápsula del tiempo se abrió lentamente y Massimo se deshizo del resto del fluido vital.
Celine se acercó y le besó con dulzura mientras acariciaba su espalda.
-¿Cuánto tiempo a pasado?
-Mucho mi amor. La Unión está fechada hace 1056 años. Desperté hace tan sólo unos días. Te estaba esperando.
-He tenido un sueño Celine. Un ser único me invadía. Sentía sus caricias. Le deseaba. Me hacía muy feliz. Disfrutaba de su presencia imaginaria, pero no podía ni tenerle ni tocarlo. Ahora sé que existe y quién era. Estoy seguro que eras tú. No consigo acostumbrarme a la fusión. Me encanta compartir este dichoso trasto contigo. Fusionarnos los dos en uno, pero, te prefiero así, separados, tan solo por un beso.
-¿Eso significa que me quieres?
-Muchísimo Celine!!! En este mundo también. Juntos, cualquier mundo, es nuestro mundo.

****Aún queda mucho para el próximo viaje, pero, cuando me tomo esa pequeña cápsula, te llevo conmigo a todos los mundos imaginables****

M. Sender

El viajero estelar. Contacto.

multiverso-1024x768

Faltaban tan solo unos pocos”tagots” y era una ocasión única en su vida. Tenía la gran suerte de haber nacido en el “jaro” donde su universo burbuja se tocaría con otro de los multiversos existentes. Concretamente en un punto de un conglomerado de millones de estrellas conocido como Vía Láctea. Estaba excitado, expectante. Deseando poder ver por si mismo lo que tantas veces había leído en la biblioteca digital, en el catálogo de mundos paralelos. El extraordinario suceso sólo sucedía cada 3.000 ó 4000 “jaros”.
Había entrenado esta conexión durante media vida y estaba preparado. Así que se colocó en el centro del círculo de interacción, se conectó la interface a su “cerbo” y se relajó. La experiencia no era agradable, sus circuitos neuronales parecían estallar mientras se acercaba el momento. Pero solo fueron un par de “milisekundoj”. Los programadores del encuentro habían elegido un pequeño planeta azul, el tercero de un sistema estelar llamando “tero”. Aprendió un nuevo idioma que tan solo le llevó un segundo, por si acaso. Había leído en la biblioteca que en “tero”, otro como él, intentó que todos los seres se comunicaran así. Su misión era recopilar todo el conocimiento posible sobre aquellos otros mundos y aprovechar los pocos minutos que se mezclarían los dos universos, cuando su existencia se hiciera real al ser avistados desde Tero. Después, la incompatibilidad de la antimateria, les haría invisibles en esa dimensión.
La tarde estaba a punto de rendirse ante el inexorable rotar del planeta y la oscuridad empujaba al Sol tras las montañas, tiñendo de carmín los blancos labios de las nubes. Hacía calor y disfrutaba del frescor amargo de su jarra de cerveza, sin apartar la vista de la mesa de al lado. Los ojos verdes de aquella mujer le tenían hipnotizado. Disfrutaba de aquellos momentos de soledad escuchando sus pensamientos. De vez en cuando sus ojos se cruzaban y no podía evitar una sonrisa. Tenía una duda; acercarse y sentarse en la mesa de la preciosa chica o esperar lo inesperado. De pronto se escucho un murmullo, la gente se puso de pie y señaló hacia el cielo. Se levantó y, con la mano a modo de visera, dirigió su vista hacia el horizonte. Por encima del perfil de las montañas, entre los labios de las nubes, un enorme vórtice de colores centelleaba intermitentemente. ¡Un OVNI! gritaban algunos, mientras otros sacaban instantáneas con sus móviles o discutían acerca del efecto del Sol entre las nubes.
Fueron tan sólo unos segundos. El vórtice desapareció de la misma manera que se apaga la luz. Se sentó de nuevo con una extraña sensación, como si algo se hubiera instalado en su mente. Volvió la vista hacia la mesa de los ojos verdes. Celia le miró de nuevo, se quitó el suave pañuelo de su cuello, se levantó, se acercó a él y le ató a su universo para siempre. El “viaje” había merecido la pena.
Mario Sender

Universos paralelos/Multiverso